El Sello de Dios para Su Pueblo
Miércoles, 20 Mayo, 2009 - Fusagasugá COL - 1 hora, 7 minutos
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Miércoles, 20 de mayo de 2009
Fusagasugá, Colombia
Muy buenas noches, amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas en el canal WSS y también a través de la Emisora Nueva Época, de Caracol Radio; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.
Para esta ocasión leemos en la carta de San Pablo a los Efesios, en el capítulo 1, versos 12 en adelante, donde nos dice:
“A fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”
Que el Dios eterno bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“EL SELLO DE DIOS PARA SU PUEBLO.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
A través de la Escritura nos habla Dios a través de Su Sello, el Sello de Dios. San Pablo siendo un conocedor del misterio del Sello de Dios, no solamente en este capítulo 1 de Efesios habló de él, sino que también en el mismo libro o carta a los Efesios, les habló (en el capítulo 4, verso 30) diciéndole a ellos:
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
El Sello de Dios es el Espíritu Santo, del cual también nos habla en Gálatas, capítulo 4, versos 1 al 4, donde dice:
“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;
sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.
Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.
Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,
para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”
Ahora, vean que todos aquellos que son sellados por el Espíritu de Dios, son sellados para el día de la redención. La redención para el ser humano para el tiempo final, será para los que ya murieron siendo creyentes en Cristo, la resurrección en cuerpos eternos y glorificados; y para los que estarán vivos en este tiempo final cuando ocurra la resurrección de todos los creyentes en Cristo, la redención del cuerpo será la glorificación, serán transformados y vendrán a ser a imagen y semejanza de Cristo, con cuerpos eternos, jóvenes y glorificados.
Por eso San Pablo nos dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”
¿Y qué de los que no son guiados por el Espíritu de Dios porque no lo han recibido? Dice en este mismo capítulo 8, verso 9. Dice:
“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”
O sea, que todos los que son de Cristo reciben el Espíritu de Cristo y por consiguiente vienen a ser parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia. Ese es el tesoro más grande que Dios tiene en la Tierra: la Iglesia del Señor Jesucristo. Cristo una vez dijo en San Juan, capítulo 12, verso 24:
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”
Cristo se está representando en el grano de trigo y está mostrando que Él tiene que morir, porque si no muere, quedaría Él solamente en este planeta Tierra, y estaría todavía caminando por este planeta Tierra sin ningún otro ser humano sobre la Tierra, porque aquel tiempo era el ciclo divino del juicio de Dios sobre la raza humana.
Pero Dios colocó en Cristo todos nuestros pecados, Él se hizo pecado por nosotros tomando nuestros pecados, y por consiguiente el juicio divino cayó sobre un solo hombre llamado Jesucristo, para que los seres humanos pudieran seguir viviendo y tuvieran la oportunidad de tener un Sacrificio de Expiación por sus pecados, el cual es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.
Y ahora, toda persona que ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en su alma y lo ha recibido como su único y suficiente Salvador, ha obtenido el perdón de sus pecados, ha sido limpiado con la Sangre de Cristo de todo pecado, ha sido bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, o sea, ha colocado el Sello de Dios en la persona.
Y ahora, esa persona está sellada en el Reino de Dios para el día de la redención del cuerpo, que será la glorificación, la transformación de nuestros cuerpos mortales en cuerpos inmortales; la Vida eterna física en cuerpos físicos, para ser inmortales como Cristo, estar glorificados como Cristo, y poder ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, así todos ser a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador.
Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo, y está a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios; Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su Sangre por todos los que escuchan la Palabra de Cristo, el Evangelio de salvación y lo reciben como único y suficiente Salvador. Por eso Él dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).
Y ahora, podemos ver que hay un Sello divino que es el Espíritu Santo, con el cual son sellados todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador. Esas personas claman: “¡Abba Padre!” Abba significa: Padre, Padre, Padre mío, Padre nuestro. Por eso Cristo le enseñó a orar a Sus discípulos cuando ellos así lo pidieron, y Él les dice:
“Vosotros, pues, oraréis así:
Padre nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” [San Mateo 6:9-10; San Lucas 11:2].
Y continuó enseñando a orar a Sus discípulos, orando al Padre; y en otros pasajes Cristo dice: “Y todo lo que pidieres al Padre en mi Nombre, yo lo haré.”
Así que, se ora a Dios el Padre en el Nombre del Señor Jesucristo, esa oración va dirigida a Dios y luego es contestada; la petición hecha es contestada, ya sea al momento... al momento es delante de Dios, pero en el tiempo nuestro no sabemos cuántos días pasarán hasta que recibamos la respuesta. Pero de parte de Dios ya fue aceptada y contestada.
Por eso cuando oramos a Dios, Cristo dice que todo lo que pidamos a Dios creyendo, es creyendo. También Él dice: “Si creyendo dijeres a este monte: pásate de aquí allá, y no dudares en vuestro corazón, será hecho.”
Así que, con Dios todo es creer la Palabra de Dios, las promesas de Dios, y actuar sobre lo que Dios prometió.
Ahora, continuemos leyendo aquí en Romanos, capítulo 8. Nos detuvimos en el verso 14, dice:
“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (tener el Espíritu Santo es un testimonio de que somos hijos de Dios).
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Así como Cristo fue glorificado, vamos a ser glorificados todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo. Sigue diciendo:
“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”
Cuando tengamos el nuevo cuerpo, las glorias venideras en ese cuerpo, no son comparables con las aflicciones por las cuales pasamos en esta vida terrenal:
“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”
¿Aguardar qué manifestación? La manifestación de los hijos de Dios en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad, y entonces todos seremos iguales a Jesucristo con cuerpos glorificados, cuerpos jóvenes, cuerpos inmortales, y por eso es que luego podremos ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a la casa del Padre celestial que es en otra dimensión: la séptima dimensión. Sigue diciendo:
“Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;
porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”
O sea, que la misma creación va a ser libertada, va a ser redimida, va a obtener la inmortalidad también, y entonces los árboles serán inmortales y también los animales, y la vida en la eternidad en el Reino de Dios será su alimentación vegetariana, se volverá a ser como en el Huerto del Edén:
“Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que toda la creación gime a una...”
Todos los terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes, todo es la creación gimiendo, son dolores de parto que tiene la creación, y así están también todas las naciones, todos esos problemas de guerras y problemas en las diferentes esferas de la sociedad, son dolores de parto, porque se ha llegado el tiempo en que toda la creación incluyendo la Iglesia del Señor Jesucristo, todos, toda la creación tiene dolores de parto, para dar a luz una nueva naturaleza, dar a luz una nueva forma de gobierno: la de Dios, la del Reino de Dios que será establecida en la Tierra. Por eso Cristo dijo que orando pidamos la venida del Reino de Dios.
¿Y quién va a ser el Rey de ese Reino que será mundial? El Mesías, el Cristo, el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo a través de Moisés, encarnado en un cuerpo físico que se sentará sobre el Trono de David, porque el Trono de David es el Trono terrenal del Reino terrenal de Dios, y el Reino de David por consiguiente es el Reino de Dios terrenal.
Por eso es el problema del Medio Oriente, porque el problema del Medio Oriente está ligado al Programa Divino en donde el Reino de Dios será establecido allí con Capital: Jerusalén, y Distrito Federal: todo el territorio de Israel; y todas las naciones que estarán en el Reino del Mesías, en el Reino milenial van a pertenecer a un solo Reino: al Reino del Mesías; y el Mesías es el Príncipe de Paz, va a traer la paz para los judíos, pero también para los musulmanes, para todos los árabes, para todo el Medio Oriente y para todas las naciones. Por eso el Mesías Príncipe es el deseado de todas las naciones, porque todas las naciones desean la paz, y no hay paz sin justicia.
La injusticia social, la injusticia entre todas las naciones y en todas las esferas, es el estorbo para la paz de la humanidad. Pero la promesa es que el Príncipe de Paz prometido en Isaías, capítulo 9, estará sobre la Tierra trayendo el Reino de Dios y gobernando no solamente sobre el pueblo hebreo sino sobre todas las naciones. Dice Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado (o sea, que va a nacer en la Tierra), y el principado sobre su hombro (por lo tanto, es el heredero al Reino de David y por consiguiente es el heredero al Reino mundial); y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”
Siendo el Príncipe de Paz, el Mesías que se va a sentar en el Trono de David, va a traer la paz que tanto anhela el pueblo hebreo, el cual desde el año 1948, que fue declarado Israel un Estado libre y soberano, ese mismo año le fue declarada la guerra por unas cuantas naciones, y desde ahí, desde su fundación como Estado libre y soberano Israel no ha tenido la paz, pero la va a tener en el Reino del Mesías, por eso Israel está esperando la Venida del Mesías.
¿Y qué está esperando Israel? Un hombre que aparezca en la Tierra en este tiempo final, un hombre que se sentará sobre el Trono de David al cual es heredero, ahí estará la bendición de la paz para Israel y para todas las naciones, o sea, ese será el que detendrá totalmente las guerras, quitará la industria de la guerra, porque las herramientas de guerras serán convertidas en herramientas de trabajo para el progreso de todas las naciones.
Y entonces si no hay ejércitos y no se adiestrarán más para la guerra, si no se van adiestrar más para la guerra, pues no va haber guerra; o sea, que el Mesías Príncipe vendrá en Su Reino con una cultura de paz, aboliendo la cultura de la guerra.
Y ahora, podemos ver porqué es el deseado de todas las naciones, toda nación desea que su líder político les dé, les traiga la paz y la prosperidad, para eso es que se vota por un candidato presidencial: para que traiga la paz y la prosperidad para la nación. En la paz está la seguridad, paz, seguridad y prosperidad para la nación. Sigue diciendo:
“Lo dilatado de su imperio (o sea, lo extendido de Su Imperio) y la paz no tendrán límite (no habrá límites, no tendrá límites)... no tendrán límite sobre el trono de David y sobre su reino...”
Porque el Reino de David encabezado por el Mesías gobernará hasta el último rincón del planeta Tierra, porque el Mesías es el Hijo de David; y como Hijo de David el heredero al Reino y Trono de David; y como Hijo del Hombre el heredero del planeta Tierra con todo lo que tiene, Él es el Rey del planeta Tierra completo; y como Hijo de Abraham Él es el heredero a la realeza; y como Hijo de Dios Él es el heredero a los Cielos y la Tierra, Él es el Rey de los Cielos y la Tierra.
Por eso Cristo dijo: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra,” capítulo 28, versos 16 al 20 de San Mateo, eso lo dijo luego que murió, resucitó y subió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios:
“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”
O sea, que el Reino del Mesías estará “disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre,” ¿y quién hará esto? Dice: “El celo de Jehová,” el celo de Dios hará esto, será una obra de Dios a través del Mesías Príncipe que vendrá a este planeta Tierra. Hay esperanza para la familia humana, pero esa esperanza está en el Mesías Príncipe, en la Venida del Señor para el Día Postrero, y en Su Reino que va a ser establecido en este planeta Tierra.
Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo, Él es el deseado de todas las naciones y por consiguiente de todos los seres humanos que desean la justicia, la paz y la felicidad, porque la meta será la felicidad del ser humano, lo cual deseamos no solamente para nosotros mismos, sino para nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos, para toda nuestra descendencia.
Y solamente la esperanza está en Cristo, en el Mesías, en Su venida y establecimiento de Su Reino, que es el Reino de Dios que será establecido en este planeta Tierra.
Cuando oramos por la venida del Reino como nos enseñó Jesucristo en el capítulo 6, verso 10 de San Mateo, estamos orando por la Venida de Cristo y Su Reino en la Tierra, ese es el único Reino que traerá la paz para el ser humano; deseamos que pronto venga el Mesías que está esperando el Cristianismo y el Judaísmo, y también muchos líderes religiosos del Islam dicen que Jesucristo volverá a la Tierra para establecer Su Reino. O sea, que el Mesías Príncipe es el deseado de todas las naciones. Para unos el Mesías es Jesucristo, para otros (o sea, para el Cristianismo), para el Judaísmo, será un hombre que aparecerá en este planeta Tierra en el tiempo final, o sea, en el Día Postrero, y ya estamos en el Día Postrero, porque el Día Postrero es el milenio postrero, el séptimo milenio de Adán hacia acá, y conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio, tenemos nueve años ya dentro del séptimo milenio.
Ese es el Día Postrero, el día del Señor como día milenial, así como el séptimo día para los judíos y para los sabatistas (adventistas) y otros grupos que guardan el séptimo día, para ellos es el día del Señor; y como milenio, el día del Señor milenial es el séptimo milenio, y los días postreros delante del Señor, son los milenios postreros, que son: el quinto milenio en el cual ya Cristo estaba en la Tierra, y tenía de tres a siete años de edad, y luego el Día de Pentecostés, días antes, murió Cristo en la Cruz del Calvario, luego de estar Dios hablando por medio de Él por tres años y medio; dice el apóstol Pablo que ya aquellos días eran los días postreros.
Vamos a leerlo para que tengamos un cuadro claro de lo que son los días postreros, porque algunas veces escuchamos mensajes, predicaciones que se nos habla que estamos en los días postreros, pero no identifican en cuál de los días postreros, y piensan que los días postreros son estos, y que nunca antes se había vivido en los días postreros. Pero desde los días de Jesucristo se ha estado viviendo en los días postreros, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.
Los días postreros delante de Dios son los tres milenios postreros, que son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, veamos a Pablo hablando de los días postreros, y entenderemos mucho mejor. Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”
¿Cuándo Dios habló por medio de Su Hijo Jesucristo? En los días postreros, porque ya cuando comenzó el Día Postrero, el primero de los días postreros que fue el quinto milenio, ya Cristo tenía de tres a siete años de edad, y comenzó por medio de Jesucristo a hablar en Su ministerio terrenal, cuando ya tenía unos veintinueve años y medio, y a los treinta y tres años Cristo murió. Tres años y medio en Su ministerio terrenal Cristo en medio de Su pueblo, y Dios en Cristo hablando a Su pueblo. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo.
Así que, ahora comprendemos lo que son los días postreros, pero deben de siempre tener dos o tres testigos de todo lo que es dicho, para afirmar bien nuestra fe. Veamos por consiguiente lo que nos dice el apóstol Pedro el Día de Pentecostés en su mensaje.
Cuando llegó el Día de Pentecostés en la mañana, vino un viento recio que llenó toda la casa donde ellos estaban reunidos, y eran como ciento veinte creyentes en Cristo esperando el Espíritu Santo, vino y fueron llenos del Espíritu Santo ciento veinte personas creyentes en Cristo, y lenguas como de fuego estaban sobre ellos, y comenzaron hablar en otras lenguas, o sea, en otros idiomas.
Y los que estaban allí reunidos que habían venido a Jerusalén para adorar a Dios, entendían en el idioma de la nación donde ellos vivían, pero que habían venido a Jerusalén adorar, ellos entendían en otro idioma lo que estaban hablando aquellos creyentes en Cristo que habían sido llenos del Espíritu Santo, y por eso ellos dicen: “¿Qué significa esto?” Vean, capítulo 2, verso 1 en adelante dice:
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (o sea, en otros idiomas), según el Espíritu les daba que hablasen.
Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo (por lo tanto, sabían los idiomas de todas esas naciones).
Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua (o sea, en la lengua que ellos tenían de la nación en la cual ellos habían nacido).
Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios (o sea, que hablaron en multitud de idiomas las maravillas de Dios).
Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
Mas otros, burlándose (porque no faltan los burladores)... Mas otros, burlándose decían: Están llenos de mosto.
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día (o sea, las 9:00 de la mañana).
Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán...”
¿Cuándo derramaría Dios del Espíritu Santo? En los postreros días, ¿por qué está derramando de Su Espíritu Santo en aquellos días? Porque ya habían comenzado los postreros días, el primer día milenial delante de Dios ya había comenzado, Dios había hablado por Jesucristo por tres años y medio, y después estaba hablando por medio de los apóstoles y los creyentes en Cristo que eran en ese momento como ciento veinte allí, reunidos en el aposento alto hablando las maravillas de Dios, en los postreros días que ya habían comenzado. Sigue diciendo:
“Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
Cristo ordenó predicar el Evangelio a toda criatura:
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).
Se ha estado predicando el Evangelio de Cristo desde el Día de Pentecostés y se continúa predicando para que todo aquel que escucha y nace la fe de Cristo en su alma, lo reciba como único y suficiente Salvador, dando testimonio público de su fe en Cristo y confesando a Cristo como su único y suficiente Salvador, así confesando Su Nombre. “Y todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo.”
De eso depende la salvación del ser humano y por consiguiente la Vida eterna, y todo ser humano tiene derecho a la Vida eterna, pero tiene que reclamar ese derecho a través de Cristo. Cristo ha venido, “el Hijo del Hombre ha venido para buscar y salvar lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10; y San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14.
“Porque no es la voluntad de nuestro Padre que está en el Cielo que se pierda uno de estos pequeñitos,” de estos hermanos menores de Jesucristo nuestro Salvador. Jesucristo es el eslabón entre Dios y el ser humano.
Para llegar a Dios lo hacemos a través de Cristo. Cristo mismo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Él es el eslabón entre Dios y el ser humano. San Juan, capítulo 14, verso 6. Y también Él nos dice:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”
Por lo tanto, todas las ovejas que el Padre le dio, que son todas esas almas de Dios que serían enviadas a este planeta Tierra, pero que a causa de que el ser humano había caído en el Huerto del Edén, había pecado, aparecen en la Tierra estas almas en un mundo que está perdido, y por consiguiente están perdidas en la Tierra y Cristo viene a buscar esas almas de Dios, esas ovejas de Dios. Por eso Él dice que “el que es de Dios, la voz de Dios oye,” San Juan, capítulo 8, verso 47.
Y ahora, todas esas ovejas son los hijos e hijas de Dios, son el trigo del cual habla Cristo en la parábola del trigo y de la cizaña, en San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43. Por lo tanto, el Evangelio tiene que llegar a todas esas personas, y al escucharlo, llegará al alma de esas personas y se darán cuenta que Dios les estará hablando directamente a su alma, pues Cristo dijo:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, no estaban allá en Israel, sino entre los gentiles); aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”
El pastor es Cristo, el Buen Pastor, el rebaño es la Iglesia, y las ovejas ¿quiénes son? Nosotros, los que escuchamos Su Voz, lo creemos, creemos en Él, lo recibimos, y Él nos coloca en Su Reino, en Su Iglesia, Su Reino que está en la esfera espiritual; y cuando sea establecido en la esfera física el Reino de Cristo, ahí estaremos nosotros con Él, pues Él nos dice que vamos a estar con Él, al Padre le ha agradado darnos el Reino, y también en Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, capítulo 5, versos 7 al 11; y capítulo 20, versos 4 al 6, dice que Cristo con Su Sangre nos ha redimido, o sea, nos ha lavado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra, reinaremos por mil años sobre la Tierra como Reyes y Sacerdotes; o sea, que todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, o sea, sellados con el Sello del Dios Vivo, el Sello de Dios, pertenecen a la realeza del Reino del Mesías, son la clase más alta de ese Reino.
El resto pertenece a otras etapas o fases de ese Reino. También Abraham estará en ese Reino, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas y todos esos hombres de Dios, y Cristo el Mesías como Rey, y los creyente en Cristo como Reyes. O sea, el gabinete de Cristo, del Mesías, del Rey que gobernará no solamente sobre el pueblo hebreo sino sobre todas las naciones, Su gabinete son los creyentes en Él que tienen el Sello de Dios, el Espíritu de Dios, esa es la realeza del Reino del Mesías, son Reyes, son Jueces, porque los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles, y también son Sacerdotes de ese Reino. El Orden sacerdotal pertenece a Cristo y los creyentes en Él que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.
Y ahora, todo el que invocare el Nombre del Señor, será salvo, para eso fue que mandó a predicar el Evangelio a toda criatura, y el que creyere y fuere bautizado, será salvo.
Yo escuché el Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí, dí testimonio público de mi fe en Cristo recibiéndolo como mi único y suficiente Salvador, y fui bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento, y me colocó en Su redil, Su Cuerpo Místico de creyentes, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.
Si hay alguna persona que todavía no ha entrado al Reino de Dios, lo puede hacer en estos momentos para que Cristo le reciba en Su Reino, dando testimonio público de su fe en Cristo, porque ya nació la fe de Cristo en su alma, porque la fe viene por el oír la Palabra del Señor, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de nuestra redención.
Ahora, tiene la oportunidad de venir a los Pies de Cristo dando testimonio público de su fe en Cristo, con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Ahora, tiene la oportunidad de confesar a Cristo como único y suficiente Salvador suyo, para que Cristo le reciba en Su Reino. Vamos a dar unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo los que están presentes y no lo han hecho todavía, y también los que están en otras naciones a través del satélite Amazonas, en el canal WSS y diferentes canales de cable (televisión) y diferentes canales de televisión.
Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando. Su Palabra es Su Evangelio, Su Voz, Su Evangelio, el cual ha llegado a lo profundo de tu alma y sabes bien que es la Voz de Cristo, el Buen Pastor. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para que confieses públicamente a Cristo como tu único y suficiente Salvador, y Él darte así la salvación y Vida eterna.
Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco,” Él te conoce a ti y a mí desde antes de la fundación del mundo, y fuimos dados por el Padre a Cristo desde antes de la fundación del mundo, para que nos buscara en este planeta Tierra y nos diera la Vida eterna, nos restaurara al Reino de Dios. “Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo Jesucristo,” nos dice Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, y también San Pablo nos dice que la muestra del amor de Dios, es que “Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Cristo es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados (eso está en Romanos, capítulo 5, verso 6 al 10).
Por eso Pablo decía: “No me avergüenzo del evangelio porque es potencia, poder de Dios para salvación al judío primeramente y también al griego.” La predicación del Evangelio es poder de Dios para salvación del ser humano.
En las diferentes naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo.
Cristo tiene mucho pueblo en esta Ciudad de Fusagasugá y los está llamando; Fusagasugá, Colombia tiene muchos hijos e hijas de Dios, muchas ovejas del Señor. También toda la República de Colombia tiene muchas ovejas del Señor, y las está llamando en este tiempo final.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren entrar a la Vida eterna, quieren recibir la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador, a través de nuestro hermano mayor, Él es nuestro hermano mayor, Él era el único que podía salvarnos, Él es el único que tiene Vida eterna para ti y para mí.
Por eso nuestra única esperanza en la Vida eterna, en el futuro, está en Jesucristo, Él es el deseado de todas las naciones, Él es el deseado de cada uno de nosotros. Cuando lo veamos, le vamos agradecer personalmente Su Sacrificio por nosotros en la Cruz del Calvario, y que nos haya llamado a Su Reino y que nos haya recibido en Su Reino, en Su redil.
Vamos a estar puestos en pie, y los que faltan por venir, pueden continuar viniendo. Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. En las demás naciones también puestos en pie para la oración por todos los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, creo en Tu primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre. Quiero nacer en Tu Reino, quiero tener Tu Sello, el Sello de Tu Espíritu Santo, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.
Y ahora, me preguntan ustedes: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque yo creí con toda mi alma, y Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” El que no cree, no va a ser bautizado, va a ser condenado.
Y ahora, por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón y lo han confesado como vuestro único y suficiente Salvador, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Cristo fue bautizado por Juan el Bautista y también los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista; y si Cristo y los apóstoles necesitaron ser bautizados para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros. Y Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” por lo tanto es un mandamiento del Señor Jesucristo.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo, pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo, el cual ha estado siendo obedecido por todos los que han recibido a Cristo como Salvador y por los ministros que han bautizado a las personas, y todavía sigue así hasta nuestro tiempo.
En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna en el Reino eterno del Señor Jesucristo. Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua, porque es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados conociendo el simbolismo del bautismo, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, o sea, con el Sello del Dios Vivo; y nos continuaremos viendo eternamente en Su Reino, y disfrutando de todas esas bendiciones que Él estará dándonos en Su Reino, y como miembros de Su gabinete, con la posición más alta de ese Reino: la posición de Reyes, Sacerdotes y Jueces, y con Cristo como la persona principal de ese Reino. O sea, que estaremos en la posición más alta en ese Reino del Mesías, perteneceremos a la realeza en el Reino de Cristo; aunque aquí en esta vida terrenal estemos como personas comunes, pero en el Reino de Cristo estaremos como las personas más importantes: las personas de la realeza.
Después de la realeza entonces vienen otros niveles de la sociedad de un reino o en un reino, la realeza es lo máximo, la aristocracia es lo segundo, y después la plebe, la llamada plebe, o sea, el pueblo, el común del pueblo. Pero vean lo que Cristo ha hecho con todos los creyentes en Él.
Así que, bien pueden ser bautizados, y nos continuaremos viendo en Su Reino por toda la eternidad. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, coloque en ustedes el Sello del Dios vivo.
Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta ocasión, continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
Dejo aquí al reverendo Óscar Chicangana, para indicarles hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Dios les bendiga y les guarde a todos.
“EL SELLO DE DIOS PARA SU PUEBLO.”
