El ángel con los siete truenos finalizando el tiempo

Viernes, 22 Mayo, 2009 - Armenia COL - 0 seconds


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Viernes,22 de mayo de 2009
Armenia, Colombia

Muy buenas noches, amables amigos y amigas y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.
Mi cordial saludo a la doctora Andrea Florez, y mi aprecio y agradecimiento por los trámites realizados para el uso de este auditorio, de este coliseo y sus facilidades para esta actividad. Que Dios la bendiga y le conceda las peticiones de su corazón.
Para esta noche leemos una Escritura que nos llama mucho la atención en el libro del Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 en adelante, donde dice:
“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Vé y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Nuestro tema para esta ocasión, es: “EL ÁNGEL CON LOS SIETE TRUENOS FINALIZANDO EL TIEMPO.”
Conforme a las Escrituras, Dios tiene tiempo para todas las cosas, Dios le ha asignado tiempo a todas las cosas: tiempo para nacer, tiempo para vivir en la Tierra y tiempo para morir, o sea, que en la vida todo tiene su tiempo. Y en este pasaje nos habla del tiempo de la redención, el tiempo en que todo ser humano tiene la oportunidad de obtener la salvación y Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador.
Por lo tanto, todos los seres humanos estarán viviendo un lapso de tiempo de oportunidad para obtener el perdón de sus pecados por medio de Cristo, ser limpiados de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre, y recibir el Espíritu de Cristo y obtener el nuevo nacimiento; o sea, nacer en el Reino de Cristo y por consiguiente nacer a la Vida eterna; y así es como Cristo dijo que se entra al Reino de Dios.
Cuando estuvo hablando con Nicodemo, este hombre sabio miembro del concilio del Sanedrín, en el capítulo 3 del Evangelio según San Juan, el cual reconoció que Cristo había sido enviado por Dios, porque nadie podía hacer las cosas que Jesús hacía si Dios no estaba con él. Jesús le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” El que no nazca de nuevo, o sea: “De cierto te digo que es necesario nacer de nuevo.”
Nicodemo pensó que tenía que nacer través de su madre nuevamente. ¿Y qué de la edad que tendría su madre si estaba viva? ¿O qué si ya había muerto? Sería entonces imposible nacer de nuevo a Nicodemo. Esa fue la forma en que pensó Nicodemo que sería el nuevo nacimiento, pero Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo. Por eso Cristo dijo a Sus discípulos en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16 (de San Marcos):
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Tan simple como eso es el programa para que el ser humano pueda obtener la salvación y Vida eterna: escucha la predicación del Evangelio de Cristo, donde se da a conocer todo el programa de salvación, para el cual Cristo vino a la Tierra y murió en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Aquellos sacrificios que se realizaban allá en el templo en Jerusalén como también lo realizaban los hebreos en el tabernáculo que les acompañaba en el desierto, encontramos que todos esos sacrificios representaban el Sacrificio del Mesías, de Cristo, que realizaría en Su primera Venida, en donde Él tomaría los pecados de los seres humanos, se haría pecado por los seres humanos al tomar nuestros pecados, y moriría como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
De eso es que habla Isaías, capítulo 53, versos 10 en adelante. Vean aquí para tener el cuadro más claro, lo que haría el Mesías Príncipe en Su Venida. Vamos a dar un vistazo para tener el cuadro claro del Programa de la redención por el cual estamos viviendo en la Tierra, y por lo cual se predica el Evangelio de Cristo. Isaías, capítulo 53, verso 10, hablando del Mesías, este pasaje mesiánico dice:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”
Esto nos habla de la Venida del Mesías, lo cual se cumpliría cuando Él estuviera en la Tierra. Y para encontrar el tiempo en que Él llegaría a la Tierra para poner Su vida en Expiación por el pecado, el Ángel Gabriel, el Ángel de las revelaciones divinas, le aparece al profeta Daniel en el capítulo 9, y vean la conversación que tuvo con el profeta Daniel.
El profeta Daniel era un hombre muy importante allá en Babilonia. Dice capítulo 9, verso 20 en adelante del libro del profeta Daniel:
“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;
aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel (o sea, el Ángel Gabriel) a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.
Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.
Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad (si la iniquidad va a ser expiada, tiene que efectuarse un Sacrificio de Expiación, el cual le corresponde al Mesías en Su Venida)... para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas...”
Siete semanas y sesenta y dos semanas son sesenta y nueve semanas, y estas son semanas de años, y sesenta y nueve semanas de años son cuatrocientos ochenta y tres años; o sea, que el Mesías Príncipe aparecería en Su ministerio terrenal al transcurrir este lapso de tiempo de cuatrocientos ochenta y tres años, y luego comenzaría la semana número setenta que consta de siete años.
En esa semana número setenta sería el ministerio del Mesías, y le sería quitada la vida al Mesías a la mitad de esa semana número setenta, o sea, a los tres años y medio de esa última semana, que es la semana número setenta. Y luego quedarían tres años y medio que corresponden al tiempo llamado la gran tribulación, donde Dios volverá a tratar con el pueblo hebreo. Sigue diciendo, dice:
“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí...”
O sea, que al Mesías le sería quitada la vida después de esas sesenta y dos semanas que transcurren luego de siete semanas que le anteceden, o sea, en total luego de sesenta y nueve semanas de años la vida del Mesías le sería quitada, le sería quitada entonces en la semana número setenta. Y eso sería para efectuar el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano. Por eso Jesús sabía el tiempo en que Él tenía que morir.
En los días del ministerio de Jesús se estaba viviendo en la semana número setenta de esa profecía de Daniel. Ya fue efectuado el Sacrificio de Expiación por el ser humano, y todo ser humano ahora tiene la oportunidad de obtener la salvación y Vida eterna recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador. Él, al morir en la Cruz del Calvario, es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Y ahora, no hay que ir a un templo y sacrificar animalitos por nuestros pecados, ya el tiempo de los sacrificios de animalitos pasó, porque el Cordero de Dios, al cual Juan el Bautista señaló diciendo al ver a Jesús, y dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y lo quitó allá en la Cruz del Calvario.
Y luego de Su muerte, sepultura y resurrección y ascensión al Cielo, comienza el tiempo de la Dispensación de la Gracia, abriéndose allí el día de pentecostés la bendición de la Venida del Espíritu Santo para los creyentes en Cristo, y produciendo así el nuevo nacimiento, para todos aquellos que reciben a Cristo al escuchar el Evangelio de Cristo, nacen del agua, del Evangelio de Cristo, y cuando luego de ser bautizados en agua y Cristo les bautiza con Espíritu Santo y Fuego, reciben la parte de nacer del Espíritu.
Y así es como ha estado siendo formada la Iglesia del Señor Jesucristo, con personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, las cuales han estado entrando al Reino de Dios, al Reino de Cristo que está en la esfera espiritual; y luego cuando sea establecido literalmente en la Tierra el Reino de Cristo, ahí estarán esas personas con Cristo como Reyes, Sacerdotes y Jueces, o sea, como el gabinete de Cristo en Su Reino.
Ahora, encontramos que ese lapso de tiempo de gracia, de misericordia para el ser humano comenzó allá con la muerte de Cristo y Su resurrección. Y el día de pentecostés, el espíritu de Dios por medio de Pedro abrió las puertas del Reino de los Cielos, pues las llaves le habían sido dadas a Pedro. Abrió la puerta, que es Cristo, con la llave de la revelación divina, dando a conocer el misterio de la primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.
Hemos tenido dos mil años de gracia, de redención para todo ser humano, recibiendo la redención espiritual interior primero, y en el Día Postrero recibirán la redención del cuerpo físico, que será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes y glorificados como el cuerpo de Cristo; y los que estén vivos creyentes en Cristo serán transformados, y entonces serán inmortales, serán jóvenes, serán personas con cuerpos glorificados, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.
Ahora, ese lapso de tiempo que hemos tenido, corresponde a la Dispensación de la Gracia, tiempo de redención para el ser humano, tiempo de salvación y Vida eterna.
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16].
Y ahora, Cristo desde que subió al Cielo está en el Cielo en el Trono de Dios sentado a la Diestra de Dios como Él prometió, está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su Sangre por toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.
Cuando haya entrado hasta la última persona que entrará al Reino de Dios, entonces Cristo habrá terminado Su labor de Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su Sangre en el Templo celestial, y tomará el Libro sellado con siete Sellos que aparece en Apocalipsis, capítulo 5, lo abrirá en el Cielo; es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro donde están escritos los nombres de todos los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador.
¿Recuerdan que una ocasión en que Cristo envió a Sus discípulos a predicar y a sanar a los enfermos? Cuando ellos regresaron vinieron muy contentos diciendo a Cristo: “Aun los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi nombre, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo.” ¿Dónde en el Cielo? En el Libro de la Vida del Cordero, ahí es donde nuestros nombres están registrados.
De esto también nos habla el apóstol Pablo, recuerden que Cristo también habló acerca de Sus ovejas y que Él las llamaría por su nombre. Y ahora, el apóstol Pablo nos habla también de estas personas en el capítulo 12 del libro o carta a los Hebreos, diciéndonos, verso 22 en adelante:
“Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos...”
Los primogénitos que están inscritos en los Cielos en el Libro de la Vida del Cordero, son todas las personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador. Y esas personas pertenecen al Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia. Dice:
“...a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”
Hemos visto que hay un libro en el Cielo que contiene los nombres de todos los que han de recibir a Cristo como Salvador, todos los que vivirán eternamente con Cristo en Su Reino.
En el libro del Apocalipsis nos habla mucho de ese Libro en el Cielo, y nos dice hablándonos de las personas que adorarán a la bestia y a su imagen, dice:
“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”
Ahora vean, los que están escritos en el Cielo no serán engañados. Los que están escritos en el Cielo no adorarán a la bestia ni a su imagen. Eso fue el capítulo 13, verso 8 del Apocalipsis; y Apocalipsis, capítulo 17, verso 8, también nos dice:
“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”
Ahí nos muestra que hay un Libro que contiene los nombres de todas las personas que van a vivir eternamente. Esas son las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador, esas son las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna...”
Usted estaba en Dios desde antes de la fundación del mundo. Usted ha venido de Dios, su alma ha venido de Dios, por esa causa usted está escuchando en esta ocasión la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.
La redención se efectúa en y para aquellos que estaban eternamente con Dios, porque cuando la persona es redimida, es vuelta al lugar original, a su lugar de origen, es retornada a la Vida eterna por el Redentor, que es Jesucristo nuestro Salvador.
Y ahora, cuando termine ese lapso de tiempo de salvación para los que reciben a Cristo como Salvador, entonces Cristo cambiará de Sumo Sacerdote a Juez y Rey, y por consiguiente tomará el Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, lo abrirá en el Cielo, y hará Su Obra de reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa. Ya no estará como Cordero sino como Juez, estará como Rey de reyes y Señor de señores.
Por eso el anciano le dice a Juan: “No llores, he aquí el León de la Tribu de Judá, el cual ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus Sellos.” (Capítulo 5 del Apocalipsis).
Y luego que abre esos Sellos, luego que abre ese Libro sellado con siete Sellos, en Apocalipsis, capítulo 10, lo trae a la Tierra en Su mano teniéndolo abierto, y clama como cuando un león ruge y siete Truenos emiten Sus voces.
Ese Ángel Fuerte que viene con el librito abierto en Su mano en Apocalipsis, capítulo 10 (lectura que tuvimos el comienzo), es Cristo, el Ángel del Pacto, Cristo viniendo a la Tierra, el Ángel del Pacto, Cristo viniendo en Espíritu con el librito abierto en Su mano; y luego que clama como cuando un león ruge, porque clama como león, como León de la Tribu de Judá, como Rey.
Luego entrega ese libro a una persona para que se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas. Y eso será el ministerio de los dos Olivos, de Moisés y Elías, de Apocalipsis 11, que es lo que continúa luego de la apertura y de la entrega de ese Libro, de ese Título de Propiedad.
Por lo tanto, hemos visto ya que el Ángel Fuerte es Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo viniendo en el Día Postrero con el Título de Propiedad, el librito abierto en Su mano, para entregar ese Título a un hombre que se lo coma y que proclame, profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, las cosas que han de suceder en este tiempo final, y dé a conocer que el tiempo de redención habrá terminado, que el tiempo ya no es más, lo cual dice Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo.
Por lo tanto, todas las cosas que Cristo dará a conocer a los seres humanos, lo hará por medio de aquél al cual Él le estará entregando ese Título de Propiedad, y por eso tenemos la promesa que los dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 3 en adelante, que son los mismos dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, verso 1 al 14, estarán profetizando sobre muchos pueblos, naciones y lenguas todas las cosas que han de suceder en este planeta Tierra.
Estamos ya casi por llegar a ese momento en que Cristo terminará Su labor de intercesor en el Cielo y se convertirá en el León de la Tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores, y tomará el Título de Propiedad, este librito sellado con siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo.
Por lo tanto, estemos muy atentos a los acontecimientos proféticos, acontecimientos bíblicos correspondientes a este tiempo final; y sobre todo, asegurados con Cristo en Su Reino, para que no nos tome de sorpresa ese momento en donde ya no habrá más oportunidad para obtener la salvación y Vida eterna.
Lo más importante para el ser humano es la vida. Y si esta vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna. Sin vida, nada tiene valor. Por ejemplo, una persona puede obtener una profesión importante, pero si pierde la vida de nada le sirve la profesión. Por lo tanto, lo más importante es la vida. Y ahora, cuánto más la Vida eterna.
Estar conscientes de que existimos, de que somos seres vivos, y saber que hay la oportunidad de vivir eternamente, si no aprovechamos esa oportunidad se nos habrá escapado la Vida eterna.
¿Cómo podemos obtener la Vida eterna? A través de Cristo nuestro Salvador. “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” dijo Jesucristo en San Juan, capítulo 14, verso 6. Y también dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. El que vive y cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (San Juan, capítulo 11, versos 25 al 27). Esto fue cuando estuvo hablando con Marta, la hermana de Lázaro, cuando fue a resucitar a Lázaro.
Así que, tenemos que asegurar nuestro fututo eterno con Cristo en Su Reino eterno. Y esto tenemos que hacerlo antes que aparezca el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo y diciendo que el tiempo ya no es más. Cuando ocurra esto, el tiempo ya no será más para la persona obtener la salvación y Vida eterna.
Tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, todos necesitamos a Cristo. Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, y Él me dio la Vida eterna, pues eso es lo que Él ha prometido. “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27) ¿Y quién más? Cada uno de ustedes escuchó Su Voz, la Voz de Cristo el buen Pastor, y Cristo le ha dado Vida eterna.
Todos los seres humanos hacemos grandes decisiones en nuestra vida. Pero hay una sola decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, y esa es: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual se predica el Evangelio de Cristo y se da oportunidad a las personas que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.
La fe viene por el oír, el oír el Evangelio de Cristo; y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Por lo tanto, cuando la persona escucha la predicación de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, cree para justicia, pero con la boca confiesa a Cristo como su único y suficiente Salvador, para lo cual se le da oportunidad a las personas que vengan a los Pies de Cristo, para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador. Para lo cual los que todavía no han recibido a Cristo, en esta ocasión, lo pueden hacer y dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado.
Para lo cual si alguno todavía no lo ha recibido, puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado.
Vamos a dar unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo las personas que todavía no lo han hecho, para que así aseguren su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, antes que descienda el Ángel Fuerte con el librito abierto en Su mano y clame como cuando ruge un león y estos siete Truenos emitan Sus voces. Ya cuando eso ocurra, no habrá oportunidad para salvación de las personas.
Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, y los está llamando para colocarlos en Su Reino con Vida eterna. Dios tiene muchas ovejas, muchos hijos en esta ciudad de Armenia y en toda la República de Colombia, y podemos decir que están entrando al Reino de Dios muchos hijos de la bella Colombia para vivir eternamente con Cristo en Su Reino.
Lo más importante es la Vida eterna, y todos tenemos la oportunidad y el derecho de obtenerla a través de Jesucristo nuestro Salvador. Todos queremos vivir eternamente.
Si vivir en esta vida terrenal que es temporera es tan bueno y luchamos para que no se nos acabe antes de tiempo, cuánto más la Vida eterna. Y sobre todo la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, Su Reino de justicia y de paz y felicidad para todos los que vivirán con Él en ese Reino de Luz.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, y saben que la única forma en que pueden vivir eternamente es recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.
Todos ustedes están en esta noche escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida; y por eso es que Cristo dice: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna.” Recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador para que Él nos dé la Vida eterna.
En las demás naciones que están a través del Canal WSS en el satélite Amazonas o por internet, pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya tienen conciencia del bien y del mal, por lo tanto pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Él dijo:“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Ya Dios le habló a su alma, a su corazón, y usted sabe que le habló, usted sabe que la Palabra de Cristo, el Evangelio de Cristo llegó a su corazón, a su alma, y usted creyó porque la fe viene por el oír, y con el corazón se cree para justicia, usted está creyendo en Cristo.
Pero con la boca se confiesa para salvación. Se confiesa públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador. Él dijo en una ocasión en el capítulo 10 de San Mateo, acerca de las personas que escucharían acerca de Cristo, vean, las palabras que habló el mismo Jesucristo. San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”
Si le negamos delante de los hombres, Él nos negará delante del Padre celestial. Si le confesamos delante de los hombres, le confesamos como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos confiesa delante de nuestro Padre celestial como creyentes en Él, como personas que no nos hemos avergonzado de Él, sino que hemos dado testimonio que creemos en Él como nuestro único y suficiente Salvador.
También Él nos habló en San Marcos y también en San Mateo, acerca de lo que es el confesar a Cristo, dice... y lo que es la Vida eterna, dice capítulo 16 de San Mateo, versos 26 en adelante:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
¿De qué le vale al ser humano ganar todo el mundo, convertirse en una persona multimillonaria y perder su alma? El alma es lo más importante que hay en la persona, porque el alma es lo que en realidad es la persona.
La persona es alma, espíritu y cuerpo. El cuerpo es temporero, el espíritu de la persona es otro cuerpo de otra dimensión, pero el alma de la persona es lo que en realidad es la persona: alma viviente.
Por eso es que nos habla Cristo acerca del alma y dice: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere el alma?” Porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente. Por eso se les dice también que le den su alma, su corazón a Cristo, y por eso es que nos habla de la salvación de nuestras almas.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Los que están en otras naciones también pueden estar puestos en pie para orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir, puede venir para que quede incluido en esta oración que estaremos haciendo por ustedes.
Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El mismo Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y también los apóstoles de Cristo fueron bautizados por Juan el Bautista. Y si Cristo y los apóstoles fueron bautizados, necesitaron ser bautizados para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.
El agua en el bautismo no quita nuestros pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo obedecido por los apóstoles, por todos los ministros y por todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.
En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por eso es que cuando Pedro predicó el día de Pentecostés y le preguntan a Pedro y a los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Vean la contestación aquí, lo que habló San Pedro que causó este impacto en la vida de aquellas personas. Capítulo 2, verso 36 en adelante del libro de los Hechos:
“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y ahora, ustedes también tienen la oportunidad en estos momentos de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como fue hecho cuando Pedro predicó y bautizaron a todas aquellas personas que creyeron en Cristo en esa ocasión. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Dejo aquí al ministro John Varela, para que les indique hacia dónde dirigirse ustedes para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Y en cada país, en cada nación, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y sean también bautizados en agua todos los que en esta noche, en esta ocasión han creído en el Señor Jesucristo.
Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
“EL ÁNGEL CON LOS SIETE TRUENOS FINALIZANDO EL TIEMPO.”