La visita de Dios a los hijos de Abraham
Domingo, 19 Abril, 2009 - Goiania, GO BRA - 57 minutos
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Domingo, 19 de abril de 2009
Goiania-Go, Brasil
Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones, a todos los ministros en todas las naciones y los aquí presentes reciban un saludo muy especial.
Para esta ocasión leemos en Génesis, capítulo 50, verso 24 al 26, fue el momento en que José partió o murió, ya tenía 110 años, y dice la Escritura de la siguiente manera:
“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.
E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.
Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“LA VISITACIÓN DE DIOS A LOS HIJOS DE ABRAHAM.” Ese es el tema que estaremos viendo por unos minutos en esta ocasión, tomado de las palabras de José que dijo:“Mas Dios ciertamente os visitará.”
Cuando Dios promete algo, eso es una verdad divina y por lo tanto, podemos decir como dijo José: “Dios ciertamente cumplirá esa promesa;” y aquí José le está diciendo a sus hermanos que lo que Dios le prometió a Abraham, Isaac y Jacob: visitarlos allá en Egipto para libertarlos y llevarlos a la tierra prometida, ciertamente, verdaderamente Dios los visitaría para cumplir esa promesa.
Ahora, es muy importante conocer cómo es que Dios visita a la descendencia de Abraham; vean, Dios le había dicho a Abraham que su simiente, su descendencia sería esclava en una tierra ajena en la cual habitaría, y estaría allí por cuatroscientos años.
Pero luego Dios los libertaría, y a aquella nación la trataría con mano dura, la juzgaría Dios, esos fueron los juicios que vinieron sobre Egipto, las diez plagas que nos habla la Biblia; la nación vino a ser Egipto, la que esclavizó al pueblo hebreo, pero la promesa de Dios era que después de cuatroscientos años Dios los visitaría.
Ahora, tenemos que comprender que cuando se llega al tiempo señalado por Dios, tenemos que abrir nuestros ojos porque Dios viene para cumplir esa promesa, visita a Su pueblo.
La promesa siendo para Su pueblo, ¿a quién va a visitar? Al pueblo para el cual es hecha esa promesa. Luego, ¿cómo visita Dios a Su pueblo? La Escritura dice que Jacob y Manoa, también Abraham, vieron a Dios y luego... eso está en el capítulo 32 del Génesis.
El caso de Jacob y la visita de Dios a Abraham la encontramos en el capítulo 14 del Génesis cuando lo visitó como Melquisedec, y luego lo visitó con dos Ángeles, en el capítulo 18 del Génesis, y comieron con Abraham, una visita muy especial, una visita diríamos de tres extraterrestres que hablaban con Abraham, comían con Abraham, como lo hacen los amigos, fue Dios visitando a Su amigo Abraham, y todos los descendientes de Abraham vienen a ser también amigos de Dios. Dios visita a Sus amigos, como hacen las personas que visitan a sus amigos, y los amigos le dicen: “Ven, visítame a mi casa y vamos a preparar allí unos churrascos, o vamos a preparar unas costillas, o vamos a tener...” casi siempre lo que se ofrece es carne.
Y así por el estilo era en aquel tiempo, y cuando Dios visitó a Abraham con Sus dos Arcángeles Gabriel y Miguel, Abraham les ofreció una comida muy especial, una ternera tierna, y Dios aceptó la invitación, la invitación a esa comida, a ese almuerzo, con todas las demás cosas que van con una buena ternera asada.
Y miren ustedes, Dios no tuvo prisa allí, porque vean: tomar una ternera, matarla, prepararla, asarla y después servirla, eso toma algunas horas, o sea, que fue una visita muy especial; y comieron con Abraham y hablaron con Abraham de la promesa del hijo que Dios le había prometido a Abraham, y le dijo: “Por el próximo año Sara tendrá un hijo,” o sea, el hijo que le había sido prometido a Abraham.
Y ya ella tenía 89 años y el próximo año tendría 90 años, y por eso Sara estaba escuchando y se sorprendió de que ahora cuando está anciana va a tener un hijo. Pero, ¿hay alguna cosa imposible para Dios? No hay nada imposible para Dios, y para el que cree todas las cosas son posibles.
Jesús dijo: “Si tienen fe como un grano de mostaza, le pueden decir a este monte: Pásate de aquí allá y se pasará, pásate de aquí al fondo del mar y se pasará.” O sea, que no hay problemas para el que cree, como para Dios no hay nada imposible tampoco.
Ahora, cuando Dios promete una visita a un amigo suyo o a un pueblo amigo suyo con el cual ha hecho un pacto, esa visita va a ser efectuada.
Ahora, vean ustedes, cuando Dios visitó a Abraham, fue como también visitó más adelante a Jacob y como visitó a Moisés también. Siempre que Dios aparecía a estos hombres de Dios, era en y a través del Ángel del Pacto, llamado el Ángel de Jehová en algunas traducciones bíblicas o traducciones de la Biblia.
¿Quién es el Ángel de Dios, de Jehová? Vean ustedes, en el capítulo 3 del Éxodo, le apareció el Ángel de Dios a Moisés, y le dice: “Yo soy el Dios de Amram, el Dios de tu padre (el Dios de tu padre, primero, o sea, el Dios de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” El mismo Dios que le apareció a ellos, ahora le está apareciendo a Moisés. Dice la Escritura que es el Ángel del Pacto, y luego dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Dios dice también en Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23, hablándonos de ese Ángel, que escuchemos Su Voz, que no le seamos rebeldes porque el Nombre de Dios está en Él.
Por esa causa siempre que aparecía el Ángel del Pacto a las personas, ellos lo identificaban como Dios o con Dios. ¿Y entonces quién es el Ángel del Pacto que es llamado Dios y que Él mismo se identifica como Dios? Es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios, es un hombre. Por eso la Escritura dice que es un varón el Ángel del Pacto, es un cuerpo angelical de otra dimensión, es la imagen del Dios Viviente, o sea, el cuerpo angelical de Dios. Por eso siempre que aparece es reconocido como Dios, y cuando le aparece a un profeta suyo o un siervo suyo, un hijo suyo o al pueblo suyo, eso es una visita de Dios a esa persona o a ese pueblo.
Vean cómo José dijo: “Ustedes no dejen mis huesos aquí en Egipto, Dios va a visitar a Su pueblo, y los va a sacar de aquí y los va a llevar a la tierra que Él les prometió, por lo tanto, ustedes no me vayan a dejar aquí mis huesos, ustedes me llevan también a la tierra prometida.” O sea, que José, su cuerpo vivo o muerto iba a entrar a la tierra prometida, a la tierra de donde él salió.
Ahora, para eso se requería la visita o visitación de Dios, y estaba prometida. Dios le apareció a Moisés, le habló de esa promesa que le había hecho a Abraham y a la simiente o descendencia de Abraham, y le dijo que había llegado el tiempo para esa liberación.
Moisés está recibiendo la visita de Dios allí; pero ahora, Dios va a visitar a todos Su pueblo que está en Egipto, para lo cual envía a Moisés y le dice: “Yo estaré contigo, y yo estaré en tu boca.” Dios va a visitar a Su pueblo Israel que está en Egipto, pero lo que ellos van a ver al principio, será un hombre, o sea, que Dios se está vistiendo de un velo de carne, el cuerpo de Moisés para visitar a Su pueblo.
Dios visita a Su pueblo a través de un cuerpo de carne ordenado por Dios como profeta para ese tiempo, y Moisés es un profeta dispensacional.
Ahora, vean lo que José había dicho: que Dios iba a visitar Su pueblo, cuando lo visita lo hace a través de Moisés, pero en Moisés estaba el Ángel del Pacto y por consiguiente Dios estaba en el Ángel del Pacto. En Moisés estaba la manifestación divina, Dios manifestado en Moisés visitando a Su pueblo Israel.
Ahora, vean otro caso en San Lucas, capítulo 1, nos dice en el... esto fue cuando nació Juan el Bautista, en el capítulo 1, verso 62 en adelante dice (esto fue cuando nació):
“Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.”
O sea, qué nombre quería él que le pusieran al niño, y como él estaba mudo porque él dudó lo que el Ángel Gabriel le había dicho, y el Ángel Gabriel le dijo que iba a estar mudo hasta que se cumpliera lo que Gabriel le había dicho, o sea, hasta que naciera el niño que sería profeta de Dios y que vendría delante del Señor con el espíritu y virtud de Elías.
“Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.”
Ese fue el nombre que el Ángel Gabriel le dio a Zacarías el sacerdote para que le pusiera el hijo que iba a tener:
“Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.
Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas.
Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.
Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
Bendito el Señor Dios de Israel,
Que ha visitado y redimido a su pueblo,
Y nos levantó un poderoso Salvador
En la casa de David su siervo.”
Y ahora, vean ustedes, por cuanto Dios envía un profeta y nace ese niño profeta, ya la visita de Dios está en medio del pueblo desde que se cumple el nacimiento de ese niño que más adelante vendrá a ser el precursor de la primera Venida de Cristo, pues Malaquías dijo: “He aquí yo envío mi mensajero delante de mí,” y ese mensajero sería un profeta, y ese fue Juan el Bautista, y luego dice también acerca del que vendrá después de él: “Y vendrá a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis, y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros.”
Y ahora, esto va a ser una visita mayor cuando venga el Señor y el Ángel del Pacto, por lo tanto, tiene que aparecer un velo de carne en el cual esté el Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Padre, y esté el Ángel del Pacto, o sea, el cuerpo angelical de Dios.
En palabras más claras, tiene que aparecer el velo de carne donde Dios con Su cuerpo angelical habite, y ahí tendremos el misterio de Dios el Padre y de Cristo, ahí tendremos el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por eso Cristo decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también Él dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido,” y comenzó a decir las cosas para las cuales había sido ungido.
Aun Juan el Bautista cuando lo bautizó, dijo que vio el Espíritu Santo descender sobre Jesús y permanecer sobre Jesús, a ese es que Juan el Bautista le prepararía el camino. Por eso cuando lo vio dijo: “Este es aquel del cual yo dije que después de mí viene uno mayor que yo, el cual es primero que yo,” y nació después que Juan el Bautista.
En cuerpo de carne fue después de Juan, pero en cuerpo angelical es primero que Juan el Bautista, porque es el Ángel del Pacto, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios es Cristo, Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58).
Por eso es que cuando Jesús decía: “Nadie subió al Cielo, sino el que descendió del Cielo, el Hijo del Hombre que está en el Cielo,” y estaba en la Tierra, y cuando Él hablaba estas cosas, muchos decían: “Cómo dice éste que vino del Cielo, si nosotros conocemos a sus padres: a José el carpintero y a María y a sus hermanos. ¿Cómo dice éste que ha venido del Cielo?” Es que lo que viene del Cielo es el cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, pero el cuerpo de carne nace aquí en la Tierra, y ese tiene tiempo, días, meses y años.
Ahora, vamos viendo quién es Jesucristo: es el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios y se hizo carne y habitó entre nosotros, como dice el Evangelio según San Juan, capítulo 1, verso 14:
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Y ese mismo capítulo 1, del verso 1 en adelante, dice:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
El Ángel del Pacto, el Verbo en quien estaba Dios y a través del cual Dios creó todas las cosas; por eso es que nos dice la Escritura que Dios por medio de Cristo creó todas las cosas, hizo todas las cosas, eso es por medio de Cristo, el Ángel del Pacto. Por eso vino en carne humana, el Verbo se hizo carne para llevar a cabo un nuevo Pacto, el nuevo Pacto que había prometido por medio del profeta Jeremías, en el capítulo 31, versos 31 al 36.
Por eso en la última cena allá en la víspera de la Pascua mientras comían en la noche la cena, al terminar de comer, tomó el pan, lo partió, dando gracias luego lo partió, dio a Sus discípulos, y dijo: “Comed de él todos, porque esto es mi cuerpo,” o sea, tipificó Su cuerpo en el pan; y luego tomando la copa de vino dijo, luego de dar gracias: “Tomad de ella todos, porque esta mi sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada, para remisión de los pecados.”
Y ahora, la promesa que Dios hizo de hacer o de establecer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, para eso visita Su pueblo a través de carne humana en ese velo de carne llamado Jesús, para establecer el nuevo Pacto.
Por eso encontramos en el capítulo 7 de San Lucas, verso 16, luego que Jesús resucitó al hijo de la viuda en la ciudad de Naín, miren lo que dijo el pueblo, verso 13 en adelante, dice:
“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.
Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.”
No sé si ustedes han notado en el ministerio de Jesús, que Él no oraba por los enfermos. Cualquier persona dice: “Eso es imposible, él no oró por ese joven que estaba muerto.” Él le habló: “A ti te digo joven, levántate.” Es la Palabra creativa de Dios saliendo de los labios de Jesús. Por eso Jesús podía decir: “Yo no hablo nada de mí mismo.” ¿Qué era entonces? Era la Palabra de Dios saliendo por labios humanos, esa Palabra creadora, la misma Palabra por la cual creó los Cielos y la Tierra.
Por lo tanto, encontramos ahí algo muy importante, vamos a ver qué es; sabemos que es que Dios está visitando Su pueblo para establecer el nuevo Pacto:
“Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.
Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.”
Dios visita Su pueblo a través de carne humana, a través de un profeta. Vean ustedes, en la ocasión en que Pedro fue a la casa de Cornelio, a un gentil para hablarle el Evangelio, luego en el capítulo 7 del libro de los Hechos, dice... vamos a ver, vamos a leer el [capítulo] 15, verso 13 en adelante, dice:
“Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme.
Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.”
¿Y cómo lo hizo? El Ángel del Pacto visitando a Cornelio en su casa, para lo cual envió al apóstol Pedro, y a través del apóstol Pedro el Espíritu Santo habló el Evangelio a Cornelio, y eso fue Dios por primera vez visitando a los gentiles, para tomar de entre los gentiles pueblo para Su Nombre, y ha estado visitando a los gentiles para tomar de entre ellos pueblo para Su Nombre. De etapa en etapa, de edad en edad a través del mensajero de cada edad, ha estado visitando a Su pueblo en cada etapa de Su Iglesia en el territorio correspondiente.
Para la Asia Menor Dios visitó a los habitantes de Asia Menor a través de San Pablo, y Pablo tenía un equipo de trabajo: ministros compañeros, pero el mensajero era San Pablo, eso era Dios visitando a los gentiles de Asia Menor a través de San Pablo. Por eso San Pablo decía: “Yo he sido puesto como apóstol de los gentiles, y honro mi ministerio.”
Y así ha estado sucediendo de etapa en etapa, a través de Ireneo, a través de Martín, a través de Colombo, a través de Lutero, a través de Wesley, a través del reverendo William Branham; todas esas han sido visitas de Dios a Su pueblo, a Su Iglesia, y por consiguiente también al territorio donde se ha cumplido cada una de esas edades.
En Norteamérica Dios visitó a Su pueblo a través de Su Espíritu Santo manifestado en el reverendo William Branham, esa fue una visita muy grande de Dios; la visita que le sigue tiene que ser en el Occidente también, y de ahí luego pasará al Este, a Israel.
Con esa visita del Oeste luego pasará al Este, a Israel, para lo cual va a tener un velo de carne; y a través de ese velo de carne va a visitar a Su Iglesia en el Occidente, que corresponde a la América Latina, porque ya la parte Norte del Occidente, ya fue visitada por Dios a través del reverendo William Branham; ese fue el precursor de la segunda Venida de Cristo. Cualquier persona puede decir: “No todo el mundo lo recibió,” a Juan el Bautista tampoco.
Ahora, la próxima visita será para cumplir lo que corresponde a este tiempo final en medio de la Iglesia y en medio del pueblo hebreo, con esa visita Él cumplirá lo que le ha prometido a Su Iglesia y al pueblo hebreo. Tan simple como eso. Y eso será la visitación de Dios a los hijos de Abraham; los hijos de Abraham, dice el apóstol Pablo que todos los creyentes en Cristo son hijos de Abraham, los que son de la fe de Cristo, esos son hijos de Abraham.
Recuerden que la mayor parte del Cristianismo pertenece a las tribus perdidas, y ese es uno de los misterios que ha estado escondido por muchos años, del cual Cristo habló, Él dijo que no había venido sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y la casa de Israel son las diez tribus perdidas, y ese es el tesoro que estaba escondido en el campo de San Mateo, capítulo 13, verso 44.
Ese tesoro que fue encontrado por Cristo el Hijo del Hombre, y Él vendió todo lo que tenía, dio todo lo que tenía para comprar ese tesoro: dio Su vida, por eso Él nos compró en la Cruz del Calvario, Él compró el tesoro escondido, Él compró el tesoro que estaba en el campo, en el mundo, en medio de todas las naciones donde han estado las tribus perdidas; pero Él al morir en la Cruz del Calvario estaba comprando el campo, el mundo entero para obtener el tesoro.
Es como una persona que encuentra un tesoro, que encuentra una mina de oro, ve, lo ve, ¿qué hace? No le va a pedir permiso al dueño del terreno, y decirle: “Mira, hay oro en tu campo, permíteme sacarlo,” no se lo va a permitir. Pero usted va y le dice: “Te voy a comprar esa finca,” y usted se la compra y después todo es suyo, el tesoro es suyo porque usted compró.
Y Cristo compró el mundo entero, porque en el mundo entero está el tesoro escondido, las tribus perdidas, a la cual pertenecen millones de cristianos de toda la historia de la Iglesia del Señor. Por eso Dios ha estado visitando a Su pueblo, porque ya Él compró el campo, el mundo.
Y ahora, “LA VISITACIÓN DE DIOS A LOS HIJOS DE ABRAHAM,” la visita final corresponde a este tiempo.
Si descubrimos el velo de carne en que estará Dios visitando Su pueblo, estaremos viendo a Dios obrando en cumplimiento a lo que Él ha prometido a Su Iglesia y luego lo que ha prometido al pueblo hebreo, esa será la forma en que Dios estará visitando Su pueblo.
Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, el cual compró el campo, porque en el campo, en el mundo estábamos todos y somos un tesoro para Cristo.
Ahora, si usted no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que Cristo le reciba en Su Reino. Pueden pasar acá al frente y el reverendo Salomón Cunha estará orando por todos ustedes para que Cristo les reciba en Su Reino.
Vamos a pedirle al reverendo Salomón Cunha pase por aquí. Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.
Quiero hacerle saber a todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet, que la campaña de donación de sangre en todos los países continúa, mañana continúa o comienza en otros países también, ya en otros se ha estado llevando a cabo.
Les felicito a todos los que han donado sangre en todos los países y también a los que lo harán; y también deseo extenderle un afectuoso saludo al doctor Echevarría, coordinador nacional de sangre en el Paraguay.
Y que cada día en el Paraguay haya más personas que tengan conciencia de lo que significa donar sangre: es donar vida, para que pueda el derecho a la vida de otras personas, continuar en posesión de las personas. Toda persona tiene derecho a la vida, y con la donación de sangre respaldamos al derecho a la vida que tienen las personas.
Vamos a dejar al doctor Salomón Cunha para continuar.
Que Dios les bendiga y les guarde a todos.
“LA VISITACIÓN DE DIOS A LOS HIJOS DE ABRAHAM.”
