Atentos a las señales de los tiempos
Domingo, 29 Marzo, 2009 - Ciudad Guatemala GTM - 0 seconds
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Domingo, 29 de marzo de 2009
Ciudad Guatemala, Guatemala
Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones. Mi cordial saludo al Coronel Julio Vazquez Huitz, y también al doctor Mario Antonio Zagastume Gemmell si está por aquí presente en algún lugar, y también a todos los presentes.
Este próximo sábado 4 de abril AMISRAEL realizará en Colombia una actividad sin precedentes, en 18 ciudades del país se estarán realizando simultáneamente donaciones de sangre. Esperamos que todos los colombianos se solidaricen y que lleven a sus familiares y amigos para que también ellos participen.
En Bogotá estarán reunidos en el parque Simón Bolívar desde las 8:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde. Esperamos que esta actividad sea un gran éxito, y mis saludos a Colombia, y también en Cayey, Puerto Rico desde el sábado 4 de abril, próximo sábado desde las 12:00 del mediodía hasta el otro día domingo, a las 12:00 del mediodía, también se estará llevando a cabo una sangría en conjunto con la Asociación del Cáncer y la Cruz Roja, y las 24 horas se estará transmitiendo por el satélite Amazonas.
Les recomiendo que estén en esa actividad y también sean donantes de sangre, lo cual es vida para otras personas, y ese domingo 5 estaré en la actividad de La Carpa en Cayey, Puerto Rico a la 1:00 de la tarde, ya que se estará transmitiendo por el satélite Amazonas el evento de AMISRAEL en conjunto con la Cruz Roja y la Asociación del Cáncer.
Por lo tanto, en todos los países la transmisión comenzará a la 1:00 de la tarde, o sea, la actividad desde La Carpa en Puerto Rico. Pero la actividad de la sangría son 24 horas, de sábado al mediodía, hasta domingo al mediodía.
Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 16, versos 1 al 4, y dice:
“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
Mas él (o sea, Jesús)... más él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.
Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!
La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”
Nuestro tema para esta ocasión es: “ATENTOS A LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS.”
Y que Dios bendiga nuestros corazones con Su Palabra y nos permita entenderla.
¿Por qué Dios da señales de las cosas que Él va a llevar a cabo? Porque antes de Dios hacer algo en la Tierra, primero Él lo muestra en el Cielo, por ejemplo, cuando va a llover, hay una señal en el cielo, y el que no presta atención a esa señal, se va a mojar; pero el que presta atención a esa señal, si tiene que salir, tiene su paraguas o su sombrilla o su capa para no mojarse, o no sale, se queda en la oficina o en el hogar y así no se moja. Es que prestó atención a la señal que apareció en el cielo de lo que iba a suceder en la Tierra; y así es en todas las cosas.
Y ahora, las señales de los tiempos. A través de la Escritura encontramos que Dios colocó el sol, la luna y las estrellas para señales de los tiempos, y así por el estilo encontramos que en la luna usted encuentra la señal de menguante, la señal de luna nueva y los agricultores están atentos a esas señales para la siembra, y los que cortan árboles también para que no les dé polilla a la madera.
Y así por el estilo encontramos que Dios en los Cielos, muestra primero lo que va hacer en la Tierra, por eso es tan importante estar atentos a las señales de los tiempos; por ejemplo, para el tiempo en que nació Moisés y en que nació Jesús, hubo señales en el cielo. Por eso es que los reyes, los emperadores, los faraones y así por el estilo, todos ellos tenían personas que habían estudiado el cielo, y ellos veían en el cielo, los astrólogos que también eran astrónomos en aquellos tiempos, estudiaban el cielo, ellos miraban en el cielo y sabían lo que iba a suceder en la Tierra.
Por esa causa los reyes siempre tenían magos, astrólogos y personas así que estudiaban el firmamento, y cuando ellos veían en el cielo una señal que podía afectar a ese reino, se lo comunicaban al rey, para el rey tomar las precauciones.
También tenían sueños que venían como señales donde Dios les mostraba las cosas que iban a suceder, como el caso de las vacas flacas... de las vacas gordas y las vacas flacas que le fueron mostradas en sueño al faraón de Egipto, y también las espigas de trigo hermosas y las espigas de trigo feas, todo eso eran sueños como señales de lo que iba a suceder.
También al rey Nabucodonosor le fue mostrada una estatua gigante con la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro y de barro cocido, y ahí Dios le mostró el reino de los gentiles desde su comienzo con la cabeza de oro que fue el rey Nabucodonosor con su reino, y los pies de hierro y de barro cocido que corresponde a este tiempo final.
Se ha pasado a través de la cabeza de oro: el reino babilónico; el pecho y los brazos de plata: el imperio medo persa; el vientre y los muslos de bronce: el reino o imperio de Grecia; las piernas de hierro: el imperio romano, y luego ya nos encontramos desde la caída del imperio romano, en los pies de hierro y de barro cocido.
Para los días de Jesús se estaba viviendo en el tiempo de las piernas de hierro, el imperio romano, que fue el que crucificó a Cristo, por supuesto a petición de los líderes del sanedrín que juzgaron y condenaron a muerte a Cristo, pero que no podían efectuar la muerte de Cristo, porque solamente el imperio romano tenía ese poder, esa autoridad.
Y ahora, la promesa mostrada al rey Nabucodonosor, es que para el tiempo de los pies de hierro y de barro cocido saldrá una piedra del monte no cortada con manos, que vendrá y herirá a la estatua en los pies de hierro y de barro cocido, o sea, en la etapa correspondiente a este tiempo final.
Eso es la Venida del Señor, esa piedra no cortada de manos, y desmenuzó el hierro y el barro, también el bronce, la plata y el oro, o sea, lo que había quedado de esos imperios anteriores, y la piedra creció y se hizo un gran monte, o sea, el Mesías en Su Venida luego crece Su Reino, establece Su Reino, crece y se establece un Reino mundial, porque como Hijo del Hombre Él es el heredero del planeta Tierra con todo lo que hay en el planeta Tierra, y por lo tanto es el Rey del planeta Tierra, por eso el Reino del Mesías será mundial, universal, aunque Su Trono estará en Jerusalén y desde Jerusalén saldrá la ley divina para todas las naciones, y la enseñanza de Dios porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar, dice Habacuc, capítulo 2, verso 14, y también Isaías, capítulo 11, verso 9.
Ahora, tenemos en la Escritura muchas señales prometidas para saber cuándo será el tiempo en que estas cosas han de suceder. Por ejemplo, para la Venida de Jesús a la Tierra, en el cielo hubo una señal grande, la cual se repite cada 973 años, que fue la alineación planetaria de Júpiter y Saturno.
En aquel tiempo unos sabios, llamados magos también en algunos escritos, que observaban el cielo, vieron la señal en el cielo y salieron desde el área de Babilonia, Ur de los Caldeos, ese territorio que está al Este de Israel, mirando desde ese territorio de Babilonia y Ur de los Caldeos, mirando hacia Jerusalén, o sea, mirando desde el Este donde estaban ellos, hacia el Oeste, vieron en el cielo la señal; ellos, conocedores de el firmamento, sabían que cuando Dios va a hacer algo grande en la Tierra, primero aparece en el cielo mostrado, porque el Zodíaco y todo ese conjunto del universo, es la primera Biblia.
Por eso es que encontramos que Dios le dice a Abraham: “Tu descendencia será como las estrellas del cielo.” ¿Ven? En las estrellas del Cielo están representados los descendientes de Abraham, por eso también José hijo de Jacob o Israel, el cual tenía sueños, en uno de los sueños que él tuvo, vio el sol, la luna y once estrellas, postrándose delante de él, lo contó a sus hermanos, y sus hermanos se pusieron muy furiosos y le dicen: “¿Acaso hemos de venir ante ti y postrarnos delante de ti? ¿Acaso reinarás tú sobre nosotros?” Porque delante del rey es que las personas se postran conforme a como se hacía en esos tiempos, y también lo contó a su padre Jacob, y Jacob le pregunta a su hijo José: “¿Qué sueños son estos? ¿Acaso hemos de venir tu madre y yo y tus hermanos a postrarnos delante de ti?”
Pero vean, él está viendo por anticipado en sueños, viendo el cielo, viendo ya esa señal en el cielo de lo que iba a suceder cuando él estuviera en Egipto y fuera el segundo en el reino del faraón, o sea, el primer ministro o virrey.
Y cuando ya estuvo en Egipto y subió a esa posición, luego de sufrir mucho, encontramos que cuando vinieron sus hermanos y no sabían que José era aquel príncipe que estaba a cargo de todos los negocios del rey, era el administrador del reino y se postraron delante de José, y de seguro José ahí recuerda el sueño que él tuvo de las once estrellas postrándose delante de él; pero todavía faltaba el sol, que más adelante cuando vino también Jacob con toda su familia, se postró también delante de José.
Ahora, vean cómo en el cielo aunque sea en sueños que Dios muestre el Cielo, la estrellas, muestra ahí lo que va a suceder más adelante. Por eso también el profeta Balaam, el cual vendió los derechos de la primogenitura y vendió la bendición que tenía de parte de Dios, él profetizó en Números, capítulo 24, verso 17 diciendo: “De Jacob saldrá una estrella, saldrá estrella de Jacob.”
¿Y qué significa eso? El Mesías, porque el Mesías Príncipe es la estrella resplandeciente de la mañana, porque toda la descendencia de Abraham están representados en las estrellas, por lo tanto, el Mesías Príncipe se identifica con la estrella resplandeciente de la mañana. Y así cada uno de ustedes y yo también estamos representados en alguna estrella del firmamento.
Y ahora, cuando los magos ven en el cielo esa señal, dicen, llegan a Jerusalén buscando el Mesías y dicen, preguntan: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente.” Ellos habían visto en el cielo la señal, y por lo tanto ya tenía que estar en la Tierra, porque ya hacía unos dos años que había comenzado a verse esa estrella en el cielo, anunciando la Venida del Mesías, el nacimiento del Mesías.
Por esa causa también, más adelante, el niño está en Belén de Judea, llegan los magos allá (o los sabios), lo encuentran y se encuentran con José y María, le ofrecen oro, incienso y mirra, al niño; fue la ofrenda que trajeron para el Rey, para el niño, y luego se van por otro camino conforme a la dirección que les dio el Ángel de no volver a Jerusalén al rey Herodes que los había enviado. Y el Ángel le dice a José: “Levántate, toma al niño y a su madre y vete a Egipto, porque Herodes buscará el niño para matarlo.” Y tuvo que ir a Egipto por una temporada, en lo que moría Herodes.
Ahora vean, en el cielo aparecen las señales, por eso es que en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 3, dice de la siguiente manera:
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.
Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.”
Y ahora, está profetizando lo que va a suceder a Jerusalén y a los edificios del templo y demás edificios allí:
“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? (porque siempre las señales anteceden al evento que está profetizado).”
Y ahora, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Cuál va a ser la señal? Cristo dice que Jerusalén será cercada de ejércitos, y cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos, ha llegado su destrucción. Usted lo busca en los diferentes Evangelios, San Mateo, San Marcos y San Lucas, y ahí encuentra diferentes detalles sobre la destrucción de Jerusalén la cual sucedió en el año 70 de la era cristiana, luego del general romano Tito con su ejército cercar a Jerusalén por dos años, y después entró y la destruyó.
Durante ese tiempo en que tenía a Jerusalén cercada, le dio oportunidad a las personas que salieran de Jerusalén los que quisieran irse de la ciudad. Luego, cuando entró, crucificó miles de judíos, y los colocó, los crucificó en las murallas, en toda la muralla fueron colocados en cruces todas esas personas, y vean ustedes, lo mismo que sucedió con Jesús, que el imperio romano lo crucificó, ahora está crucificando miles de judíos allí en Jerusalén.
Fueron colocados en las murallas, se llenó de cruces las murallas, y luego destruyó a Jerusalén, era la profecía de Cristo sobre Jerusalén por cuanto no conoció el tiempo de Su visitación, o sea, el tiempo de la visitación de Dios en la persona de Jesucristo. No conoció lo que era para su paz, y lo que era para su paz, es el Príncipe de Paz, el Mesías, el único que podrá traer la paz para Jerusalén, para todo Israel y para todas las naciones, eso está profetizado en Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7.
Por lo tanto, si se rechaza al que trae la paz, pues no se podrá tener paz; es como en medio del Cristianismo, el que rechaza a Cristo como su único y suficiente Salvador, al Príncipe de Paz, nunca podrá tener la paz de Dios permanente en su alma, porque nunca queda reconciliado con Dios y por consiguiente no hay paz entre la persona y Dios.
La Escritura dice que tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo, y también dice: “Porque Cristo es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (Efesios, capítulo 2).”
Y ahora, vimos lo que era la señal de la destrucción de Jerusalén. “¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?” Ahora, la o las señales de la Venida del Señor para el Día Postrero y las señales del fin del siglo o fin del tiempo, tenemos que atenderlas.
Y ahora, veamos algunas de las señales: Cristo dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé y también dice que será como en los días de Lot, ambos tiempos estaban al final, o sea, era el fin o el tiempo final para los antediluvianos, y era el tiempo final para los de Sodoma y Gomorra, pero en esos territorios hubo un profeta dispensacional: en el tiempo de Noé, pues estaba Noé; en el tiempo de Lot, pues estaba Abraham un profeta dispensacional, el profeta de la Dispensación de la Promesa, y en el tiempo de Noé estaba el profeta de la Dispensación del Gobierno Humano. Ambos sabían el tiempo de la destrucción de las personas de aquel entonces, y tenían el mensaje para aquel tiempo.
Y ahora, también nos dice la Escritura que para la Venida del Señor habrá en medio del Cristianismo un siervo fiel y prudente. Por eso pregunta: “¿Quién es el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su casa, para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual su Señor cuando venga le halle haciendo así, de cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.”
A través de la historia del Cristianismo, Jesucristo por medio de Su Espíritu ha tenido diferentes mensajeros que han estado dándole el alimento espiritual a tiempo al Cristianismo, al pueblo de Dios; ese alimento es la Palabra del Señor para cada etapa de la Iglesia, porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.
Siendo el ser humano a imagen y semejanza de Dios, y Dios siendo trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano también es trino: alma, espíritu y cuerpo; para alimentar nuestro cuerpo comemos los alimentos físicos que nos provee el planeta Tierra, pero para alimentar el alma tomamos, recibimos la Palabra de Dios que es el único alimento para el alma del ser humano, de otra forma el ser humano espiritualmente se debilita y muere espiritualmente.
Por lo tanto, para que el ser humano pueda ser totalmente positivo, tiene primero que alimentar su alma con la Palabra de Dios, eso resolvería los problemas del ser humano, porque los problemas físicos del ser humano proceden del interior de las personas.
Cristo mismo dijo que del corazón, o sea, del alma, es que vienen los pleitos, las guerras, todos los problemas que son manifestados físicamente en los seres humanos. Si resolvemos o queremos resolver el problema completamente, realmente, tenemos que resolverlo en la raíz, allá en el alma de las personas, y luego de ahí saldrán frutos buenos que serán de bendición y ayuda para la nación en que viven. Los problemas que vemos, son problemas interiores que se manifiestan físicamente, por lo tanto, la solución es Cristo dentro del alma del ser humano.
Ahora, continuemos con las señales de los tiempos para ver las señales del fin del tiempo, las señales del fin del mundo. Cristo dijo que estaría con nosotros, y digo, con nosotros, porque la Iglesia del Señor Jesucristo que comenzó el Día de Pentecostés, ha continuado hasta este tiempo. Por lo tanto, en medio de Su Iglesia Cristo estaría, Él dijo: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20, dice:
“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo...”
Aquí Cristo nos está hablando del fin del mundo, pero Él va a estar aquí con nosotros hasta el fin del mundo, o sea, hasta el fin del sistema de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, hasta el fin del cosmos de los sistemas humanos, porque luego viene el sistema de Dios en el Reino del Mesías, en el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra.
Por eso es que Cristo dijo a Sus discípulos, y por consiguiente a todos los cristianos enseñándoles a orar, les dijo: “Ustedes orareis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, también en la tierra (o aquí en la Tierra).” San Mateo, capítulo 6, versos 8 al 10.
Y ahora, la venida del Reino de Dios a la Tierra, será para el establecimiento de ese Reino en el cual el Mesías será el gobernante, el Rey de ese Reino, de ese Imperio porque será mundial, y la justicia social para la humanidad y la paz no tendrán límites sobre el Trono de David y sobre Su Reino, y se extenderá la paz a todas las naciones.
También una cosa muy importante es que no será un Reino de mano suave, será un Reino de mano fuerte, de mano de hierro, para que se haga así la voluntad de Dios en la Tierra, como se hace en el Cielo.
Ahora, ¿qué será el Reino de Dios viniendo y siendo restaurado? Pues los discípulos antes de Jesús ascender al Cielo, le preguntan en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 6 al 9:
“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.”
Todavía para la venida del Reino y la restauración del Reino, transcurrirían unos dos mil años. La Dispensación de la Gracia tiene que terminar para comenzar la Dispensación del Reino, es en la Dispensación del Reino donde será establecido el Reino de Dios en la Tierra.
¿Y qué será la restauración del Reino? Será nada menos que la restauración del Reino de David sobre Israel y sobre todas las naciones, porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David. Para que lo tengan claro, lo encontramos en Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 5 en adelante, donde dice el rey David cuando está presentando a su hijo Salomón como el heredero al trono y lo está introduciendo para que se siente en el trono. Dice:
“Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”
El Trono del Reino de Dios sobre Israel, es el Trono de David. Sigue diciendo en el capítulo 29, versos 22 en adelante de Primera de Crónicas, el mismo libro de Primera de Crónicas, dice:
“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.
Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”
¿En qué trono se sentó el rey Salomón? En el Trono de Jehová en lugar de su padre David, ¿ven? El Trono de Dios en la Tierra, terrenal, es el Trono de David, y el Reino terrenal de Dios, es el Reino de David.
Por eso es que le preguntan los discípulos a Cristo: “¿Restaurarás tú el reino a Israel en este tiempo?” Ahora, para la restauración del Reino de Israel se requiere que las señales que Cristo dio sean cumplidas o vayan cumpliéndose para venir la restauración del Reino. En San Mateo, capítulo 24, verso 32 en adelante, dice:
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna (recuerden que la higuera representa a Israel)... cuando ya su rama está tierna , y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.”
¿Y qué es el verano? ¿Qué significa el verano está cerca? Está cerca el Reino de Dios:
“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.
De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.”
La generación de los que estarán como la higuera siendo restaurados, no pasará. Vamos a ver en San Lucas, capítulo 21 lo que nos dice. Capítulo 21, verso 29 en adelante sobre la higuera, dice:
“También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles (la higuera es Israel, y todos los árboles son las demás naciones).
Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.
Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”
Y ya la higuera ha reverdecido, está como una nación libre y soberana, un Estado libre y soberano desde el año 1948, y muchos árboles, muchas naciones también han logrado establecerse como Estados libres y soberanos. Esa es una señal muy grande de que el Reino de Dios está cerca, dice Cristo. Dice:
“Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”
Por lo tanto, el Reino de Dios nuevamente se ha acercado a Israel y a la familia humana, como en los días de Jesús y de Juan el Bautista, los cuales decían: “El reino de Dios se ha acercado a vosotros, se ha acercado, está cerca,” allí estaba el Rey, el Mesías, Jesucristo; allí estaba el precursor: Juan el Bautista preparándole el camino, pero no lo recibieron: “A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.”
Por eso cuando entró a Jerusalén en Su entrada triunfal como Rey, preguntaban: “¿Quién es éste?” Y decían: “Este es Jesús el profeta de Nazaret.” No lo recibieron porque no lo reconocieron, no lo recibieron como el Rey que restauraría el Reino de David al pueblo hebreo, para lo cual restauraría las doce tribus, las convertiría en un solo Reino.
Por eso Él también decía: “Yo no he venido sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” La casa de Israel es el reino del Norte, que está compuesto por diez tribus que le fueron dadas al rey Jeroboam en el tiempo del hijo de Salomón, Roboam; y a Roboam el hijo de Salomón le quedaron solamente dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, y esas dos tribus forman el reino del Sur que le quedó a la casa, a la dinastía de David.
Pero la promesa es que Dios va a juntar a los de las tribus del Norte, las cuales son llamadas desde hace años las tribus perdidas, porque fueron esparcidas entre los gentiles, y se perdieron y casi no hay evidencia de los descendientes de esas tribus, excepto un grupo pequeño que tiene ciertas evidencias de documentos, pero la mayoría no tiene documentos, y la mayoría ni saben que son descendientes de las tribus perdidas del reino del Norte, del reino llamado reino de Israel o reino de Efraín.
Pero para el tiempo final la promesa es que Dios los llamará, los juntará y los restaurará y unirá esas tribus perdidas con las tribus del Sur, las dos tribus, encabezada en la tribu de Judá y se formará un solo Reino, ya no serán dos reinos, sino un solo Reino en la mano de Dios. Esa ya va a ser una señal muy grande, pero será la señal de que ya se estará en el Reino milenial.
Pero habrá un trabajo para el recogimiento de esas tribus perdidas. La promesa es que será sonada, tocada con gran trompeta, y vendrán, serán reunidos, eso está en Isaías, capítulo 27, verso 13, y esa gran trompeta es la Voz de Dios, la Voz de Dios en la predicación del Evangelio del Reino.
Juan el Bautista y Jesús predicaban el Evangelio del Reino. Luego desde el Día de Pentecostés en adelante se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia, pero los días de Jesús y Juan el Bautista era la predicación del Evangelio del Reino.
Y ahora, para el tiempo final la promesa es que se volverá a predicar el Evangelio del Reino para la restauración del Reino de Dios en la Tierra. En San Mateo, capítulo 24, verso 14 dice: “Y será predicado este evangelio del reino por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Por lo tanto, Cristo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” y el cual ha estado usando diferentes mensajeros: a San Pedro predicando, a San Pablo predicando y estableciendo las Iglesias entre los gentiles, y así a través de la historia de la Iglesia Cristo en Espíritu Santo ha estado usando diferentes mensajeros que Él ha enviado a Su Iglesia predicando cada mensajero el Evangelio de la Gracia.
Ha sido Cristo en Espíritu Santo hablando a través de esos hombres, los cuales predicaron el Evangelio por el Espíritu Santo que estaba en ellos, eso es hablar ungido por el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, es un hombre de otra dimensión, es el Ángel del Pacto que le aparecía a los profetas del Antiguo Testamento y hablaba con ellos, en donde estaba, está y estaré eternamente el Nombre de Dios; ese Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, donde Dios ha estado siempre y a través del cual Dios creó los Cielos y la Tierra, ese Ángel del Pacto que es el Espíritu Santo, es Cristo en Espíritu Santo, por eso Él podía decir:
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58).
¿Y cómo era Cristo antes de Abraham? ¿Cómo era Cristo antes de nacer Su cuerpo físico en Belén de Judea, a través de la virgen María, la mujer más bienaventurada de todas, que trajo a existencia, trajo a vida un hijo sin unión con un hombre? Solo por creación divina. Por eso Cristo era, es y será muy especial, y será muy especial para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, es el eslabón entre Dios y el ser humano, así como el eslabón perdido entre el ser humano y el animal o la raza animal, es la serpiente antigua que engañó a Eva y que hablaba y que recibió la maldición y fue convertida en un reptil, y perdió hasta su habla.
Ahora, Cristo es el que une al ser humano con Dios, porque es el eslabón entre Dios y el ser humano, y el ser humano y Dios, para reconciliar al ser humano con Dios por medio de Su Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario, Él siendo eterno y siendo inmortal, se hizo mortal tomando nuestros pecados. Por eso decía: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo, para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18).
Y ahora, para el tiempo en que la humanidad haya llegado a la etapa del fin, del fin del tiempo o a la etapa del fin del mundo, aparecerá la predicación del Evangelio del Reino siendo dada por el Espíritu Santo, por Cristo en Espíritu Santo a través de un mensajero enviado por Dios, el cual por consiguiente tiene que ser un profeta mensajero prometido en la Escritura, el cual está en Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 6: “He aquí, yo envío el profeta Elías, antes que venga el día grande y terrible de Jehová. No sea que yo venga y con maldición hiera la Tierra.”
Antes de venir ese tiempo de juicio sobre la raza humana, llamado la gran tribulación que durará tres años y medio, antes aparecerá un profeta mensajero predicando el Evangelio del Reino, ese vendrá con el espíritu y virtud de Elías, no será Elías literalmente, sino será un hombre del tiempo final ungido por el Espíritu Santo con el ministerio de Elías.
Así como Juan el Bautista no era el profeta Elías, pero el Ángel Gabriel le dijo al sacerdote Zacarías que tendría un hijo, Zacarías con su esposa Elisabet, y le pondría por nombre Juan, sería grande delante de Dios y vendría con el espíritu de Elías. Pero no era Elías literalmente, pero era un hombre con el ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo, por eso Jesús en una ocasión en que le dijeron o le preguntaron Sus discípulos: “¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas, mas yo os digo que ya Elías vino e hicieron de él lo que quisieron.” Y entonces entendieron que les hablaba de Juan el Bautista, el Elías de aquel tiempo precursor de la primera Venida de Cristo fue Juan el Bautista.(San Mateo, capítulo 17, versos 10 al 13).
Elías para este tiempo final vendrá para la restauración de todas las cosas, y ese es el tiempo también del cual San Pedro dice en el capítulo 3 del libro de los Hechos, vamos a verificarlo aquí... capítulo 3 del libro de los Hechos, versos 19 en adelante, allí predicando dice:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”
Y ahora, el Cielo es necesario que tenga a Cristo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, y Elías es enviado para restaurar todas las cosas, dice Cristo: “A la verdad Elías vendrá y restaurará todas las cosas.” Viene con un mensaje restaurador, ese es el mensaje del Evangelio del Reino que estará siendo predicado “y será predicando este evangelio del reino por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Por lo tanto, cuando ustedes vean a un hombre predicando el Evangelio del Reino, e identificando lo que es el Evangelio del Reino y lo que es el Evangelio de la Gracia, mostrando que el Evangelio del Reino revela todo el misterio para la restauración del Reino de David al pueblo hebreo, y por consiguiente eso será la restauración del Reino de Dios en la Tierra; y mostrando todas estas cosas, recuerden, esa es una señal muy grande, porque Cristo dice: “Y será predicado este evangelio del reino por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” Es la señal del fin más clara que podemos tener profetizada para el tiempo final.
Las demás personas y demás predicadores no entenderán qué es la predicación del Evangelio de la Gracia y qué es el Evangelio del Reino, o sea, la diferencia que hay, pero ese mensajero que vendrá con el espíritu y virtud de Elías para restaurar todas las cosas, sí entenderá. Conocerá y enseñará al Cristianismo y al Judaísmo el Evangelio del Reino para la restauración del Reino de Dios que será la restauración del Reino de David al pueblo hebreo, el cual reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y entonces es que Israel va a tener la paz que tanto ha estado anhelando y que desde que fue establecido, creado el Estado judío, desde que fue creado el Estado de Israel, no ha tenido paz.
Con la declaración de Israel como un Estado le comenzó la guerra, y así ha estado de etapa en etapa saliendo de una guerra y más adelante entrando a otra guerra; tiene los adelantos tecnológicos de... que tienen las demás naciones de primer mundo; y en un corto tiempo, vean es una nación de primer mundo, cosa que no han logrado naciones que llevan muchos cientos de años como naciones, como Estados libres y soberanos.
¿Qué misterio hay detrás de un pueblo tan pequeño y tan perseguido y que en tan corto tiempo y desde ya hace tiempo, ya hace años que es una nación de primer mundo? Es que la Escritura dice que la higuera reverdecería, y la higuera es Israel. La nación de Israel con su Estado, el Estado de Israel es una señal profética de que el Reino de Dios está cerca.
Y ahora, viendo las señales del tiempo del fin, las señales de los tiempos siendo cumplidas, le prestamos atención, sabiendo que Cristo dijo que cuando veamos estas cosas suceder, levantemos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra redención está cerca.
¿Y qué es nuestra redención? Para los creyentes en Cristo que ya murieron, será la resurrección en cuerpos eternos, porque Cristo dijo a los creyentes en Él: “Y yo le resucitaré en el día postrero.” Así como resucitó a Lázaro que ya había muerto, eso está en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde Él dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.” Y también en San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27, en donde Marta, cuando escucha a Jesús decir: “Lázaro tu hermano, resucitará...”
“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (vean, ella sabía que la resurrección es para el día postrero, esto es para todos los creyentes en Cristo).
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Le dijo: Sí, Señor...”
Y nosotros decimos: “Sí Señor, también nosotros lo creemos. El creyente en Cristo tiene la Vida eterna asegurada en el Reino de Cristo, si muere va a ser resucitado en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, será resucitado en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo. Por eso San Pablo explicando esto en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, nos dice:
“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados,
en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los que vivimos) seremos transformados.”
Eso es la redención de la cual Cristo dice que cuando veamos acontecer todas estas cosas, todas esas señales que Él dio, entendamos que nuestra redención está cerca; es la redención del cuerpo para obtener la inmortalidad física, los que están vivos siendo transformados creyentes en Cristo, y los que murieron siendo creyentes en Cristo, ser resucitados en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados y jóvenes como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.
En ese cuerpo la persona no se pone vieja, es un cuerpo también inter dimensional, por eso Cristo estando con Sus discípulos hablándoles, de momento subió al Cielo y una nube lo apartó de ellos, lo cubrió. Un cuerpo inter dimensional no necesita automóvil, no necesita aviones, no necesita cohetes para ir de un lugar a otro; recuerden que Cristo ya resucitado los discípulos estando con las puertas cerradas por miedo a los judíos, Cristo entraba donde ellos estaban y ellos pensaban que era un espíritu, ¿por qué? Porque entraba sin tener que abrir las puertas.
Es que se pasaba de una dimensión a otra, de la dimensión invisible a la dimensión visible sin ningún problema, y luego se desaparecía. Recuerdan los caminantes de Emaús, Él caminó con ellos muchas horas y estuvo enseñándoles, predicándoles y reprendiendo la incredulidad de ellos; y luego cuando llegan a la casa, Cristo hace como que va a seguir su camino, y ellos le dicen: “Quédate con nosotros, ya está cayendo el día, ya viene la noche, quédate con nosotros.” Y Él se queda con ellos, y cuando están a la mesa para cenar entonces Cristo toma el pan, da gracias, lo parte y da a ellos, y entonces conocieron que era Jesucristo, hizo lo mismo que Él hacía siempre con ellos cuando se sentaban a la mesa a comer. En eso lo conocieron, cuando partió el pan, y en el partimiento del pan.
Lo mismo pasó con María Magdalena, ya en la mañana resucitado Cristo, ella va a la tumba a buscarlo, no lo encuentra y entonces ve a un joven, primero vio los Ángeles que le dicen que ya no estaba allí al que ella buscaba, había resucitado, y luego cuando ella sale ve un joven y le pregunta: “Has llevado tú...” Pensó que era el *hortelano, el que cuidaba el lugar y la tumba, y le pregunta: “¿Tú has tomado el cuerpo de mi Señor, dime dónde lo has colocado para buscarlo?”
Ella no sabía que era Jesucristo, porque Cristo resucitó glorificado, y Cristo le dice: “María.” Y cuando le dice María, vean, en la misma forma en que siempre la llamaba, entonces se dio cuenta que era Jesús.
Ahora, recuerden que Cristo al resucitar glorificado, resucitó joven porque el cuerpo glorificado representa de 18 a 21 años de edad, lo cual es la flor de la juventud, todos queremos permanecer en una edad o en una apariencia de 18 a 21 años.
Pero cuando vemos que aparecen las canas y las arrugas y ya el cuerpo no es tan fuerte como antes, entendemos que la muerte está muy cerca, que nuestro tiempo en la Tierra está terminando. Por eso tenemos que tener nuestro futuro asegurado con Cristo en Su Reino, porque mientras estamos aquí en la Tierra es que tenemos la oportunidad de asegurar nuestro futuro con Cristo en la Vida eterna, Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna.” San Juan, capítulo 10, verso 27; y también San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27, Él nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive (tiempo presente)... todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” O sea, que no puede esperar a morir para después decir: “Ahora yo creo en Jesucristo.” No: “Todo aquel que vive y cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Ahora, cuando el ser humano creyente en Cristo muere, va al paraíso a vivir en cuerpo angelical, y allí están los apóstoles, están los creyentes en Cristo de tiempos pasados esperando la resurrección y también los de nuestro tiempo están allí en el paraíso.
Es muy importante asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, y ahora, viendo las señales de los tiempos, viendo las señales del fin del siglo y del fin del mundo en nuestro tiempo, viendo cómo están apareciendo, tenemos que comprender que el Reino de Dios está cerca, y al escuchar la predicación del Evangelio del Reino, tenemos que comprender que el fin del mundo está cerca, el fin del cosmos, el fin de los sistemas humanos está cerca, la etapa de los pies de hierro y de barro cocido de la estatua que vio el rey Nabucodonosor que representa el reino de los gentiles, está cerca, porque el Reino de Dios está por ser establecido en la Tierra, y no pueden estar dos reinos a la vez en la Tierra.
El Reino de Dios va a ser establecido en la Tierra y va a cubrir el mundo entero, por lo tanto, tenemos que estar listos, preparados con nuestro futuro asegurado con Cristo en Su Reino, tenemos que aprovechar el tiempo que tenemos en esta Tierra y asegurar nuestro futuro, pues nadie sabe cuándo se le va a terminar su tiempo en la Tierra; recuerden que a unos se les termina siendo unos bebés, a otros se les termina siendo unos niñitos, a otros se les termina siendo un jovencito, a otros se les termina siendo ya personas que han estudiado, de 20 a 30 años, a otros se les termina siendo de 30 a 40 ó 50 años, a otros se les termina siendo de 50, 60 años, a otros se les termina siendo de 60 a 80 años, y a otros se les termina siendo de 80 a 100 años, pero nadie sabe cuándo se le va a terminar su tiempo en la Tierra.
Dios nos ha dado la oportunidad de vivir en esta Tierra, y nos ha dado un tiempo para que vivamos y escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo, recibamos a Cristo como Salvador y seamos rociados con la Sangre de Cristo limpiados de todo pecado, bautizados en agua en Su Nombre y Él nos bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en nosotros el nuevo nacimiento, y así es como entramos al Reino de Dios, así es como nacemos del Agua y del Espíritu como dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto te digo que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”
Nacer del Agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu, es nacer del Espíritu Santo al recibir el Espíritu Santo, y así ha entrado al Reino de Dios, ha nacido en el Reino de Dios y ahora tiene una doble ciudadanía; tiene la ciudadanía terrenal por el nacimiento natural, terrenal que tuvo a través de sus padres terrenales, y tiene la ciudadanía celestial de la Jerusalén celestial por el nuevo nacimiento que ha recibido.
Y ahora, nuestra ciudadanía del nuevo hombre está en el Cielo, “de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21). Son palabras del Espíritu Santo a través del apóstol San Pablo.
Y ahora, atentos a las señales de los tiempos, levantamos nuestras cabezas al Cielo, nuestro corazón y nuestra mente al Cielo, a las cosas celestiales, a las cosas de Dios, porque nuestra redención está cerca.
Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibí como mi Salvador, y aseguré mi futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, pues solamente hay una persona que nos puede asegurar nuestro futuro eterno, y Su Nombre es Señor Jesucristo, no hay otra persona, Él es el que ha dicho: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.”
Así que, entendiendo todas estas cosas de la Palabra de Dios, no podemos hacer otra cosa, sino recibir a como nuestro único y suficiente Salvador, ¿quién más lo ha recibido? ¿Quién más ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno? Todos ustedes también, ¿y quiénes más están viendo las señales de los tiempos, las señales del fin del tiempo, del fin del mundo? Y yo también.
Y una de las señales grandes para el fin del mundo, fin del tiempo, Cristo dice que será el tiempo de la cosecha, de la siega, eso será el tiempo en que la humanidad llega al fin del siglo para el cual dice Cristo que serán enviados Sus Ángeles para llevar a cabo la cosecha, eso está en San Mateo, capítulo 13, versos 37 al 43; y también en el capítulo 13, versos 47 al 50, Cristo nos dice que así como se echa la red al mar y se saca y se recogen los peces buenos y se echan en cestas y lo malo echan fuera, dice: “Así será en el fin del siglo, enviará a sus ángeles, los cuales apartarán a los malos de entre los buenos.”
¿Ven? Para el tiempo final la promesa es que serán enviados los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, porque el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles, esos ministerios estarán en la Tierra en medio del Cristianismo y después en medio de los judíos, los ministerios de Moisés y de Elías, por eso la promesa es que enviará a Elías, el cual restaurará todas las cosas.
Por lo tanto, estará trabajando en el proyecto divino para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, y por consiguiente del Reino de David al pueblo hebreo y a toda la humanidad, porque ese será el único Reino que traerá la paz permanente para judíos, para árabes, y para todas las naciones.
Por eso el Mesías Príncipe es el deseado de todas las naciones, desean un hombre que traiga la justicia, la paz para toda la humanidad, y ese es el Príncipe de Paz, el Mesías prometido.
Todos los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, lo pueden hacer en estos momentos para asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted.
En todas las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya han escuchado el Evangelio de Cristo y ha nacido la fe de Cristo en vuestras almas porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, y con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.
Ahora, ha llegado el momento de confesar públicamente a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33).
La única decisión grande que el ser humano hace en la Tierra, es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, porque es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Cualquier otra decisión puede ser importante, pero hay una sola que es la más importante, y es recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, porque obtenemos la Vida eterna impartida por Jesucristo nuestro Salvador.
El que desea la Vida eterna tiene que ir, tiene que acercarse al que tiene la exclusividad de la Vida eterna, y Su Nombre es Señor Jesucristo. No hay otro que tenga la exclusividad de la Vida eterna, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.
Cristo murió por nosotros en la Cruz del Calvario y con Su Sangre nos ha redimido, nos ha limpiado de todo pecado. No podemos ir a la farmacia o al supermercado y pedir un detergente o un blanqueador para ir a la casa y darnos un baño y quitarnos los pecados, solamente hay un blanqueador, y es la Sangre del Señor Jesucristo.
La Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado, y nos hace para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes y reinaremos sobre la Tierra, reinaremos como Reyes y Sacerdotes con Cristo en Su Reino, eso es lo que nos dice el Espíritu Santo en Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6; y Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 al 11; y también Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6.
Recibir a Cristo es el privilegio más grande que tiene una persona al recibir a otra persona, la persona más importante es Jesucristo, por lo tanto, el privilegio más grande que una persona tiene en recibir a otro, es el de recibir a Cristo, que es la persona más importante.
Por medio de Jesucristo fue que Dios creó todas las cosas, las visibles y las invisibles, o sea, el mundo visible y el mundo invisible, todo fue creado por medio de Cristo, el cual es el Verbo que era con Dios y era Dios.
“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Dice San Juan, capítulo 1, versos 1 al 4). Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y lo conocimos por el Nombre de Jesucristo. Eso está en San Juan, capítulo 1, verso 14.
Cristo está tan joven como cuando estuvo resucitado ya con Sus discípulos, y así es que Él quiere que nosotros seamos: jóvenes para toda la eternidad en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados como Su cuerpo glorificado.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, para lo cual uno viene a los Pies de Cristo y Cristo lo recibe y le da Vida eterna.
El nombre de ustedes que han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por esa causa ustedes han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo. Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz, si has escuchado hoy Su Voz acá en tu alma, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando, te está llamando para darte Vida eterna, la Vida eterna que tanto tu alma anhela.
Todos deseamos vivir eternamente, y vivir en un cuerpo joven, eterno, inmortal, glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. La vida en este reino terrenal es corta, pero en el Reino de Cristo es por toda la eternidad.
Vamos a estar puestos en pie mientras llegan las otras personas que como ustedes, han creído, porque ha nacido la fe de Cristo en su alma y vienen de camino para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.
Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo también les reciba; Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Algunas veces hay personas que son tímidas y les da timidez o vergüenza pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, pero recuerden que Él dijo: “El que se avergonzare de mí, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre.” Y también dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).
Todos queremos que Cristo nos confiese delante de nuestro Padre y que nos dé la entrada a Su Reino. Recuerden que recibir a Cristo es un asunto de Vida eterna. Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.
Todavía vienen más personas, que como ustedes quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino. El ustedes estar escuchando el Evangelio de Cristo en esta ocasión, significa que el nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida. Por eso dice: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27).
Dios tiene muchos hijos en esta ciudad de Guatemala, Guatemala, y en toda la República de Guatemala, y los está llamando en esta ocasión, y el Reino de Cristo se está llenando de ciudadanos de Guatemala, o sea, que ustedes son una representación de Guatemala en el Reino de Cristo.
Piensen ustedes, cuando Dios vino con Sus Ángeles Gabriel y Miguel en el capítulo 18 del Génesis para destruir a Sodoma y Gomorra, Abraham comenzó a interceder por Sodoma y Gomorra, porque allí estaba su sobrino Lot, con su familia, y le pregunta:
– “Si hay cincuenta justos allí en esa tierra, ¿destruirás tú al justo con el injusto?”
– Dios le dijo: “No destruiré ese territorio, no lo destruiré.”
– “¿Y si hay solamente cuarenta?”
– “Tampoco los destruiré.”
– “¿Y si hay solamente treinta?”
– “No lo destruiré.”
– “¿Y si solamente hay veinte?”
– “No lo destruiré,”
– “¿Y si solamente hay diez?”
– “Por amor a esos diez no destruiré a Sodoma y Gomorra.”
Y ya Abraham no podía seguir bajando el número porque en el tiempo de Noé hubo ocho que entraron al arca y Dios destruyó al mundo antediluviano, por lo tanto, hasta diez era el número; y no hubo diez en Sodoma y Gomorra, solamente hubo, Lot, su esposa, y las dos hijas, o sea, cuatro personas.
Así que, podemos ver que la misericordia de Dios es muy grande, y por amor a diez justos que haya en una ciudad, no destruye la ciudad. Aquí hay más de diez, y entre todo el público hay más de cien, lo que significa que la misericordia de Dios es extendida sobre la República de Guatemala por medio de Jesucristo, y Dios mira la República de Guatemala a través de la Sangre de Cristo.
Y cuando Dios mira a un país a través de la Sangre de Cristo, no ve el pecado; pero cuando sea quitado el Sacrificio del Trono de Intercesión, entonces ya no habrá Sangre y por consiguiente vendrá el juicio divino, pero antes que llegue, aseguramos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.
Todavía vienen más personas que como ustedes desean entrar al Reino de Cristo nuestro Salvador. Vamos ya a orar por las personas que han venido a lo Pies de Cristo, también los que están en otras naciones, vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están también en otras naciones, y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración que estaré haciendo con ustedes:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con todo mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.
Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo, y doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir Contigo por toda la eternidad.
Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Usted tiene derecho a ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque usted creyó recibiéndolo como vuestro único y suficiente Salvador.
El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el mismo Jesucristo y los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista; y si ellos fueron bautizados, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, que ha estado siendo obedecido por los apóstoles y por todos los que reciben a Cristo como Salvador.
En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es bautizado, cuando es sumergido en las aguas bautismales, está tipológicamente siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, se está levantando a una nueva vida con Cristo en Su Reino eterno.
Entendiendo el simbolismo del bautismo en agua, pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Bien pueden ser bautizados. Dejo al ministro Esteban Golon, para que las indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
¿Hay agua? ¿Hay bautisterio? Hay bautisterios. Hay ropas bautismales también, hay vestidores de ropa, lugares donde están las ropas bautismales y personas que les ayudarán y ministros que les bautizarán.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y ustedes también que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos como vuestro único y suficiente Salvador, también pueden ser bautizados. Y dejo al ministro correspondiente en cada nación, para que haga en la misma forma que estará haciendo el reverendo Esteban Golon en estos momentos, y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
Dios les bendiga y les guarde a todos.
“ATENTOS A LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS.”
