Unidos, luchando por la bendición de la primogenitura
Miércoles, 25 Marzo, 2009 - Xalapa, Veracruz MEX - 0 seconds
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Xalapa, Veracruz, México
Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. También los que están a través del satélite Amazonas y de internet, reciban también saludos y que Dios los bendiga grandemente.
Para esta ocasión leemos un pasaje bíblico que se encuentra en Génesis, capítulo 32, versos 24 al 31, y dice de la siguiente manera:
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.
Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.
Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.
Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.
Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.
Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.
Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“UNIDOS LUCHANDO POR LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
Jacob, este hombre hermano de Esaú, que tenía conocimiento de la Bendición de la Primogenitura, desde el vientre de su madre estuvo luchando por esa bendición. Este hombre quería nacer primero, pero nació primero su hermano Esaú; pero en el vientre ya estaba luchando por esa bendición que le daría el derecho y privilegio de recibir una doble porción de herencia; pues la bendición de la Primogenitura otorga una doble porción de herencia; y hay herencia terrenal y hay herencia celestial. Jacob tenía que luchar, había nacido segundo, y ahora parecía que su hermano Esaú era el que recibiría la Bendición de la Primogenitura.
Pero en una ocasión en que había hecho un potaje de lentejas, y llegó su hermano Esaú con mucha hambre, le pide comida y en ese momento Jacob le dice: “Véndeme la primogenitura, y te doy la comida.” Era un cambio: le iba a vender la Primogenitura por un plato de comida.
Jacob es el mejor comerciante del mundo, vender un plato de comida o cambiarlo por la Primogenitura, a la cual tenía derecho Esaú, fue el negocio más grande y más importante que hizo Jacob; pero tenía que legalizar esa bendición de la Primogenitura con su padre y con Dios; porque lo de la bendición de la Primogenitura lo estableció Dios, y por lo tanto, tiene ciertos requisitos.
Ya le compra la bendición de la Primogenitura a su hermano Esaú por un plato de lentejas, el cual no apreciaba la bendición de la Primogenitura, decía: “Yo me voy a morir, ¿y de qué me vale la primogenitura?” Pero Jacob sí la apreciaba, para él y para su descendencia. Esaú no pensaba en sus hijos, ni en sus nietos, no pensaba en su descendencia, pensaba en su barriga, tenía hambre y daba cualquier cosa por un plato de comida.
Y ahí Jacob, que era un hombre espiritual también, y que creía en lo que Dios había establecido, aprovechó el momento, pues desde el vientre de su madre está buscando ser el primogénito, nacer primero; no lo obtuvo.
La Escritura dice a la madre de Jacob, Rebeca, que en su vientre hay dos naciones luchando, y el mayor va a servir al menor. Y dice la Escritura también: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí.” Es que Dios ama a los que buscan la bendición de Dios; y al que no le interesan las cosas de Dios, ese pierde el amor de Dios, pierde la bendición de Dios, y por consiguiente su futuro será triste.
Y ahora, recuerden que de eso depende el futuro, no solamente de Jacob y de Esaú, sino de su descendencia; por eso ustedes encuentran en la Biblia que cuando Abraham vivió, él bendijo a sus hijos. Luego encontramos más adelante que cuando Jacob ya estaba para morir, bendijo a sus hijos; porque son bendiciones que tienen que ver no solamente con el presente de sus hijos, sino con el futuro de toda su descendencia.
También Moisés bendijo a las tribus de Israel y colocó en el lugar que les correspondía a cada tribu en esa bendición, y las cosas que iban a tener; y fue una bendición de acuerdo a lo que ya Jacob había hablado.
Ahora, Jacob tenía la Bendición de la Primogenitura comprada en ese negocio con su hermano Esaú; pero luego le tocaba recibir la bendición de la Primogenitura hablada por su padre Isaac, que era profeta. Y cuando ya estaba anciano Isaac, le dice a su hijo Esaú, el cual le preparaba comida de los animales que él cazaba en el campo, y era el preferido de Isaac... como en muchos hogares hay algunas ocasiones en que los padres, el padre tiene cierta preferencia por uno de los hijos y la madre por otro de los hijos; así sucedía en la familia de Isaac.
Isaac tenía preferencia por su hijo mayor Esaú, el primero que había nacido, aunque habían nacido el mismo día, pero nació primero Esaú; y luego Rebeca tenía preferencia por Jacob. Por lo tanto, tenían el amor de ambos padres, los dos (el padre y la madre) no tenían preferencia por uno solo, estaba compartida la preferencia.
Así que, Jacob estaba más apegado a su madre y Esaú a su padre, y cuando llegó el tiempo para echar la bendición, de esa bendición dependía la herencia física de las propiedades que tenía Isaac, y a Esaú le iba a tocar una doble porción, porque al primogénito siempre le tocaba doble, y al otro le tocaba mucho menos, o sea, la mitad.
Pero ahora cuando escucha Rebeca la madre de Esaú y de Jacob, y esposa por supuesto de Isaac, que su padre está enviando a Esaú a ir de cacería y traer para prepararle un guisado, como a él le gustaba, para luego bendecirlo, Rebeca escucha y luego le dice a su hijo Jacob, como toda madre que ama a sus hijos, desea la bendición para sus hijos, le dice: “Ve, prepara un cabrito y lo llevas a tu papá para que coma y te bendiga; porque él va a bendecir hoy, o sea, va a echar la bendición de la primogenitura, y ya ha enviado a tu hermano Esaú para que vaya de cacería, traiga un animalito, lo prepare, lo traiga, traiga la comida a tu papá y tu papá lo va a bendecir.” Pero Rebeca quería la bendición para Jacob, y estaba de acuerdo a la voluntad de Dios; porque ya Esaú le había vendido la Primogenitura a su hermano Jacob, y eso contaba delante de Dios, y contaba también para Rebeca.
Y ahora, Jacob está muy temeroso, dice: “Es que mi padre, aunque está ciego va a darse cuenta que soy Jacob, y en vez de bendecirme, me va a maldecir.” O sea, que hay bendición y eso se cumple, pero cuando se habla una maldición por un profeta, eso también se va a cumplir.
–Y Rebeca le dice: “Todo lo negativo, la maldición, si hay alguna, que venga sobre mí; yo me encargo de eso.”
– Y le dice: “Pero es que mis manos no tienen vellos y mi hermano sí, es velludo.”
– “No te preocupes, eso se resuelve.” Y tomaron, prepararon el cabrito, tomaron la piel del cabrito y se la pusieron en los brazos a Jacob, y se resolvió esa parte; pero luego, el olor de cada persona, un padre y una madre conoce por el olfato cuál es su hijo; eso fue resuelto también: le colocaron la vestidura, las ropas de su hermano.
Luego cuando llega, su padre lo recibe y le dice: “¿Quién tú eres?”
Jacob le dice: “Tu primogénito, Esaú.”
Y le dice: “Acércate (percibe el olor de los vestidos de su hijo Esaú).”
Luego le dice: “Acércate más.” Toca sus brazos, son velludos, ya tiene dos a su favor. Dice: “Son los brazos de Esaú, es el olor del campo (que está en las vestiduras), es el olor de mi hijo Esaú, aunque la voz es la de Jacob.”
Pero tenía dos a favor Jacob, y una en contra; y la comida que estaba hecha al gusto de Isaac, porque la preparó la esposa de Isaac con su hijo Jacob; ellos sabían el gusto de su padre, comió y luego lo bendijo. Recibió ahí la bendición de la primogenitura, y dice: “El que te bendiga, será bendito; el que te maldiga, será maldito.” Y esa bendición es, no solamente para Jacob, sino para toda su descendencia; por esa causa el que bendiga a Israel, será bendito y el que lo maldiga, será maldito.
Es un pueblo que no puede ser maldecido por ninguna persona, porque tendrá problemas, porque hay ya una bendición de parte de Dios sobre ese pueblo que fue hablada por Dios a Abraham, pasó de Abraham a Isaac, y de Isaac pasó a Jacob, y de Jacob, a las tribus de Jacob (a los patriarcas), y de los patriarcas a sus descendientes; y Dios vigila porque esa Palabra de bendición se cumpla en ellos; bendición para los que ayuden a Israel, lo bendigan y lo ayuden, y maldición para los que se levanten en su contra; y eso siempre va a ser de esa forma.
Y ahora, ya Jacob tiene la bendición también de su padre; pero Esaú, cuando llegó, se puso bravo. Y dice a su padre que ha traído ya la comida para que él coma y lo bendiga; y entonces se estremeció Isaac (el cual estaba ciego) y dice: “¿Quién eres?” Y él le dice: “Soy Esaú, tu primogénito.” ¿Ve? Está presentándose como su primogénito, entonces le dice: “¿Quién fue el que vino primero que tú? Me trajo comida, comí y yo lo bendije y será bendito.” Ya no podía esa bendición dar hacia atrás.
Y ahora, Esaú pregunta: “¿No hay otra bendición?” Entonces lo bendijo con una bendición menor, pero Jacob se quedó con la bendición mayor, dijo también que su hermano mayor le iba a servir a él, a Jacob. Todo eso está en esa bendición.
Luego Esaú dice: “Cuando muera mi padre, lo voy a matar a mi hermano Jacob,” porque le había robado (aparentemente) la Primogenitura, pero no se la había robado; se dice en términos comerciales: “Negocios son negocios.” Jacob estaba buscando la Bendición de la Primogenitura y su hermano se la vendió, y después tenía que su padre bendecirlo, esa bendición tenía que luego ser hablada; y luego le faltaba otro paso: que Dios por medio del Ángel del Pacto le echara la bendición.
Ya Dios lo acompañaba, fue a Padam-Aram, para evitar que su hermano lo matara, y allá consiguió esposa, y ya cuando regresa (que Dios le ordena que regrese) se tropieza con que su hermano viene con unos cuatrocientos hombres armados, y dice: “Aquí él viene a matarme.” Ya está él de regreso para la tierra de su padre y su hermano viene. Ahí se preocupa y ese es el momento de esta experiencia de Jacob encontrándose con un Varón.
Ese Varón es el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto; el mismo que lo había acompañado, le había aparecido en más de una ocasión, le había hablado y le dijo: “Yo te voy a acompañar, no te dejaré hasta que yo cumpla todo lo que te he prometido.” Y esa noche Jacob lucha con ese Ángel, ese Varón, y cuando ya rayaba el alba, el Ángel le dice: “Suéltame, déjame, que ya raya el alba.” Tenía que irse. Y Jacob le dice: “Yo no te soltaré, no te dejaré, hasta que tú me bendigas.”
Vean, Jacob lo que le interesaba era la bendición del Ángel, que es la bendición de Dios, el cual estaba en ese Ángel; ese era el cuerpo angelical de Dios, llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová: ese es el misterio de ese Ángel, que es el cuerpo angelical en donde Dios mora y a través del cual Dios se revelaba a los profetas en el Antiguo Testamento; y aun más, ese Ángel, siendo el Ángel del Pacto, fue el que le dio el Pacto allá en el monte Sinaí al pueblo hebreo, Dios a través de ese Ángel.
Por eso es que dice en Hebreos, capítulo 2, y en el libro de los Hechos, capítulo 7, que la Ley fue dada por comisión de ángeles. Ese Ángel, siendo el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente; y ese Ángel sería el que vendría, porque es el Ángel del Pacto, el que estableció el Pacto con el pueblo hebreo, vendría para establecer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Y para eso tenía que venir en forma humana, para lo cual tenía que crear un cuerpo en el vientre de una mujer virgen, conforme a como fue prometido en Isaías, capítulo 7, verso 14, donde dice que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre “Emanuel” que traducido es Dios con nosotros.
Dios estaría con los seres humanos en forma de hombre, o sea, en un cuerpo humano, como estaría Dios con el Ángel del Pacto, Dios con Su cuerpo angelical. Por eso es que Malaquías, capítulo 3, verso 1, dice que Él envía Su mensajero delante de Él, el cual le preparará el camino. Ese fue Juan el Bautista preparándole el camino al Señor. Y luego dice: “Y vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis, y el Ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros.” ¿Ve? El Señor, el Dios creador de los cielos y de la tierra, y el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, en el cual está el nombre de Dios. ¿Y cómo vendrá? Vendrá a Su templo humano, Su cuerpo de carne llamado Jesús, el cual luego en una ocasión dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” (San Juan, capítulo 2, versos 17 al 19)
Y todos pensaban que estaba hablando del templo de piedras, pero la Escritura dice... pero Él estaba hablando de Su cuerpo, o sea, de ese templo humano; así como el cuerpo de cada persona es un templo para que Dios more en él. Por eso dice San Pablo: “¿No saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” [Primera de Corintios 3:16].
El ser humano es un templo: tiene atrio que es el cuerpo, tiene lugar santo que es su espíritu y tiene lugar santísimo que es su alma; y el alma es lo más importante; eso es lo que en realidad es el ser humano: alma viviente, y vive en un templo humano, un cuerpo humano.
Ahora, Dios viene en toda Su plenitud en un cuerpo de carne llamado Jesús, para hablarle a Su pueblo, era Dios en toda Su plenitud. Ahí es que vemos la trinidad de Dios, manifestada en Jesús de Nazaret. Por eso Él decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; el Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 14:9]. O sea, que la parte (ahora física) en que Dios estaba manifestándose, es un velo de carne llamado Jesús; y dentro de ese cuerpo estaba el Ángel del Pacto, ese cuerpo angelical, y estaba Dios el Padre. Por eso Él decía: “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también Él decía: “El Espíritu del Señor esta sobre mí, por cuanto me ha ungido.” Y comienza a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido, San Lucas, capítulo 4, encontramos esas palabras y en San Juan, capítulo 14.
Y ahora, ¿quién es el Ángel del Pacto? Allá en el Antiguo Testamento es el Ángel a través del cual Dios se manifestaba, apareció también a Manoa y Manoa cuando lo vio y le habló acerca del hijo que iban a tener Manoa y su esposa, el cual fue Sansón, luego Manoa le dice a su esposa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.” Y su esposa le dice: “No vamos a morir, tranquilo, porque si fuésemos a morir no nos hablaría Dios de que vamos a tener un hijo.” Y entonces se tranquilizó.
Ahora, también Jacob le llamó “Peniel” al lugar donde tuvo esa experiencia, porque dijo:” Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” Todos los que vieron ese Ángel, el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, dijeron que vieron a Dios, ¿por qué? Porque Dios estaba en ese cuerpo angelical, en ese Ángel del Pacto.
Y ahora, encontramos que Jesús dice en una ocasión: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio y se gozó.” Le dicen los judíos: “No tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese yo soy.” (San Juan capítulo 8, versos 56 al 58)
¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto; era nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical; el cuerpo angelical de Cristo, es el Ángel del Pacto del Antiguo Testamento. Ahora estamos entendiendo quién es este personaje que aparece en la historia del pueblo hebreo, allá en el Antiguo Testamento y luego quién es este otro personaje que aparece en la historia del pueblo hebreo llamado Jesús; es Jesucristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto del Antiguo Testamento.
Y ahora, tiene un velo de carne llamado Jesús. Jesucristo por eso decía orando al Padre en el capítulo 17 de San Juan, que lo glorificara con aquella gloria que tuvo desde el principio del mundo; quería regresar a lo que era.
Y ahora, cuando Él muere, resucita glorificado, y luego cuando cumple la promesa de enviar el Espíritu Santo, en San Juan, capítulo 14, verso 26 y 15, verso 26 también; y capítulo 16, versos 1 al 15, hablando de la promesa que hace de enviar al Espíritu Santo, dice que el Padre lo enviará en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo. Por eso el Espíritu Santo siempre cuando se identifica con un Nombre, se identifica con el nombre Señor Jesucristo.
Cuando le apareció a San Pablo allá en el camino a Damasco, en aquella luz, fue el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical; y Pablo pregunta: “Señor, ¿quién eres.” El Señor le dice: “Yo soy Jesús, a quién tú persigues.”
Y ahora, estamos entendiendo quién es Jesucristo, es el Ángel del Pacto, y por eso vino para establecer un nuevo Pacto con Su pueblo; por eso en la última cena, en el capítulo 26 de San Mateo, versos 26 al 29, Él tomando el pan, da gracias a Dios y lo parte y da a Sus discípulos y les dice: “Comed, esto es mi cuerpo.” El pan viene a ser tipo del Cuerpo del Señor Jesucristo, ahí tenemos el simbolismo del cuerpo de Cristo representado en el pan.
Y luego, toma la copa de vino, da gracias a Dios, y la da a Sus discípulos, les dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi sangre del nuevo Pacto, que por muchos es derramada.” [San Mateo 26:28]. O sea, por todos aquellos que lo van a recibir como Salvador y van a entrar al nuevo Pacto, el nuevo Pacto que hace el Ángel del Pacto, Jesucristo, muriendo en la Cruz del Calvario. Y por eso en Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21, dice que: “La Sangre de Jesucristo es la Sangre del Pacto eterno.”
Y ahora, ha sido establecido un nuevo Pacto por el Ángel del Pacto, el mismo Ángel del Pacto que bendijo a Jacob; el mismo Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo, porque ese Ángel del Pacto es nada menos que el cuerpo angelical de Dios, el cual luego creó en el vientre de María un cuerpo de carne, el cual nació y le fue puesto por nombre JESÚS; porque ese es el Nombre de Dios. Por eso Jesús decía: “Yo he venido en nombre de mi Padre.”
Ahora, vean ustedes el Nombre de Dios, que está en Dios, está en el Ángel del Pacto, que es Su cuerpo angelical, y está en el cuerpo físico de Dios, que es Jesús; el cual ya, ese cuerpo de carne que fue crucificado, resucitó glorificado; y ahora está tan joven como cuando subió al Cielo. Esa es la clase de cuerpo que Jesucristo va a darle a todos aquellos creyentes en Él que han muerto físicamente, los va a resucitar en cuerpos eternos, cuerpos glorificados y a los que estén vivos en ese tiempo los va a transformar, a todos los creyentes en Él, los va a transformar y entonces van a tener cuerpos eternos, cuerpos glorificados, cuerpos inmortales; y luego van a ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la dimensión de Dios, a la séptima dimensión, a la cual no se puede ir en un avión, no se puede ir en un cohete, porque no hay aviones, ni cohetes inter-dimensionales; todos se mueven en la dimensión visible.
Pero vean, Cristo subió al Cielo en Su cuerpo glorificado; porque es un cuerpo inter-dimensional. Allá a la Cena de las Bodas del Cordero van a estar, van a ir todos los creyentes en Cristo de todos los tiempos.
Ahora, algunas personas piensan que recibir a Cristo es un asunto que no tiene mucha importancia; pero lo más importancia que tiene, es recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador; porque Él nos coloca en Su Reino eterno, para vivir eternamente con Él, y la bendición de Dios solamente puede venir por medio del Ángel del Pacto, con el cual luchó Jacob, que es el Señor Jesucristo; ese es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios; y por eso el nuevo Pacto lo estableció Jesucristo nuestro Salvador, y la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Jesucristo, la única Sangre que nos limpia de todo pecado. La sangre que se ofrecía en los sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba, solamente cubría los pecados, pero no podía quitar los pecados, por lo tanto no podía llevar a la perfección a ningún ser humano.
La Sangre de Cristo no cubre nuestros pecados, sino que los quita, nos limpia de todo pecado y nos hace para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes, y reinaremos con Él por el milenio y por toda la eternidad. Jacob luchó con el Ángel para que el Ángel le echara la bendición, y ese Ángel es Cristo.
Por lo tanto, Cristo es el único que nos puede bendecir con la Vida eterna, para vivir con Él en Su Reino por toda la eternidad. Él dijo: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” ¿Por qué? Porque Él se ha sentado en el Trono de Dios y el que está en el Trono es el que tiene el poder; como en toda nación el poder lo tiene el presidente de cada nación.
Y ahora, encontramos que Cristo es el que tiene el poder, Él es el Primogénito, y por lo tanto tiene la Bendición de la Primogenitura.
Usted no puede ir a la farmacia o al supermercado y comprar un detergente o un blanqueador para ir a su hogar y bañarse y decir: “Me lavé los pecados, ya me quité todos los pecados.” Ningún detergente terrenal puede quitar los pecados, solamente hay un blanqueador y es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.
Por eso es tan importante escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en nuestra alma, y podamos por consiguiente creer en Él y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador. Por eso fue que Él dijo también:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos, 16: 15 al 16].
¿Ve? La solución está en Cristo nuestro Salvador. Todos queremos vivir eternamente, pues esta vida terrenal ya sabemos que es por un tiempo y tratamos de vivir lo mejor posible; pero el tiempo algunas veces se nos acaba y no sabemos cuándo se nos va a acabar; porque a algunos se les acaba aun siendo niñitos o bebés, a otros se les acaba siendo jóvenes, a otros se les acaba siendo ya personas adultas que han estudiado, tienen sus profesiones, pero de momento se les acaba la vida, a otros se les acaba allá, siendo ancianos, pero a todos se les termina; porque esta vida en estos cuerpos es por un tiempo, estos cuerpos son mortales, son temporeros.
Pero estamos en estos cuerpos con un propósito: para que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibamos como nuestro único y suficiente Salvador, para que así aseguremos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. No hay otra forma en que usted pueda asegurar su futuro eterno.
Algunas veces decimos: “Yo quiero asegurar el futuro de mis hijos, quiero darles estudios, para que tengan una buena profesión.” Y eso está muy bien, pero sabemos que lo que estamos asegurando es el futuro de una vida temporera, que algunas veces ni terminan bien los estudios o todavía están estudiando y algunas veces mueren, y sufrimos mucho. Otras veces terminan, se hacen profesionales y no disfrutan muy bien la carrera, cuando en alguna fiesta o en algún problema termina la vida de ellos, y sufrimos mucho.
Ahora, la forma de asegurar realmente el futuro, no solamente de nosotros, sino de nuestros hijos y nuestros nietos, es con Jesucristo; ése es el que tiene el futuro de la Vida eterna y usted no encontrará a otra persona que nos pueda asegurar nuestro futuro eterno; solamente hay uno y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO: para eso fue que Dios lo envío a la tierra.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (San Juan, capítulo 3, verso 16).
La llegada de Cristo a la Tierra y Su muerte en la Cruz, fue la expresión máxima del amor de Dios hacia el ser humano. No hay otra expresión mayor del amor de Dios hacia el ser humano. Aun San Pablo decía en Romanos, capítulo 5, versos 6 al 10, que Dios dice:
“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Esa es la expresión mayor del amor de Dios: Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario.
Y ahora, nosotros no recibimos a Cristo porque lo amamos, cualquier persona puede decir: “Yo amo mucho a Dios.” No. Recibimos a Cristo porque queremos que Él nos dé la Salvación y Vida eterna; y a través del Evangelio entendemos, llegamos al conocimiento que la única forma de recibir la Vida eterna... primero, obtener el perdón de nuestros pecados, ser limpios de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu y así obtener la Vida eterna.
Vean, dice la Escritura:
“Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna.”
Recibimos a Cristo porque queremos vivir eternamente, y después que vamos conociéndolo, el amor hacia Cristo va aumentando y entonces es que podemos decir: “Yo amo a Cristo.” Y ahora Cristo nos amó a nosotros primero y Dios nos amó a nosotros primero, con el mismo amor que amó a Jesucristo, Dios nos amó a nosotros.
Por lo tanto, vean ustedes, es como en la familia: cuando nace el niño, el niño comienza a conocer a sus padres y después comienza también a sentir amor, pero los padres aman al niño aun desde que está en el vientre y aun antes también.
¿Y cómo pueden amarlo antes? Desde que pensaron en tener un niño, ya están sintiendo amor, porque es una expresión de amor el pensar un matrimonio tener un niño. Así es con Dios: la aparición del ser humano en la Tierra es una expresión del amor de Dios, del amor que Dios sintió al pensar en el ser humano; el ser humano es la corona de la creación; y por consiguiente, Dios, para salvar al ser humano, envío a Jesucristo para que muriera por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.
Y ahora, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, yo lo recibí como mi Salvador, Él me Salvó y estoy muy agradecido a Él y le agradezco todo lo que Él hizo por mí, lo cual yo no podía hacer, porque yo no me podía salvar a mí mismo, ni usted tampoco; por eso es que Dios nos ha dado un Salvador y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.
Si hay alguno que todavía no lo ha recibido como Su Salvador, lo puede hacer en estos momentos y yo estaré orando por usted, para que así presentarlo a Cristo para que Cristo lo reciba en Su Reino; estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba.
Vamos a dar unos minutos para que puedan venir al frente y estaremos orando por usted, recordando que Cristo nos amó y murió por cada uno de nosotros. Ahora a nosotros nos toca, creyendo en Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, aceptar, aceptar Su Sacrificio, aceptar la salvación y Vida eterna que Él nos ofrece; por eso nos agarramos de Cristo, lo recibimos como nuestro Salvador, para recibir la Bendición de la Primogenitura, la bendición de Vida eterna, para vivir con Él por toda la eternidad en Su Reino y ser con Él coherederos de toda la herencia de Dios. Todos los creyentes en Cristo son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro.
Ser un creyente en Cristo es la cosa más grande que la persona puede hacer, y recibirlo como Salvador es la decisión más grande que un ser humano puede hacer. No hay otra decisión que coloque al ser humano en la Vida eterna, solamente hay uno y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.
La forma de asegurar nuestro futuro eterno y de nuestros hijos, es recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; porque quedamos asegurados para toda la eternidad. El ser humano tiene dificultades en la Tierra y cada día tiene más, y también viene con la angustia existencial dentro, porque no sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí en la Tierra y no sabe hacia dónde va cuando muere.
Pero esa angustia existencial desaparece cuando recibe a Cristo como Salvador, ya sabe que vino del Cielo, de Dios, del Padre, de donde vino Cristo, sabe que está aquí por un propósito divino: Para ser rociado con la Sangre de Cristo y limpiado de todo pecado, y ser restaurado al Reino de Dios, al Reino de Cristo, con Vida eterna; y luego sabe que cuando terminen sus días aquí en la Tierra, luego va al Paraíso, si muere físicamente y cuando Cristo resucite a los creyentes en Él que murieron, resucitará en cuerpo glorificado y eterno, y si permanece vivo será transformado y entonces todos seremos eternos físicamente. O sea, que hay un proyecto divino, un Programa Divino completo que Dios está llevando a cabo con Cristo.
La Biblia, al decir que Jesucristo es el segundo Adán, está mostrándonos que hay un proyecto divino con el segundo Adán y es la creación de una nueva raza con Vida eterna; porque la raza que desciende de Adán, Adán al pecar perdió la Vida eterna y todos los descendientes de Adán entonces vienen con vida temporera.
Así que es un proyecto de una nueva raza que Dios está creando. Por eso dice la Escritura: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es.” Es una nueva criatura, perteneciente a una nueva raza. Por eso en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea conforme a su cuerpo (o sea, semejante a Su cuerpo, o sea, igual a Su cuerpo glorificado), con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” O sea, con el poder que Él tiene para sujetar a Sí mismo todas las cosas, porque Él recibió todo poder en el Cielo y en la Tierra, Él es el Rey de Reyes y Señor de Señores.
Por lo tanto, con ese poder que Él tiene va a transformar nuestros cuerpos mortales, y por consiguiente al transformarnos, entonces tendremos cuerpos inmortales, cuerpos eternos, cuerpos jóvenes y glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.
Por eso es que en medio del cristianismo, las Iglesias, los ministros, hablan acerca de una resurrección de los muertos en cuerpos eternos y una transformación para los que estén vivos, y también de un arrebatamiento, de un rapto, para ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Todo eso está dentro de la Bendición de la Primogenitura para todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.
Por eso es que hablando de los creyentes en Cristo, dice que son los primogénitos escritos en el Cielo, esto es en el Libro de la Vida del Cordero, ahí están escritos los nombres de todas esas personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador; esas son las ovejas del Padre que escucharían la Voz de Cristo y lo seguirían y Él les daría Vida eterna.
Al hablar de Vida eterna para una persona, nos está hablando de una nueva raza con Vida eterna, la cual está creando Dios por medio de Cristo; esa es la raza con la cual Dios gobernará el planeta Tierra completo en el Reino milenial y por toda la eternidad; y entonces todos los sistemas solares, todas las galaxias, tendrán la visita de esa nueva raza, porque es la heredera de toda la creación, juntamente con Jesucristo, que es la cabeza de esa nueva raza; por eso es el primogénito; y si es el primogénito, hay mas hermanos de Jesús, esos son los creyentes en Cristo; por eso dice Cristo: “Mis hermanos más pequeños.”
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión y también los que están en otras naciones y han venido a los Pies de Cristo, vamos también a orar por ustedes, van a estar incluidos en esta oración que estaremos haciendo. También en las demás naciones pueden estar puestos en pie, en los diferentes auditorios, en las iglesias también, para la oración por los que han venido a los Pies de Cristo aquí y en las demás naciones.
Si falta alguna persona por venir, puede venir. Recuerde que el nombre suyo está escrito en el Libro de la Vida y por esa causa usted está escuchando la predicación del Evangelio de Cristo. Es la Voz de Cristo, el buen Pastor, llamando Sus ovejas. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, ya sabes que eres una oveja del Señor, ya sabes que tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida y Él te está llamando para así darte la Vida eterna, obtener tú el perdón de tus pecados, con la Sangre de Cristo ser limpiado de todo pecado, ser bautizado en agua en Su Nombre y Él bautizarte con Espíritu Santo y fuego, y producir en ti el nuevo nacimiento, y así entrar al Reino de Cristo, el único Reino que permanecerá por toda la eternidad; y todos queremos vivir en ese Reino: un Reino de paz, un Reino de justicia, un Reino en donde todos seremos felices. Esa es la clase de vida que siempre hemos deseado tener, y esa es la clase de vida que vamos a tener en el Reino literal de Jesucristo nuestro Salvador.
Por eso Cristo decía que orando pidiéramos la Venida del Reino de Dios: “Venga tu Reino, hágase tu voluntad, como en el Cielo, también en la Tierra.”
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente con Cristo, y por eso hemos estado esperando unos momentos. Si falta alguno todavía por venir, puede venir, para que asegure su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.
Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo que están aquí presentes o en algún otro país, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón; creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.
Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente.
Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, luego de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo.
Y ahora ustedes me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Quiero ser bautizado lo más pronto posible, en el Nombre del Señor, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”
El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y vino el Espíritu Santo sobre Jesús. Los apóstoles de Jesucristo también fueron bautizados por Juan el Bautista, los apóstoles bautizaban a todas las personas que creían en Cristo.
El Día de Pentecostés Pedro predicó y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y así ha sido a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Conociendo el simbolismo del bautismo en agua, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Dejo al ministro correspondiente en cada nación y también aquí, para que les indique el lugar hacia donde dirigirse para colocarse las ropas bautismales; hay ropas bautismales, hay bautisterios y personas que le bautizarán; por lo tanto, dejo al ministro Mario Elizondo para que les indique en estos momentos hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Con ustedes el reverendo Mario Elizondo.
“UNIDOS LUCHANDO POR LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.”
