De Sion vendrá el libertador que restaurará a Israel

Miércoles, 03 Junio, 2009 - Madrid ESP - 1 hora


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Jueves, 4 de Junio de 2009
Madrid, España

Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y también los que están a través de internet o del satélite Amazonas en diferentes países; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para así tener compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en Romanos, capítulo 11, versos 25 en adelante, donde el apóstol San Pablo nos habla de este misterio relacionado al pueblo hebreo. Dice capítulo 11, versos 25 en adelante de Romanos:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
y luego todo Israel será salvo, como está escrito:
Vendrá de Sion el Libertador,
Que apartará de Jacob la impiedad.
Y este será mi pacto con ellos,
Cuando yo quite sus pecados.
Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.
Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,
así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.
Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
“DE SIÓN VENDRÁ EL LIBERTADOR QUE RESTAURARÁ A ISRAEL.”
En este pasaje que hemos leído, el apóstol San Pablo nos dice que es un misterio todo lo que ha acontecido con el pueblo hebreo que haya rechazado al Mesías, que haya tenido ese endurecimiento de corazón, pero dice San Pablo que esto es un misterio por el cual y en el cual está envuelto un pueblo que sería llamado entre y de entre los gentiles, el cual sería la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual sería compuesta por ese pueblo, por esas personas a las cuales se agrandaría la misericordia de Dios, y dice que cuando haya entrado la plenitud de los gentiles entonces es que todo Israel será salvo.
Cuando haya entrado ese pueblo que forma la Iglesia del Señor Jesucristo, cuando haya entrado hasta el último que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, entonces se habrá completado la Iglesia, y por consiguiente ya Cristo saldrá del Trono de intercesión en el Cielo allá en la Ciudad celestial, la Jerusalén celestial, donde Cristo está haciendo intercesión por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador; y Él no puede salir de ese Trono que, al Cristo sentarse en él, lo convirtió en un Trono de Intercesión, de misericordia con Su propia Sangre.
Y ahora, encontramos que se abrió la Dispensación de la Gracia, en donde la misericordia de Dios se ha extendido por estos dos mil años que han transcurrido, y todavía está extendida para que todo aquel que escucha el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, lo reciba como su único y suficiente Salvador; y así sea restaurado al Reino de Dios y por consiguiente a la Vida eterna con Cristo en Su Reino.
Y cuando haya entrado al Reino de Dios, al Reino de Cristo que está en la esfera espiritual, cuando haya entrado hasta el último que tiene su nombre escrito en el Cielo, entonces es que Cristo podrá salir del Trono de Intercesión y convertirse en el León de la Tribu de Judá, o sea, en Rey de reyes y Señor de señores, en Rey descendiente del Hijo de David para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.
Sabemos que Él es el Rey, pero Su labor de Rey la hará cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, la plenitud de la Iglesia del Señor Jesucristo, cuando se haya completado Su Iglesia entonces es que Él puede dejar el Trono de Intercesión y Su labor de Sumo Sacerdote allá en la Jerusalén celestial, que es la Sión celestial.
Y recuerden que aquí en la Tierra la representación de la Jerusalén celestial como territorio, como ciudad, es Jerusalén en la tierra de Israel, eso es en el sentido literal; pero en el sentido espiritual es la Iglesia del Señor Jesucristo la que ocupa esa posición en el campo espiritual. Por eso el apóstol San Pablo nos dice que no nos hemos acercado al monte (allá) Sinaí, el cual se podía tocar, sino que nos hemos acercado, nos dice, a otro Monte. Hebreos, capítulo 12, versos 18 en adelante, dice San Pablo:
“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar (que lo podía tocar), y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad.”
O sea, que no nos hemos acercado a ese monte Sinaí que estaba en esa condición, cuando estaba siendo dada la Ley por Dios a Moisés, o al pueblo hebreo a través del profeta Moisés, y aún más, ese monte estaba y está en territorio gentil, de los gentiles, no está en la tierra de Israel, aunque en una ocasión lo tuvieron pero lo entregaron de nuevo. Dice que: “No nos hemos acercado a ese monte que ardía en fuego, a la oscuridad.” ¿Ven? Había oscuridad, pero había fuego también: la presencia de Dios. Es que la luz resplandece, ¿dónde? En las tinieblas: “Y a la tempestad.” O sea, que allí había una gran tempestad con la presencia de Dios. Dice:
“Al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más (todos estaban allí temblando)...”
Dice:
“... porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;
y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;
sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial...”
Vean, el Monte de Sión, la Ciudad del Dios vivo, es Jerusalén la celestial, esa es la Ciudad celestial donde está Cristo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre por todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.
Por eso dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, que nuestra ciudadanía está en los Cielos. Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son ciudadanos de esa Ciudad celestial, de la Ciudad de Dios, Sión la celestial, Jerusalén la celestial, el monte de Dios celestial. El nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo, efectuado por Dios a través de Su Espíritu Santo, y por consiguiente el que nace de nuevo, nace en y de la Ciudad celestial.
Así como cuando usted nació en la Tierra, fue registrado en la Tierra como una persona de la ciudad en la que nació y en donde fue registrado, del país en el cual nació; y por eso usted es ciudadano del país en el cual usted nació.
Pero los que nacen del Cielo obtienen el nuevo nacimiento, por cuanto eso es un nacimiento celestial, de esa Ciudad celestial entonces tiene doble ciudadanía: tiene la terrenal que es muy buena y algunas veces se puede obtener más de una ciudadanía terrenal, pero celestial solamente una (pero la terrenal no la tenemos que echar a un lado), la ciudadanía celestial es y viene por el nuevo nacimiento.
Por lo tanto, para los ciudadanos celestiales hay grandes bendiciones: un programa muy grande de redención en el cual hay grandes beneficios para los ciudadanos de esa Ciudad celestial, de la Ciudad de Dios, la Jerusalén celestial; que alcanza a todos esos ciudadanos no importa que estén acá en este planeta Tierra. Acá estamos nosotros, diríamos, en la diáspora, en el campo espiritual, porque pertenecemos a esa ciudad celestial.
Esa es la ciudad que buscaba Abraham, de la cual San Pablo nos habla que Abraham y también Isaac y Jacob y los profetas estaban buscando esa Ciudad que tiene fundamentos.
Ahora, a esa ciudad yo pertenezco. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Ahora, hay programas de esa Ciudad que se llevan a cabo aquí en la Tierra, es como en cada nación hay programas que se llevan a cabo que son de otras naciones, pero que son representados a través de la embajada que tienen esas naciones.
Y aquí en la Tierra, vean ustedes, San Pablo decía: “Somos embajadores en el nombre de Cristo.” Y si hay embajadores, entonces hay una embajada en la Tierra; la embajada de la Jerusalén celestial en la Tierra es la Iglesia del Señor Jesucristo.
San Pablo fue el embajador de su edad y así es cada mensajero, y los que están en cada edad, ministros y demás personas creyentes en Cristo, pertenecen a esa embajada y están dirigidos por el embajador que Cristo tiene, a través del cual Cristo se manifiesta en cada edad; y todos los ministros de esa etapa, de esa edad con todos los creyentes en Cristo trabajan en esa embajada: la Iglesia del Señor Jesucristo.
Y San Pablo decía: “Reconciliaos hoy con Dios.” Ese es el mensaje de la Jerusalén celestial a través de su embajada en la Tierra, Su Iglesia, para todos los seres humanos, ese es el programa más grande que se lleva a cabo desde la Jerusalén celestial a través de Su embajada: Su Iglesia, en cada etapa de Su Iglesia.
Un programa de Salvación y Vida eterna para todos los seres humanos, y sale de la embajada de la Jerusalén celestial, embajada aquí en la Tierra, que es la Iglesia del Señor, y por consiguiente es la representación de la Jerusalén celestial, por consiguiente es la Sión espiritual aquí en la Tierra, es la Jerusalén espiritual aquí en la Tierra, esa es la Iglesia del Señor Jesucristo. Está también la Sión, la Jerusalén literal que es Jerusalén aquí cerca en el Estado de Israel.
Así que, tenemos la Jerusalén celestial, tenemos la Jerusalén espiritual: la Iglesia, y tenemos la Jerusalén literal. Esas tres que son Jerusalén, son también Sión, el Monte de Sión: Jerusalén.
Por lo tanto, por las tres pasará el Libertador, viene de la Jerusalén celestial y tiene que pasar por la Jerusalén espiritual, la cual está bajo el nuevo Pacto, que es la Iglesia, y tiene que ir, así como viene de la Jerusalén celestial a la Jerusalén espiritual, y de la Jerusalén espiritual tiene que ir a la Jerusalén terrenal en medio de Israel, ese es el orden divino.
Por lo tanto, ¿de dónde vendrá a Israel el Libertador? Vendrá de la Jerusalén, del Monte de Sión celestial, que es la Jerusalén celestial, pasando por la Jerusalén espiritual y llegando a la Jerusalén literal. Las tres, vean, son el monte de Dios, donde Dios habita.
Ahora, vendrá a Israel para llevar a cabo el programa que Él tiene con el pueblo hebreo; porque desde la muerte de Cristo, que ocurrió luego de haberlo rechazado como su Rey como su Libertador, se detuvo la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9.
Se detuvo a la mitad cuando Cristo murió, esa semana número setenta que consta de siete años; ya tenía tres años y medio cumplidos bajo el ministerio de Cristo que duró tres años y medio, el ministerio mesiánico; y le queda a Israel de esa semana número setenta, le quedan, le faltan tres años y medio, que son los que corresponden al tiempo de la gran tribulación en donde Dios va a tratar nuevamente con el pueblo hebreo.
Ya lleva tratando con la Iglesia unos dos mil años, pero se va a tornar en el tiempo final, se va a tornar a Israel luego que Él complete Su labor son Su Iglesia. Él va en ese tiempo a congregar, juntar todos los escogidos que faltan para completar Su Iglesia, y después va a resucitar a los muertos creyentes en Él, y a los vivos en Cristo los va a transformar; porque habrá terminado Su labor con Su Iglesia como Sumo Sacerdote, y se convertirá luego en Rey, en León de la Tribu de Judá, y ya no habrá más misericordia para los gentiles, no habrá más tiempo de redención para el reino de los gentiles y su gente.
Entonces se abrirá el tiempo para el pueblo hebreo, para la continuación de la semana número setenta. Recuerden que Dios con el Cristianismo o con Su Iglesia trata con individuos; pero con el pueblo hebreo trata como nación.
En medio del Cristianismo, encontramos que han habido millones de hebreos, tanto del reino del Norte compuesto por las diez tribus, como del reino del Sur; muchos de ellos ni saben, ni supieron en su tiempo que eran descendientes hebreos, porque fueron esparcidos por todas las naciones; y por cuanto hubo persecuciones en el tiempo de la inquisición, se cambiaban el nombre, los apellidos, y escondían su identidad para que no los mataran, y por eso los nietos y tataranietos en muchos casos ni saben que son descendientes hebreos.
Ahora, Dios ha estado tratando con individuos todo lo relacionado a Su Iglesia, cuando se torne para tratar con los judíos será como nación con ellos. Por eso es que aunque han habido muchos buenos predicadores del Evangelio de Cristo que han tratado de convertir al pueblo hebreo a Cristo (a la nación judía), no han podido; porque Dios trata con Israel como nación. Por eso, como nación no han aceptado el Cristianismo, su religión como nación viene a ser el judaísmo, la Ley de Moisés.
Ahora, para el tiempo final vendrá de Sión el Libertador para, o que restaurará a Israel. Ya hemos visto que viene ¿de dónde? Del Sión celestial, la Jerusalén celestial, luego la Sión espiritual, la Jerusalén espiritual que es la Iglesia del Señor para pasar luego a Sión, Jerusalén terrenal, literal, que es la Jerusalén que existe en la tierra de Israel.
Ahora, restaurará en el tiempo final ¿a quién? A Israel. ¿Qué será la restauración de Israel? Es restaurada como nación en el Reino de David; por eso le preguntaron a Cristo en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 6 al 10: “¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Porque todos los creyentes en Cristo de su tiempo pensaban en la restauración del Reino a Israel, que es la restauración del Reino de David.
Por eso en una ocasión cuando multiplicó los panes y los peces allá en el territorio de Nazaret, en el territorio de Galilea, iban a tomarlo para proclamarlo Rey y coronarlo, y Él se fue al monte a orar en la noche. Y después que la barca en donde los discípulos se fueron, estaba en peligro, un viento muy fuerte estaba azotando la barca y podía hundirse, y Cristo aparece a ellos caminando sobre el mar; pensaban que era un fantasma, un espíritu, pero era Jesucristo.
Es que Él tenía poder, dominio sobre todas las cosas, algunas veces lo usaba, otras veces no lo usaba y actuaba como las demás personas, pero cuando necesitaba usar ese poder, lo usaba.
Y ahora, encontramos que todos en el tiempo de Jesús esperaron la Venida del Mesías y la restauración del Reino de David al pueblo hebreo. Las grandes bendiciones de Dios para el pueblo hebreo están en el Reino de David, por lo cual tiene que ser restaurado para que puedan venir todas esas bendiciones de Dios.
En este Reino el Mesías, el hombre ungido con el Espíritu de Dios, se sentará en el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones; y el Trono estará en Jerusalén.
De Jerusalén saldrá la Ley de Dios para todas las naciones, la Voz de Dios estará allí; porque allí estará el Mesías: “Y toda la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren al mar.” Así será el conocimiento de Dios para todos los seres humanos, por consiguiente será el tiempo de más conocimiento para la familia humana, eso será en el Reino del Mesías, en el Reino milenial, y después por toda la eternidad.
Ahí están las grandes bendiciones para toda la humanidad como naciones, por eso es tan importante que venga el Libertador para restaurar a Israel; para eso tiene que restaurar primero las tribus; hay diez tribus que muchas personas dicen que están perdidas y algunos dicen que nunca más aparecerán.
Pero la promesa de Dios es que Él las buscará, las restaurará, las unirá con las otras dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, y restaurará el Reino de David. Para lo cual, pues hay un proyecto divino que tiene que llevarse a cabo, en el cual Dios va a estar usando personas; porque todo lo que Dios hace en la Tierra, a través de la historia bíblica usted encontrará que ha usado siempre seres humanos.
Y ahora, hemos visto de dónde vendrá el Libertador para restaurar a Israel: de Sión, Jerusalén la celestial, luego la espiritual, hasta llegar a la literal aquí en la Tierra; restaurará el Reino de David y Trono de David; porque la exclusividad de ese Reino y de ese Trono Dios la ha dado a David, y por eso el Mesías es un descendiente del Rey David para heredar ese Reino y ese Trono.
Esas son las palabras también que le dijo el Ángel Gabriel a la virgen María, en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, el cual le habló a la virgen María que tendría un hijo y sería llamado Hijo de Dios, y Dios le daría el Trono de David su padre, y reinará sobre Israel para siempre.
Ese Reino es el Reino de David, porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David y el Trono terrenal de Dios es el Trono de David. Tiene David y su Reino y su Trono la exclusividad del Reino y Trono de Dios en la Tierra; por eso también la ciudad que es llamada la Ciudad de Dios, es Jerusalén, eso es en la forma literal. Por eso fue que Jesús dijo que no juraran por Jerusalén, porque es la Ciudad de Dios, es la Capital del Reino de Dios en la Tierra, la Capital del Reino de David.
Y ahora, hemos visto que: “De Sión vendrá el libertador que restaurará a Israel.” Por esa causa es que en este tiempo final, cuando el pueblo hebreo, los judíos vean al Libertador viniendo de la Jerusalén celestial, y pasando por la Jerusalén espiritual, por el Sión espiritual y lo vean, dirán: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Tan simple como eso.
Y eso lo van a ver más claramente en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, ahí es donde se va a ver ampliamente, y el pueblo hebreo lo va a ver y dirá:: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Van a estar viendo el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios en el cual está el Nombre de Dios allá en Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23.
Ese Ángel de Dios, Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios, ha estado en la Jerusalén espiritual: la Iglesia. Es el que ha estado obrando todo el tiempo, como obró en medio del pueblo hebreo en el tiempo de Moisés y los profetas, y luego se hizo carne y fue conocido por el nombre de Jesús, en quien Dios colocó Su Nombre, como lo había colocado en el Ángel del Pacto.
Y ahora, Dios con Su cuerpo angelical se hizo carne en la persona de Jesús, por consiguiente ahí también estaba el Nombre de Dios, por lo cual Jesús podía decir: “Yo he venido en nombre de mi Padre.” (San Juan, capítulo 5, verso 43).
Y ahora, el Nombre de Dios en la Dispensación de la Gracia ha estado en medio de Su Iglesia; porque ahí estado el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, el cual dijo: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20).
Para el Día Postrero miramos la historia, y hemos visto a través de la historia que Cristo en Espíritu Santo ha estado manifestado en cada mensajero que Él ha enviado; por eso Pablo podía decir: “No vivo ya yo, vive Cristo en mí.” Cristo, el Ángel del Pacto estaba en San Pablo y hablaba por medio de San Pablo, obraba a través de San Pablo en esa primera edad de la Iglesia entre los gentiles; así como hablaba a través de los profetas del Antiguo Testamento.
Pero al final, luego del precursor, Juan el Bautista, encontramos al Ángel del Pacto encarnado en ese joven sencillo llamado Jesús, y ahí estaba todo el misterio de Dios de la primera Venida del Señor, pues la Venida del Señor tiene dos partes: Su primera y Su segunda Venida. Su primera como Cordero y Su Segunda como León.
Por lo tanto, para este tiempo final va a concluir Su labor de Sumo Sacerdote en el Cielo y luego será el León de la Tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores para comenzar una nueva dispensación, un programa en el cual está incluido el pueblo hebreo; pero también en el cual está incluida la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; para entrar literalmente al Reino de Dios con cuerpos eternos y glorificados pertenecientes a ese Reino del Mesías.
Y ahora, ya tenemos un cuadro claro de la venida del Libertador para restaurar a Israel, ya podemos ver por dónde será. Miren, cuando los magos vinieron a Jerusalén buscando al Mesías, preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente.” Ellos estaban allá en el territorio de Babilonia y Ur de los Caldeos que queda al Este de Israel, y ellos miraron, de donde estaban miraron hacia el Oeste, y vieron la estrella hacia el Oeste en la tierra de Israel.
El pueblo hebreo en el Día Postrero que está al Este del planeta Tierra, Medio Oriente, mirará hacia el Oeste, porque la Iglesia del Señor Jesucristo estará en su última etapa que corresponde al Oeste; porque el sol se pone por el Oeste. La tarde corresponde al Oeste, y al tiempo de la tarde habrá luz, el tiempo de la tarde corresponde al continente Americano, y sobre todo a la América Latina.
Por lo tanto, van a mirar del Este hacia el Oeste y van a ver lo que están esperando allá. Es sencillo, cuando usted quiere saber lo que va a salir en la mañana por el Este que es el sol, y lo quiere ver antes que salga por la mañana, ¿qué puede hacer usted? Pues en la tarde mirar hacia el Oeste y ve el sol que está alumbrando y se va a poner, pero después viene en la mañana y sale por el Este; el mismo sol, el mismo sol que se pone por el Oeste va a salir por el Este. Tan sencillo como eso.
Por eso, cuando ellos vean a Cristo manifestado por el Oeste en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, dirán: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” Y luego, después va a salir por el Este lo mismo que han visto en el Oeste. Tan sencillo como eso.
“DE SIÓN VENDRÁ EL LIBERTADOR QUE RESTAURARÁ A ISRAEL.”
Él conocerá todo el Programa Divino para la restauración de Israel, y conocerá todo el Programa Divino, ¿para qué? Para la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, o sea, no va a dejar la Iglesia para irse a Israel; porque si deja la Iglesia, no podrá ocurrir la resurrección ni la transformación de los vivos.
Por lo tanto, primero será la Iglesia, la cual está bajo el nuevo Pacto, y aún más: los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo son Reyes, Sacerdotes y Jueces. Ahí tenemos la Casa de David, los descendientes de David por medio de Cristo; porque Cristo es un Príncipe de la Casa de David, por eso son príncipes y princesas los creyentes en Cristo, los cuales han nacido en la casa de Dios.
Esa es la familia de David que viene por medio de Cristo, el Príncipe más importante de la casa de David, el heredero al Reino y Trono de David, y por eso los miembros de la Iglesia de Jesucristo son Reyes, Sacerdotes y Jueces, son el gabinete del Reino de Cristo, son los que tienen y tendrán la posición más alta en el Reino de Cristo.
No habrá posición más alta que pueda heredar una persona, que ser parte del gabinete de Cristo, ser heredero y coheredero con Cristo de toda la herencia de Dios, son los miembros de la realeza del Reino de Dios.
Después vienen la aristocracia, pero los primeros son los miembros de la realeza, por lo cual tienen que ser hijos los miembros de la realeza, Hijos del Rey de los Cielos y de la Tierra.
“DE SIÓN VENDRÁ EL LIBERTADOR QUE RESTAURARÁ A ISRAEL.”
Lo están esperando, podrán decir: “Lo estamos esperando y lo vamos a ver.” Pero los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo podrán decir: “Pero nosotros lo vamos a ver primero.”
Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de nuestro tema para esta ocasión, en donde podemos comprender que vamos a ver a ese Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo a través de Moisés, así como fue visto por los apóstoles velado en carne humana en el velo de carne llamado Jesús; y así cumplió Dios la primera parte de la Venida del Señor, la primera parte en un velo de carne llamado Jesús, eso fue la primera Venida del Señor.
Y va a cumplir Su segunda Venida, será el Verbo nuevamente manifestándose en el Día Postrero, y lo vamos a ver en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, ahí el Ángel del Pacto va a estar obrando, será una Obra de Dios por medio del Ángel del Pacto y todo eso en la Jerusalén espiritual, en el Monte de Sión espiritual.
Por lo cual trabajamos en todo el Proyecto divino correspondiente a este tiempo final. Y yo aprecio mucho toda labor que ustedes hacen en el Reino de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, y les digo: “Vamos a obtener la victoria.”
Sabemos en qué etapa, en qué Edad es que hay que hacer ese trabajo: es en la Edad de la Piedra Angular; ya las otras edades terminaron y ninguna logró llegar a esa meta. Es que es para nosotros, es una bendición que nadie nos la pudo quitar y nadie nos la va a quitar; por eso trabajamos para que se haga realidad; a Dios le toca Su parte, pero a nosotros nos toca la parte que Él nos ha asignado.
Así que, continuamos trabajando para que se haga realidad todo lo que Dios ha prometido para nosotros. Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico. Y que quede almacenado en el Reino de Cristo todo lo que ustedes están haciendo, y en el Reino milenial del Señor lo disfruten ampliamente, pues Él ha prometido recompensar a cada uno según sea ¿qué? Su Obra, las Obras conforme al Programa de Dios para el tiempo que nos toca vivir, como fue también así para los de cada edad.
Así que, las Obras que se hacen en cada edad con el mensajero en quien está el Espíritu de Dios obrando, son Obras de fe basadas en la Palabra, en lo que corresponde hacer en el tiempo en que se está viviendo. Y para nuestro tiempo hay muchas labores, muchas promesas en las cuales estarán trabajando, obrando los creyentes, y esa labor será una Obra de fe. Está basada en lo que Dios ha prometido, para lo cual hay que trabajar para que se haga una realidad; la parte más difícil le toca a Dios, y para Dios es fácil, y la parte más fácil nos ha tocado a nosotros.
Que Dios les bendiga y les guarde y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. Dejo nuevamente al reverendo José Benjamín Pérez para finalizar nuestra parte en esta ocasión; y si el doctor Miguel Bermúdez Marín nos está viendo y escuchando: Miguel, que Dios te bendiga y te guarde y te use grandemente en Su Obra en este tiempo final.
¿Y quién más le manda saludos al misionero Miguel? Le pueden pasar la... ahí van a estar siendo tomados en la cámara para que le envíen el saludito a Miguel. Miguel te están enviando saludos aquí todos los hermanos, aquí desde Madrid, España, los cuales están muy felices y muy gozosos en esta actividad. Y también un saludo para todos los que están en otras naciones. Que Dios les bendiga y los guarde a todos.
Si hay personas que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, lo pueden hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, para lo cual pueden pasar acá al frente para orar por ustedes.
Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final, tiene mucho pueblo en todas las naciones. El privilegio más grande en recibir a una persona, es recibir a Cristo, al Rey de reyes y Señor de señores, esa es la persona más importante en el Cielo y en la Tierra.
En las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.
En las diferentes naciones pueden estar puestos en pie también, para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo.
Si falta alguno todavía por venir, puede venir, ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración.
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón; creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Señor, me rindo a Ti, me entrego a Ti en alma, espíritu y cuerpo, dando testimonio público de mi fe en Ti, Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado lo más pronto posible.” Pues Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).
Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado lo más pronto posible.” El agua en el bautismo no le quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua fue ordenado por el Señor Jesucristo.
El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y cuando Juan le decía: “Tú vienes a mí para ser bautizado y yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Conviene que cumplamos toda justicia.” Y entonces lo bautizó.
Si Cristo necesitó ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros; aún los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista. Y cuando Cristo predicaba y las personas creían, los apóstoles los bautizaban, y el Día de Pentecostés como tres mil personas creyeron cuando Pedro predicó y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
El bautismo en agua es tipológico. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua. Todos los ministros han estado bautizando a las personas que reciben a Cristo como Salvador. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Cuando Él establezca en la Tierra ese Reino, ahí vamos a estar, y vamos a estar como Reyes, Sacerdotes y Jueces, o sea, que vamos a estar como los miembros de la realeza.
Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo aquí al ministro aquí presente y en cada nación al ministro correspondiente.
Dios les bendiga y les guarde a todos.
“DE SIÓN VENDRÁ EL LIBERTADOR QUE RESTAURARÁ A ISRAEL.”