El glorioso futuro de Israel
Jueves, 02 Julio, 2009 - Santa Cruz BOL - 1 hora, 12 minutos
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Jueves, 02 de Julio de 2009
Santa Cruz, Bolivia
Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Aprecio y agradezco mucho todo lo que están haciendo por el mega proyecto: La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico; y también por lo que están haciendo en pro de AMISRAEL.
Que Dios los bendiga por todo eso que están haciendo y siempre les use grandemente en Su Obra en este tiempo final; y que en el glorioso Reino milenial del Mesías, tengan allí las bendiciones y recompensas por todo lo que ustedes hayan llevado a cabo en el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.
Para esta ocasión leemos la Escritura en Isaías, capítulo 60, versos 1 en adelante, y dice de la siguiente manera:
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.
Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.
Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.
Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.
Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria.
¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?
Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.
Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.
Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.
Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado.
La gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies.
Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Pueden continuar luego en sus hogares leyendo el resto de este pasaje, es un pasaje que nos habla del Reino de Dios en la Tierra y su capital Jerusalén.
“EL GLORIOSO FUTURO DE ISRAEL.”
El futuro de Israel ya está de parte de Dios establecido. Jerusalén es la ciudad de Dios, es la única ciudad en el planeta Tierra que por decreto divino ha sido llamada la Ciudad de Dios, y en el Reino del Mesías Jerusalén será la capital de ese Reino y todos los reyes de la Tierra vendrán a Jerusalén a adorar a Dios, y dice la Escritura que hemos leído en el verso 5, dice:
“Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.”
En el Reino del Mesías, en palabras de nuestro tiempo, la bolsa de valores estará en Jerusalén. Jerusalén es el lugar donde se almacenarán las riquezas de las naciones; ya no será en Suiza, y la bolsa de valores no estará en Nueva York, sino en Jerusalén. Jerusalén es la ciudad más importante del planeta Tierra. Es la ciudad eterna de Dios, la única ciudad llamada “Ciudad de Dios,” y que por decreto de Dios, el Trono de Dios terrenal estará para el Reino del Mesías, pues es la ciudad donde estaba el Trono de Dios terrenal en el tiempo del rey David y del rey Salomón.
Por eso al Trono terrenal de Dios se le llama el Trono de David, y al Reino terrenal de Dios se le llama el Reino de David. Eso lo encontramos en las Escrituras, en Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 5 en adelante, cuando el rey David fue a cederle su trono a su hijo Salomón, e iba a ser colocado en el trono y ungido como rey, dice el rey David...vamos a comenzar en el verso 3, para que tengan el cuadro claro, este discurso que habla el rey David como una introducción a la toma de posesión de Salomón, toma de posesión del Reino de David que es el Reino de Dios en la Tierra. Dice el rey David:
“Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre.
Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre...”
Recuerden que eran ocho y David era el menor, el octavo hijo. Eso lo pueden encontrar allá en Primera de Samuel, capítulo 16:
“...y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.
Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”
¿En qué Trono se iba a sentar? En el Trono del Reino de Jehová, del Reino de Dios sobre Israel; porque el Reino de Dios terrenal es el Reino de David, y el Trono de Dios terrenal es el Trono de David. Luego, en el capítulo 29, verso 22 en adelante de Primera de Crónicas (que es el capítulo que le sigue), vuelve el rey David a hablar en la segunda ocasión en que le dan la investidura a Salomón por segunda vez, dice:
“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.
Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”
¿En qué Trono se sentó Salomón? En el Trono de Dios, en el Trono de Jehová, el Trono terrenal de Dios, no en el Trono celestial. En el Trono celestial se sentó con Dios ¿quién? El Hijo de David que está representado en Salomón, el Mesías Príncipe: Jesucristo. Cuando murió, fue sepultado, y resucitó glorificado, subió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios; lo cual Él había dicho que haría, allá en San Mateo, capítulo 26, versos... esto fue cuando estaba siendo juzgado por el concilio del sanedrín, el sumo sacerdote le hace cierta pregunta, dice capítulo 26, versos 63 al 68:
“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”
Aquí Cristo da a conocer que se va a sentar a la diestra del Poder de Dios en el Cielo. Y por eso cuando ya había resucitado en el capítulo 28, versos 16 al 20, dice:
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”
Porque el poder sobre los Cielos y de la Tierra está en el Trono celestial de Dios, y el que esté sentado en el Trono tiene todo el poder de los Cielos y de la Tierra. Ese Trono celestial es el Trono de Dios:
“Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.
¿Qué os parece? Y respondiendo ellos (o sea, el concilio del Sanedrín),dijeron:¡Es reo de muerte! (Lo condenaron a muerte).
Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban,
diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.”
O sea, que lo trataron muy mal. Lo cual es nada menos que violarle todos los derechos como ciudadano y más: como un príncipe descendiente del rey David.
Y ahora, Cristo sabía, Jesucristo sabía por todas las etapas difíciles por las cuales tenía que pasar, y sabía que vino con una comisión divina: sabía que tenía que poner Su vida en expiación por el pecado del ser humano para que todos pudieran tener un Sacrificio de Expiación por sus pecados, y para que así judíos y gentiles tuvieran el Sacrificio de Expiación por el pecado llevado a cabo por el Mesías Príncipe.
Y ahora, Cristo dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Dios los cegó para que no entendieran lo que estaba pasando. Y con el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, Dios redimió a Israel, el planeta Tierra, y a toda persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
Ahora el futuro de cada creyente en Cristo es glorioso; pertenece a la Ciudad celestial, la Jerusalén celestial, pues San Pablo en Filipenses, capítulo 3 dice:
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21).
Por lo tanto, Él tiene el poder para transformar nuestros cuerpos, y por consiguiente hacerlo como Su cuerpo glorificado. Y eso significa una nueva creación, una nueva creación de cuerpos con Vida eterna, inmortales, glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo, y jóvenes para toda la eternidad. Y esa será la raza con Vida eterna que tiene su ciudadanía en la Jerusalén celestial, donde Cristo está como Sumo Sacerdote sentado en el Trono del Padre celestial. Y nosotros estamos con Él sentados en lugares celestiales, pertenecemos a esa Ciudad: la Jerusalén celestial.
Para el Reino del Mesías estaremos aquí en la Tierra con cuerpos eternos, pero antes estamos invitados a una gran fiesta en el Cielo. Recuerden que siempre que se va a coronar un rey en un país hay una gran fiesta, y para la coronación del Mesías en el Cielo hay una gran fiesta, en donde también es la coronación de todos los hijos e hijas de Dios, para como Reyes, Sacerdotes y Jueces, venir a reinar en el planeta Tierra. Y luego en la Tierra, pues se hará la fiesta correspondiente a la Tierra, pero la más importante es la que se estará llevando en el Cielo, en la Cena de las Bodas del Cordero.
A esa fiesta yo fui invitado y acepté la invitación. ¿Cuándo fui invitado? Cuando escuché la predicación del Evangelio de Cristo fue la invitación, y al recibir a Cristo como Salvador acepté la invitación, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
Y ahora, dice Apocalipsis, capítulo 19, que son bienaventurados los que han sido convidados a la Cena de las Bodas del Cordero. A esa gran fiesta tengo que ir, y por esa causa algún día tendré que salir de este planeta Tierra, pero volveré a esta Tierra con un cuerpo eterno y glorificado, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
Por eso todos los creyentes en Cristo tienen el privilegio más grande que pueda tener una persona: son Reyes, Sacerdotes y Jueces del Reino de Dios, y por consiguiente en el Reino terrenal del Mesías estarán trabajando desde esas posiciones. El poder político como Reyes, el poder religioso como Sacerdotes, y el poder judicial como Jueces. Así que el futuro de los creyentes en Cristo está asegurado y es glorioso.
Estaremos con el Mesías Príncipe en Su Reino como el gabinete del Mesías Príncipe, el gabinete de trabajo, con posiciones importantes en ese Reino. Y ahí es que vamos a disfrutar de todas las bendiciones del Cielo, ya no habrán problemas como los que tenemos en la actualidad, ni siquiera el problema de los años nos afectará; no nos pondremos viejos, porque el cuerpo nuevo es eterno, es inmortal, es incorruptible, es glorificado y joven para toda la eternidad. Recuerden que cuando Cristo resucitó no lo conocían, Él resucitó glorificado.
Y por cuanto en la nueva creación que Dios está llevando a cabo por medio del segundo Adán, esa nueva creación tiene Vida eterna. Primero la vida espiritual eterna para nuestra alma y espíritu, y luego la Vida eterna física para tener un cuerpo joven y glorificado, el cual vamos a tener antes de comenzar el Reino del Mesías en la Tierra, aun antes de comenzar el tiempo de la gran tribulación en donde los juicios divinos caen sobre la Tierra, antes de eso vamos a recibir el cuerpo glorificado.
El mismo Cristo dijo, hablando de la resurrección para todos los creyentes en Él, de la siguiente manera, capítulo 6, verso 39 al 40 de San Juan, Cristo dice:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
¿Para cuándo Cristo va a llevar a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él que han muerto físicamente? Él dijo que será para el Día Postrero. Por esa causa cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, el cual ya hacía cuatro días que había muerto y estaba ya sepultado en una cueva, y en el cuarto día, vean lo que sucede, capítulo 11 de San Juan, versos 21 en adelante, dice:
“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.”
Recuerden que Cristo dijo: “Y todo lo que orando pidan al Padre en mi Nombre, les será concedido, Yo lo haré,” dice Cristo. Esa misma fe que tenía Marta la tengo yo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”
Y ahora Marta tenía el conocimiento que la resurrección sería llevada a cabo en el Día Postrero. Pero ahora vean ustedes, Lázaro representa a todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente pero que Cristo los va a resucitar ¿cuándo? Él dijo: “En el Día Postrero,” y Marta tenía ese conocimiento. Ahora Cristo le dice:
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Le dijo: Sí, Señor...”
¿Y qué podemos decir nosotros? “Sí, Señor, nosotros también lo creemos así.” Todo aquel que vive en esta Tierra y cree en Cristo no morirá eternamente, si muere físicamente será resucitado en el Día Postrero. ¿Y cuál es el Día Postrero? “Delante del Señor un día es como mil años, y mil años como un día,” dice el Salmo 90, verso 4, y Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8. Un día para Dios es como mil años de los nuestros.
Y ahora, en el Día Postrero dice el mismo Cristo y Marta le dice a Cristo también, porque sabía, tenía la enseñanza de lo que Cristo había dado a conocer. Ahora, ¿qué es el Día Postrero, y cuáles son los días postreros? San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, dice:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
en estos postreros días...”
Y ahora Pablo está diciendo que en aquellos días en que Jesús estaba predicando, ya eran los días postreros.
“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”
La imagen de Dios ¿quién es? Jesucristo. La imagen es el cuerpo angelical, el cual en el Antiguo Testamento es llamado “el Ángel del Pacto,” aquel Ángel que le apareció a Moisés, aquel Ángel que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés, aquel Ángel que también vio Moisés de espalda; aquel Ángel que también le apareció a Josué con una espada en Su mano y le pregunta Josué: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” (Josué, capítulo 5 verso 13 al 15).
Y ahora, ese Ángel de Dios que ustedes encuentran en el Antiguo Testamento apareciendo a diferentes hombres y mujeres, como a Manoa y a su esposa en el capítulo 13 del libro de los Jueces, y también apareciéndole a Gedeón, ese hombre, es el Ángel del Pacto; es un hombre de otra dimensión, es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo angelical donde Dios moró y a través del cual Dios creó todas las cosas.
Es el Verbo que era con Dios y era Dios, por eso ese Ángel cuando aparecía hablaba en algunas ocasiones en primera persona. Y por ejemplo, Jacob y Manoa, dicen que vieron a Dios cara a cara, es que vieron el cuerpo angelical donde estaba Dios. Ese cuerpo angelical de Dios es nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Él podía decir en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58:
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”
¿Cómo era Cristo antes de Abraham y aun antes de Adán? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el cuerpo angelical en donde Dios estaba y a través del cual Dios creó todas las cosas. Vean, en la lectura que tuvimos, dice:
“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo...”
¿Quién es el heredero de toda la Creación? Jesucristo. Y nosotros somos coherederos con Cristo.
“...y por quien asimismo hizo el universo (fue por medio de Cristo que Dios creó el Universo, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical)...”
Y ahora estamos viendo que Jesucristo es la persona más importante que haya pisado este planeta Tierra. Y antes de la creación estaba y a través de Él, Dios en Él y a través de Él, habló a existencia toda la creación. Y así las cosas que se ven: los planetas en los sistemas solares existentes, en esas galaxias, todo eso fue creado por Dios a través de Cristo. “Lo que se ve fue hecho de lo que no se veía,” dice San Pablo en Hebreos, capítulo 11.
Hay un mundo invisible y hay un mundo visible. Y ahora, del mundo invisible es que vino Cristo, vino al mundo visible. ¿Y de dónde vino usted? Porque ese el caso de la angustia existencial que tienen los seres humanos, que no saben de dónde han venido, no saben porqué están aquí y no saben hacia dónde van después que muera su cuerpo físico.
Ahora, Cristo dice que Él no es de este mundo, y que Su Reino tampoco es de este mundo; y también Él dice que vino del Padre y volvió al Padre; y también Él dice de los creyentes en Él que no son de este mundo. Hemos venido del mismo lugar de donde vino Cristo: del Cielo, de otra dimensión, o sea, que lo que tenemos de esta Tierra es el cuerpo físico pero vamos a tener un cuerpo nuevo, glorificado, eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad.
Y también interdimensional, en palabras más claras: ya tendremos el equipo dentro como Jesucristo. Recuerden que Cristo no necesitaba que le abrieran la puerta porque Él pasaba adonde estaban los discípulos reunidos con las puertas cerradas, porque el cuerpo glorificado es interdimensional, puede pasar de una dimensión a otra, y aparecer en otro lugar sin necesidad de un automóvil o de un avión o de un cohete.
Y aun cuando tuvo que subir al Cielo para estar como Sumo Sacerdote en el Cielo, luego de estar cuarenta días con Sus discípulos, no les dijo a Sus discípulos que le sacaran un boleto aéreo, ni siquiera habían aviones en esos días; pero Él tenía que subir al Padre, y subió delante de todos ellos y una nube le quitó de la vista de ellos. Para llegar adonde está el Padre, a la séptima dimensión, se requiere de un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado, pues allá no llegan los aviones ni los cohetes; es otra dimensión, la dimensión de Dios, la séptima dimensión.
Pero vamos a estar allí, hemos sido invitados para estar en la gran Cena de las Bodas del Cordero en la Casa de nuestro Padre celestial. Va a ser la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo.
Y ahora, ese es el glorioso futuro de los creyentes en Cristo. Pero hablando del futuro de Israel, el futuro de Israel también está asegurado porque la promesa es que el Reino de David va a ser restaurado, y eso será el Reino del Mesías en donde el Mesías Príncipe que está siendo esperado por el pueblo hebreo y por todas las naciones, Él se sentará en el Trono de David, y restaurará el Reino de David y gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.
Y por cuanto Jerusalén será la capital del Reino donde estará el Trono de David, y donde estará Dios en el Mesías Príncipe gobernando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, el lugar más seguro para colocar las riquezas de todas las naciones ¿cuál es? Jerusalén. Así que, Jerusalén tiene un futuro glorioso, y todo el territorio de Israel y todo el pueblo hebreo que estará viviendo en el Reino del Mesías.
Israel está esperando al Mesías, y está esperando también a Elías que estará precursando la Venida del Mesías. Para Israel el precursor será Elías en su quinta manifestación. Y aparecerá, y lo reconocerán, porque estará proclamando la paz imperecedera, la paz que el Mesías Príncipe traerá a Israel en Su Reino. Tan simple como eso. Ahí está el secreto de la paz para Israel, la paz permanente, la paz imperecedera.
Y en ese Reino del Mesías, Israel estará a la cabeza de todas las naciones, será el distrito federal; y como capital, Jerusalén. Así que, tendrá la parte más importante de ese Reino, y eso significa que de Israel saldrá la enseñanza política y religiosa para todas las naciones. Por eso la Escritura dice que los pueblos dirán que les enseñen el camino de Dios.
Por lo tanto, la parte política, académica, religiosa, judicial, todo saldrá de Jerusalén. Allí estarán todos los departamentos para ese gobierno del Mesías: departamento de instrucción, departamento de salud, y así por el estilo; y la parte económica también.
Jerusalén será la ciudad más rica del planeta Tierra en el Reino del Mesías, y por consiguiente todo el territorio de Israel será el país, la nación más rica del planeta Tierra. Estas cosas las digo porque están contenidas en la Escritura, y si están ahí en la Escritura, como leímos, todas las riquezas de las naciones vendrán a Jerusalén.
Por lo tanto, Dios velará por esa Palabra para ponerla por obra. El Mesías Príncipe tendrá una forma administrativa que hará que todas esas profecías se hagan una realidad.
Y estamos muy cerca de ese tiempo glorioso que le espera al pueblo hebreo. Pero antes viene un tiempo difícil, en los tres años y medio que faltan para ser cumplidos al pueblo hebreo. De las setenta semanas, ya la semana número setenta tiene la mitad cumplida, y faltan tres años y medio que corresponden al tiempo llamado la gran tribulación. Y eso corresponde al Día Postrero. Los días postreros son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.
Cuando Cristo nació faltaban de tres a diez años para comenzar el quinto milenio, y por consiguiente para comenzar los días postreros. Luego, ya han transcurrido de Cristo hacia acá dos mil años, y por consiguiente, dos días delante de Dios de los días postreros. Los días postreros son tres milenios, y ya dos se han cumplido, y conforme al calendario gregoriano ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá, y por consiguiente al Día Postrero delante de Dios, para el cumplimiento de las promesas que han sido hechas para el Día Postrero, entre ellas: la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los vivos en Cristo; el arrebatamiento de la Iglesia o rapto; la Cenas de las Bodas del Cordero en el Cielo; y luego, la Venida del Señor con Su Iglesia para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, que será la restauración del Reino de David.
Recuerdan que cuando Cristo tenía que marcharse, subir al Cielo, le preguntan a Cristo en el libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 9:
“Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad...”
A ellos no les correspondía, porque ellos estaban viviendo apenas en el primero de los días postreros, o sea, en el quinto milenio. Y estas cosas de las cuales ellos querían saber corresponden al Día Postrero, o sea, séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de los tres milenios postreros. El último de los tres milenios postreros es el séptimo milenio de Adán hacia acá, y conforme al calendario gregoriano ya llevamos nueve años dentro del séptimo milenio de Adán hacia acá, o sea, dentro del Día Postrero.
Así como el sábado es el día postrero de la semana, es el séptimo día de la semana, el séptimo milenio delante de Dios es el Día Postrero delante de Dios. Es el tiempo también de reposo para el planeta Tierra, y de paz para el pueblo hebreo y para todos los habitantes del planeta Tierra.
Pero primero les dije que viene una guerra y esa guerra será atómica. Pero no se preocupen, los creyentes en Cristo van a ser transformados antes, y van a ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Por esa causa es que podemos hablar de esa guerra que ha de venir y estar tranquilos. Si no tuviéramos ese conocimiento, nos asustaríamos; pero no hay problema para los creyentes en Cristo. Los creyentes en Cristo tienen el futuro más glorioso de los seres humanos, y luego Israel como nación tiene el futuro más glorioso en el Programa Divino; vendrá a ser la nación más rica del planeta Tierra, el territorio de Israel vendrá a ser el distrito federal, y Jerusalén la capital del mundo. Tiene todas esas promesas para ser cumplidas en el Reino del Mesías.
Vendrá a ser la cabeza de todas las naciones; desde ahí saldrá la enseñanza para todas las naciones de todas las cosas que los seres humanos necesiten conocer. “Porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar,” dice Habacuc, capítulo 2, verso 14, e Isaías, capítulo 11, verso 9. Todo eso será en el Reino del Mesías.
“EL GLORIOSO FUTURO DE ISRAEL.”
El glorioso futuro del Israel espiritual que es la Iglesia, que es el Israel celestial, y el glorioso futuro del Israel terrenal que es el pueblo hebreo. Hay futuro para el Israel celestial y hay futuro para el Israel terrenal.
Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador para venir a formar parte del Israel celestial, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Y así tenga la seguridad de que su futuro está asegurado con Cristo en Su Reino, y tenga la paz en su alma. Cuando la persona no tiene su futuro asegurado, no tiene paz.
Vamos a pedirle a las personas que todavía no han recibido a Cristo que puedan pasar acá al frente y estaremos orando por usted. Y en las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que Cristo también les reciba en Su Reino. Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.
Recibir a Cristo como Salvador es el privilegio más grande que tiene un ser humano, y lo recibimos para obtener la Vida eterna. Recuerden que Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen; y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Se predica el Evangelio de Cristo por orden de Cristo para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas, crean en Cristo, y den testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, para que Cristo les reciba en su Reino y les dé Vida eterna.
Ninguna otra persona nos puede dar Vida eterna, solamente hay uno y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO. El cual dijo: “Yo Soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).
Toda persona que quiera acercarse a Dios tiene un camino, el cual es Cristo nuestro Salvador. No hay otra forma en que el ser humano pueda acercarse a Dios, “y nadie viene al Padre sino por mí,” dice Cristo, por lo tanto solamente por medio de Cristo es que podemos llegar a Dios. Todos necesitamos a Jesucristo, yo lo necesité, lo necesito y lo necesitaré eternamente.
¿Quién más necesita a Cristo? Todos ustedes también, sin Cristo el ser humano no puede obtener la Vida eterna. Dice la Escritura, el apóstol San Pablo hablándonos en Romanos, capítulo 5... mientras llegan las personas que están viniendo a los Pies de Cristo, vean aquí lo que nos dice aquí San Pablo en Romanos, capítulo 5, verso 6 al 11 dice:
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
La muestra o demostración más grande del amor de Dios hacia nosotros es que Cristo murió por nosotros en la Cruz del Calvario.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado Su hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga ¿qué? Vida eterna.” (San Juan, capítulo 3, verso 16).
“Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”
Hemos sido reconciliados con Dios por medio de Cristo, Él nos ha reconciliado con Dios. Por lo tanto, tenemos paz para con Dios por medio ¿de quién? Por medio de Jesucristo nuestro Salvador.
Todavía vienen más personas que como ustedes desean tener el futuro glorioso que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él: Vida eterna. La Vida eterna es lo más grande que un ser humano puede recibir, y solamente la puede recibir por medio de Jesucristo. Dice en Primera de Juan de la siguiente manera, y vamos a leerlo (Primera de Juan, capítulo 5) mientras continúan viniendo a los Pies de Cristo los que han recibido la Palabra y ha nacido la fe de Cristo en su alma. Capítulo 5, verso 10 en adelante de Primera de Juan, dice:
“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”
Dios nos ha dado la Vida eterna ¿y dónde está la Vida eterna? En Jesucristo el Hijo de Dios, para lo cual venimos a Cristo para que Él nos dé la Vida eterna.
“El que tiene al Hijo (o sea, a Cristo), tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
Lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar, y cuando se le termine ya no tiene Vida eterna, por lo tanto en el juicio final, ahí terminará su vida.
“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (la buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna), y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir puede venir, para que quede incluido en esta oración que estaremos haciendo por ustedes. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.
Vamos a pedir a los que están en las cámaras y en las computadoras que nos indiquen cuándo estén ya listos en las demás naciones para orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues ya tienen conciencia, conocimiento del bien y del mal y saben que necesitan a Cristo, y quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino. El mismo Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.”
Estamos listos ya en las demás naciones. Vamos a estar ya en la oración por todos los que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.
Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.
Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo a Cristo todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, y Él con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado. Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (Mas el que no creyere será condenado). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Porque ustedes sí han creído en Cristo como vuestro único y suficiente Salvador. El bautismo en agua es un mandamiento de Cristo, el cual también fue bautizado por Juan el Bautista. Juan no lo quería bautizar y Cristo le dijo: “Deja, conviene que cumplamos toda justicia”Y entonces lo bautizó. Y si Él necesitó ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados.
El bautismo en agua es tipológico, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Pero el bautismo en agua, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo lo que nos limpia de todo pecado. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua, y aunque es tipológico, es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido por todos los discípulos del Señor Jesucristo, los apóstoles, y todos los que han recibido a Cristo como Salvador desde los tiempos de Cristo y los apóstoles hasta nuestro tiempo.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Y ustedes que están en otras naciones también pueden ser bautizados y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Pasen todos muy buenas noches.
Dejo con ustedes al doctor Joel Lara para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Que Dios les bendiga y les guarde a todos.
“EL GLORIOSO FUTURO DE ISRAEL.”
