La vindicación de Dios para la restauración de las doce tribus de Israel
Domingo, 14 Junio, 2009 - Jerusalén ISR - 0 seconds
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Domingo,14 de junio de 2009
Jerusalén, Israel
Hermanos y amigos en Puerto Rico, y en todas las demás naciones que están conectados con el satélite Amazonas en el canal WSS; y también los que están a través de internet o de algún otro medio de comunicación; y a todos los ministros y sus congregaciones, mis saludos de todo corazón; y para el reverendo Miguel Bermúdez Marín, un saludo muy especial.
Leemos en la Escritura dentro de algunos minutos, luego que les exprese mi agradecimiento por algo muy importante que ustedes están llevando a cabo. Les agradezco mucho y aprecio mucho el respaldo que le están dando a la construcción de la gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también a AMISRAEL: “El Mensajero de la Paz.” Ha estado llevándose a cabo un importante trabajo, una importante labor en AMISRAEL, la cual ustedes acabaron de ver en esta última actividad que hemos tenido acá en Jerusalén. Es realmente un éxito lo que ha sucedido.
Y ahora, también es un éxito lo que ha estado sucediendo en esta labor de la construcción de La Carpa-Catedral. Es que ustedes no son espectadores, sino que son actores en el Programa Divino de este tiempo final, los cuales han venido a esta Tierra para trabajar en ese Programa Divino. Ustedes son personas con percepción profética para captar las promesas divinas, las profecías bíblicas correspondientes a este tiempo final. Y no solamente para captarlas, sino para trabajar en ellas para que se hagan una realidad.
Para esta ocasión les digo lo que el reverendo Miguel Bermúdez Marín y el reverendo José Benjamín Pérez les han estado diciendo: que hagamos un esfuerzo grande en todo este año y en el año próximo para que pronto tengamos hecho una realidad el proyecto de La gran Carpa-Catedral, la cual no podía realizarse en otra edad de la Iglesia, sino en la Edad de la Piedra Angular.
A todos los ministros y congregaciones de todas las naciones y en medio de todas las naciones, mi agradecimiento por lo que están haciendo por el proyecto de La gran Carpa-Catedral de Puerto Rico, y por lo que están haciendo en los proyectos de AMISRAEL como Agentes de la Paz, la mayor parte de ustedes, y trabajadores como Agentes de la Paz.
Para esta ocasión leemos un pasaje que se encuentra en el libro de Primera de Reyes, capítulo 18, verso 20 en adelante que dice... vamos a leer un poco antes (verso 17) para que tengan el cuadro claro, capítulo 18, verso 17, de Primera de Reyes:
“Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel?
Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos del Señor (o sea, de Jehová), y siguiendo a los baales.
Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.
Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.
Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.
Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,
edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.
Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.
Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez,
de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.
Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.
Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!
Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.”
Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“LA VINDICACIÓN DE DIOS PARA LA RESTAURACIÓN DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
“LA VINDICACIÓN DE DIOS PARA LA RESTAURACIÓN DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.”
En el tiempo del rey Salomón por cuanto él pecó, Dios dijo que iba a romper el reino, lo iba a dividir. Ese reino que Salomón había heredado de su padre David, del cual Dios dijo que ese Reino es Su Reino, el Reino de Dios en la Tierra, y que el Trono de David es el Trono de Dios en la Tierra.
Y ahora, ese Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra, por cuanto Salomón pecó, fue roto en el tiempo del hijo del rey Salomón, o sea, en el tiempo de Roboam, hijo de Salomón; y le fueron dadas diez tribus a Jeroboam, un descendiente de Efraín, el hijo de José.
Por lo tanto, Jeroboam siendo un descendiente del patriarca José tiene esa tribu la bendición de la primogenitura, la cual pasó a José cuando Jacob bendijo a Efraín y Manasés en Génesis, capítulo 48; y luego, cuando bendijo a José en el capítulo 49 del Génesis.
Luego también cuando el profeta Moisés bendice a las tribus de Israel, allá en el capítulo 32 de Deuteronomio, versos... capítulo 32, ahí lo pueden conseguir, es un pasaje muy importante en donde aparece la bendición que Moisés habla acerca y sobre José y su descendencia. En ese pasaje de Deuteronomio, capítulo 32, ustedes encontrarán que la bendición más grande cayó sobre José.
Es realmente una bendición grande la que vino sobre José. En el capítulo 33, versos 13 en adelante, dice:
“A José dijo:
Bendita de Jehová sea tu tierra,
Con lo mejor de los cielos, con el rocío,
Y con el abismo que está abajo.
Con los más escogidos frutos del sol,
Con el rico producto de la luna,
Con el fruto más fino de los montes antiguos,
Con la abundancia de los collados eternos,
Y con las mejores dádivas de la tierra y su plenitud;
Y la gracia del que habitó en la zarza
Venga sobre la cabeza de José,
Y sobre la frente de aquel que es príncipe entre sus hermanos.
Como el primogénito de su toro es su gloria,
Y sus astas como astas de búfalo;
Con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines de la tierra;
Ellos son los diez millares de Efraín,
Y ellos son los millares de Manasés.”
Esta es la bendición con la cual Jacob bendijo a su hijo José.
Y ahora, encontramos que en el tiempo de Jeroboam, un descendiente de José por la línea o descendencia de Efraín, el cual (Jeroboam)... el cual servía a Salomón pero ahora Dios le va a dar las dies tribus del Norte, para formar el reino del Norte, que es llamado la casa o reino de Efraín, o la casa de Israel o de Jacob.
Luego, para el tiempo final está la promesa de la restauración del Reino de Dios en la Tierra de la cual le preguntan a Cristo en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 6 al 9, antes de Cristo subir a los Cielos:
“ ...¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad...”
Ellos le preguntan acerca de esta restauración, la cual aparece en el libro del profeta Ezequiel, capítulo 37, verso 1 al 29, pues Cristo les había hablado de una restauración, y por consiguiente ellos están esperando que esa restauración ocurra en el tiempo de Jesús, o aun en aquel momento en que Cristo está con ellos ya resucitado y glorificado. Ellos esperan que en esos días Cristo realice la restauración de Israel, pues Cristo había hablado a Sus discípulos luego que descendió del Monte de la Transformación allá, o glorificación o transfiguración, allá en San Mateo, capítulo 17, versos 1 al 8; en donde fue visto Jesús glorificado, o sea, transformado, y fueron vistos con Él, Moisés y Elías hablando de la partida de Jesús a Jerusalén.
Y ya cuando bajan del Monte se encuentran con un problema que tienen allí Sus discípulos, porque no podían echar fuera un espíritu maligno que estaba apoderando un joven, y el padre de este niño le dice a Cristo que le ayude: “Si puedes ayudarnos, ayúdanos.” Cristo le dice que “si puede creer, todo es posible para el que cree.” Por lo tanto, iba a ser conforme la fe del padre de ese niño, y el padre de este niño le dice: “Señor creo, ayuda mi incredulidad.” Cristo echa fuera ese espíritu de ese joven, pero antes de eso, vean ustedes, en el capítulo 17, verso 9 en adelante dice, de San Mateo:
“Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.
Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.”
El ministerio de Elías, en el pasaje que leímos al principio, restauró el altar de Dios con doce piedras porque el altar estaba arruinado, y cada piedra representaba una tribu de las tribus de Israel.
Ahora, arregla el altar, lo restaura, con las doce tribus que representan las doce piedras o que están representadas en las doce piedras, pues en aquel reto que él hizo, el cual Dios le mostró para que lo llevara a cabo, iba a ocurrir la restauración de esas tribus del reino del Norte para la restauración de ese reino, para esa restauración de esas tribus restauradas a Dios; restaurarlas a Dios para servir al Dios vivo y apartarse de la idolatría.
Y ahora, Dios le muestra a Elías lo que debe hacer, en donde iba a tipificarse la restauración de las tribus de Israel para así ser restaurado el Reino de Dios, esas diez tribus ser restauradas en el Reino de Dios. Por eso ahora la Escritura nos dice que “Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas.” El ministerio de Elías es manifestado para restaurar.
Y ahora, vean ustedes lo que nos dice en el libro de los Hechos, capítulo 3, verso 17 en adelante, dice:
“Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.
Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.”
Aquí podemos ver que hay la promesa, hay una promesa de una restauración para el pueblo hebreo, para el pueblo de Dios. Y será Elías el que restaurará estas tribus del reino del Norte para que sea consolidado el reino con la unión de las diez tribus del Norte con las dos tribus del Sur, que corresponden a la casa de Judá. Y entonces será restaurado el Reino de Dios terrenal, el Reino de Dios en la Tierra, y eso será el Reino del Mesías prometido para el pueblo hebreo, el Reino donde Dios establecerá, hará un pacto de paz con Su pueblo, y entonces recibirá el pueblo hebreo la paz imperecedera.
La paz permanente, la paz imperecedera solamente puede venir en ese Reino con la restauración de las diez tribus del Norte con las dos tribus del Sur, de la casa de Judá, para unificarse así las tribus del Norte con las tribus del Sur y ser restaurado el Reino de David en la Tierra; y eso será la monarquía nuevamente siendo establecida en medio del pueblo hebreo. Ahí es donde recibirá el pueblo hebreo la paz imperecedera, e Israel vendrá a ser cabeza de todas las naciones; y la bolsa de valores del mundo entero de todas las naciones va a estar en Israel, en Jerusalén.
Las riquezas de todas las naciones serán traídas a Jerusalén. De Jerusalén saldrá la Ley de Dios para todos los pueblos, de Jerusalén saldrá la enseñanza de Dios, la Toráh, para enseñar a todas las naciones el camino de Dios, del Dios verdadero, del Dios Creador de los Cielos y de la Tierra, del Dios de Israel. Por eso dice [Habacuc 2:14]:
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová...” (como dice la versión de Reina Valera).”
Y en aquel tiempo es que el Señor será uno y uno Su Nombre, conforme a Zacarías, capítulo 14, verso 9; y en ese mismo pasaje a continuación dice que las naciones que hubieran sido salvas subirán de año en año a la fiesta de las cabañas, o sea, de los tabernáculos, para adorar a Dios y traer allí los diezmos y las ofrendas.
Todo eso corresponde al Reino del Mesías. Por lo tanto, la paz imperecedera para Israel se encuentra enmarcada en el Reino del Mesías el cual es el Príncipe de paz, que en Su Reino traerá la paz para Israel, y para todo el Medio Oriente y para todas las naciones. Por eso el Mesías Príncipe es el Deseado de todas las naciones.
Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos. El tiempo en que la restauración de todas las cosas va a ser llevada a cabo y va a ser restaurado el Reino de David que es el Reino de Dios, por el cual Cristo dijo que “orando pidamos la Venida del Reino de Dios.” (San Mateo, capítulo 6, verso 10).
Y ahora, hemos visto que Elías vendrá y restaurará todas las cosas conforme a Malaquías capítulo 4, versos 1 al 6 .Y todo eso prometido para Su pueblo, cuando dice que enviará a Elías, todo eso ocurrirá antes de la gran tribulación o el día del Señor, el día ardiente como un horno. Es importante obtener este conocimiento para saber que Elías, el ministerio de Elías, estará nuevamente en medio de la raza humana para la restauración de todas las cosas en este planeta Tierra.
Es en el Reino del Mesías que vendrá la restauración de todas las cosas para así ser colocada la nación hebrea como nación, como cabeza nación entre todas las naciones. Estará la capital del Reino del Mesías en la tierra de Israel, en Jerusalén. Porque ahí está el Trono del Mesías que es el Trono de David donde se sentará el hijo de David, el Mesías Príncipe. Por eso Jerusalén es la Ciudad de Dios, como dice Jesús, y es también por consiguiente la ciudad eterna.
“LA VINDICACIÓN DE DIOS PARA LA RESTAURACIÓN DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.”
Se requiere esa restauración, y ese trabajo le toca a Elías en su ministerio en el tiempo final en el cual nos toca vivir a nosotros.
El Señor Jesucristo dijo que cuando veamos todas estas cosas suceder nuestra redención está cerca, o sea, la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y glorificados, y la transformación de los vivos en Cristo siendo transformados en y a cuerpos eternos, inmortales y glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.
Estamos en el tiempo correcto para esa restauración de Israel y la adopción de todos los hijos de Dios.
Todavía se predica el Evangelio de la Gracia porque todavía hay almas de Dios que todavía no están en el camino del Señor, y por medio del Evangelio de Cristo han estado siendo llamados en este tiempo final.
Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón. Él te está llamando porque tú eres una oveja del Señor, tu nombre está escrito en el Libro de la Vida del Cordero. Por lo tanto, si todavía no lo has recibido como tu Salvador, puede hacerlo en estos momentos y yo estaré orando por usted. Puede venir a los Pies de Cristo, pasar al frente donde usted se encuentra, pasar al altar para recibir a Cristo como vuestro único y suficiente Salvador.
Pueden venir a los Pies de Cristo, pueden continuar viniendo todos ustedes que se encuentran en diferentes naciones, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Y los que están en otras naciones con las cámaras y las computadoras pueden avisar acá, para saber cuándo completan el llamamiento; los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, pues Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.”
Cuando ya tengan listo allá en los diferentes países para ya orar por los que han venido a los Pies de Cristo nos dan avisito, si tienen las facilidades, acá no la hay. Vamos a contar unos minutos y luego ya oraremos por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Estamos aquí en Jerusalén, la capital de Israel, y la capital del Reino del Mesías, cuando establezca Su Reino en este planeta Tierra.
Por lo tanto, estamos pisando la capital del Reino del Mesías, la cual vendrá a ser la ciudad más importante del planeta Tierra; siempre lo ha sido, y cuando esté el Mesías Príncipe en el Trono de David reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, será la ciudad más turística del planeta Tierra. Será la ciudad que todos los habitantes de todas las naciones visitarán; y traerán ofrendas y diezmos, y también traerán sus riquezas para ser colocadas en los *bancos, en la bolsa de valores y así por el estilo; porque la Escritura dice, la profecía dice que traerán las riquezas de los pueblos, los pueblos traerán sus riquezas a Jerusalén.
Y ahora, ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas en alto y todos en pie y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo. Los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.
Señor, he dado testimonio público de mi fe en Ti y me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y ahora con nuestras manos levantadas al Cielo en alto, repitan conmigo: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Y ahora ustedes me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El bautismo en agua es tipológico, el agua en el bautismo no quita los pecados. Es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo obedecido por todos los que han venido a Cristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador. El mismo Cristo dijo:
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16).
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está naciendo o resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua. Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y él no lo quería bautizar cuando vio que entró al agua y le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no quería bautizarlo, pero Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces Juan lo bautizó.
Y si Cristo tenía que cumplir toda justicia siendo bautizado en agua, cuánto más nosotros; si los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista, cuánto más nosotros, por lo tanto bien pueden ser bautizados.
El día de pentecostés Pedro predicó, como tres mil personas creyeron en Cristo, y le preguntan a Pedro y a los apóstoles:
“Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.”
Y todos los que creyeron, que fueron como tres mil personas, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Y ahora, en medio de la Iglesia se continúa bautizando, se ha continuado bautizando a toda persona que recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador, porque esas personas son ovejas del Señor. Pues Cristo dijo que Sus ovejas escucharían Su Voz, y Su Voz es el Evangelio, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la paz, el Evangelio de nuestra salvación.
Usted ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo en esta ocasión porque usted es una oveja del Señor, y Él dijo que Sus ovejas escucharían Su Voz y lo seguirían. Por lo tanto, pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Dejo al ministro correspondiente en cada nación para que les indique a las personas que reciben a Cristo como Salvador hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Y ahora también dejo aquí con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, para que así pase a la persona correspondiente allá en Puerto Rico, para que les muestre hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Dios les bendiga y les guarde, y dejo en estos momentos al reverendo José Benjamín Pérez para que les haga saber a Puerto Rico, quién estará tomando la parte de mostrarle a las personas que han venido a los Pies de Cristo el lugar para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Continúen pasando todos un día feliz. Y en los países que ya sea después de las 12:00, que continúen pasando también una tarde feliz llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
Con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez para continuar.
“LA VINDICACIÓN DE DIOS PARA LA RESTAURACIÓN DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL.”
