La Venida del Señor y la señal del fin del siglo

Domingo, 09 Agosto, 2009 - Ciudad Guatemala Guatemala - 2 horas, 1 minute


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Rev. William Soto Santiago Ph.D.
Domingo, 9 de agosto, de 2009
Ciudad de Guatemala, Guatemala

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Reciban también, el doctor Miguel Bermúdez Marín, un especial saludo; y también la doctora Kélita Machado, y el doctor Salomón Cunha, donde se encuentren en estos momentos. Y también a todos los ministros y sus congregaciones.
Para esta ocasión leemos un pasaje que es muy conocido, un pasaje profético que se encuentra hablado allá en Jerusalén en el tiempo en que Jesús, o una de las veces que Jesús estuvo allí en Jerusalén y habló acerca de la destrucción del templo y de todos los edificios que allí estaban; y eso causó entre todos los que lo escucharon, un sentimiento muy grande, pues Jerusalén y el templo iban a ser destruidos, lo cual causa tristeza al corazón de las personas y sobre todo los que aman a Jerusalén y al templo. Dice San Mateo, capítulo 24, verso 1 al 3, de la siguiente manera:
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.
Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte,
diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”
“LA VENIDA DEL SEÑOR Y LA SEÑAL DEL FIN DEL SIGLO.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Este es un tema profético que será cumplido en este tiempo final.
Ahora, parte de esta Escritura que leímos, ya tuvo su cumplimiento. Los discípulos preguntan: “¿Cuándo serán estas cosas?” O sea, la destrucción del templo y de los edificios que allí estaban construidos. Esta profecía de Cristo está con una base bíblica profética en Daniel, capítulo 9 (vamos a leerlo aquí), verso 26, dice:
“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”
Ya el Ángel Gabriel le había revelado al profeta Daniel que el templo iba a ser destruido, y también le había revelado el Ángel Gabriel al profeta Daniel que luego de las sesenta y dos semanas de años, de estas setenta semanas que le había hablado al profeta Daniel que estaban establecidas para el pueblo hebreo y para Su santa ciudad, Jerusalén, siete semanas... vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro, de lo que son estas setenta semanas, el mismo capítulo 9 de Daniel, versos 22, en adelante, dice:
“Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.”
Este ángel siempre que aparece y le revela algo a una persona, le da sabiduría y conocimiento de eso que le está hablando. Dice:
“Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas...”
O sea, siete semanas y sesenta y dos semanas, son sesenta y nueve semanas; y por cuanto son semanas de años, son las setenta semanas, cuatrocientos noventa años; y de esas setenta semanas transcurrirían sesenta y nueve semanas, que son unos cuatrocientos ochenta y tres años desde que salió la Palabra para la restauración de Jerusalén, y transcurrirían sesenta y nueve semanas, o sea, cuatrocientos ochenta y tres años hasta el Mesías, o sea, hasta el Mesías comenzar su ministerio.
Cuando Jesús apareció en la Tierra siendo bautizado por Juan el Bautista, allí estaba finalizando las sesenta y nueve semanas y estaba comenzando la semana setenta, que consta esa semana setenta de siete años; como las semanas anteriores, cada una consta de siete años.
Y ahora, el Mesías tenía que aparecer en Su ministerio, o sea, manifestarse a Israel como el Mesías al transcurrir las sesenta y nueve semanas de años, desde que fue dada la orden por el rey para la restauración de Jerusalén.
Por lo tanto, en el tiempo que apareció Jesús tenía que aparecer por consiguiente el Mesías Príncipe, tener Su ministerio, estar ungido con el Espíritu de Dios y cumplir lo que estaba prometido que haría el Mesías en Su Venida.
Por eso Isaías, capítulo 61, tenía que ser cumplido hasta donde corresponde a la Venida del Señor como Cordero en el cumplimiento de la primera parte de la Venida del Señor; porque la segunda parte es la segunda Venida de Cristo para el Cristianismo. Luego de la Venida del Mesías en la semana número setenta, la vida al Mesías le sería quitada, no por sí mismo, Él no se la quitaría ni moriría de enfermedad o de viejo, sino que le sería quitada, o sea, lo matarían, lo cual se cumplió en la Cruz del Calvario en donde el ejército romano crucificó a Cristo allá en aquella Cruz que menciona la Biblia.
Luego, más adelante Jerusalén sería destruida y el templo sería destruido. Eso estaba aquí ya profetizado. Dice:
“...y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario...”
Y eso ocurriría después de la Venida y muerte del Mesías. La semana número setenta se detuvo cuando Cristo fue crucificado, y el Día de Pentecostés, se abrió la Dispensación del Reino, al abrirse la puerta del Reino de los Cielos, que es Cristo, el cual dijo en San Juan, capítulo 10, verso 9:
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.”
Cristo es la puerta al Reino de Dios, Cristo es la puerta para entrar a la casa de Dios y formar parte de la familia de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.
Y ahora, hemos visto aquí en la profecía que le dio el Ángel Gabriel a Daniel, y Daniel la escribió y la dio al pueblo, que ya Jerusalén sería destruida y también el templo; luego Jesús hablando en San Lucas, capítulo 21, nos dice... vamos a leerlo directamente aquí, donde lo encontramos, capítulo 21, versos 20 en adelante de San Lucas. San Lucas, capítulo 21, versos 20 en adelante, dice:
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.”
En el año setenta de la era cristiana o era común, el general romano Tito cercó a Jerusalén, la cercó por dos años desde el año sesenta y ocho, hasta el año setenta de la era común o era cristiana; y ya en el año setenta entró a Jerusalén y la destruyó y crucificó miles de judíos que estaban en la ciudad y estaban en el templo, y los colocó crucificados en cruces en las murallas de Jerusalén.
Ya esa profecía de la pregunta que hicieron los discípulos: “¿Cuándo serán estas cosas?” O sea, la destrucción de Jerusalén y del templo, ya vimos la señal, era que sería rodeada Jerusalén de ejércitos, lo cual ocurrió cuando el general romano Tito con su ejército romano rodeó a Jerusalén para destruirla, y fue destruida en el año setenta. Ya esa profecía fue cumplida, la señal fue vista en Jerusalén: el general romano Tito con su ejército rodeando a Jerusalén. Durante estos dos años le dio permiso para que salieran de Jerusalén todos los que quisieran salir. Los creyentes en Cristo que ya conocían esa profecía que Cristo había dado sobre Jerusalén cuando vieron a Jerusalén rodeada de ejércitos dijeron: “Esta es la señal que Cristo nos dio para que cuando viéramos esta señal saliéramos de Jerusalén, los que estaríamos en Jerusalén,” y los que estarían fuera de ella, no entraran a Jerusalén.
Y ahora, esa profecía ya fue cumplida.
Los creyentes en Cristo, cuando Jerusalén fue destruida, no estaban allí, siguieron la recomendación de Cristo. Siempre toda persona que sigue la enseñanza de Cristo, la dirección de Cristo tendrá éxito en su vida, porque está haciendo la voluntad de Dios.
Ahora, vean Cristo también en otra ocasión anterior a ésta en que habló, aquí en San Lucas, capítulo 19, vamos a dejar claro esta pregunta, y su contestación. Capítulo 19, versos 41 al 44, de San Lucas dice (esto fue cuando Cristo hizo Su entrada triunfal como Rey a Jerusalén):
“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella...”
Pues la amaba, y cuando uno ama algo, a una persona o a una ciudad o a un país y sabe que va a venir algo malo, una destrucción o una enfermedad grave para la persona, la persona que ama a la otra persona sufre en su corazón y llora.
Ahora, vean, Jesús:
“...lloró sobre ella,
diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.
Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán.”
Eso fue lo que sucedió durante esos dos años, desde el año 78 hasta el año 70 de la era cristiana o era común, dice:
“ y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”
El tiempo de la visitación divina por medio de Jesús no fue entendida, no fue conocida, fue ignorada por sus líderes religiosos y eso le ocasionó un grave problema. La Escritura dice: “El que recibe a profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibe.” O sea, recibe el beneficio para lo cual Dios ha enviado ese profeta; pero el que lo rechaza pierde la bendición divina.
Y ahora vean, Dios estaba visitando a Israel a través de Jesús, así como visitó a Israel en Egipto a través de Moisés; y muchos del pueblo hebreo reconocieron la visita de Dios a Israel en la persona de Moisés allá en el Antiguo Testamento; y luego en Jesús reconocieron que Dios estaba visitando a Su pueblo.
Cuando Jesús resucitó al joven hijo de la viuda de la ciudad de Naín que había muerto y lo llevaban a sepultarlo, Cristo detuvo el féretro y le dijo al joven que se levantara; cuando vieron este milagro que Jesús había resucitado a este joven que estaba muerto, todos tuvieron gran temor y dijeron: “Dios ha visitado a Su pueblo, porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.”
Esa es la forma de Dios visitar a Su pueblo, a través de un velo de carne que a través de la Escritura es llamado un profeta. Dios había dicho que “levantaría de en medio del pueblo profeta como Moisés y pondría Su Palabra en Su boca; y Él les hablaría todo lo que Dios le mandare y cualquiera que no escuchare lo que Él hablare en el Nombre del Señor, Dios le pediría cuenta.” Eso está en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 18.
Y ahora, podemos ver que el pueblo en los días en que apareció Jesús estaban esperando la Venida del Mesías, estaban esperando la venida de un hombre, de un profeta, un hombre con las dos conciencias juntas, un hombre que podía tener contacto directo con Dios. Y ése sería el Mesías Príncipe.
En San Juan nos habla que el pueblo decía: “Este es el profeta.” Por eso también a Juan el Bautista en una ocasión le preguntaron si él era el profeta; o sea, el profeta del cual Dios le dijo a Moisés y Moisés le dijo al pueblo que levantaría de en medio del pueblo un profeta como Moisés. Un profeta como Moisés siempre tiene que ser un profeta dispensacional, porque Moisés es un profeta dispensacional.
Así que, los que reconocieron a Jesús como el profeta que Dios había prometido, estaban correctos; los que lo reconocieron como el Hijo de Dios o como el Mesías, estaban correctos. La mujer samaritana le dijo a Jesús: “Pareceme que eres profeta.” Nosotros sabemos que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo y cuando Él venga nos enseñará todas las cosas y Jesús le dijo: “Yo soy, que hablo contigo.” (San Juan, capítulo 4).
Así que, vean hubo personas que así reconocieron esa Visitación de Dios a través de Jesús, el cual estaba ungido con el Espíritu Santo, Mesías significa: “Ungido, Cristo.” Ungido, ¿con qué? Con el Espíritu de Dios. Estaban esperando a un profeta ungido con el Espíritu de Dios, ya esta profecía de la muerte del Mesías se cumplió en Jesús, porque eso ocurría antes de la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén.
Luego restan dos preguntas que le hicieron Sus discípulos, las cuales corresponden en su cumplimiento a este tiempo final. Vean, “¿cuándo serán éstas cosas?” O sea, la destrucción de la ciudad de Jerusalén, del templo, ya eso fue cumplido hace alrededor de dos mil años (cerca de dos mil años).
“¿Y qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo? ¿Cuál es la señal de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre? ¿Y cuál es la señal del fin del siglo o fin del mundo?” Esas son para nosotros las que tienen que ser cumplidas en nuestro tiempo.
La primera ya fue cumplida, ahora quedan la segunda y la tercera pregunta: ¿Qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo o fin del mundo? La señal de la Venida del Hijo del Hombre en el Cielo, veamos cómo está aquí dicho, capítulo 24, versos 30 al 31, dice [San Mateo]:
“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”
La señal del Hijo del Hombre en el Cielo. Está la señal del Hijo del Hombre en el Cielo, y está la señal del Hijo del Hombre en la Tierra.
Ahora, cuando Jesús nació hubo una señal en el Cielo, la cual los magos o sabios que aparecieron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido, porque su estrella hemos visto en el Oriente?” Y toda Jerusalén se alborotó; hasta el rey Herodes se asustó, se inquietó y fue al encuentro de esos sabios que habían venido del Este de Israel, o sea, de la parte que quedaba para el área de Ur de los Caldeos, Babilonia, todo eso. De esa área vinieron esos sabios. Recuerden que eran creyentes en las profecías hebreas y ellos conocían que iba a aparecer una señal en el Cielo.
Esa promesa estaba en Números, capítulo 24, verso 17, cuando Dios le reveló a Balaam y Balaam ungido habló esa profecía. Recuerden que Balaam aunque vendió sus derechos de la primogenitura por dinero y era una persona que no amaba al pueblo hebreo (era de los gentiles, era de Edón, de los descendientes de Esaú), vean, profetizando dice... vamos a leerlo, vamos a comenzar en el verso 15 del capítulo 24, para que tengan un cuadro claro de este personaje (era un profeta, pero vendió su primogenitura). Dice:
“Y tomó su parábola, y dijo:
Dijo Balaam hijo de Beor,
Dijo el varón de ojos abiertos (porque él podía tener visiones, podía ver a Dios, podía ver el ángel de Dios; hasta la burra de Balaam pudo ver el ángel de Dios);
Dijo el que oyó los dichos de Jehová,
Y el que sabe la ciencia del Altísimo...”
O sea, que era un conocedor, escuchaba la voz de Dios cuando Dios le hablaba, o cuando él oraba a Dios, él sabía cómo acercarse a Dios, sabía que tenía que acercarse a Dios por medio del sacrificio, haciendo los sacrificios correspondientes. Dice:
“Y el que sabe la ciencia del Altísimo (o sea, conocía la ciencia de Dios)
El que vio la visión del Omnipotente (¿ve? Tenía visiones divinas);
Caído, pero abiertos los ojos (o sea, perdió la bendición de Dios, pero sus ojos continuaban abiertos, continuaba teniendo visiones y teniendo conocimiento de la ciencia de Dios):
Lo veré, mas no ahora;
Lo miraré, mas no de cerca;
Saldrá ESTRELLA de Jacob,
Y se levantará cetro de Israel,
Y herirá las sienes de Moab,
Y destruirá a todos los hijos de Set.
Será tomada Edom.”
Y así sigue hablando en su profecía inspirado por Dios, habiendo recibido de parte de Dios esa revelación de lo que sucedería. Vean:
“Será también tomada Seir por sus enemigos,
E Israel se portará varonilmente.
De Jacob saldrá el dominador,
Y destruirá lo que quedare de la ciudad.
Y viendo a Amalec, tomó su parábola y dijo:
Amalec, cabeza de naciones;
Mas al fin perecerá para siempre.”
Y ahora, ahí podemos ver la destrucción o el final de Amalec.
Y ahora, esta estrella que saldría de Jacob es lo que vieron los magos en el Cielo, que hoy en día se le llama: “La Estrella de Belén.” Fue una alineación planetaria conforme a como dicen personas que conocen acerca de esas alineaciones planetarias y dicen que eso fue lo que sucedió en aquel tiempo; y por consiguiente se veía una estrella muy grande, porque estaban más de una estrella en línea, y por eso la luz se veía demasiado de grande. Eso es lo que dicen algunos científicos, y también los que estudian los astros, eso es lo que dicen que pasó cuando Jesús nació. Los magos dicen que ya hacía unos dos años que estaba apareciendo esa estrella.
Y ahora, fue vista por los que entendían acerca de esas señales en el Cielo, ¿no dice Cristo?: “Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.” Cuando se habla de señales en el Cielo, recuerden que Dios ha colocado el sol, la luna y las estrellas por señales de los tiempos para los seres humanos, tanto de señales físicas de días, meses y años; como también de eventos proféticos que han de suceder en la Tierra.
Y ahora, no dice la Escritura que Herodes vio esa señal, tampoco dice que los sacerdotes, el sumo sacerdote y los miembros del Concilio del Sanedrín vieron esa señal en el Cielo; pero estos magos o sabios que vinieron del Oriente, vamos a ver lo que dicen... Eso se encuentra en San Mateo, capítulo 2, versos 1 en adelante, dice:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos.”
Recuerden que esos eran, digamos, astrólogos o astrónomos; en aquellos tiempos estaban la astronomía y la astrología juntas, ellos eran conocedores de los astros, estudiaban sus movimientos; y recuerden que los reyes siempre tenían magos, astrólogos, personas que estudiaban los astros; porque cuando algo va a suceder en la Tierra, primero Dios lo muestra en el Cielo, porque los astros, el firmamento, el zodíaco, todo esto es la primera Biblia.
Y luego tenemos la Biblia de la naturaleza y luego tenemos la Biblia escrita; juntamente con la Biblia de la naturaleza, también encontramos en la gran pirámide de Egipto, profecías que están colocadas en las medidas de esas pirámides, y a medida que va pasando el tiempo, van descubriendo que esas cosas que han estado sucediendo, eventos importantes estaban allí representados.
Pero ahora, a través de la Biblia escrita tenemos todo lo que la Biblia celestial o la Biblia de los astros contiene. Dios le dijo a Abraham que su descendencia sería como las estrellas del Cielo.
Y ahora, cuando los magos llegan a Jerusalén, vean ustedes:
“...diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, de la tierra de Judá, eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará a mi pueblo Israel.”
Ahí tenemos la profecía que se encuentra en Miqueas, capítulo 5, verso 2, siendo dada a conocer al rey Herodes.
Y ahora, se sabe que en Belén de Judea, tiene que estar el Mesías Príncipe, porque ya la señal en el Cielo, ya llevaba dos años de haber aparecido y todavía estaba siendo vista esa señal: esa fue la señal en el Cielo; y la señal en la Tierra cuando nació Jesús, el Ángel que apareció a los pastores dijo a ellos que había nacido en Belén de Judea un Salvador, que es Cristo el Señor; y le fue dicho a ellos: “Y tendrán como señal, verán al niño envuelto en pañales.” En los pañales de aquel tiempo, que no sabemos como eran, podía ser un pedazo de tela de las vestiduras de ellos o podía ser de lo que se usaba en los bueyes, que colocaban un pedazo de tela para que no les molestara mucho cierta parte cuando enyugaban a los bueyes, lo que fuera, pero era un pañal; no como los que usan los niños en la actualidad que son muy cómodos, pero dice el ángel que lo van a encontrar en esa forma.
Ahora, dice el Ángel que es el Salvador. Vamos a leerlo para tener el cuando claro. San Lucas, capítulo 2, versos 4 en adelante, dice:
“Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David (recuerden, tanto María como José eran descendientes del rey David; por eso dice: De la casa, o sea, de la familia de David, de la casa de David); para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta (se estaba llevando a cabo un censo en esos días y tenía que ir cada uno a la ciudad de donde viene su familia o de donde venía su familia).
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.”
Esa fue la señal que le fue dada a los pastores; pero ellos vieron también una señal grande en el Cielo: el Ángel. Esa es la señal grande que ellos vieron y después vieron la realidad de lo que les fue prometido, de lo que le fue dicho que encontrarían.
Es como cuando usted va de una ciudad a otra manejando, usted va a encontrar señales de transito, y si usted sigue esas señales que le indican a dónde o hacia dónde está la ciudad; usted va a llegar, ¿a dónde? Usted va a llegar a la ciudad, va a encontrar la ciudad que usted está buscando; si usted no atiende a las señales y usted no es de ese territorio, usted nunca va a llegar a dónde usted quiere llegar.
Ahora, vimos las señales, tanto en el Cielo como en la Tierra; también fue vista la virgen que había concebido y luego había dado a luz, la virgen que decía Isaías, capítulo 7, verso14, cuando dijo:
“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Que traducido es: Dios con nosotros. Tan simple como eso.
Vean, esto se los citó también el Ángel Gabriel a José, en el capítulo 1 de San Mateo, verso 18 en adelante (para que tengan el cuadro claro), dice:
“El nacimiento de Jesucristo fue así...”
Es importante conocer estas cosas de la Venida del Señor, la primera parte de la Venida del Señor, que es la Venida de Cristo para no fallar en ver las señales y luego el cumplimiento de la Venida del Señor en el Día Postrero:
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.
José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.
Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”
Vean, todo esto le fue dicho a José, y entonces dice:
“Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.”
Que es, Yeshua, Jesús es la traducción al español, y también al inglés, que es Jesus; pero Jesús allá entre los judíos es Yeshua.
Y ahora, podemos ver cómo sucedió todo en el tiempo de la primera Venida del Señor y nosotros estamos viviendo en el tiempo final donde el Cristianismo está esperando la Venida del Señor, la Venida del Mesías; y el pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías, está esperando un hombre que esté ungido con el Espíritu Santo; y también el Islam, el pueblo musulmán, los musulmanes están esperando también a Jesús y también están esperando a Mahoma.
Así que, eso lo van a ver en algunas conferencias dictadas por imanes, que son los líderes religiosos o jeques, en donde hablan acerca de Jesús.
Así que, este es un tiempo muy pero que muy importante; Él vino dos mil años atrás como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo, Su Venida para el tiempo final será como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, para hacer Su Obra de reclamo de todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa, para reclamar a todos los creyentes en Él nacidos de nuevo que han muerto físicamente, y resucitarlos en cuerpos eternos y glorificados; y a los que estén vivos creyentes en Él nacidos de nuevo, transformarlos y entonces tener todos un cuerpo joven, inmortal, glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.
Y ahora, este tema de la Venida, la señal de la Venida del Hijo del Hombre y la señal del fin del mundo o fin del siglo es el tema más importante para la raza humana, aunque no se hayan dado cuenta que eso es lo más importante para la raza humana. Como fue en el tiempo de Noé y como fue en el tiempo de Lot, así dice Cristo que será la Venida del Hijo del Hombre.
En el tiempo de Noé el mundo antidiluviano había llegado al tiempo del fin para ellos, y no lo sabían; pero hubo un hombre que servía a Dios, tenía el Sacrificio correspondiente por el pecado, el cual efectuaba por él y por su familia; y el cual siendo un profeta dispensacional, que es la clase de profeta más grande que Dios envía a la Tierra, de los cuales solamente Dios tiene siete, que son: Adán, para la Dispensación de la Inocencia; Set, para la Dispensación de la Conciencia; Noé para la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano; Abraham, el cuarto profeta dispensacional para la Dispensación de la Promesa, y por consiguiente tenía el mensaje correspondiente para esa dispensación; el profeta Moisés para la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley; Jesús para la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia; y luego para el Día Postrero tiene que aparecer el profeta mensajero para la séptima dispensación, la Dispensación del Reino, con el mensaje del Evangelio del Reino que es la gran Voz de Trompeta o Trompeta final.
Y ahora, por cuanto en la publicación del periódico, una de las preguntas es: ¿Qué es la gran Voz de Trompeta? La gran Voz de Trompeta es el mensaje del Evangelio del Reino, que estará predicando el profeta mensajero de la séptima dispensación, la Dispensación del Reino, esa es la gran Voz de Trompeta con la cual el Hijo del Hombre enviará Sus ángeles para llamar y juntar los escogidos del Día Postrero, del tiempo final.
Esa es la gran Voz de Trompeta o gran Trompeta con la cual son llamados ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Esa es la gran Trompeta de Isaías, capítulo 27, verso 13, y esa es la gran Voz de Trompeta o Trompeta final de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58. “Y a la final Trompeta, porque será tocada la Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, resucitarán ¿cómo? Incorruptibles; y nosotros los que vivimos seremos transformados.”
Bajo el tiempo del sonar de esa gran Voz de Trompeta o Trompeta final, que es la séptima Trompeta, séptimo mensaje dispensacional para la Dispensación del Reino que será proclamado por el séptimo profeta dispensacional, el profeta de la Dispensación del Reino, en ese tiempo será que va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.
Por eso es tan importante saber lo qué es la gran Voz de Trompeta o Trompeta final. En Primera de Tesalonicenses, también el apóstol San Pablo nos habla de esa Trompeta y nos dice en este pasaje de la siguiente manera, capítulo 4 de Primera de Tesalonicenses, versos 13 en adelante, dice:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.”
O sea, no vamos a ser transformados nosotros primero, y después ellos ser resucitados, no, ellos van a ser resucitados primero y después nosotros vamos a ser transformados, cuando los veamos a ellos resucitados en esoscuerpos jóvenes y eternos; o sea, que no estamos esperando la resurrección a los muertos en Cristo resucitando en cuerpos ancianos, sino en cuerpos jóvenes, eternos, inmortales, glorificados igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, porque serán resucitados incorruptibles, serán resucitados en cuerpos glorificados. Sigue diciendo:
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”
Esa es la esperanza que tienen los creyentes en Cristo, porque eso es lo que Dios ha prometido para todos los creyentes en Cristo; y por eso es tan importante conocer la Voz de mando, conocer la Voz de Arcángel y conocer la Trompeta de Dios. La Trompeta de Dios, el mensaje de Dios, la Voz de Dios, el Evangelio del Reino, siendo proclamado por el profeta de la Dispensación del Reino en el Día Postrero; y eso dará cumplimiento a San Mateo, capítulo 24, verso 14.
Y ahora, vamos a estar viendo las señales de la Venida del Hijo del Hombre para este tiempo final, las señales aquí en la Tierra. ¿Y qué de la señal en el Cielo? En la primera Venida del Señor la señal en el Cielo fue esa señal de la estrella que vieron los magos; porque ellos dijeron: “Su estrella hemos visto en el Occidente.” Ellos estaban mirando en el Oriente, ellos estaban mirando de Ur de los Caldeos y Babilonia, de ese territorio, mirando hacia Israel que estaba al Occidente, al Oriente (vamos a leerlo aquí) de Babilonia y de Ur de los Caldeos; o sea, que ellos viviendo allá en el Este, en el Oriente, miraban hacia el Occidente, hacia Israel; y estaban viendo ellos desde Oriente la estrella ellos vieron; estando en el Oriente vieron la estrella en el Cielo y fueron hacia la tierra de Israel.
Y estando ellos ya en el territorio, todavía la estrella continuaba apareciendo. Ustedes saben que cuando hay esas alineaciones planetarias, está por algún tiempo viéndose en el Cielo.
Ahora, según las investigaciones aquella señal, esa alineación planetaria que hubo en aquel tiempo, se repite cada cierta cantidad de años; y por cuanto se repite cada cierta cantidad de años, en cada ocasión que se ha repetido la gente ha estado buscando al Mesías, se repite cada 973 años; y la última vez que esa señal, esa alineación, esa conjunción de Júpiter y Saturno ocurrió fue en el 1940. Siempre que Dios va a hacer algo en la Tierra, lo muestra primero en el Cielo, y después se cumple en la Tierra.
Ahora, las señales en la Tierra que estarán dando testimonio de la Venida del Hijo del Hombre... cuando se habla de Hijo del Hombre, se habla de profeta; por eso la Venida del Señor, del Mesías dos mil años atrás, ¿qué fue? La Venida de un profeta, en el cual Dios estaba en toda Su plenitud. Los judíos están esperando la Venida del Mesías, ¿qué están esperando? Un profeta, en el cual Dios esté cumpliendo la Venida del Mesías; y están esperando también la venida de Elías, porque aquí está prometido que Elías vendrá conforme a Malaquías, capítulo 4 ,verso 1 al 6.
¿Qué está esperando el pueblo hebreo, los judíos? Un hombre, un profeta, no el mismo Elías, sino a un hombre de nuestro tiempo que venga proclamando la paz imperecedera, y ése será para los judíos el precursor de la Venida del Mesías, el que introducirá el Mesías, al Mesías, a los judíos; y eso no será otra cosa sino la manifestación del ministerio de Elías en otro hombre, que estará viviendo en el tiempo final, en el cual Dios por medio de Su Espíritu Santo operará el ministerio de Elías por quinta ocasión. Cuando Dios promete que enviará un profeta que ya lo había enviado y murió o se fue, será el ministerio de ese profeta en otro hombre.
Y ahora, podemos ir preparándonos para la Venida del Señor viendo las señales que Él dio, “señales en el sol, la luna y las estrellas, y en la Tierra angustia de las gentes confundidas a causa del temor y la expectación de las cosas que vendrán.”
Vean, a causa del calentamiento global, muchas cosas van a suceder; también terremotos, volcanes, maremotos, tsunamis, y así por el estilo; pues la humanidad estará con temor de las olas y del mar, o sea, a causa de los maremotos y tsunamis que estarán sucediendo.
Las cosas que han de venir en este tiempo serán terribles para la humanidad, hasta el momento solamente han sido dolores de parto, pero realmente vendrá un tiempo muy difícil para la humanidad, llamado en medio del Cristianismo: “el tiempo de la gran tribulación,” donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana.
Y Dios no hace nada, ni trae juicio al mundo, sin antes avisar, sin antes hacer la advertencia por medio de un hombre, de un profeta como lo hizo a través del profeta Noé; y Cristo dijo que será el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre como en los días, ¿de quién? De Noé, y como los días de Lot.
En los días de Lot, Dios también hizo la advertencia a Abraham y también a Lot, y Lot también la hizo a la gente de allá; a los que iban a ser sus yernos le hizo la advertencia de lo que iba a suceder. Es que Dios no trae juicio al mundo sin antes avisar, sin antes advertirles de lo que ha de suceder para que las personas puedan buscar a Dios y evitar las cosas que han de suceder, de esos juicios que han a venir.
Durante este tiempo de la gran tribulación se estará cumpliendo la segunda parte de la semana número setenta que son tres años y medio; y eso tiene que ver con el ministerio de los dos Olivos, de Moisés y Elías, de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14; y de Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14.
Los dos Olivos, los dos Ungidos, que están delante la presencia de Dios, esos son los ministerios que estarán siendo manifestados en la Tierra, en la Venida del Hijo del Hombre, pues Cristo dijo que “el Hijo del Hombre vendrá con Sus ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Al trigo con la transformación y rapto, y los que murieron en Cristo con la resurrección en cuerpos eternos e ir con Cristo a la cena de las Bodas del Cordero, una gran fiesta en el Cielo; para la cizaña con los juicios de la gran tribulación, porque la cizaña será atada y echada al fuego, y allí será el lloro el crujir de dientes, en la gran tribulación será el lloro y el crujir de dientes. Así también será para las vírgenes insensatas, pero para las vírgenes prudentes será las Bodas y la Cena de las Bodas del Cordero, con Cristo en el Cielo.
Ahora, vean que para este tiempo en el cual nosotros vivimos tenemos que estar con nuestros ojos espirituales bien abiertos; por eso dice que cuando veamos que comienzan a suceder todas estas cosas, levantemos nuestras cabezas porque nuestra redención está cerca, nuestra redención es nuestra transformación, esa es la redención del cuerpo, conforme a las Palabras de San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 31.
La adopción de los hijos e hijas de Dios, esa es la manifestación de los hijos de Dios, la redención del cuerpo, esa es la adopción; porque la adopción espiritual viene a ser el nuevo nacimiento donde nacemos de nuevo y eso es al recibir el Espíritu de Cristo, nacemos a la Vida eterna, en el Reino eterno de Cristo; pero nos falta la adopción física, que será nuestra transformación.
Por eso tenemos que estar con nuestros ojos espirituales bien abiertos, viendo y conociendo las señales de los tiempos, las señales que están establecidas en la Escritura, usted no puede estar buscando una cosa que no ha sido prometida, no podemos estar inventando cosas, sino tenemos que estar sujetos a lo que dice la Escritura; y así usted no fallará, pues todos queremos ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Todos queremos vivir eternamente.
Para este tiempo final tenemos que estar con nuestros ojos bien abiertos, y con nuestras cabezas levantadas al Cielo, o sea, a Dios, a Cristo y a todo el Programa divino, a las cosas de Dios.
La señal, ¿cuál es la señal de la Venida del Hijo del Hombre? Hemos visto la señal en el Cielo, y hemos visto las señales en la Tierra; y desde que comenzaron a verse estas señales Cristo dijo que cuando comencemos a ver estas señales... San Lucas, capítulo 21, para que lo tengan claro y sepan de qué estamos hablando, dice:
“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (San Lucas, capítulo 21, verso 28).
Nuestra redención, ¿qué podemos decir de nuestra redención que ha sido prometida en la Escritura, luego de ver en todas las señales que están siendo manifestadas, tanto en el Cielo como en la Tierra? Yo solamente puedo decir que mi redención, mi transformación, está cerca. ¿Y quién más? ¿Qué puede decir usted? Pues lo mismo: “Nuestra redención está cerca.”
Y ahora, recuerden que es a la Trompeta final, a esa gran Voz de Trompeta, que es el Evangelio del Reino siendo predicado. Juan el Bautista predicó el Evangelio del Reino, el Señor Jesucristo predicó el Evangelio del Reino, pero luego que fue crucificado y luego que subió al Cielo, desde el Día de Pentecostés en adelante se ha estado predicando el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra Salvación, el Evangelio de la Paz, de la paz con Dios, de la reconciliación del ser humano con Dios; pero volverá a ser predicado el Evangelio del Reino, que predicaba el Señor Jesucristo por tres años y medio, y eso es una promesa de la cual Cristo habla en San Mateo, capítulo 24, verso 13 al 14, y dice:
“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”
Todos los que van a ser transformados, van a estar escuchando la gran Voz de Trompeta o Trompeta final, que es el Evangelio del Reino siendo predicado.
Y ahora, vamos a ver en Apocalipsis, capítulo 14, la información que nos da acerca de la predicación del Evangelio para el tiempo final. En la predicación del Evangelio del Reino, se estará dando la revelación de la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles, que le dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a todos los hijos e hijas de Dios, los creyentes en Cristo nacidos de nuevo representados en las vírgenes prudentes de San Mateo, capítulo 25, versos 10 al 13.
Y ahora, capítulo 14 de Apocalipsis, versos 6, dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”
Aquí tenemos a un mensajero, recuerden que Ángel significa “mensajero.” Este mensajero, este Ángel viene con el Evangelio del Reino para predicarlo a toda nación, tribu, lengua y pueblo, a todos los moradores de la Tierra.
Por lo tanto, es un hombre que vendrá, un mensajero, un profeta mensajero, el cual está prometido para esa labor en el Programa Divino. Él estará dando a conocer los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana y también estará dándole a conocer a los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, todo lo correspondiente a la Venida del Señor con Sus ángeles para que tengan la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Para ese tiempo es que la fe de los creyentes en Cristo sube al nivel más alto, para poder ser transformados y llevados con Cristo a la Cenas de las Bodas del Cordero.
Hemos visto que bajo la predicación del mensaje del Evangelio del Reino, del Evangelio eterno, las personas estarán viendo a un mensajero, un hombre predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, el Evangelio del Reino de Dios.
Recuerden que Cristo también dijo que orando pidamos la Venida del Reino de Dios; y en el mensaje del Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, es que se habla, se trae la revelación divina del Programa Divino para la Venida y establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, del Reino de Dios en la esfera física; porque en la esfera espiritual está con nosotros por dos mil años; y hemos entrado al Reino de Dios en la esfera espiritual al recibir a Cristo como Salvador y ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu y obtener el nuevo nacimiento.
Hemos nacido en el Reino de Dios en el Reino de los Cielos y por eso nuestra ciudadanía está en los Cielos, dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea conforme al cuerpo suyo;” o sea, sea conforme a la semejanza Suya, sea un cuerpo glorificado como Su cuerpo glorificado. Y Él tiene el poder para transformarnos y darnos así un cuerpo eterno, joven y glorificado. Yo lo necesito y lo estoy esperando. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.
Por lo tanto, bajo la predicación del Evangelio del Reino estaremos conociendo todos estos misterios del Reino de Dios y el Programa correspondiente a este tiempo final. Dice Cristo: “Y será predicado este evangelio del Reino, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” [San Mateo 24:14]. O sea, que el fin es para el tiempo de la predicación del Evangelio del Reino.
Y ahora, las señales del fin del siglo o fin del tiempo, o fin del mundo, ya hemos visto la predicación del Evangelio del Reino por un ángel mensajero, por un mensajero, un hombre que aparecerá en la Tierra, predicando un mensaje para todos los moradores de la Tierra, todo pueblo, toda nación, y toda lengua.
Y en la parábola del trigo y la cizaña de San Mateo, capítulo 13, versos 37 al 43, Cristo explicando a petición de Sus discípulos esta parábola, dice que el trigo son los hijos del Reino, y dice que la cizaña son los hijos del malo, o sea, los hijos del diablo; y dice que el que sembró la cizaña es el diablo y el campo dice que es el mundo; en este mundo estaría el trigo, los hijos del Reino; y estaría la cizaña también, los hijos del malo.
Pero dice que cuando los siervos, los obreros dijeron a su Señor: “¿Quieres que arranquemos la cizaña?” Él dijo: “No, porque arrancando la cizaña también pueden arrancar el trigo,” o sea, acabando con los hijos del malo pueden acabar con los hijos de Dios también. Con una guerra mundial atómica, pueden acabar con hijos del malo e hijos de Dios también.
Cristo en la parábola dice que el Señor dice: “Dejen crecer lo uno y lo otro juntamente y al tiempo de la siega, o sea, al tiempo de la cosecha; yo diré a los cegadores lo que van a hacer. Recojan la cizaña y la atan en manojos para echarla en el fuego (a los malos), o sea, para que echarlos en la gran tribulación, donde será el cumplimiento del día ardiente como un horno, que vendrá conforme a Malaquías, capítulo 4, verso 1, donde dice, vean... porque es ese es el tiempo, dice capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:
“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”
Ese tiempo es señalado como la gran tribulación que durará tres años y medio, es llamado también la apretura de Jacob, donde el pueblo hebreo pasará por una etapa muy, pero que muy difícil.
“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia...”
A los que temen el Nombre del Señor, a los que aman a Dios, a los que sirven a Dios, tanto del Cristianismo como del Judaísmo, nacerá el sol de justicia. ¿Y qué es eso? La Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre; porque el Señor es el Sol de justicia, Él es la luz del mundo. Bien dijo Cristo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” O sea, la luz de la Vida eterna (San Juan, capítulo 8, verso 12).
Y ahora, sigue diciendo:
“...y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”
En Sus alas: esos son los ministerios de los ángeles con los cuales el Hijo del Hombre viene, porque el Hijo del Hombre viene con Sus ángeles y entonces pagará a cada uno según sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).
Y el mismo Cristo dijo: “Hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de Su padre, con Sus ángeles.” Y luego toma a Pedro, Jacobo y Juan , en el capítulo 17, de San Mateo, versos 1 al 9, y los lleva aparte a un monte alto y se transfigura delante de ellos y aparecen Moisés y Elías, uno a cada lado y Cristo aparece con Su rostro como el Sol, y Sus vestiduras como la luz. Allí está el orden la de Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles, Sus ángeles ahí son Moisés y Elías, son los ministerios de los dos Olivos que estarán repitiéndose en el Día Postrero, en el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre.
En el tiempo en donde el Hijo del Hombre vendrá con Sus ángeles para buscar y darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Recuerden que el Hijo del Hombre viene como ladrón en la noche, las vírgenes prudentes fueron las que vieron y recibieron al Esposo, al Hijo del Hombre; las insensatas ni lo vieron ni lo recibieron, cuando vinieron a tocar a la puerta ya estaba cerrada. También San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27, dice que la puerta va a ser cerrada.
Y ahora, hemos visto este misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles. Sus ángeles son los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero; y todo esto es y está dentro de un Programa Divino, del Programa Divino de la Venida del Señor, que es el misterio más grande de toda la Biblia. Si la primera Venida de Cristo fue un misterio que no comprendieron y se decía a través de quién vendría (a través de una virgen), decía en que ciudad nacería, y todas estas cosas; y fue un misterio, y la mayor parte no lo entendió, no lo recibió; cuánto más el misterio de la segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles.
Pero los entendidos, entenderán. Eso es lo que dice el capítulo 12 del libro del profeta Daniel, que los entendidos entenderán; los que van a ser transformados van a entender; los escogidos con el mensaje de la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino van a ser llamados y juntados, y preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Cristo en la parábola del trigo y la cizaña dijo que “los segadores son los ángeles.” Y los ángeles son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, con la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino llamando y juntando a los escogidos de Dios, primero los escogidos del Cristianismo y luego los escogidos del pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.
Yo creo que ya tenemos estas cinco preguntas que salieron en el periódico, contestadas: La Señal del fin del siglo, ahí la tenemos, cuando veamos esos ministerios repitiéndose, estaremos viendo la señal del fin del siglo.
Y ahora, en este tiempo final se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, porque ni uno de los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, ni uno de ellos se puede perder, todos tienen que ser llamados cada uno en el tiempo que le toca vivir en la Tierra, tiene que ser llamado por medio del Evangelio de Cristo, para recibir a Cristo como Salvador. Y luego por medio del Evangelio del Reino es preparado para su transformación y el rapto o arrebatamiento con Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.
Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, porque la fe nace o viene por el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo; y con el corazón se cree para justicia. También creí. Y con la boca se confiesa para Salvación, para recibir la Salvación y Vida eterna.
Por lo cual ustedes ya han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma; y los que no lo han recibido todavía como Salvador, ya están creyendo en Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador. Ya yo le recibí como mi Salvador. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.
Si falta alguno por recibirlo puede hacerlo en estos momentos, ustedes que están aquí presentes y también los que están en otras naciones; y estaremos orando por usted para que Cristo les reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre. Y Cristo le bautice con Espíritu Santo y fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.
En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
La única esperanza que hay para el ser humano es Cristo, la única esperanza de Vida eterna es Cristo, la única esperanza para obtener el perdón de nuestros pecados y ser limpios de todo pecado es Cristo. No hay otra persona que nos pueda dar la salvación y Vida eterna. La exclusividad de la Vida eterna la tiene nuestro amado Señor Jesucristo. Por eso dice Cristo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).
No podemos acercarnos a Dios, a menos que sea a través de Cristo, es por medio de Cristo que llegamos a Dios: “Y nadie viene al Padre sino por mí,” dice Cristo. Es por Cristo que podemos llegar al Padre celestial y ser reconciliados con Dios. Cristo es nuestra paz, Cristo es nuestro Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y Él es la Vida eterna para nosotros. El mismo Cristo dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer; y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” [San Juan 10:16].
Cristo es el buen Pastor, la Voz de Cristo que escucharían Sus ovejas sería el Evangelio de Cristo. ¿Y quiénes serían Sus ovejas? Nosotros. ¿Y cuál sería Su Redil? Su Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo es el Redil del Señor Jesucristo para Sus ovejas. Eso está en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante; y en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna.”
¿Para qué se predica el Evangelio de Cristo y se le da la oportunidad a las personas para que lo reciban como Salvador? Para que Cristo los reciba y les dé la Vida eterna; porque ninguna otra persona le puede dar a usted la Vida eterna, solamente hay una persona y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.
Él tiene la exclusividad de la Vida eterna para otorgala a todos lo que reciben como único y suficiente Salvador. Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, Ciudad Guatemala y también en toda la República de Guatemala, y los está llamando en este día; y el Reino de Cristo, el Reino de Dios se está llenando de ciudadanos de Guatemala, se está llenando de personas de Guatemala y de muchas otras naciones.
Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz, y la estás escuchando, el Evangelio de Cristo, no endurezcas tú corazón, Él te está llamando para darte la salvación y Vida eterna, para que puedas vivir eternamente. Él dice:
“Y yo las conozco y les doy vida eterna.”
Es que el nombre suyo está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; y Él por eso nos conoce, y Él conoce nuestros nombres, que desde antes de la fundación del mundo, Dios colocó en el Libro de la Vida.
Recuerden, en una ocasión Cristo mandó a Sus discípulos a predicar el Evangelio del Reino, y a sanar a los enfermos y a echar fuera demonios; y ellos fueron, y cuando regresaron vinieron muy contentos, y dicen a Cristo: “Señor aún los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” O sea, que ellos le decían: “Salgan de la persona.” Y salían de las personas esos espíritus malos.
Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.” ¿Dónde? En el Libro de la Vida, ahí están escritos los nombres de todas las personas que Cristo dice que son Sus ovejas.
Así que, saber que nuestros nombres están escritos en el Cielo es motivo de gozo, de alegría, de regocijo y agradecimiento a Dios y de una respuesta positiva de parte nuestra recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Es que no sabíamos que éramos hijos de Dios, pero ahora lo sabemos a través del Evangelio de Cristo. Ninguno de los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, ninguno se puede perder. “Porque no es la voluntad de nuestro Padre que se pierda uno de estos pequeñitos,” dice Cristo en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14.
Vean, aquí mismo les voy a leer esta Escritura para que ustedes comprendan que ustedes están escritos en el Cielo, y son las ovejas de las cuales Cristo vino a buscar. En San Lucas capítulo 19, verso 10, dice:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Y en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, dice:
“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (o sea, que vino a buscarme y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también, para que vivamos eternamente en Su Reino).
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella que por las noventa y nueve que no se descarriaron.”
Se regocija más por la que se había descarriado; y Cristo la busca, la encuentra y la trae a Su Redil, por eso dice Cristo que cuando un pecador se arrepiente, hay gozo, ¿dónde? En el Cielo; y cuando dos se arrepienten, hay más gozo; y cuando cincuenta, cien o mil, se arrepienten, el gozo en el Cielo es inmenso. Hay gozo por usted, porque está viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Él lo bautice con Espíritu Santo y fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así entren al Reino de Dios. Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo:
“De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.”
Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, escuchar el Evangelio es recibir a Cristo como Salvador; y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, recibir el Espíritu Santo, y así obtiene el nuevo nacimiento.
Ahora, finalicemos aquí este pasaje con el verso 14, donde dice:
“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
No es la voluntad de Dios que nos perdamos, la voluntad de Dios es que obtengamos la Salvación y Vida eterna y vivamos eternamente con Cristo en su Reino. Esa es la voluntad de Dios.
Por lo tanto, todos estamos de acuerdo con la voluntad de Dios, porque todos queremos vivir eternamente en el Reino de Cristo.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida y ha nacido la fe de Cristo en sus almas y vienen para recibirlo como único y suficiente Salvador. Y en las demás naciones también están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.
Por lo cual, vamos a pedirle a los que están en las cámaras y a los que están en las computadoras que nos indiquen cuando estén listos ya en Villahermosa y demás ciudades de la República Mexicana; y también en Venezuela, en Caracas, en Valencia también y en las demás ciudades de Venezuela; en Puerto Rico también, y demás naciones.
Todavía vienen más personas que como ustedes desean vivir eternamente, y hemos visto que solamente hay una forma para el ser humano obtener la Vida eterna, y es a través de Jesucristo nuestro Salvador. No hay otro Salvador; por eso Su Nombre es Jesús, Yeshua, que significa: “Salvador.” Él salvará a Su pueblo de sus pecados. Eso fue lo que dijo el Ángel Gabriel a José (el esposo de la virgen María).
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
En la vida hacemos grandes decisiones. Para aparecer en esta Tierra, la decisión de nacer fue muy importante; y para vivir eternamente, para entrar al Reino de Dios, y por consiguiente vivir eternamente, la decisión de nacer de nuevo es muy importante.
La decisión de recibir a Cristo como Salvador coloca a la persona (y recibirlo)... coloca a la persona dentro del Reino de Dios; y por consiguiente de la Vida eterna. No hay otra decisión en la vida que lo coloque en la Vida eterna, solamente la de recibir a Cristo y recibirlo como único y suficiente Salvador.
Recuerden, Cristo está tan joven como cuando subió al Cielo. Todos queremos ser así, todos queremos tener un cuerpo como el de Jesucristo; y lo vamos a tener porque Él lo prometió, lo prometió para todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.
Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que están aquí presentes y los que están en otras naciones, y han venido para recibir a Cristo como Salvador, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, y creo en Tu Nombre, como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino.
Señor, acepto mi Salvación, que Tú ganaste para mí en la Cruz del Calvario, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Señor, en Tus manos encomiendo mi alma. Salvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso. Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).
El bautismo en agua no le quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.
El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando Juan estaba bautizando allá en Judea, apareció Cristo, entró al agua, entró a las aguas del río Jordán, para ser bautizado, y Juan le dice: “Tengo yo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Recuerden que María y Elisabet, la madre de Juan el Bautista, eran parientes y se visitaban, así que se conocían. Y Jesús le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces Juan no discutió más y lo bautizó.
Y ahora, si a Jesús y a Juan le convenía que Jesús fuera bautizado, para cumplir toda justicia; cuánto más a mí, y cuánto más a cada uno de ustedes también. A todos nos conviene cumplir toda justicia, nos conviene ser bautizados, porque es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
Cuando una persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo en términos espirituales; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultada; y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida con Cristo en su Reino eterno. Tan simple como eso es el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento.
Vean, aquí tenemos que tener un cuadro claro de lo que es el bautismo en agua, para saber porqué la Escritura nos enseña a que seamos bautizados en agua en el Nombre del Señor. Dice capítulo 12, verso 37 en adelante del libro de los Hechos, el apóstol Pedro predicando lleno del Espíritu Santo, dice:
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Así que, los que recibieron Su Palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas y fueron llenas del Espíritu de Cristo, y fueron añadidas así al Redil del Señor, fueron añadidas al rebaño del Señor, que es la iglesia del Señor Jesucristo; para ser parte y formar parte de la Iglesia, es por medio del nuevo nacimiento.
Y ahora, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Pregunto si hay agua, ¿hay bautisterios? Hay bautisterios. Ya vamos a tener al reverendo Esteban Golón, para que les indique cómo hacer para ser bautizados.
Así que, bien pueden ser bautizados ustedes que están presentes y recibieron a Cristo como Salvador en estos momentos y también a los que están en otras naciones, y en estos momentos han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Para lo cual dejo a los ministros correspondientes de cada nación, para que les indiquen hacia dónde dirigirse a las personas para ser bautizadas en agua en el Nombre del Señor. Y aquí dejo al reverendo Esteban Golón para que haga en la misma forma.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Continúen pasando todos un día lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y nos veremos en el Reino de Cristo. ¿Por cuánto tiempo? Por toda la eternidad.
Dios les bendiga y les guarde a todos.
“LA VENIDA DEL SEÑOR Y LA SEÑAL DEL FIN DEL SIGLO.”