El Señor Jesucristo crucificado

Viernes, 10 Abril, 2009 - Cayey PRI - 1 hora, 20 minutos


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Viernes, 10 de abril de 2009
Cayey, Puerto Rico

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.
Les reitero la bienvenida a todos los ministros, y hermanas y hermanos de otros países que nos acompañan en esta ocasión, y para estos días de Semana Santa hasta el domingo de resurrección, y también a todas las visitas de Puerto Rico que nos acompañan en esta ocasión.
Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 27, versos 45 en adelante. Es parte del pasaje de la crucifixión de Cristo en la víspera de la Pascua, dice:
“Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.
Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;
y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.
El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,
entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“EL SEÑOR JESUCRISTO CRUCIFICADO.” Ese es nuestro tema que estaremos estudiando en esta ocasión.
Dios creó al ser humano, lo colocó en este planeta Tierra y el ser humano pecó contra Dios y perdió la Vida eterna; pero Dios le dio al ser humano, a Adán, un sacrificio y le dio pieles para cubrir su desnudez; y allí estableció el camino para el regreso del ser humano a Dios. Por medio del Sacrificio Expiatorio es que el ser humano puede regresar a Dios y por consiguiente a la Vida eterna.
Y ahora, a través de la historia del ser humano encontramos a Adán, a Abel, a Set, a Enoc, a Noé y a todos estos hombres de Dios, como también Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y los profetas, los encontramos ofreciendo sacrificios de animalitos a Dios por sus pecados; y aún más, encontramos también que Dios le ordenó a Moisés la construcción de un tabernáculo, o sea, un templo, en el cual se ofrecerían sacrificios de animalitos por el pecado, porque este es el camino hacia Dios, por medio del Sacrificio de Expiación.
Ahora, los animales por cuanto no tienen alma, la sangre de los animales no puede quitar el pecado del ser humano, y por consiguiente esos sacrificios no eran perfectos, solamente era el tipo y figura de un Sacrificio perfecto que sería llevado a cabo por un hombre, el cual sería el Mesías prometido para el pueblo hebreo.
En el libro del profeta Daniel, en el capítulo 9, nos dice del verso 24 en adelante:
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”
Aquí nos habla de las setenta semanas de años, que son cuatrocientos noventa años, y nos dice que desde que sale la Palabra para restaurar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas, que son sesenta y nueve semanas; o sea, que el Mesías Príncipe comenzaría Su ministerio mesiánico cuando terminaran las sesenta y nueve semanas, o sea, que el ministerio del Mesías sería en la semana número setenta, o sea, en los últimos siete años de esos cuatrocientos noventa años, porque esa semana son semanas de años, y comienza a contar esa serie de semanas desde que sale la Palabra para la restauración de Jerusalén.
Para el tiempo en que apareció Jesús, antecediéndole Juan el Bautista, se había llegado al comienzo de la semana número setenta, cuando Juan bautizó a Jesús y vino el Espíritu Santo sobre Jesús.
Ahora, la profecía dice que después de las sesenta y dos semanas a las cuales le anteceden siete semanas, por consiguiente después de las sesenta y nueve semanas, entonces será que aparecerá el Mesías, o sea, que transcurrirán sesenta y nueve semanas hasta el Mesías Príncipe, y luego después se quitará la vida al Mesías, pero no por sí, o sea, que Él no se quitará la vida ni morirá de viejo, sino que se la quitarán, lo cual tiene que ser en un Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, porque es para expiar la iniquidad y para quitar o poner fin al pecado.
En Isaías, capítulo 53 lo explica más claro, cuando dice... 53, verso 10, hablando este pasaje mesiánico, hablando del Mesías, dice:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.”
Ahora, aquí nos muestra en este pasaje mesiánico que el Mesías pondrá Su vida en Expiación por el pecado. Por lo tanto, morirá como la Expiación por el pecado, no solamente de los hebreos, sino de todo ser humano.
Por eso Cristo hablando en San Juan, capítulo 10... nos dice en el capítulo 10, verso 14 al 18:
“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
También...”
Aquí nos muestra que pondrá Su vida por las ovejas, o sea, que tiene por consiguiente que morir por Sus ovejas:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”
Jesucristo viene a la Tierra ya con una misión, la cual solamente Él comprende, aunque Juan el Bautista cuando lo vio, por cuanto Él estaba anunciando que después de Él vendría uno mayor que Él, que Juan, y más poderoso que Juan, cuando ve a Jesús y ya lo había bautizado, dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y si va a quitar el pecado, pues tiene que morir como la Expiación por el pecado.
Y ahora, encontramos que Jesucristo conocía el plan, el programa para el cual Él había venido a la Tierra: vino para morir en Expiación por el pecado de Su pueblo, y luego se anunciaría en Su Nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados.
Ahora, Cristo también dijo en San Juan, capítulo 12, verso 24:
“...Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”
Cristo está representado en el grano de trigo, y un grano de trigo cuando se siembra, nace una plantita de trigo, va creciendo y luego lleva muchos granos de trigo iguales al grano de trigo que fue sembrado en tierra, porque la vida de ese grano de trigo produjo una planta de trigo, y la vida de ese grano de trigo corre en toda esa planta de trigo para reproducirse en muchos granos de trigo, muchos granos de trigo a Su imagen y semejanza.
Y Cristo siendo tipificado en el grano de trigo y Su Iglesia en la planta de trigo, se reproduce a través de Su Iglesia, en muchos hijos e hijas de Dios a imagen de Cristo, y luego vendrá la semejanza física que será un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, y entonces todos seremos plenamente a Su imagen y semejanza.
Ahora, hemos visto que la muerte de Cristo estaba ya profetizada, Dios cegó a Su pueblo Israel, a los líderes religiosos para que no comprendieran todo lo relacionado al Mesías, esa promesa del Mesías siendo cumplida en Él, en Jesús.
Por eso es que cuando está siendo crucificado, Cristo orando al Padre dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Y si Cristo los perdonó, ese perdón al ser aceptado por el pueblo hebreo, es válido para ellos.
Así que, hay una oportunidad para el pueblo hebreo en el programa de la redención y algún día Dios les va abrir los ojos y van a comprender. Pero eso le toca a Dios hacerlo, y lo va hacer por medio del ministerio de Elías, de Moisés y del Mesías prometido para el tiempo final.
Vean, aquí en San Lucas 23, verso 34, es donde Cristo en la Cruz, dice:
“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
O sea, que de parte de Cristo no hubo odio contra Su pueblo por condenarlo y pedir la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. El amor de Dios en Cristo vean lo grande que es para Su pueblo Israel y también para usted y para mí:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” [San Juan 3:16]
Él vino para dar Vida eterna a todos los que lo recibirían, los cuales son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna. Por eso es que Cristo cuando está tomando la cena, su última cena con Sus discípulos, en el capítulo 26 de San Mateo, versos 26 en adelante dice de la siguiente manera:
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”
Es derramada por muchos, o sea, por todos los que lo recibirían como su único y suficiente Salvador, y esos son las ovejas del Padre, las cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.
Y ahora, las ovejas del Padre tienen un Sacrificio de Expiación siendo efectuado en la Cruz del Calvario. Por eso cuando Jesús dice que sube a Jerusalén y lo van a matar, Pedro le dice: “Tal cosa no te acontezca.” Y Jesús le dice: “Apártate de mí, Satanás, porque no pones la vista en las cosas de Dios sino en las de los hombres.”
Dios le había encomendado una misión a Jesucristo aquí en la Tierra, y Él estaba dispuesto a cumplirla, y para eso fue que Él vino: para cumplir esa misión, para tomar nuestros pecados, hacerse mortal y morir por consiguiente como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Por lo tanto, en la Cruz del Calvario Él llevó nuestros pecados, y ahora el ser humano puede mirar como dice el mismo Cristo, y como dice Isaías, capítulo 45... veamos cómo nos dice Isaías, capítulo 45, verso 21 en adelante, dice:
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.
Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.
Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.”
Aquí podemos ver que hay una invitación para que las personas miren a Dios, Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo, al ser humano, por lo tanto, para mirar a Dios y ser salvos tenemos que mirar a Cristo en la Cruz del Calvario a través del cual Dios estaba reconciliando consigo mismo al ser humano.
En San Juan, capítulo 3 el mismo Cristo, vean ustedes cómo nos dice (para tener un cuadro más claro)... capítulo 3, verso 13 en adelante, dice:
“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Creer en Cristo es asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en la Vida eterna. Y ahora, como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna.
En el tiempo de Moisés, a causa del pecado del pueblo, las serpientes y también los escorpiones estaban mordiendo y picando al pueblo, y estaban muriendo miles de hebreos, y Dios en Su misericordia y para colocar un tipo y figura de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, le dice a Moisés que prepare una serpiente de bronce y la coloque en una vara, en una asta, y todo aquel que es picado o mordido por serpientes venenosas, los cuales por consiguiente están condenados a muerte, ahora el antídoto de parte de Dios era mirar a una serpiente de bronce, y quedaba anulado el veneno, quedaba cancelado y por consiguiente quedaba cancelada la cita con la muerte, quedaba cancelada la muerte a la cual estaban destinados todos los que habían sido mordidos por serpientes venenosas.
¿Y por qué funcionaba en esa forma aquella serpiente de bronce? Porque era tipo y figura del Mesías muriendo en la Cruz del Calvario para que todo aquel que en Él cree, todo aquel que mira a Cristo y mira el Sacrificio de Cristo a través de la Escritura y cree en Cristo, no muera sino que viva eternamente.
Y ahora, en el Huerto del Edén la serpiente trajo el pecado al ser humano, pero ahora para ser libres del veneno del pecado, solamente hay un Sacrificio efectuado en la Cruz del Calvario, no hay otra forma en que el ser humano pueda ser libertado del pecado.
Ahora, tenemos ahora que hacer como Dios dijo en Isaías, capítulo 45, versos 22 en adelante, donde dice: “Mirad a mi todos los habitantes de la tierra, y sed salvos.” Es una promesa divina.
Ahora, cuando miramos a Cristo crucificado, estamos mirando a Dios reconciliando consigo mismo al mundo:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”
Por lo tanto, Dios se proveyó de un Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, por lo tanto, la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario no fue una casualidad, fue un plan divino efectuado en favor del ser humano.
Y ahora, el pueblo hebreo tenía un sacrificio de expiación que una vez al año efectuaba el día diez del mes séptimo de cada año, para la reconciliación de los hebreos con Dios para vivir un año más, lo cual solamente era un tipo y figura del Sacrificio del Mesías que sería efectuado para el ser humano ser reconciliado con Dios para vivir no solamente un año más, sino toda la eternidad, es el Sacrificio de reconciliación para con Dios.
Por lo tanto, no hay otro Sacrificio, no vendrá tampoco otro sacrificio, aunque hay dos Venidas del Señor, o sea, la Venida del Señor tiene dos partes para entenderla mejor, y se llama o se le llama, la primera Venida de Cristo como Cordero de Dios, y la segunda Venida de Cristo como León de la Tribu de Judá.
En el tiempo de Moisés el pueblo tuvo sed y eran bastantes miles de personas y clamaron a Moisés, y Dios le dijo a Moisés que fuera a la roca allá en el Sinaí y con su vara la golpeara y la roca le daría agua para el pueblo.
Él hizo como Dios le ordenó delante del pueblo, y la roca le dio agua al pueblo, un río de agua salió para saciar la sed del pueblo, lo cual es tipo y figura de la primera Venida de Cristo, Él es la roca, Él es la fuente del agua de la Vida eterna, y el agua es el Espíritu Santo, y por esa causa fue que en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, Cristo dice:
“...Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
El que cree en mí, como dice la Escritura (tenemos que creer en Cristo como dice la Escritura), de su interior correrán ríos de agua viva.
Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él...”
Los creyentes en Cristo tienen la promesa de que Cristo les dará el Agua de la Vida eterna que es el Espíritu Santo. Dice:
“...pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”
De esta Agua de Vida eterna es que también Cristo le habla a la mujer samaritana en el capítulo 4 del Evangelio según San Juan también, y ahí en el verso 14, dice:
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
Así que, el agua que está prometiendo aquí Cristo es el Espíritu Santo que va a correr por todo el interior del ser humano, es el Espíritu de Vida eterna. Por eso las personas al recibir el Espíritu de Cristo, reciben la Vida eterna, porque al recibir a Cristo, Cristo les da la Vida eterna, les da el Espíritu Santo y así nacen a la Vida eterna en el Reino de Cristo, y así tienen un cuerpo angelical como el cuerpo angelical de Cristo nuestro Salvador.
Ahora, teniendo ya un Sacrificio de Expiación por el pecado, no necesitamos de los sacrificios de animalitos, porque aquello fue el tipo y figura, la sombra de lo que iba a venir, y ya tenemos lo que aquello estaba tipificando, ya la roca fue herida en la Cruz del Calvario y está dando Agua de Vida eterna, está dando de Su Espíritu Santo a todos aquellos que lo reciben como su Salvador.
Ahora, les dije que habrá dos Venidas del Señor, es una sola Venida, o sea, es la Venida del Señor, pero en dos partes: la primera como Cordero y Su segunda como León. La segunda Venida fue tipificada en la segunda roca o piedra allá en Cades-Barnea, cuando el pueblo tuvo sed y clamó a Dios también, y Dios le dijo a Moisés: “Vé, toma tu vara y ve a la roca y le hablas a la roca y ella dará agua para el pueblo.”
Pero Moisés estaba molesto con el pueblo, y Moisés era el hombre más manso entre todo el pueblo; y si el más manso se molestó, cualquiera se molestaba con el pueblo llevándolo de la tierra de la esclavitud, sacándolo de allá y llevándolo a la tierra prometida. Y Moisés por cuanto estaba molesto, lleno de ira... recuerden que con ira no se hace nada bueno. Hay que hacer las cosas como Dios dice que se hagan para poder agradar a Dios.
Ahora, Moisés va a la roca que está allá en Cades-Barnea y le habla fuerte al pueblo, con ira, molesto, y luego le dice al pueblo lo que va hacer, o sea, darle aguas de la roca. Pero en vez de hablarle a la roca, hiere la roca con su vara y salió agua, pero por cuanto la roca representa allí la segunda Venida de Cristo... cuando hirió la primera roca en el Sinaí, representaba la primera Venida de Cristo hiriéndola, el Mesías Príncipe sería herido, sería crucificado.
Pero la Venida del Señor solamente era para ser crucificado una vez, ser herido una vez: en Su primera Venida, no en Su segunda Venida, pero ahora por cuanto Moisés hiere la roca dos veces, hiere la roca de Cades-Barnea que representa la segunda Venida de Cristo, ahora la segunda Venida de Cristo, va a ser herido Cristo por segunda vez, pero ya no en una cruz, sino que va a ser herido por las cosas que van hablar en contra de Su segunda Venida, lo van a tratar muy mal en Su segunda Venida.
Pero recuerden que Él viene como León, lo cual significa que las consecuencias van a ser muy graves para los que tratarán mal la segunda Venida de Cristo. Por eso vendrá también el juicio divino de la gran tribulación, en donde se reunirá todo el juicio para todos los seres humanos, y por lo que han hecho sus antecesores, también pagarán las consecuencias. Recuerden que Dios habla acerca de primera, segunda, tercera y hasta la cuarta generación.
Así que, “el día de venganza del Dios nuestro” va a traerlo el León de la Tribu de Judá, o sea, Cristo, el Mesías, el Rey de reyes y Señor de señores.
Ahora, hemos visto que habrá dos crucificaciones, ya una fue efectuada, y la otra no será como aquella literalmente, pero tendrá todos los elementos que tuvo aquella, será equivalente a lo que pasó allá, o sea, paralelo, aunque no con clavos literales ni con una cruz literal.
Ahora, para nuestro tiempo tenemos la bendición de que todavía estamos en la Dispensación de la Gracia, aunque se está entrelazando la Dispensación del Reino. De las tres últimas dispensaciones, la Dispensación de la Ley es la primera de las tres últimas, así como están los días postreros que son tres (como en la semana tenemos los tres días postreros que son jueves, viernes y sábado; el sábado es el postrero, el último de la semana), tenemos también los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, y por cuanto un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, los días delante de Dios para los seres humanos son milenios.
Y ahora, desde los días de Jesús comenzaron los días postreros, los milenios postreros delante de Dios, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Pero el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, que de los tres milenios postreros o días postreros, es el Día Postrero o milenio postrero en donde Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él y a los vivos los va a transformar.
Para eso es la Venida del Señor en el Día Postrero, vendrá con Sus Ángeles para todos aquellos que han creído en el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Siendo que Su muerte fue en la víspera de la Pascua y que tomó la Santa Cena o tomó la cena y estableció la Santa Cena (la instituyó allí en la noche de la Pascua), y recuerden que la noche de un día es primero, y después el día. Cuando tomó la Santa Cena era la noche de la víspera de la Pascua, y cuando fue *crucificado era el día de la víspera de la Pascua, y ya en la tardecita comenzaría la Pascua.
Y ahora, Cristo establece allí la Santa Cena o comunión, como algunas personas y clérigos le llaman a la Santa Cena: el pan, tipo y figura de Cristo, de Su cuerpo que fue crucificado; el vino, tipo y figura de la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario para la remisión de nuestros pecados.
Es la Sangre del nuevo Pacto que por muchos fue derramada en la Cruz del Calvario. Nada nos puede quitar los pecados, excepto la Sangre de Cristo, por lo cual fue derramada en la Cruz del Calvario.
Cuando tomamos la Santa Cena estamos recordando un evento histórico efectuado unos dos mil años atrás allá en Jerusalén, en el Monte allá de la crucifixión, y también estamos recordando que Su cuerpo fue partido, molido y partido por nosotros y Su Sangre fue derramada por nosotros, y es la Sangre del nuevo Pacto, del cual habló Dios por medio del profeta Jeremías, en el capítulo 31, versos 31 al 36. Un nuevo Pacto Dios dijo que establecería con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Y ahora, todos los que reciben a Cristo como Salvador entran al nuevo Pacto y son limpios con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo nuestro Salvador. Su Sangre es la Sangre del Pacto eterno.
Y ahora, conscientes de lo que todo esto significa, del Señor Jesucristo crucificado y ahora la Santa Cena o comunión instituida por Cristo, de la cual San Pablo dice que él nos enseña lo que él también aprendió del Señor, que la noche que fue entregado tomó pan, partió y dio a Sus discípulos, diciendo: “Comed, este es mi cuerpo que por muchos es partido.” Y tomando la copa de vino, dio a Sus discípulos diciendo: “Bebed de ella todos, esta es la sangre del nuevo pacto.” Ahora, dice:
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
En la misma forma en que el pueblo hebreo cada año en la víspera de la Pascua sacrificaba un cordero pascual, lo preparaban y lo tenían en la casa, lo comían, la sangre allá en Egipto la habían colocado sobre el dintel y los postes de los hogares hebreos, sobre los postes de las puertas para la preservación de la vida de los primogénitos, cada año en la misma fecha, en la Pascua, recordaban ese evento histórico que fue realizado por el poder de Dios en favor de Su pueblo Israel.
Y ahora, en medio del Cristianismo al tomar la Santa Cena recordamos ese hecho histórico realizado por el poder de Dios allá en la Cruz del Calvario, en donde Cristo murió por nosotros para libertarnos del reino de las tinieblas, que estaba representado en el imperio del faraón, y llevarnos a la tierra prometida de Su Reino, el Reino del Hijo de Dios: de Jesucristo.
Y siempre que tomamos la Santa Cena, estamos recordando ese evento importante que fue efectuado en favor de todos los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, en favor de todos los hijos e hijas de Dios que entrarían al nuevo Pacto y tendrían la bendición de Dios.
Luego también lavó los pies a Sus discípulos, lo cual para Pedro era algo extraño, y dijo: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús le dice: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.” Entonces Pedro le dice: “No solamente las manos, sino también la cabeza, todo mi cuerpo.” Jesús le dice: “El que está limpio no necesita sino lavar los pies.”
Y Cristo, cuando un creyente en Cristo que ha sido redimido por la Sangre de Cristo, comete algún error, falta o pecado y lo muestra a Cristo, o sea, le pide perdón a Cristo por la falta o pecado que ha cometido, Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado, porque Él está en el Cielo haciendo intercesión por toda Su familia, toda Su casa, todos Sus hijos, y nos mantiene limpios todo el tiempo siempre que le pedimos perdón a Él.
Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, y Él no saldrá del Templo celestial hasta que entre a Su Casa, a Su Cuerpo Místico de creyentes hasta el último escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por esa causa es que todavía estamos en estos cuerpos mortales, pero cuando entre hasta el último escogido al Cuerpo Místico de Cristo, entonces los muertos en Cristo van a resucitar y los que vivimos vamos a ser transformados, porque Cristo terminará Su Obra de Intercesión, saldrá del Trono del Padre y entonces será el León de la Tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores y Juez de toda la Tierra.
Ya la puerta de la Casa de Dios, la puerta que abrió Pedro el Día de Pentecostés será cerrada, porque ya se habrá efectuado la redención de todos los escogidos de Dios, y luego lo que vendrá será la resurrección y la transformación de los creyentes que estén vivos en la Tierra. Tan simple como eso.
Pero mientras esperamos ese momento, continuamos mirando a la Cruz, recordando que Cristo murió por nosotros y que Él nos ama y nos mantiene limpios con Su Sangre. Siempre que le pedimos perdón a Cristo, Él con Su Sangre nos limpia de todo pecado, y esa es la Sangre del nuevo Pacto, del Pacto eterno.
Así que, hemos visto al Señor Jesucristo crucificado, y lo que significa Su crucifixión para nosotros. Allí Él llevó nuestros pecados, se hizo pecado por nosotros y murió por nosotros aún siendo nosotros pecadores.
Ahora, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo intercediendo por nosotros, dice: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo.” Tenemos un buen Abogado, el único que yo les recomiendo a ustedes, ese es mi Abogado delante del Juez Supremo, delante de Dios: no ha perdido ni un caso. Siempre buscamos el mejor abogado, y el mejor es Jesucristo.
Y ahora, tenemos un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, el Sacrificio de Cristo el cual fue crucificado en la Cruz del Calvario.
"EL SEÑOR JESUCRISTO CRUCIFICADO."
Yo lo recibí como mi Salvador. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. ¿Y qué significa recibir a Cristo? Cuando usted reconoce que Cristo al morir estaba llevando nuestros pecados, eso significa que al usted aceptarlo, todos sus pecados son quitados y ahora usted no tiene pecados porque Cristo los llevó, tomó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario. Quizás cuando ya estemos transformados entenderemos todo el proceso mejor, pero es un asunto de fe, de creer, estando conscientes que Él tomó nuestros pecados y murió por nosotros en la Cruz del Calvario.
Y ahora, “el justo por la vivirá.” No tenemos que pagar por los pecados que cometimos, porque los confesamos a Cristo, y Cristo los llevó, los quitó de nosotros y los remitió al originador, que es el diablo. Delante de Dios, al ser vistos por Dios a través de la Sangre de Cristo, nos ve sin pecados, hemos sido justificados y por consiguiente hemos quedado como si nunca en la vida hubiésemos pecado. En la Cruz del Calvario se efectuó todo ese milagro, ese fue el milagro más grande en favor de mío. ¿Y de quién más? En favor de cada uno de ustedes.
Y ahora, Él nos ha restaurado a la Vida eterna, ya tenemos Vida eterna acá en nuestra alma; y si alguno muere siendo un creyente en Cristo, solamente está ‘durmiendo’ como le llama Cristo a la muerte física de los creyentes en Él; pero Cristo lo resucitará en el Día Postrero, por lo tanto, va al Paraíso a vivir una temporada para luego regresar para recibir un cuerpo eterno y glorificado.
Todas esas cosas están dentro del Programa de la Redención que Cristo efectuó en la Cruz del Calvario. Y ahora la parte difícil le tocó a Cristo, y ahora la parte más sencilla nos toca a nosotros: reconocer la muerte de Cristo como Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creer y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.
Si alguno todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted en esta ocasión, para lo cual puede pasar al frente para que oremos por usted; y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador. En todas las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.
Dios muestra Su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros en la Cruz del Calvario, es la expresión máxima del amor de Dios hacia el ser humano: la Venida y muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. Por eso es que la Escritura dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Es Vida eterna creer y recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. No hay otra forma de recibir la Vida eterna, es por medio de Jesucristo nuestro Salvador, Él tiene la exclusividad de la Vida eterna, Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo Jesucristo.
Si esta vida terrenal es tan buena, cuánto más la Vida eterna; esta vida terrenal tiene un límite de tiempo, a la mayor parte de las personas se le acaba antes de los cien años, pero con todo y eso es muy buena la vida en estos cuerpos mortales, ¿pero cuánto más la Vida eterna con Cristo en Su Reino para vivir con Él sin límite de tiempo en cuerpos eternos y glorificados?
Usted, de usted mismo no puede obtener la Vida eterna, es por medio de Cristo nuestro Salvador, por lo tanto, todos necesitamos a Jesucristo. Yo lo necesito. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Todos necesitamos al Señor Jesucristo el que fue crucificado dos mil años atrás allá en la Cruz del Calvario en Jerusalén. En Jerusalén se efectuaba el sacrificio de expiación, y por eso en Jerusalén tenía que morir el Sacrificio de Expiación por Su pueblo, por el ser humano.
En todas las demás naciones que están a través del satélite Amazonas y de internet pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos, para que Cristo les reciba en Su Reino.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguna persona por venir, puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.
Recuerden que tenemos que asegurar nuestro futuro eterno mientras vivimos en estos cuerpos mortales, y nadie sabe cuándo se le va a terminar la vida en el cuerpo físico que tiene, por eso hay que asegurarla con Cristo lo más pronto posible.
Lo más importante es la salvación y Vida eterna. Por eso es que Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y las demás cosas serán añadidas.”
Vamos a preguntarle a los que están en las cámaras, cuando ya estén listos en las demás naciones, si pueden colocar algún... alguno de los países. En muchos países también están viniendo a los Pies de Cristo así como ustedes, pues Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y también en Norteamérica, en el África y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final.
Ya estamos listos, vamos con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.
Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ustedes me dirán: "Cristo dijo: 'Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.' Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible.” Me dirán ustedes: “¿Cuándo me pueden bautizar.” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el significado del bautismo en agua.
Conscientes de este mandamiento del Señor y su significado, ya que aunque es tipológico, es un mandamiento del Señor Jesucristo, y aun el mismo Jesucristo fue bautizado en agua por Juan el Bautista y los apóstoles también, y todos los que creían en aquellos tiempos eran bautizados por los apóstoles en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y así ha sido en medio del Cristianismo todo el tiempo, ahora ustedes tienen la oportunidad, el derecho y privilegio y bendición de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Dejo al ministro José Benjamín Pérez, reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo en estos momentos.
Con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez, y continúen pasando todos una tarde llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador, el que fue crucificado en la Cruz del Calvario, pero que resucitó y está a la diestra de Dios en el Cielo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por todos nosotros.
Dios les bendiga y les guarde a todos.
Los que están en otros países también pueden ser bautizados.
“EL SEÑOR JESUCRISTO CRUCIFICADO.”