Dios proveedor de Su pueblo

Jueves, 23 Abril, 2009 - Torreon, Coahila MEX - 53 minutos


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Jueves, 23 de abril de 2009
Torreón, Coahuila, México

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y también todos los que están a través del canal WSS del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es un privilegio grande estar con ustedes aquí en Torreón, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en Génesis, capítulo 22, versos 1 al 8, y dice de la siguiente manera:
“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“DIOS PROVEEDOR DE SU PUEBLO.”
Dios es el proveedor de todas las necesidades, provee para todas las necesidades que tiene Su pueblo y cada miembro de Su pueblo, por lo cual Dios tiene siete Nombres compuestos a través de los cuales Él se revela como el que suple todas las necesidades de Su pueblo, y por consiguiente encontramos en cada uno de esos Nombres un significado.
Vean, de estos Nombres compuestos encontramos, vamos a ver... recuerden que a través de estos Nombres compuestos Dios se revela y a través de ellos muestra que Él suple cada una de sus necesidades; y por lo tanto el Nombre Jehová-Jireh, que significa “el Señor proveerá,” encontramos que Dios aquí en este pasaje de Génesis en donde encontramos a Abraham que va a Moriah a sacrificar a su hijo, y su hijo le pregunta: “Tenemos ya la leña y el fuego, pero padre, el carnero, el animalito para el holocausto, el cordero para el holocausto ¿dónde está?” Abraham le dice: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto hijo mío.”
Abraham conocía a Dios en estos Nombres compuestos, o sea, en lo que significan estos Nombres compuestos de Dios, y uno de ellos es “el Señor proveerá.” A Abraham, Él le había provisto todas las cosas que Abraham necesitaba y también que Dios le había prometido.
Abraham tenía necesidad de un heredero, y le dice a Dios: “Mira que ando sin hijo y me va a heredar este damasceno Eliezer,” que era un siervo suyo. Pero Dios le dice que le va a dar un hijo a través de su esposa Sara.
Y ahora, Dios va a proveerle un hijo, y por consiguiente un heredero. Ese hijo iba a representar al Mesías Príncipe como el Hijo prometido que el pueblo hebreo estaría esperando para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra. Pero también ese Hijo sería el Hijo prometido, la simiente prometida dada o prometida a Eva en el capítulo 3, verso 15, donde dice:
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Esta simiente de la mujer es el Mesías Príncipe. Y ahora, Dios va a proveer ese hijo que va a herir al diablo en la cabeza, a la serpiente, Dios va a proveer un Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, no solamente del pueblo hebreo.
Abraham representa a Dios, e Isaac representa a Cristo, y ofreciendo a Dios (Abraham) a su hijo, encontramos que esto es tipo y figura de Dios ofreciendo y enviando Su Hijo al mundo para tomar nuestros pecados y morir en la Cruz del Calvario como la Expiación por nuestros pecados; y así como fue tipificado en Isaac la Venida del Mesías y Su muerte, porque cuando Abraham colocó a Isaac sobre la roca, la peña para sacrificarlo, ya en su mente, en su corazón, ya él lo había efectuado, y él sabía que Dios era poderoso para resucitarlo.
Por lo tanto, en la mente de Abraham y en el corazón de Abraham todo fue efectuado, y luego encontramos que cuando lo coloca sobre la roca para sacrificarlo, ya eso cuenta para Dios como si lo hubiese hecho, y cuando lo toma nuevamente, eso es tipo y figura de la resurrección del Mesías.
Y ahora, “Dios proveerá,” le dice Abraham a su hijo Isaac, y el Ángel le dice: “No extiendas tu mano sobre tu hijo,” y luego escucha un balido de un animalito, de un cordero, de un carnero, y cuando mira ve un carnero enredado en las enredaderas allí, y lo toma y lo sacrifica a Dios. En ese sacrificio, vean ustedes, encontramos el tipo y figura también de Cristo muriendo en lugar del ser humano.
Ahora, esto es nada menos que Dios proveyendo un Sacrificio de Expiación por el pecado, así como proveyó aquel carnero a Abraham. Vean ustedes lo que nos dice... pues el ser humano desde que pecó estuvo ofreciendo sacrificios de animalitos a Dios, pero llegó el tiempo en que ya tenía que ofrecerse un Sacrificio perfecto, porque había llegado el tiempo para eso; y los tipos y figuras de lo que sería el Sacrificio Expiatorio del Mesías ya había llegado a su final. Y vean cómo nos dice aquí la Escritura de Hebreos, capítulo 10, verso 1 en adelante, dice:
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
De otra manera (ahora vean, con los sacrificios de aquellos animalitos ninguna persona llegó a la perfección)... De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados;
porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.”
Porque esa sangre solamente cubría los pecados pero no los quitaba, porque los animales no tienen alma y por consiguiente el espíritu del animal no puede venir al creyente:
“Por lo cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.”
Ahora aquí dice:
“Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.”
Y ahora, aquí tenemos la revelación divina de que Dios preparó un cuerpo, un cuerpo de hombre para ofrecer en sacrificio por el pecado del ser humano ese cuerpo humano, el cual fue nada menos que el cuerpo físico de nuestro amado Señor Jesucristo. Estaba Dios tipificándose en Abraham, y en Isaac estaba tipificando a Jesucristo Su Hijo. Sigue diciendo:
“Holocaustos y expiaciones por el pecado
no te agradaron.
Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios,
para hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.
En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”
Y ahora, somos santificados con esta ofrenda del cuerpo de Jesucristo, esta ofrenda efectuada en la Cruz del Calvario.
Y ahora, no habrá otro sacrificio por el pecado del ser humano, con ese sacrificio por el pecado del ser humano es hecho perfecto cada persona que recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador.
El Señor se proveerá de cordero para el holocausto y para el holocausto, el Sacrificio por el pecado del ser humano, Dios se proveyó de un Cordero, el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo. Por eso cuando Juan el Bautista vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Cristo es nuestra Pascua, nos dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7:
“Porque nuestra pascua la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”
Por lo tanto, también Cristo y Su Sacrificio fue tipificado en el cordero pascual que el pueblo hebreo sacrificó allá en Egipto en la víspera de la Pascua, cada padre de familia sacrificaba un cordero pascual de un año sin defecto, y colocaba la sangre en el dintel y los postes de las puertas de sus hogares, para la preservación de la vida de los primogénitos.
Y para la preservación de la vida de los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero que vendrían a formar la Iglesia del Señor Jesucristo, fue sacrificado en la Cruz del Calvario el Cordero de Dios, el Cordero pascual, Él es por consiguiente nuestra Pascua.
Y ahora, tenemos un Sacrificio de un Cordero pascual para la preservación de la vida de los primogénitos, para que puedan preservar la Vida eterna, y también tenemos el Sacrificio de Expiación por el pecado de Levítico, capítulo 23, verso 26 al 29, el cual es para la reconciliación del ser humano con Dios.
Por eso en la última Pascua que tuvo el Señor Jesucristo con Sus discípulos, luego de comer, de cenar, Él tomó el pan, lo bendijo dando gracias a Dios, lo partió y dio a Sus discípulos y dijo: “Comed de ello todos, comed de él todos, porque esto es mi cuerpo (tipificó Su cuerpo en el pan).”
Luego tomó la copa de vino y dando gracias al Padre, luego dio a Sus discípulos diciendo: “Bebed de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).
Y ahora, podemos ver ahí a Jesucristo en la víspera de la Pascua, hablando acerca de Su Sangre y del nuevo Pacto que iba a ser establecido, porque Él es el Ángel del Pacto y vino para establecer el nuevo Pacto, y la Sangre del nuevo Pacto no es como la del Pacto antiguo que era de machos cabríos, sino que la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador, y por lo tanto es una Sangre perfecta, es la Sangre del cuerpo humano de Dios, y por consiguiente es una Sangre sin pecado, sin contaminación.
Y el cuerpo físico, es el cuerpo físico de Dios que Él se creó en el vientre de María para luego morar en ese cuerpo y así proveerle no solamente al pueblo hebreo, sino a toda la familia humana el Sacrificio por el pecado, ofrecerles el Cordero para el Sacrificio por el pecado, porque Dios que es Jehová-Jireh, Jehová o el Señor proveerá, Él proveyó el Cordero para el Sacrificio de Expiación por el pecado, el cual es nuestro amado Señor Jesucristo.
Y ahora, todos tenemos el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y con Su Sangre somos limpios de todo pecado, somos justificados ante Dios y somos santificados; por lo tanto, podemos todos decir: “Dios ya se proveyó de Cordero para el holocausto, para el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.” Y siendo creyentes en este Sacrificio de Expiación por el pecado, vean lo que nos dice la Escritura con relación a este Sacrificio. Dice en el capítulo 10, verso 10 en adelante:
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (o sea, que no habrá otro sacrificio de expiación por el pecado, fue hecho una sola vez y para siempre).
Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados .
Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados
y transgresiones.
Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”
Y ahora, no hay más ofrendas por el pecado, solamente hay una y es la de Cristo nuestro Salvador, y esa es la ofrenda por el pecado para todo ser humano:
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne.”
Ahora, el velo, vean ustedes, es Su cuerpo de carne:
“Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”
En este pasaje nos muestra que Dios se proveyó de un cordero pascual, se proveyó de un cuerpo para ser sacrificado por todos nosotros en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para ser perdonados, ser limpiados con Su Sangre de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento, y así ser reconciliados con Dios, para vivir en paz con Dios todos los días de nuestra vida. Y conscientes de que Él nos ha trasladado del reino de las tinieblas al Reino de Su amado Hijo Jesucristo, por eso fue que Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan: “El que no nazca del Agua y del Espíritu Santo, no puede entrar al Reino de Dios.”
Se requiere nacer del Agua: del Evangelio de Cristo; sí, se requiere nacer del Espíritu Santo para entrar al Reino de Dios. Por lo cual todos necesitamos el Sacrificio de Cristo realizado en la Cruz del Calvario, que es el Sacrificio que Dios ha dado al ser humano por sus pecados, porque Dios se proveyó de un cuerpo para el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Es que Dios es el que provee todas las necesidades del ser humano, y Dios preparó un cuerpo para ser el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.
Desde que se llevó a cabo ese Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, ya Dios no acepta ningún sacrificio de animalitos por el pecado del ser humano, aún más, el sacrificio tenía que efectuarse conforme a la ley allá en Jerusalén en el templo, y por consiguiente ya no se puede efectuar allí porque no hay templo, el templo fue destruido en el año 70 por el general romano Tito Vespaciano, y ahora no hay lugar para sacrificios de animalitos.
Pero no hay problemas, tenemos el Sacrificio de Cristo realizado en la Cruz del Calvario, y todo aquel que cree en Cristo y en Su Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano y lo recibe como su Salvador, recibe el perdón de sus pecados, es limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo, es bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así ha nacido la persona en el Reino de Cristo y ha obtenido un cuerpo angelical del Reino de Cristo, de la sexta dimensión.
Y ahora, si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Así es para todo creyente en Cristo, y Dios nos ve a través de la Sangre de Cristo, la Sangre expiatoria de nuestro amado Señor Jesucristo. Somos justificados en Su Sangre.
Por lo tanto, Dios, que es el proveedor de Su pueblo, nos ha provisto lo más que nosotros necesitamos, nos ha provisto lo más importante de todas las cosas que Él estaría proveyéndole al ser humano: le ha provisto al ser humano del Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Es lo más grande que Dios nos ha dado para que así seamos reconciliados con Él por medio de Jesucristo nuestro Salvador y tengamos paz para con Dios, y así entremos al nuevo Pacto que Dios dijo que establecería con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo están dentro del nuevo Pacto y por consiguiente son hijos e hijas de Abraham; todos los que son de la fe en Cristo y de la fe de Cristo, son hijos de Abraham, dice San Pablo en Gálatas, capítulo 3. Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de Su Hijo a nosotros, nos dice Gálatas, capítulo 4, verso 1 al 10.
Y ahora, sabemos que Dios es nuestro proveedor, Él es el proveedor de Su pueblo, Él provee a Sus hijos, provee para todas las necesidades que tendrían Sus hijos aquí en la Tierra; y si nos ha provisto lo más grande, el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, cuánto más cosas pequeñas nos va a proveer.
Por lo tanto, con un corazón lleno de fe acerquémonos a Él y presentemos a Él nuestras necesidades, y Él proveerá; Él va a proveer para cada uno de nosotros la solución a nuestras necesidades.
Y ahora, yo tenía la necesidad de un Redentor, de un Salvador que me perdonara y me quitara los pecados, y Dios me proveyó un Salvador, un Redentor, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también; y ese Salvador, ese Redentor que nos proveyó, tiene un Nombre, Su Nombre es Señor Jesucristo, Él es nuestro Redentor, nuestro Salvador.
Yo le recibí como mi único y suficiente Salvador y Él me salvó, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, recuerden que Él dijo que el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. O sea, que vino a buscarme a mi y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.
Por lo tanto, usted también puede decir: “Él vino para buscarme y salvarme a mí.” De eso fue que nos habló cuando dijo que “el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido,” San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, “porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos,” uno de estos hermanos menores de nuestro amado Señor Jesucristo, uno de estos hijos e hijas de Dios.
Recuerden que estamos aquí en la Tierra con un propósito divino: para ser redimidos por medio del Sacrificio que Dios nos ha dado a través del cuerpo que Él se proveyó para efectuar ese Sacrificio, para darnos un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, Él colocó sobre ese cuerpo el pecado de todos nosotros, y por eso tuvo que morir en la forma en que vemos que sucedió (lo vemos a través de la Escritura). Él padeció por nosotros, sufrió por nosotros llevando nuestros pecados.
Si alguno todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado y le bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que usted sa bautizado en agua en Su Nombre, para lo cual tendremos unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo las personas que en su alma han escuchado la Voz de Dios, y todavía no habían recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador.
Y también si alguno se había apartado del Señor, puede en estos momentos reconciliarse con el Señor. “Si oyes hoy su voz, no endurezcas tu corazón,” Él te está llamando para darte salvación y Vida eterna.
“Si oyes hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones,” nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 7 y Hebreos, capítulo 4, verso 7. Tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, por eso estás escuchando el Evangelio de Cristo, porque tu eres una oveja del Señor y Él te está llamando porque Él es el Buen Pastor, el cual dio Su vida por Sus ovejas, dio Su vida por ti y por mí.
Vamos a estar puestos en pie. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, lo puede hacer, y en las demás naciones que están escuchando en estos momentos también pueden venir a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, y sean bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Todos queremos vivir eternamente, y solamente hay una forma para obtener la Vida eterna: es recibiendo a Cristo y Su Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, pues Cristo les está llamando en esta ocasión. Ya el ciclo divino de la Dispensación de la Gracia está llegando a su final, pero quedan todavía algunas ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las llame y les dé la Vida eterna.
Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Se predica el Evangelio para que así reciban el llamado las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo, y Cristo les dé Vida eterna.
Por lo tanto, recibir a Cristo como nuestro Salvador es un asunto de Vida eterna para la persona, Él dijo que Sus ovejas escucharían Su Voz, San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18 y también el mismo capítulo 10 de San Juan, versos 27 al 30; y en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16 dice Cristo a Sus discípulos:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso es el Programa Divino para el ser humano.
Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, si falta alguna persona por venir, puede venir, y los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y también los niños de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, pues Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Algunas veces hay personas que son tímidas y les timidez o vergüenza venir a los Pies de Cristo, Cristo es la persona más importante del Cielo y de la Tierra, es el Rey de reyes y Señor de señores, y está sentado en el Trono de Dios, está a la diestra de Dios en el Cielo.
Por lo tanto, recibir a Cristo, es recibir a la persona más importante, más grande de los Cielos y de la Tierra, es un privilegio, una bendición y una necesidad que tiene el ser humano de recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador, porque el alma de toda persona clama por la Vida eterna, y por consiguiente clama por un Salvador, clama por una persona que le dé la Vida eterna, y solamente hay uno que nos puede dar la Vida eterna, y Su Nombre es Señor Jesucristo.
No hay otro Salvador, no hay otro Redentor y no hay otro Sacrificio por el pecado del ser humano, solamente el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, el cual ha sido aceptado por Dios, y Dios no acepta ningún otro Sacrificio ni ningún otro sustituto por el pecado del ser humano.
Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, creo que no hay otro Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos.
Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Sálvame Señor, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.
Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y lo recibieron como vuestro único y suficiente Salvador.
Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.
Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levantan de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Y ahora, si Cristo fue bautizado y cuando entró a las aguas y Juan lo ve, Juan le dice, Juan el Bautista le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no lo quería bautizar, y Jesús le dice: “¡Basta! Conviene que cumplamos toda justicia.”
Conviene también que cumplamos toda justicia nosotros, siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Cuando Jesús le dice a Juan: “Conviene que cumplamos toda justicia,” entonces Juan le bautizó, y vino el Espíritu Santo sobre Jesús y permaneció sobre Él.
Ahora, si Jesús tuvo necesidad de cumplir toda justicia siendo bautizado en agua por Juan el Bautista, cuánto más nosotros.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo en estos momentos al ministro Jesús García, para que les indique hacia dónde dirigirse cada uno de ustedes, para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y también los que están en otras naciones, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
“DIOS PROVEEDOR DE SU PUEBLO.”