El Señor Jesucristo resplandeciendo en el Día Postrero

Miércoles, 01 Abril, 2009 - Managua NIC - 1 hora, 18 minutos


Descargas -

Descargar ePub

Mapa

Mapa

Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Miércoles, 1 de abril de 2009
Managua, Nicaragua

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos las palabras del apóstol San Pablo en Efesios, capítulo 5, verso 13 al 14.
Aprecio también y agradezco mucho el respaldo que le están dando a Puerto Rico en el gran proyecto de La gran Carpa-Catedral, y también por el respaldo que le han estado dando y le están dando a AMISRAEL.
Que Dios los bendiga por todo lo que están haciendo.
Dice así Efesios, capítulo 5, verso 13 en adelante:
“Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.
Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“EL SEÑOR JESUCRISTO RESPLANDECIENDO EN EL DÍA POSTRERO.”
Para poder ver a Cristo resplandeciendo en el Día Postrero, tenemos que entender que Él dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” Esas son palabras de Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 12, y sabiendo que Cristo es la luz del mundo y conforme a San Juan, capítulo 1, dice verso 1 en adelante:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”
Luego el verso 9 al 10 de este mismo capítulo 1 de San Juan, dice:
“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”
Y ahora, Cristo siendo la luz del mundo, Cristo siendo esa Columna de Fuego que le apareció al profeta Moisés, siendo esa misma Columna de Fuego que libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés, encontramos que cuando se hizo carne, porque aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo, ¿y cómo vino? Vino vestido de carne humana, y vestido de carne humana podía decir: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” o sea, de la Vida eterna, porque Él es, era, es y será la vida, la vida de todo ser. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y ahora, encontramos que Cristo siendo la luz de los hombres, la luz de la Vida eterna, resplandeciendo Él estuvo en el tiempo de Moisés, resplandeciendo en el desierto sobre el pueblo hebreo, alumbrándoles el camino de noche, y de día le era una nube que les protegía del sol, y de noche una nube de fuego que les alumbraba el camino mientras iban viajando.
Y ahora, encontramos que tenemos la promesa de Isaías, capítulo 9 donde nos dice, verso 1 en adelante, verso 1 al 3, dice:
“Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.
El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”
Y ahora, vamos a ver cómo esa luz prometida aquí resplandeció sobre aquellos que moraban en tinieblas y sombra de muerte, ellos vieron esa gran luz allá en Galilea de los gentiles, por eso el ministerio de Cristo fue mayormente en Galilea, veamos el capítulo 4, verso 12 en adelante de San Mateo.
San Mateo, capítulo 4, verso 12 en adelante, dice:
“Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;
y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,
para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
Camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles;
El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;
Y a los asentados en región de sombra de muerte,
Luz les resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Y Cristo estando en el territorio de Zabulón y de Neftalí predicando, allí estaba Cristo, la luz del mundo resplandeciendo para aquel territorio, y estaban viendo esa gran luz, aquellas personas que habitaban en tinieblas:
“Y a los asentados en región de sombra de muerte,
Luz les resplandeció.”
Y eso fue cuando Cristo fue y estuvo allí predicando el Evangelio del Reino.
Ahora vean cómo es que resplandece la luz y cómo es que alumbra a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, porque Cristo es la luz del mundo; y esto trae una resurrección para los que habitan en tinieblas y sombra de muerte, una resurrección para individuos como para naciones, y también para reinos.
Ahora, tenemos la promesa de que Cristo resplandecería y que todos los que seguirían a Cristo, estarían siguiendo en la luz de Dios: “Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” O sea, de la Vida eterna, en palabras más claras tendrá el Espíritu Santo que es luz y que aparece en forma de luz, porque Dios hace a Sus Ángeles espíritus, y a Sus ministros llama de fuego.
Y ahora, encontramos que también en Proverbios nos dice algo acerca del espíritu del ser humano, y vamos a ver lo que nos dice en Proverbios sobre el espíritu del ser humano, dice que el espíritu del ser humano es lámpara; por eso es que en la Iglesia del Señor los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra, así como el candelabro tenía siete lámparas encendidas, su mecha que estaba dentro recibiendo el aceite que tipifica el Espíritu Santo, y dando luz en el lugar santo del templo, esos mensajeros llenos del aceite del Espíritu Santo, dando la luz de Cristo de edad en edad, era Cristo la luz del mundo manifestándose por medio de Sus mensajeros y resplandeciendo a través de ellos y alumbrándole el alma y el espíritu, el entendimiento a los seres humanos, y así ocurría una resurrección espiritual interior en cada persona a través de las diferentes etapas de la Iglesia, y así es también en nuestro tiempo. Hay resurrección para individuos y hay resurrección también para naciones, para pueblos, para reinos.
Y ahora, hay resurrección espiritual y hay resurrección física también, por ejemplo, dice la Escritura que los muertos oirán la Voz del Hijo del Hombre y resucitarán. También dice la Escritura (eso está en Daniel)... también dice que unos resucitarán para Vida eterna, y luego otros van a resucitar para condenación; eso está en el libro del profeta Daniel, capítulo 2, verso 1 en adelante, y será cuando el Arcángel Miguel se le levante, el que está por los hijos del pueblo hebreo, y también en San Juan, capítulo 5, versos 21 en adelante, dice que los muertos escucharán la Voz del Hijo de Dios y resucitarán; vamos a leerlo, San Juan, capítulo 5, verso 21 en adelante, dice:
“Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”
Y ahora, aquí nos habla que los muertos van a escuchar la Voz del Hijo de Dios y van a resucitar, van a recibir vida, vivirán, eso es resurrección, vivirán. Ahora, si van a escuchar la Voz del Hijo de Dios, ¿cómo va a ser esto? A través de las palabras de Cristo lo podemos comprender, en San Juan, capítulo 10 nos dice Cristo desde el verso 14 en adelante:
“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”
Y ahora, aquí nos muestra que Él tiene otras ovejas que no son de aquel redil, dice: “Aquéllas también debo traer, y oirán mi voz.” Estas son las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. Por eso Cristo en San Lucas, capítulo 19, verso 10, y en San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14, nos dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Y ahora, esas son las ovejas que escucharán la Voz de Cristo, la Voz del Hijo de Dios a través de las diferentes etapas de la Iglesia en las cuales Cristo estará en el mensajero de cada edad, y del mensajero de cada saldrá la Palabra de Cristo, del Espíritu Santo, para todo el pueblo y de ahí se esparcirá la Palabra a través de los diferentes ministros y así serán llamadas las ovejas en cada etapa, y Cristo estará resplandeciendo para esas personas, por lo cual dice: “Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.”
¿Y cómo una persona que está viva se va a levantar de entre los muertos? Cuando el ser humano pecó en el Huerto del Edén murió a la Vida eterna y solamente le quedó vida temporera, y la Palabra, el Evangelio de Cristo se predica a los muertos, muertos a la Vida eterna ¿para qué? Para que sean resucitados a la Vida eterna, restaurados a la Vida eterna, y también están los muertos en los sistemas humanos religiosos (en sepulcros), como decía Cristo a los de su tiempo, y de entre de esos sepulcros son resucitados para vivir y ver la luz, para vivir y ver la luz de Cristo en la etapa o edad de la Iglesia en que están viviendo, y así Cristo les alumbra el entendimiento, el alma y todo su ser, y entonces han obtenido una resurrección espiritual, y por consiguiente han pasado a una nueva etapa, a una nueva edad de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Para pueblos, naciones, reinos también hay una resurrección de parte de Dios, y tienen que ver a Cristo, el Ángel del Pacto, la luz del mundo y oír Su Voz para obtener esa resurrección, es también para naciones lo mismo: “Despiértate tú que duermes, levántate de entre los muertos y te alumbrará Cristo,” y así naciones resucitan a la vida de Dios para el tiempo en que viven, y Dios derrama Sus bendiciones sobre esas naciones.
Por ejemplo, tenemos al pueblo hebreo, el cual aparece en Ezequiel, capítulo 37, versos 1 al 14, como un campo de huesos secos, en extremos secos, y le pregunta Dios al profeta Ezequiel. “Hijo del Hombre del hombre, ¿vivirán estos huesos?” Él le dice: “Señor, tú lo sabes.” También le dice Dios al profeta: “Estos huesos son la casa de Israel, o sea, las diez tribus perdidas del reino del Norte, del reino de Israel o reino de Efraín.
Y ahora, aparece ahí en el capítulo 37, verso 1 al 14 de Ezequiel, una resurrección de las diez tribus como pueblo y como reino para obtener la bendición del Reino de David que va a ser restaurado y para lo cual tienen que unirse con las tribus del Sur, que son la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, para la restauración del Reino de Dios en la Tierra en medio del pueblo hebreo, que será la restauración del Reino de David y Trono de David, donde se sentará el Mesías Príncipe y en donde Israel estará con las doce tribus restaurado en el Reino de Dios, y eso es una resurrección en donde estarán viendo a Cristo, el Mesías Príncipe, el Príncipe de Paz, resplandeciendo como lo vio Jacob cuando luchó con ese Ángel, venció y recibió la bendición de él, y como fue visto también en el Monte de la Transfiguración, en donde el monte ardía en fuego, fuego santo, fuego divino.
Y ahora, a través de lo que Dios ha prometido para nuestro tiempo siendo cumplido en la Edad de Oro de la Iglesia que es la Edad de la Piedra Angular, todos los creyentes en Cristo y luego también el pueblo hebreo, van a estar viendo al Mesías, al Cristo, al Ángel del Pacto resplandeciendo y alumbrándonos el entendimiento y abriendo las Escrituras para ver, para comprender y creer en la Voz, la Palabra de Dios, y todo Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Para una resurrección de Israel con las diez tribus del Norte, y Judá con las dos tribus del Sur, una resurrección al Reino de David, siendo restaurados al Reino de David y por consiguiente viendo al Mesías Príncipe resplandeciendo para ellos.
Ahora, veamos, estas son promesas divinas que tienen que ser cumplidas en Oseas, capítulo 6 y Malaquías, capítulo 4. Vamos a ver Malaquías, capítulo 4 lo que nos dice, capítulo 4, verso 2, dice:
“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación...”
El sol de justicia es Cristo, el Mesías, y dice que a los que temen el Nombre del Señor nacerá el sol de justicia, o sea, se cumplirá la Venida del Mesías surgiendo como el sol cuando sale en la mañana por el Este, así también el Mesías Príncipe, el sol de justicia dice que nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.
Sus alas son los ministerios de los dos Olivos, de Moisés y Elías como fue visto en el Monte de la Transfiguración, cuando Cristo allí se transfiguró delante de sus tres apóstoles: Pedro, Jacobo y Juan, y resplandeció Su rostro como el sol y sus vestiduras se hicieron como luz, y Su cabello blanco como blanca lana.
Allí estaba Dios mostrando lo que será la segunda Venida de Cristo, lo encontramos allí resplandeciendo y a cada lado Moisés a un lado y Elías al otro lado, hablando de Su ida a Jerusalén, ahí tenemos el orden de la segunda Venida de Cristo, de la Venida del Mesías para el Día Postrero en donde estaremos viendo estos ministerios de Moisés, de Elías y de Jesús siendo manifestados nuevamente por el Espíritu Santo en medio de la Iglesia y después en medio del pueblo hebreo. Y eso será Cristo resplandeciendo en medio de Su Iglesia en la parte alta de Su Iglesia, la Edad de la Piedra Angular como resplandeció en la parte alta del monte Sinaí y del Monte de la Transfiguración.
Y ahora, encontramos que así como para el tiempo de Jesús era tiempo del Mesías resplandecer, Él resucitó glorificado y con Él resucitaron los muertos del Antiguo Testamento. Hay una resurrección cuando Cristo resplandece en medio de Su pueblo.
Ahora, veamos Oseas, capítulo 6, versos 1 al 3, que nos dice:
“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.”
Todos esos problemas que ha tenido por unos miles de años Israel, ha sido que ha estado siendo herido por Dios a causa de que dejaron a Dios por los ídolos, se tornaron a la idolatría y entonces vino el juicio divino sobre las tribus del Norte y luego las tribus del Sur. Sigue diciendo:
“Nos dará vida después de dos días (estos no son días literales, sino que son días mileniales, cada día representa mil años)...”
“Nos dará vida después de dos días (o sea, después de dos mil años, ‘porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,’ dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4)...”
“Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”
¿Ven? Aquí viene una resurrección para Israel, el cual murió y el cual quedó esparcido entre las naciones, ese es el tesoro del cual Cristo dice que un hombre encontró en el campo, vendió todo lo que tenía y compró el campo a causa del tesoro que estaba en el campo (San Mateo, capítulo 13, verso 44). Cristo muriendo en la Cruz del Calvario, vean ustedes está dando todo lo que Él tenía: la vida, para así comprar el planeta Tierra completo por causa de ese tesoro que son las tribus perdidas de la casa de Israel. Y ahora, sigue diciendo:
“Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará...”
Dos días son dos mil años, los cuales han transcurrido; esos son los dos días, más el tercer día, esos son los días postreros que comenzaron en el tiempo de Jesucristo, y son el quinto milenio, el primero de los días postreros, el sexto milenio el segundo de los días postreros, y el séptimo milenio el último de los días postreros, o sea, el milenio séptimo del cual conforme al calendario gregoriano ya llevamos nueve años.
Y ahora, habrá una resurrección en el tercer día, o sea, en el séptimo milenio de Cristo hacia acá, habrá una resurrección para Israel, para las tribus perdidas. Sigue diciendo:
“...y viviremos delante de él.
Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida.”
O sea, como la mañana, y por consiguiente como la luz del sol surgiendo por el Este, por la tierra de Israel, así aparecerá para Israel la luz, Cristo, el Mesías Príncipe resplandeciendo y ellos lo van a reconocer. Por eso es que Dios ha prometido enviar a Elías el profeta, el cual vendrá preparando el camino a Dios con el pueblo hebreo, y estará proclamando la paz imperecedera, la cual la estará proclamando en el Reino del Mesías que va a ser establecido en la Tierra, o sea, en el Reino de Dios que va a venir y va a ser establecido, el cual es el Reino de David que será restaurado. Y ahora:
“...como el alba está dispuesta su salida.”
O sea, el Mesías Príncipe, que es la luz del mundo, viniendo como el alba, eso es viniendo en la mañana de un nuevo día milenial, y de un nuevo día dispensacional, que es la séptima dispensación y el nuevo día milenial, el séptimo milenio de Adán hacia acá. Tan simple como eso. Y estará resplandeciendo como el sol para alumbrar el alma, el espíritu y todo el ser humano y al pueblo hebreo.
Ahora vean, sigue diciendo: “Y vendrá...” en Malaquías dijo: “A los que temen mi Nombre, nacerá el sol de justicia (o sea, esto es por el Este), y en sus alas traerá salvación.” Una resurrección interior:
“Y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”
¿Y qué significa esto de venir como la lluvia a nosotros? La lluvia de la Palabra, de la enseñanza del Evangelio para el pueblo, lo cual significa la Lluvia Temprana: la predicación del Evangelio de la Gracia, del Evangelio de Cristo para la Dispensación de la Gracia; y la Lluvia Tardía: la enseñanza del Evangelio del Reino para la Dispensación del Reino. Tan simple como eso. Por eso en Joel, capítulo 2, verso 23, nos dice:
“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.”
Aquí tenemos la Lluvia Temprana y Tardía que está prometida para el pueblo hebreo; y también nos habla de esta lluvia en Zacarías. Zacarías nos dice que pidamos la lluvia, la Lluvia Tardía, capítulo 10 de Zacarías, verso 1, dice:
“Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía...”
La estación tardía es el tiempo de la siega, tiempo de la cosecha, o sea, el tiempo del fin en el cual nosotros estamos viviendo, dice:
“...Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno.”
Eso es lo que ha sido prometido, así que podemos ver que en la Lluvia Temprana que es para el tiempo de la siembra, y la Lluvia Tardía que es la que cae para luego ser realizada la cosecha, en esas lluvias Dios tipifica el Evangelio de la Gracia en la Lluvia Temprana, y el Evangelio del Reino en la Lluvia Tardía. Tan simple como eso.
Y ahora, vendrá a nosotros como la lluvia, ¿ven? La Venida del Señor viniendo para el pueblo hebreo dice que será como la lluvia, y cualquier persona que no comprende estos simbolismos, puede estar esperando un aguacero literal y decir: “Está viniendo el Señor,” ¿por qué? Porque Él dijo que vendrá como la lluvia. Pero Él viene como la Lluvia Temprana y como la Lluvia Tardía, o sea, aquí también dice [Oseas]:
“...y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”
Y pone la Lluvia Tardía primero que la temprana, ¿por qué? Porque en el tiempo final en que Dios se va a revelar a Israel, es el tiempo de la cosecha y por consiguiente es el tiempo de la Lluvia Tardía, de la predicación del Evangelio del Reino que estará trayéndolo Elías en su quinta manifestación, y Moisés en su segunda manifestación.
Es el tiempo para la venida del Reino de Dios, es el tiempo para la cosecha del trigo, es el tiempo para el recogimiento de los hijos del Reino, de los hijos e hijas de Dios; por lo tanto, así está prometido que vendrá al pueblo hebreo el Señor en Su manifestación del Día Postrero, como la Lluvia Tardía y Temprana a la Tierra, así es como Él viene.
En Isaías, capítulo 55, vean cómo nos dice del verso 8 en adelante, dice:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca.”
Y ahora, Dios dice que como la lluvia y como la nieve que desciende del Cielo, así es la Palabra del Señor; y la Palabra del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, y la Palabra del Evangelio del Reino, es como la lluvia, como la Lluvia Tardía y como la Lluvia Temprana, porque es el tiempo para la predicación del Evangelio del Reino, mensaje, Evangelio que predicaba Juan el Bautista y Jesucristo, pero que luego que fue rechazado Cristo en Jerusalén y fue crucificado Cristo, se detuvo la predicación del Evangelio del Reino, y luego comenzó la predicación del Evangelio de la Gracia.
El Evangelio del Reino está ligado al Reino de Dios en la Tierra, al Reino de David y al pueblo hebreo, que será restaurado en y al Reino de David, en donde un descendiente del rey David se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.
Todo eso está dentro del Reino o del Evangelio del Reino, que predicaba Jesucristo; y para este tiempo volverá a predicarse el Evangelio del Reino y por consiguiente se estará dando a conocer todos estos misterios de la restauración del Reino de David, y también se estará predicando el Evangelio de la Gracia, o sea, las dos lluvias viniendo a la misma vez, las dos predicaciones cayendo sobre la humanidad, viniendo sobre la humanidad, y así vendrá también sobre el pueblo hebreo, la Lluvia Tardía del Evangelio del Reino, y la Lluvia Temprana del Evangelio de la Gracia. Tan simple como eso.
Y ahora, bajo la predicación del Evangelio del Reino y del Evangelio de la Gracia en el Día Postrero, estaremos viendo a Jesucristo resplandeciendo en medio de Su Iglesia, como resplandeció en el Monte de la Transfiguración, así estará resplandeciendo en el Monte de Sión, que es la Iglesia del Señor Jesucristo en la parte alta, la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia. Tan simple como eso.
Y todos los que estarán viendo esa manifestación de Cristo en Su Iglesia en el Día Postrero, estarán viendo al Señor Jesucristo resplandeciendo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio. ¿Dónde resplandeció allá? En un monte, en el Monte de la Transfiguración, como resplandeció en el monte Sinaí.
Y ahora, es el Monte de Sión, la Iglesia del Señor Jesucristo en la parte alta de la Iglesia, que es la Edad de la Piedra Angular, ahí es donde estaremos viendo al Señor Jesucristo resplandeciendo en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá, milenio en el cual ya hemos entrado conforme al calendario gregoriano, y el llamado es: “Despiértate tú que duermes, levántate de entre los muertos y te alumbrará Cristo,” te alumbrará Cristo en este tiempo final, así como alumbró a los creyentes del pasado en la edades que ellos vivieron, en la manifestación que Cristo tuvo en Espíritu Santo por medio de los diferentes mensajeros.
Así será también para el Día Postrero, en la manifestación de Cristo por medio del mensajero de la Dispensación del Reino que vendrá con el espíritu y virtud de Elías, de Moisés y de Jesús; y ahí estaremos viendo lo que vieron Pedro, Jacobo y Juan, ellos vieron a Jesús, Elías y a Moisés, y en este tiempo final en la parte alta del Monte de Sión, de la Iglesia del Señor Jesucristo, estaremos viendo el ministerio de Jesucristo, de Moisés y de Elías, uno a cada lado del ministerio de Cristo, porque eso es lo que está prometido para ser manifestado en la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero.
Y ahora, podemos comprender los simbolismos que hablan acerca de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, Sus Ángeles son los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías que el Espíritu Santo estará manifestando en la Tierra en medio de la Iglesia y después en medio del pueblo hebreo, y el ministerio de Jesucristo que estará siendo operado por el Espíritu Santo en medio de la Iglesia en el Día Postrero.
Y todo eso será el Señor Jesucristo resplandeciendo en el Monte de Dios, en la Iglesia del Señor Jesucristo, por eso cuando los judíos lo vean a Él venir por Su Iglesia, dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando,” lo van a ver resplandeciendo en medio de Su Iglesia, porque van a estar viendo el ministerio de Elías, el de Moisés y el de Jesucristo siendo operados por el Espíritu Santo, siendo manifestados por el Espíritu de Dios.
Algunos dirán como dijeron en los días en que Jesús preguntó a Sus discípulos: “¿Quien dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Capítulo 16 de San Mateo). Y unos decían: “Bueno, unos dicen que tú eres Elías, otros dicen que tú eres Jeremías, y otros dicen que tú eres Juan el Bautista que ha resucitado, y también otros dicen que tú eres alguno de los profetas (o sea, alguno de los profetas que ha resucitado).” Y entonces Jesús pregunta a Sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen ustedes que es el Hijo del Hombre?”
Recuerden que cuando se usa el término Hijo del Hombre se refiere a profeta, y Jesucristo usaba el título de Hijo del Hombre por cuanto Él era el Profeta de todos los profetas, también Dios llama a Ezequiel Hijo del Hombre, también a Daniel, también a Jeremías y a diferentes profetas, porque ese título de Hijo del Hombre, es título de profeta.
Y ahora, Cristo pregunta: “Y ustedes, ¿vosotros quién decís que soy yo? ¿Quién decís que es el Hijo del Hombre?” Pedro le dice: “Tú, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.” Y ahí Jesucristo le dice: “Bienaventurado eres Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos, y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades (o sea, del infierno) no prevalecerán contra ella; y a ti daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en el cielo.”
Y ahora, para el Día Postrero en esta manifestación de Cristo resplandeciendo en medio de Su Iglesia, esa pregunta volverá a ser escuchada y todos nosotros vamos a tener la respuesta a esa pregunta, porque estamos recibiendo la revelación del Cielo para este tiempo final.
“EL SEÑOR JESUCRISTO RESPLANDECIENDO EN EL DÍA POSTRERO.”
Ya sabemos que es en la cumbre, en la parte alta del Monte de Dios, del Monte de Sión, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, por lo tanto, es en la Edad de la Piedra Angular donde va a ser efectuado el arrebatamiento o rapto de la Iglesia en donde va a ser efectuada la resurrección de los muertos en Cristo y donde va a ser efectuada la transformación de los vivos en Cristo.
Vean, allá en el tiempo de Jesús resplandeciendo en el Monte de la Transfiguración, aparecieron Moisés que había muerto, tipo y figura de los muertos en Cristo, y Elías que no había visto muerte que tipifica a los que serán arrebatados con Cristo al Cielo, sin ver muerte.
Y ahora, ¿dónde aparecen Moisés y Elías? En la parte alta del Monte de la Transfiguración con Cristo, es ahí donde aparecerán Moisés, Elías y Jesús, que será el Espíritu Santo operando esos ministerios en el Día Postrero, y resplandeciendo Cristo, el Ángel del Pacto, en esa manifestación final que Él tendrá en Su Iglesia.
“EL SEÑOR JESUCRISTO RESPLANDECIENDO EN EL DÍA POSTRERO.”
Y así dándonos luz, iluminándonos, dándonos la luz de Su Palabra, la revelación de Su Palabra y abriéndonos también el entendimiento para comprender Su Palabra en este tiempo final, y para llamar y juntar todos los escogidos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y las salve, dándoles Vida eterna.
Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibí como mi salvador, y Él me ha dado Vida eterna, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, puede recibirlo como Salvador, pues Cristo está resplandeciendo en el Día Postrero, en este tiempo final en Su Iglesia, para guiarnos en el camino de la Vida eterna, que es Jesucristo nuestro Salvador, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay forma de llegar a Dios, excepto a través de Jesucristo nuestro Salvador.
Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Recuerden que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” La Voz de Cristo, el buen Pastor, es el Evangelio de Cristo, por eso Él dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Se predica el Evangelio de Cristo para que así resplandezca Cristo ante las personas y lo reciban como su único y suficiente Salvador. “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” No venimos a los Pies de Cristo para ser un religioso más, venimos a los Pies de Cristo para que Él nos reciba y nos dé la Vida eterna.
No hay otra persona que les pueda dar Vida eterna, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, Él es mi Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también, porque no hay otro Salvador, no hay otro Redentor, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Ese es mi Redentor, mi Salvador.
Todavía vienen más personas que como ustedes, quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino, y Cristo ha resplandecido en sus almas en esta noche, y los ha iluminado, los ha alumbrado, y ahora están viniendo a los Pies de Cristo para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador y obtener la Vida eterna.
La Vida eterna no la podemos comprar, tenía un precio y el único que lo podía pagar era Jesucristo con Su propia vida, ya Él pagó el precio de nuestra salvación, de nuestra redención, y ahora nosotros aceptamos ese Sacrificio de Cristo y por medio de Cristo obtenemos nuestra salvación.
La salvación pertenece exclusivamente al Señor Jesucristo, Él es el único Salvador, no hay otro Salvador. Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y así nazcan a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.
Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, muchas almas en esta ciudad y en toda la República de Nicaragua y los está llamando para colocarlos en Su Reino con Vida eterna, y por consiguiente el Reino de Cristo se está llenando de nicaragüenses, lo cual es una bendición para Nicaragua y sobre todo para ustedes. La Escritura dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (San Juan, capítulo 3, verso 16).
Para que nosotros obtengamos la Vida eterna, fue que Dios envió a Jesucristo al mundo para que tomara nuestros pecados y muriera por nosotros en la Cruz del Calvario, Él estaba consciente de aquello para lo cual Él había venido, por lo tanto, no fue una tragedia, fue el cumplimiento de un Programa Divino lo que sucedió en Jesucristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, aunque Él sufrió gravemente en Su cuerpo físico por el pecado de todos nosotros, porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es Vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Todavía continúan viniendo más personas que como ustedes escucharon el Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en sus almas y vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como su único y suficiente Salvador.
El privilegio más grande que tiene una persona es recibir a Cristo en su corazón, como su único y suficiente Salvador, Jesucristo es la persona más importante no solamente de la Tierra sino del Cielo también, Él es el Rey de reyes y Señor de señores, el heredero de toda la creación, y todos los creyentes en Cristo son coherederos con Él.
Cristo cuando resucitó, resucitó glorificado, joven, inmortal, incorruptible; y cuando subió al Cielo, subió joven; y todavía está tan joven como cuando subió al Cielo, y esa es la misma clase de cuerpo que Él le va a dar a los creyentes en Él que han muerto, cuando los resucite será en cuerpos eternos, inmortales, glorificados como Su propio cuerpo glorificado; y a los que estén vivos en esos días creyentes en Cristo, los transformará y entonces tendremos todos un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado y joven para toda la eternidad.
Todavía los que no han recibido a Cristo, pueden continuar viniendo para que queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo por ustedes. Los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que también queden incluidos en esta oración que estaremos haciendo.
Algunas veces hay personas que al escuchar el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, pero son tímidos y les da vergüenza pasar al frente porque piensan que las personas van a estar mirándolo; pero recuerden, Cristo no se avergonzó de nosotros para morir por nosotros en la Cruz del Calvario, y allí lo estaban viendo en la Cruz del Calvario muchas personas. Cristo dijo:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).
Todos queremos vivir eternamente, todos tenemos la misma oportunidad de vivir eternamente recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador: esa es la forma para obtener la Vida eterna. “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna.” Eso está en San Juan, capítulo 10, verso 27; y en San Juan, capítulo 5, verso 24, dice:
“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
O sea, que no va a ser juzgado en el juicio final, porque ya Cristo lo recibió, lo perdonó y con Su Sangre lo limpió de todo pecado y lo colocó en Su Reino para vivir eternamente.
Es una bendición que no hay palabras, para expresar la bendición de que Jesucristo haya venido a la Tierra y haya muerto por mí en la Cruz del Calvario, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.
Todavía vienen personas que como ustedes quieren vivir eternamente, y han obtenido el conocimiento, la revelación divina que solamente a través de Cristo podemos obtener la Vida eterna. Ya Cristo hizo Su parte: el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte, la cual es creer y confesar a Cristo públicamente como nuestro único y suficiente Salvador. La parte más fácil nos ha tocado a nosotros, la difícil le tocó a Cristo en la Cruz del Calvario.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir, puede venir, y también los niños de diez años en adelante pueden venir también a los Pies de Cristo, tanto los que están aquí presentes como los que están en otras naciones.
La decisión más grande que un ser humano puede hacer en la Tierra, es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, porque es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. No hay otra decisión que lo coloque a usted en la Vida eterna.
Todavía vienen más personas de camino, y por eso estamos esperando unos segundos en lo que llegan, los cuales como ustedes también quieren vivir eternamente, y Cristo desea que todos ustedes vivan eternamente en Su Reino.
Todavía veo que vienen más personas, vamos ya a estar listos para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí en Nicaragua, y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.
Levantemos nuestras manos al Cielo, a Cristo, y los que están en otras naciones también y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio único de Expiación por nuestros pecados. Doy testimonio público de mi fe en Ti reconociendo que soy pecador y necesito un Salvador, y Te confieso públicamente como mi único y suficiente Salvador, Te ruego salves mi alma Señor.
Sálvame Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibieron como vuestro único y suficiente Salvador.
Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16), y la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”
Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador, pero el bautismo en agua fue y es un mandamiento del Señor Jesucristo; el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y vino el Espíritu Santo y se posó sobre Jesucristo, los apóstoles del Señor Jesucristo también fueron bautizados por Juan el Bautista.
Y luego cuando Cristo predicaba, los que creían y eran bautizados por los apóstoles inmediatamente, y luego el Día de Pentecostés cuando San Pedro predicó lleno del Espíritu Santo, los que creyeron fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, dice el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 48, y así ha sido a través de la trayectoria, a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Dejo al ministro aquí presente y a cada ministro, a cada persona en cada país, a la persona correspondiente en cada país para que les indique también hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
“EL SEÑOR JESUCRISTO RESPLANDECIENDO EN EL DÍA POSTRERO.”