El Ángel que nos guía y nos guarda en el camino

Martes, 21 Abril, 2009 - Ciudad Juarez, Chihuahua MEX - 0 seconds


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Martes, 21 de abril de 2009
Ciudad Juarez, Chihuahua, México

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y también todos los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es un privilegio grande para mí estar con ustedes en esta ocasión aquí en Ciudad Juarez, República Mexicana, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor del tema: “EL ÁNGEL QUE NOS GUARDA Y NOS GUÍA EN EL CAMINO.” Para lo cual leemos en el libro del Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23, donde nos dice:
“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.
Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.
Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“EL ÁNGEL QUE NOS GUARDA Y NOS GUÍA EN EL CAMINO.”
Este Ángel del Pacto que le apareció al profeta Moisés en el Éxodo, capítulo 3, y le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.”
Ahora, ¿cómo puede ser este Ángel el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Ángel de Jehová, el Ángel de Dios? Es que ese Ángel de Dios, ese hombre de otra dimensión es nada menos que la imagen del Dios viviente, o sea, en palabras más claras, el cuerpo angelical de Dios, y aun más claro: es el Espíritu Santo el mismo que aparece en Ezequiel, capítulo 9, aquel varón con el tintero de escribano en su mano o en su cintura; es que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.
Por eso cuando Pedro el apóstol estuvo preso y fue libertado por el Ángel de Dios, luego vino esa noche, enseguida que fue libertado de la cárcel vino a la casa donde estaban reunidos los creyentes en Cristo, estaban encerrados por miedo a los judíos y que era de noche también, tocó a la puerta y una joven llamada Rode fue abrir la puerta, y cuando escuchó que era Pedro de gozo no abrió la puerta sino que regresó a donde estaban los hermanos en la casa, y les anuncia que es Pedro el que está tocando la puerta. Y ellos le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.”
Es que cada creyente en Cristo tiene su ángel que es su cuerpo angelical. El Ángel del Señor, el Ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen y los defiende. Cada creyente en Cristo tiene su ángel, su cuerpo angelical de la sexta dimensión.
Eso es lo mismo que San Pablo decía: “Si nuestra casa terrestre se deshiciese, tenemos un edificio no hecho de mano, el cual es eterno.” Por eso el creyente en Cristo cuando su cuerpo físico muere, él continúa viviendo en el cuerpo angelical y va al Paraíso donde están todos los creyentes en Cristo de edades pasadas.
El creyente en Cristo tiene la bendición de que tiene el vestido de boda, que es el Espíritu Santo, el cuerpo angelical que le ha sido dado de parte de Dios por medio de Cristo. Por eso es que ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Cristo.
Vean, para nosotros estar viviendo en este mundo, en esta dimensión terrenal, tuvimos que hacer una cosa, ¿cuál fue? Nacer. Y ahora, para entrar al Reino de Dios tenemos que nacer de nuevo, dice Cristo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6 del Evangelio según San Juan: “El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Es la única forma para entrar al Reino de Dios. No hay otra forma, no hay otro mecanismo.
Y ahora, se entra al Reino de Dios, se nace de nuevo, escuchando el Evangelio de Cristo, naciendo la fe de Cristo en nuestra alma, creyendo en Cristo y recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en nosotros el nuevo nacimiento, y así podemos decir como San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, donde nos dice:
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”
Él tiene el poder para transformar nuestros cuerpos en el momento señalado por Dios en Su Programa, y tiene el poder para resucitar a los muertos creyentes en Él de edades pasadas y algunos de los nuestros que también han partido.
Es que por medio de Cristo Dios obró, obra y obrará eternamente, Cristo, el Ángel del Pacto, ese Ángel que le apareció a Moisés y que por medio del profeta Moisés libertó al pueblo hebreo; ese es Cristo en Su cuerpo angelical, por eso es el Ángel del Pacto y por eso dijo en San Juan, capítulo 8, verso 54 al 56:
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”
¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, en palabras más claras el cuerpo angelical de Dios, el cual es la imagen del Dios viviente. Vean, aquí San Pablo en su carta a los Hebreos, explicándonos acerca de quién es Cristo, nos dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”
Muchas personas quieren escuchar la Voz de Dios, y miren, Dios ha hablado, habla y hablará por medio de los profetas, por medio de esos Mensajeros divinos que son enviados de tiempo en tiempo al pueblo de Dios:
“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”
O sea, que Dios así como habló por medio de los profetas del Antiguo Testamento, luego habló por medio de Jesucristo el Hijo de Dios. Dice:
“...a quien constituyó heredero de todo (heredero de toda la creación, tanto del mundo visible como del mundo invisible), y por quien asimismo hizo el universo.”
Por medio de Cristo estando en Su cuerpo angelical Dios creó el universo. Por eso es que cuando Cristo estaba en la Tierra, le hablaba al mar para que la tempestad se detuviera y se calmaba la tempestad; le hablaba a la higuera que no naciera más fruto de ella, no tuviera más fruto y la higuera se secó; trajo la multiplicación de los panes y los peces, o sea, multiplicó su propia creación, y así por el estilo encontramos que Cristo siendo el Ángel del Pacto, hablaba y las cosas sucedían, aun hablaba salud, sanidad a personas que estaban lejos, que ni lo escuchaban, y las cosas ocurrían.
Ahora, podemos ver que Cristo es el Ángel del Pacto y se hizo carne, dice San Juan, capítulo 1, verso 14, y aquel Verbo que era con Dios y era Dios, por medio del cual Dios creó todas las cosas... dice:
“Y aquel Verbo fue hecho carne (fue hecho carne), y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
La Escritura también nos dice:
“A Dios nadie le vio jamás (eso está en el mismo capítulo 1 de San Juan, verso 18); el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él (le declaró, o sea) le ha dado a conocer.”
Y todos estos profetas que dijeron que vieron a Dios, ¿estarían equivocados? No, es que vieron a Dios en Su cuerpo angelical. En palabras más claras, vieron el cuerpo angelical de Dios a través del cual Dios les hablaba a ellos, y ese cuerpo angelical es un cuerpo de otra dimensión; en palabras más claras, un hombre de otra dimensión llamado el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical.
Ahora, estamos viendo que Jesucristo en Su cuerpo angelical existía antes de tener Su cuerpo de carne, el cuerpo de carne fue el que tuvo un tiempo, nació allá en Belén de Judea y murió a los treinta y tres años, pero resucitó glorificado y está sentado a la diestra de Dios como Sumo Sacerdote intercediendo por toda persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador.
Cristo estando en la Tierra, dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre." San Juan, capítulo 5, verso 43. En el Ángel del Pacto, en Su cuerpo angelical, estaba el Nombre de Dios, la lectura que tuvimos al principio, y Dios dijo: “Oye su voz, no le seas rebelde porque Él no perdonará vuestra rebelión porque mi nombre está en Él.”
Y ahora, cuando el Ángel del Pacto se hace carne, se hace hombre de esta dimensión, se viste de un cuerpo de carne de esta dimensión, ahí también está el Nombre de Dios, por eso podía decir Jesús: “Yo he venido en nombre de mi Padre.” Y también podía decir: “Padre, yo les he dado a conocer a tu nombre.” Y también decía: “Yo los guardé en tu nombre.”
Y ahora, podemos ver porqué de luego Cristo resucitado dice que vayan y prediquen y anuncien al arrepentimiento y el perdón de los pecados en Su Nombre (San Lucas, capítulo 24).
Ahora, podemos ver que Jesús no es cualquier persona que apareció por casualidad en la Tierra, es nada menos que el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, que es la imagen del Dios Viviente. Vamos a verlo aquí mismo en la lectura que estamos teniendo de San Pablo en su carta a los Hebreos, dice verso 3 de este capítulo 1 de Hebreos:
“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (¿cuál es la imagen misma de la sustancia de Dios? Cristo en Su cuerpo angelical, el Verbo que era con Dios y era Dios), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (Él por Sí mismo llevó a cabo la purificación de nuestros pecados muriendo en la Cruz del Calvario), se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”
Y ahora, lo que Cristo dijo que se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo, vean, San Pablo dice que fue así, lo cumplió, por eso Él decía: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.”( San Mateo, capítulo 24, versos 16 al 20).
Ahora, veamos esta otra Escritura, Colosenses, capítulo 1, verso 15, dice:
“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”
¿Quién es la imagen del Dios invisible? Cristo en Su cuerpo angelical, y la semejanza física de Dios ¿quién es? Cristo en Su cuerpo físico, el cual murió en la Cruz del Calvario y resucitó glorificado, esa es la semejanza física de Dios; y la imagen, el cuerpo angelical de Dios, es llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios.
Por eso todos aquellos a los cuales les aparecía el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, ellos decían que habían visto a Dios cara a cara. Jacob cuando luchó con el Ángel y no lo soltó hasta que lo bendijo el Ángel, luego dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma,” y al lugar donde eso sucedió, le llamó “Peniel.” Eso fue capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis; y en el libro de los Jueces, capítulo 13, el Ángel de Dios, el mismo Ángel le aparece a la esposa de Manoa, y luego le aparece más adelante a ambos, a Manoa y a su esposa, para confirmarle que ellos tendrían un hijo, ¿y ése sería quién? Sansón.
Ellos no sabían que ese varón que les había aparecido, ese Ángel, era el Ángel de Dios, hasta que llegó el momento en que Manoa ofreció una ofrenda, un sacrificio a Dios, y mientras el fuego del altar subía, el fuego que estaba quemando esa ofrenda, ese sacrificio, mientras subía, el Ángel subió en la llama de fuego, y entonces Manoa dijo: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.”
Él no sabía que era el Ángel de Jehová, el Ángel de Dios, y luego se da cuenta que es el Ángel de Dios; y cuando aparece el Ángel de Dios, están viendo las personas a Dios cara a cara en Su cuerpo angelical.
Recuerden que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero con todo y eso a Dios nadie le vio jamás. Por eso le decían a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta,” y Jesús les dice: “Tanto tiempo hace Felipe que estoy con vosotros ¿y todavía no me has conocido? ¿No sabes que el que me ha visto a mí, ha visto al Padre? ¿Cómo dices tú muéstranos al Padre y nos basta?” (Capítulo 14 del Evangelio según San Juan, verso 6 en adelante).
Por eso Él también decía: “Las obras que yo hago, no las hago de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también Él decía que las palabras que Él hablaba, no las hablaba de Sí mismo, era entonces Dios el que hablaba por medio de Cristo, lo mismo que leímos de San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.” Esa fue una de las lecturas que tuvimos.
Y ahora, para tener eso más claro, vean lo que dice Zacarías o Dios dice por medio de Zacarías el profeta, capítulo 7, versos 11 al 12, hablando del pueblo hebreo y de la forma en que Dios le hablaba al pueblo hebreo, dice:
“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;
y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”
Ahora, ¿cómo Dios hablaba? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas, el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, es el cuerpo angelical de Dios a través del cual creó Dios todas las cosas. Vean, aquí en Colosenses, donde estábamos leyendo hace unos momentos, también donde San Pablo nos muestra que Cristo es la imagen del Dios viviente, capítulo 1 de Colosenses, verso 15 en adelante, dice:
“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles.”
O sea, el mundo invisible y el mundo visible, el invisible y el visible, el de los Ángeles y de esa dimensión que el ojo humano no puede ver, pero que existe; y hay campos, hay árboles, hay pajaritos, hay animales y hay personas que viven en esa otra dimensión, la dimensión del Paraíso adonde van los creyentes en Cristo cuando su cuerpo físico muere, termina su tiempo de vida en la Tierra.
Ahora, dice que “en Él fueron creadas todas las cosas,” en Él fueron creadas todas las cosas, así como en una semilla de trigo, ahí está creada una planta de trigo con muchos granos de trigo, y usted mira y no ve nada de una planta de trigo, pero si un agricultor se le acerca a usted y le dice: “Tú no lo ves, pero yo lo veo.” ¿Y cómo lo puede ver él? Porque conoce los procesos de la agricultura, de la siembra y de la cosecha, sabe lo que es una semilla en donde está potencialmente una planta de trigo con muchos granos de trigo. La siembra y nace una plantita de trigo, sigue creciendo esa plantita y al poco tiempo está llena de muchos granos de trigo.
Y el agricultor le puede decir a la otra persona: “¿Viste que ahí había una plantita de trigo con muchos granos de trigo?” Y entonces la otra persona puede decir: “Verdaderamente yo estaba ciego a esa verdad, pero ahora veo que es así.”
Hay cosas que no vemos pero que son reales, Cristo mismo comparado, tipificado en el grano de trigo, dice: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).
Cristo es esa simiente, ese grano de trigo, ese Hijo de Dios, y la plantita de trigo, ¿quién es? La Iglesia del Señor Jesucristo que nació el Día de Pentecostés, salió de Cristo, así como Eva salió de Adán, y la Iglesia salió del segundo Adán que es Cristo nuestro Salvador, y por medio de Cristo a través de la planta de trigo o a través de la segunda Eva, que es Su Iglesia, se ha estado reproduciendo en muchos hijos e hijas de Dios, por eso es que Él enseñó a orar a Sus discípulos cuando ellos le pidieron que les enseñara a orar, y Él les dice en el capítulo 6 de San Mateo: “Ustedes orarán así: Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra o también en la Tierra.”
¿Por qué Él enseña que le llamemos a Dios: Padre nuestro? Porque somos hijos e hijas de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador. Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son hijos e hijas de Dios manifestados en medio de Su Iglesia.
Por eso el apóstol Pablo nos enseña en Hebreos, capítulo 3 que Cristo ha sido colocado como Hijo sobre Su casa, la cual casa, dice: “Somos nosotros;” cuando se dice casa, no es una casa de cuatro paredes, es una familia, una casa, una familia. Eso es la Iglesia del Señor Jesucristo, la Familia de Dios, los descendientes de Dios, miren, aquí mismo está en Efesios, capítulo 2, versos 17 en adelante, dice:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;
en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Y ahora vean, la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual, y cada creyente en Cristo como individuo también es un templo espiritual para morar Dios acá adentro en nuestro corazón, en nuestra alma, morar en Espíritu Santo. Por eso es que se le da la oportunidad a las personas que reciban acá adentro en su alma a Cristo para que Él reine en la vida, reine desde adentro en la vida de cada uno de los creyentes en Cristo.
Y ahora, todos los creyentes en Cristo son miembros de la Familia de Dios, dice:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.” (Efesios, capítulo 2, versos 19 al 22).
Un miembro de la familia de Dios, es un descendiente de Dios, un hijo o hija de Dios, y por consiguiente es un redimido con la Sangre de Cristo, tiene Su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Por eso escuchó la predicación del Evangelio de Cristo, porque es una de las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que la busque y le dé Vida eterna, porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10. O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.
Así que, todo creyente en Cristo tiene la posición más alta que puede tener una persona: ser un hijo o una hija de Dios, y poder decirle a Dios: “Padre nuestro, Padre, Abba Padre (Abba que significa Padre), Abba Padre.
Y ahora, veamos también lo que nos dice en Romanos, para que sepamos quién es Dios, quién es Cristo, y quiénes son los creyentes en Cristo. Dice en el capítulo 8 de Romanos, verso 14 en adelante.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”
O sea, Abba significa: Padre, Abba Padre:
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Como Él fue glorificado y tiene Su cuerpo glorificado, eterno, inmortal incorruptible y joven para toda la eternidad, así también vamos nosotros a tener un cuerpo eterno, inmortal, joven, glorificado igual al de Jesucristo. Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo, y así va a ser conmigo también, ¿y con quién más? Con cada uno de ustedes también.
Por lo tanto, podemos estar conscientes de que tenemos un hermano mayor, y Su Nombre es Señor Jesucristo, ese es nuestro hermano mayor, el que vino para redimirnos, para regresarnos a Dios. Por lo tanto, lo amamos y lo apreciamos y le agradecemos el Sacrificio que realizó en la Cruz del Calvario para regresarnos a Dios, al Reino divino y a la Vida eterna.
Y ahora, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo que intercede con Su propia Sangre por cada uno de nosotros, la Escritura dice: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a su Hijo Jesucristo.” Él está como nuestro Abogado, o sea, como Sumo Sacerdote, eso es lo que hace el Sumo Sacerdote: defender al creyente en Cristo, y el Sumo Sacerdote es Jesucristo nuestro Salvador.
Recuerden que en el Antiguo Testamento en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón, siempre tenían un sumo sacerdote, el cual efectuaba el sacrificio de expiación el día diez del mes séptimo de cada año, y tomaba en una vasija de oro la sangre de ese sacrificio, y pasaba al lugar santísimo y esparcía con su dedo siete veces sobre el propiciatorio para la reconciliación del pueblo con Dios; y por esa causa es que el pueblo estaba llamado a ir ante Dios arrepentido de sus pecados, pidiéndole perdón a Dios para que ese sacrificio que presentaba el sumo sacerdote, se hiciera efectivo para la persona.
Y el que no iba a Dios arrepentido de sus pecados, perdía el derecho a la vida, dice: “Todo el que no se afligiere en ese mismo día (o sea, afligirse por haber pecado contra Dios) será cortado del pueblo.” O sea, perdía el derecho a continuar viviendo, y durante ese año en algún momento iba a morir, pero el que quedaba reconciliado, vean ustedes, tenía paz, sus pecados eran perdonados y tenía derecho a continuar viviendo.
Y ahora, todo esto ahora ocurre con Cristo, el Sumo Sacerdote desde el Templo celestial, ya no hay templo terrenal en medio del pueblo hebreo, pero está el Templo celestial que es el más importante y es el que permanece, y hay un Sumo Sacerdote eterno, que es Jesucristo según el Orden de Melquisedec, el Orden del Templo celestial.
Así que, podemos ver que tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo que hace intercesión por nosotros ante el Padre, por eso Cristo decía:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.”
Es que Él es el Sumo Sacerdote. Pero dice:
“Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” Tan simple como eso.
Ahora, Él es el Ángel que nos guarda y nos guía en el camino, Él es el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, y de edad en edad ha usado diferentes velos de carne como a Moisés (siempre profetas), a través de los cuales se ha manifestado, le ha hablado al pueblo y ha hecho las cosas que Él había prometido llevar a cabo para cada tiempo. Siempre ha sido a través de instrumentos, de hombres de Dios, de profetas:
“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).
Ahora, así como Dios por medio del Ángel del Pacto, Su cuerpo angelical, o sea, Cristo en Su cuerpo angelical, Dios guió al pueblo hebreo, pero vean, usando a Moisés, a través de Moisés estaba guiando al pueblo hebreo, y después a través de Josué y después ya dentro de la tierra prometida donde el Ángel del Pacto a través de Josué los colocó luego a través de los jueces, después a través de los profetas y así por el estilo.
¿Y por qué siempre usando hombres, profetas? Porque el hombre es el socio de Dios en la obra de Dios, y la obra de Dios es para con los hombres, por lo tanto, Dios obra siempre por medio del ser humano, y no hará nada sin que sea por medio de un ser humano.
Por eso ustedes encuentran que las promesas que Dios ha hecho y las ha cumplido, usted siempre encuentra un ser humano ahí como instrumento de Dios para el cumplimiento de esa promesa.
Cuando Dios cumplió la promesa que libertaría al pueblo hebreo, encontramos a un hombre, a Moisés siendo el instrumento a través del cual estaba manifestado el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical, y eso es el Espíritu Santo.
Así ha sido también en el Nuevo Testamento en medio del Cristianismo: de etapa en etapa encontramos que Dios ha tenido hombres como San Pedro, como San Pablo para los gentiles, y los diferentes mensajeros en medio de la Iglesia de edad en edad, a través de los cuales ha estado Cristo en Espíritu Santo guiando a Su pueblo en el camino, en la trayectoria de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Y para este tiempo final también va a tener un instrumento de carne, un hombre a través del cual Cristo en Espíritu Santo estará manifestándose y guiando a Su pueblo rumbo a la tierra prometida del cuerpo eterno y glorificado, rumbo a la tierra prometida del Reino de Dios. Tan simple como eso es el programa que lleva a cabo el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, Cristo en Espíritu Santo, guiando a Su pueblo en todo el camino. Él es el que nos guía.
Por lo tanto, en este tiempo también estará guiándonos en el camino divino, y Cristo es el camino. Por lo tanto, nos está guiando en el Cristianismo rumbo a la Vida eterna física, pues ya hemos recibido la Vida eterna en el campo espiritual y hemos entrado en la esfera espiritual al Reino de Dios.
Vean, aquí mismo el apóstol Pablo en Colosenses nos dice que hemos sido trasladados al Reino de Su Hijo, de Jesucristo. Dice capítulo 1, verso 12 en adelante de Colosenses:
“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;
el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”
Así como libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, del poder del faraón y los sacó de allá de Egipto, ahora Dios por medio de Cristo nos ha librado del reino de las tinieblas y nos ha trasladado a otro reino: al Reino de Su amado Hijo, de Jesucristo, al Reino del cual Cristo dijo: “El que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al reino de Dios.”
A ese Reino se entra naciendo de nuevo, así como entrar a este reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer, nacer a través de nuestros padres terrenales. Y ahora, para entrar al Reino de Dios tenemos que nacer de nuevo, nacer del segundo Adán que es Cristo nuestro Salvador.
Y ahora, el Ángel que nos guarda y nos guía en el camino, hemos visto que es Cristo nuestro Salvador en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, siempre usando velos de carne, usando mensajeros de etapa en etapa. Hay un Programa Divino, así como hay un plano o un diseño para la construcción del tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, y también para la construcción de este edificio hubo un diagrama, un plano, así también para la construcción del Templo espiritual de Cristo que es Su Iglesia, hay un plano divino, el cual está llevándolo a cabo el Señor Jesucristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.
Y en la actualidad estamos al final de la construcción del Templo espiritual de Cristo, estamos en la etapa del Lugar Santísimo de ese Templo espiritual. Por lo cual en este tiempo son llamados y juntados los escogidos del Día Postrero y son colocados en el Templo del Señor, en el lugar más importante: el Lugar Santísimo, somos colocados como piedras vivas, como dice San Pedro que somos piedras vivas para ser un Templo santo en el Señor.
Así que tenemos que reconocer el tiempo en que estamos viviendo, y a qué parte del Templo espiritual de Cristo pertenecemos, para así saber qué tenemos que estar haciendo y qué Dios está haciendo en favor de nosotros, y cuál es el mensaje correspondiente a nuestro tiempo.
¿Dónde estaba el Nombre de Dios en el templo? En el Lugar Santísimo, y en un hombre: el sumo sacerdote, el cual lo tenía escrito en una lámina de oro que estaba colocada en su frente.
Así que, vean ustedes en el Templo celestial en el Sumo Sacerdote al Templo celestial, que es Cristo, está el Nombre de Dios. Así también es el diseño del Templo espiritual de Cristo, el cual Cristo está construyendo, y nosotros pertenecemos a ese Templo espiritual, y Cristo, el Ángel del Pacto, es el que nos guarda y nos guía en el camino a la tierra prometida del Reino de Dios, a la Tierra prometida del cuerpo físico, eterno, y a la tierra prometida del establecimiento del Reino de Dios en la esfera física, así como nos guía en la esfera espiritual.
Hemos estado viendo quién es el Ángel que nos guarda y nos guía en el camino: es Cristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.
Y ahora, podemos ver que es un privilegio grande pertenecer a ese Templo espiritual, a la Iglesia del Señor Jesucristo, y pertenecemos a él naciendo en él, naciendo en la familia de Dios, la casa de Dios, la cual está siendo construida por Cristo, el Ángel del Pacto.
Recuerden que cuando se dice: un templo, el cual es la Iglesia del Señor, no se refiere a cuatro paredes, se refiere a una familia, la casa de Dios, la familia de Dios; y en la familia de Dios hay muchos hijos, hijos e hijas de Dios, y Dios es el Rey y por consiguiente Sus hijos son príncipes y princesas, por eso es que dice el libro del Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, que Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes. También Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 en adelante, y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6, y reinaremos con Cristo. Dice que reinaremos por mil años, y eso es para comenzar, y después por toda la eternidad.
Así que, los hijos son los herederos, los hijos son lo que es su padre, si Él es Rey, Sus hijos son príncipes y son también herederos al Reino. En el Reino milenial del Señor Jesucristo todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo tendrán la posición más alta de ese Reino juntamente con Jesucristo. A todo lo que Cristo es heredero, también lo son los creyentes en Él.
Por lo tanto, la etapa de oro física para los creyentes en Cristo será el Reino milenial, eso será regresando al Huerto del Edén, eso será una restauración a como era en el tiempo de Adán y Eva antes de pecar. El Reino milenial de Cristo es lo que todos los creyentes en Dios han deseado que se manifieste pronto.
Ahora, ¿cómo será ese Reino? Teniendo nosotros para ese tiempo el cuerpo eterno, joven, glorificado, ese cuerpo viene equipado con todo lo que deseemos nosotros hacer. Vean, en la actualidad deseamos ir a un país, y necesitamos sacar un boleto para ir en un vuelo aéreo, pero Cristo cuando tuvo que subir al Padre, para esos días no tenían aeropuertos, y aun aunque tuvieran aeropuertos no había ninguna linea aérea que volara a la casa del Padre celestial que es en otra dimensión.
Pero Cristo subió al Cielo delante de todos Sus discípulos. Es que el cuerpo glorificado ya viene equipado con todo lo que se necesita, porque es un cuerpo interdimesional, por eso les aparecía a los discípulos y luego desaparecía delante de ellos, pasa de una dimensión a otra, a donde no pueden pasar los cuerpos físicos que nosotros tenemos, pero el cuerpo glorificado, como les dije, es interdimensional y es inmortal también, y es joven para toda la eternidad.
Recuerden que cuando Cristo resucitó ni los discípulos lo conocían, solamente vinieron a conocerlo cuando hablaba, porque les hablaba en el estilo que Él les hablaba cuando había estado con ellos; y cuando partía el pan lo hacía también en la misma forma, y en esas cosas era que ellos pudieron conocer que era Jesucristo, el cual ya había resucitado, pero glorificado. Y algún día yo voy a tener también ese cuerpo glorificado, ¿y quién más? Cada uno de ustedes, porque la bendición es para ustedes también.
Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Él vino para morir por nosotros y así quitar el pecado y darnos Vida eterna:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” [San Juan 3:16].
Esa es la única forma en que el ser humano puede obtener la Vida eterna: por medio de Cristo nuestro Salvador. Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, y crean en Cristo y den testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como Salvador, porque la fe viene por el oír la Palabra, el Evangelio. Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Por eso dice:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (Eso está en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).
Si lo negamos, Él nos negará delante del Padre. Si lo confesamos delante de la gente, Él nos confesará delante del Padre celestial. Por lo tanto, ya yo lo recibí como mi Salvador, lo confesé públicamente como mi único y suficiente Salvador, y Él me confesó delante de nuestro Padre celestial, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
Si hay alguna persona que todavía no lo ha hecho, puede hacerlo, puede recibirlo como Salvador, para que Cristo le reciba y le confiese ante el Padre celestial como un creyente en Cristo y reciba la Vida eterna, porque para eso es que Cristo vino: para darnos Vida eterna. “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante).
Y ahora, podemos ver que es para recibir la Vida eterna que se predica el Evangelio y se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como su único y suficiente Salvador, y cada persona tiene que estar consciente de que Dios ha colocado delante de la persona la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y recomienda que escojamos la vida, la Vida eterna, que es Cristo nuestro Salvador.
Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está ¿dónde? En Su Hijo Jesucristo. El que tiene al Hijo, a Cristo porque lo recibió, tiene Vida eterna; mas el que no tiene a Cristo, el que no ha recibido a Cristo, no tiene Vida eterna; y por lo tanto no va a vivir eternamente, pero todos queremos vivir eternamente; si vivir en estos cuerpos que son temporeros, es tan bueno, cómo será en el cuerpo glorificado en donde no vamos a tener problemas.
Vivir en un cuerpo eterno es la clase de vida más importante, más alta que un ser humano puede obtener. Ya hemos obtenido la temporera para tener la oportunidad de confirmar nuestro lugar en la Vida eterna con Cristo para así obtener la Vida eterna.
Por lo tanto, los que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos y yo estaré orando por ustedes en estos momentos... o dentro de algunos minutos estaremos orando por usted. Pueden venir al frente para dar testimonio público de su fe en Cristo y orar por ustedes para que Cristo les reciba en Su Reino.
Recuerden que lo más importante es la Vida eterna, por esa causa es que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 16, versos 25 al 28:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Vivir en esta Tierra es una oportunidad única y maravillosa que Dios le da a la persona para que haga contacto con Cristo y obtenga la Vida eterna.
La persona que no aprovecha el tiempo que Dios le ha dado de vida en la Tierra, las palabras de Jesús: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma?” Vean, porque el alma es lo que en realidad es la persona, la persona es alma, espíritu y cuerpo; en palabras más claras la persona que es alma viviente tiene un cuerpo espiritual y tiene un cuerpo físico. Por eso lo más importante siendo el alma, Cristo dice: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma?” Perder el cuerpo no es ningún problema porque habrá una resurrección, pero perder el alma ya eso no tiene solución.
Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también los niños de diez años en adelante, porque Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Las personas que están en otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han hecho para que Cristo les reciba en Su Reino. Recuerden que ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, y Él los está llamando en esta ocasión. Él dijo que Él conoce Sus ovejas y que Él las llama por su nombre (San Juan, capítulo 10), y por eso es que Él dice que Sus ovejas escucharían Su Voz. “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” tú eres una oveja del Señor que le ha sido de parte del Padre a Cristo, para que la busque y le dé Vida eterna, porque para eso vino Cristo, porque el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar lo que se había perdido.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Hemos visto que Cristo es la persona más importante no solamente de la Tierra, sino del Cielo también, es la persona en donde está Dios en toda Su plenitud, por eso Cristo está sentado a la diestra de Dios.
Si falta alguna otra persona por venir, puede venir para que quede incluida en esta ocasión en la oración que estaremos haciendo. En las demás naciones también si falta alguno por venir, puede venir.
Tenemos que asegurar nuestro futuro eterno, y no hay compañías de seguro en la Tierra que nos puedan asegurar nuestro futuro eterno, solamente hay uno que nos puede asegurar el futuro eterno, y Su Nombre es Señor Jesucristo. Es el seguro de la Vida eterna el que obtenemos con Él.
El ser humano viene a esta Tierra y tiene lo que le llaman la angustia existencial, porque no sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí y no sabe hacia dónde va cuando muera, pero cuando recibe a Cristo desaparece esa angustia existencial porque entonces ya sabe de dónde vino, sabe porqué está aquí: sabe que está aquí para recibir a Cristo obedeciendo el Evangelio de Cristo y ser rociado con la Sangre de Cristo para ser limpiado de todo pecado, y sabe hacia dónde va, sabe que si muere físicamente va al Paraíso y sabe también que resucitará en el Día Postrero que ese es el séptimo milenio de Adán hacia acá, y sabe que vivirá eternamente con Cristo en Su Reino, y ya entonces la angustia existencial desaparece.
Y si le llega la hora de partir de esta Tierra, tranquilito se va porque sabe que va al Paraíso a donde están los apóstoles y todos esos santos de Dios y todos esos creyentes en Dios de edades pasadas.
Es que Cristo es nuestra paz que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación que hubo en aquel tiempo. Tener a Cristo significa la paz para nuestra alma.
Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones también, y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo. Los que están presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con todo mi corazón, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y produzcas en mí el nuevo nacimiento.
Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ahora, ustedes me dirán, por cuanto Cristo dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).
Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro único y suficiente Salvador, bien pueden ser bautizados en agua en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Jesucristo la que nos limpia de todo pecado. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, conociendo el significado del bautismo en agua, que es un mandamiento del Señor y que el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros tenemos que ser bautizados; aun los discípulos de Jesucristo, los apóstoles también fueron bautizados por Juan el Bautista, y cuando Pedro predicó el Día de Pentecostés, bautizó a todos los que recibieron a Cristo, todos los que creyeron.
Por lo tanto, vean, el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido por todos los que han recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador. Él mismo ordenó para los creyentes en Él el bautismo en agua.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino eterno de nuestro amado Señor Jesucristo.
Continúen pasando ustedes una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo al ministro aquí presente para indicarles hacia dónde dirigirse si tienen bautisterio, ropas bautismales también y personas que les ayudarán.
Y también en las demás naciones que están a través del satélite Amazonas o de internet también los que recibieron a Cristo en estos momentos, pueden ser bautizados, por lo tanto, dejo al ministro de cada lugar, de cada nación y de cada lugar donde están en estos momentos escuchando el Evangelio de Cristo y han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, los cuales también pueden ser bautizados en estos momentos.
Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo al reverendo Federico Villegas con ustedes.
“EL ÁNGEL QUE NOS GUARDA Y NOS GUÍA EN EL CAMINO.”