El camino de la santidad: Andad por él
Jueves, 13 Agosto, 2009 - Zihuatanejo, Guerrero México - 1 hora, 7 minutos
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Jueves, 13 de agosto de 2009
Zihuatenejo, Guerrero, México
Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Un saludo muy especial para todos los ministros y sus congregaciones en todos los países.
Para esta ocasión leemos en Isaías, capítulo 35, versos 8 en adelante, 8 al 10, y dice:
“Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará.
No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.
Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Nuestro tema para esta ocasión es: “EL CAMINO DE LA SANTIDAD: ANDAD POR ÉL.”
Aquí la Escritura nos habla de un camino que sería abierto, establecido por Dios para que todos los hijos e hijas de Dios anden en y por él. Para comprender este misterio del camino de la santidad por el cual Dios dice que andemos en él, tenemos que conocer el trato de Dios con Su pueblo: Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, Moisés y las doce tribus de Israel, y el Pacto que Dios le dio al pueblo hebreo allá en el monte Sinaí.
La Escritura dice que Dios hará un nuevo Pacto con Su pueblo, eso está en Jeremías, capítulo 31, versos 31 en adelante, y dice:
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”
En esta Escritura nos habla Dios de un nuevo Pacto que Dios va a establecer con Su pueblo, no como el Pacto que fue hecho allá en el monte Sinaí, porque Su pueblo invalidó ese Pacto.
Y ahora, para ver más claramente este Pacto que Dios estableció con Su pueblo Israel en el monte Sinaí: unió al pueblo hebreo con Dios, como se une una joven con un joven en el santo estado del matrimonio, donde el ministro lee el pacto matrimonial, y la joven y el joven aceptan ese pacto matrimonial.
Así es el Pacto que fue establecido de la unión del pueblo hebreo con Dios. Por eso es que en la lectura que tuvimos de Jeremías, capítulo 31, Dios dice: “Porque yo fui un marido para ellos,” o sea, para Su pueblo, Dios se representa en el Esposo y el pueblo hebreo en la esposa, para tener hijos e hijas de Dios por medio de esa unión bajo ese Pacto.
Ahora vean, en Jeremías, capítulo 3, verso 6 en adelante, dice:
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel?...”
Y ahora, recuerden que luego que el reino de David fue roto o dividido en dos reinos, al nieto de David: Roboam, hijo de Salomón, le fueron dejadas dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín; y a Jeroboam que era siervo del rey Salomón, luego de la muerte del rey Salomón le fueron dadas diez tribus, o sea, las tribus del Norte, y se formó así el reino del Norte llamado el reino de Efraín o reino de Israel.
Y al reino del Sur, encabezado por un descendiente de David, o sea, nieto de David e hijo del rey Salomón, llamado Roboam, encontramos que esas dos tribus que corresponden al Reino de David, al cual le fueron dejadas esas dos tribus, es llamado el reino de Judá; y aquí en la profecía de Jeremías, capítulo 31 se refiere al reino compuesto o dividido en dos reinos: el reino de Judá y el reino de Israel o casa de Judá y casa de Israel.
Por eso en Ezequiel también nos habla de la casa de Judá, o sea, el reino de Judá y de la casa de Israel o casa de Efraín, porque fue encabezado por un descendiente de Efraín el reino de Israel, o sea, las diez tribus que formaron el reino del Norte.
Y ahora, vean, a causa de qué fue todo esto: recuerden que el pueblo hebreo bajo el reino de David y también bajo el reino de Salomón, estaba casado el pueblo con Dios, como un matrimonio entre un hombre y una mujer.
Vean, aquí lo vamos a ver más claro, dice a continuación en el mismo capítulo 3 de Jeremías, vamos a leerlo de nuevo, dice verso 6 en adelante:
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel?...”
Y ahora, la rebelde Israel es el reino del Norte compuesto por las diez tribus que le fueron dadas a Jeroboam, y que por consiguiente fueron separadas del reino de Judá.
Estas diez tribus encabezadas antes de esta ocasión por el rey Jeroboam, el rey Jeroboam hizo dos becerros de oro y eso desagradó a Dios, o sea, cayó en adulterio espiritual, adorando y sirviendo a dioses ajenos, uniéndose a dioses ajenos; y así fue infiel a Dios y el pacto patrimonial que Dios tenía con Su pueblo Israel. Dice:
“...Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica.”
O sea, adorando ídolos, adorando dioses paganos, dioses ajenos:
“Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá.”
O sea, el reino de Judá compuesto por la tribu de Judá y la tribu de Benjamín que le había quedado a David y los reyes descendientes de David. Dice:
“Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel (o sea, la casa de Israel, ¿quién vio eso? La casa de Judá), yo la había despedido y dado carta de repudio...”
Dios le había dado carta de repudio, o sea, de divorcio a la casa de Israel, o sea, al reino del Norte, por fornicación espiritual, o sea, adorar y servir a ídolos, o sea, al paganismo. Dice:
“... pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó.”
Y también el reino de Sur compuesto por la tribu de Judá y la tribu de *Benjamín, bajo el liderazgo de un descendiente de David, también hizo lo mismo: adoró y sirvió a la idolatría, a dioses paganos.
“Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño (o sea, con los ídolos de piedra o de madera, de palos).
Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová.
Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.
Vé y clama estas palabras hacia el norte (o sea, hacia el reino de las diez tribus), y dí: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.
Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.
Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo.”
Y ahora, vean cómo se presenta Dios aquí: el Dios de Israel se presenta como el Esposo de la casa de Israel, o sea, del reino del Norte. Por eso el Señor Jesús cuando envía Sus discípulos, les dice que vayan a la casa de Israel, a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y también (eso está en San Mateo)... y también Cristo dice: “Yo no he venido, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Ahora vean, sigue diciendo:
“...porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sión;
y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.”
Y ahora, encontramos que va a haber una conversión de la casa de Israel, o sea, de las diez tribus del Norte, y eso será bajo un nuevo Pacto, porque allá Dios se divorció, le dio carta de divorcio a la casa de Israel, o sea, al reino del Norte compuesto por las diez tribus.
Por cuanto el pacto que fue dado en el monte Sinaí, es un Pacto de unión en donde es unido el pueblo hebreo con Dios, como en el pacto que se hace cuando unos novios se casan y el ministro los declara, luego de leer el pacto (el cual aceptan ambos), los declara marido y mujer.
Pero ahora, ¿qué sucede con la casa de Israel, el reino del Norte y su esposo que es Dios? En esa unión del pueblo con Dios, ya le fue dada carta de divorcio y ahora lo que fue prometido que haría un nuevo Pacto, es un nuevo Pacto de unión del pueblo hebreo, del reino del Norte con Dios.
Ese nuevo Pacto, dice el apóstol San Pablo que es el que ha estado anunciando en Hebreos, capítulo 9 y capítulo 8. Vamos a ver el capítulo 8 de Hebreos, lo que dice el gran apóstol San Pablo, el apóstol para los gentiles. Dice el capítulo 8, verso 6 en adelante:
“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.
Porque reprendiéndolos dice:
He aquí vienen días, dice el Señor,
En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;
No como el pacto que hice con sus padres
El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;
Porque ellos no permanecieron en mi pacto,
Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.
Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios,
Y ellos me serán a mí por pueblo.
Y ninguno enseñará a su prójimo,
Ni ninguno a su hermano, diciendo
Conoce al Señor;
Porque todos me conocerán,
Desde el menor hasta el mayor de ellos.
Porque seré propicio a sus injusticias,
Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.
Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”
Y ahora, solamente puede ser establecido un nuevo pacto de unión matrimonial entre un hombre y una mujer que tenía un pacto matrimonial, pero para establecer un nuevo pacto entre ellos dos, el primero tiene que terminar, o sea, tiene que haber un divorcio o carta de divorcio para luego bajo un nuevo pacto volverse a unir; y eso es de lo que nos habla Dios con relación a la casa de Israel, el reino del Norte, que por muchos años le han llamado las tribus perdidas de la casa de Israel, por cuanto fueron esparcidas por el mundo entero. Y por eso Cristo dijo: “Yo no he venido sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
Y ahora, bajo un nuevo Pacto es que volverá Dios a tratar con las ovejas perdidas de la casa de Israel, y por consiguiente bajo un nuevo camino que está prometido para el pueblo de Dios, llamado camino de santidad, y por él caminarán los redimidos, los que hayan obtenido la redención por medio del programa correspondiente a ese nuevo Pacto.
Por esa causa es que en la última cena que tuvo Jesús con Sus discípulos, allá en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29 y también en el capítulo 22 de San Lucas, Cristo habla de un nuevo Pacto. Capítulo 26, versos 26 al 29 (y ustedes leen luego el capítulo 22 de San Lucas):
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”
Y ahora, Cristo aquí nos dice que esta copa de vino que Él y del cual Él está dando a beber, a tomar a Sus discípulos en esta última cena, viene a ser tipo y figura ¿de qué? De la Sangre de Cristo que va a ser derramada para remisión de los pecados de muchas personas, de muchas personas que lo van a recibir como Salvador, de muchas personas que van a entrar a ese nuevo Pacto y van a ser limpios de todo pecado y van a quedar delante de Dios sin pecado, van a quedar justificados delante de Dios, Dios los mirará a través de la Sangre de Jesucristo, van a obtener la redención del alma, van a entrar a un nuevo Pacto matrimonial entre Dios y Su pueblo compuesto por seres humanos.
Y ahora, este es el nuevo Pacto del cual Dios habló en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, que Dios haría con la casa de Israel y con la casa de Judá. A este nuevo Pacto han estado entrando millones de seres humanos de entre los hebreos y de entre los gentiles también; y entre los gentiles han estado las diez tribus correspondientes al reino del Norte, y han estado perdidas. Por eso dicen de esas diez tribus que forman el reino del Norte, el reino de Israel, les llaman las tribus perdidas de la casa de Israel.
Pero no puede haber un Salvador, un Redentor si algo no está perdido, Él es el Salvador; y por esa causa Él viene en Su primera Venida, Cristo, el Mesías, para establecer el nuevo Pacto que Dios prometió; por eso es que Él dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” Capítulo 14, verso 6 de San Juan; y también el capítulo 7, verso 13 al 14, Cristo habla del camino angosto y también de la puerta angosta, el camino que lleva a la Vida eterna, el cual es Cristo.
Ese es el nuevo camino, el camino de la santidad por el cual Dios dice que andemos en y por él, el camino en el cual Dios por medio de la Sangre de Cristo ha limpiado al ser humano de todo pecado y ha quedado justificado delante de Dios, o sea, como si nunca en la vida hubiese pecado. Ese es el camino por el cual andan los redimidos del Señor, y esos son los creyentes en Cristo redimidos por la Sangre de Cristo nuestro Salvador.
Y ahora, el camino es Cristo y por consiguiente el camino de Cristo que ha sido establecido, el cual ha sido abierto por Cristo, encontramos que es el camino que ha tomado todo aquel que ha recibido a Cristo como Salvador. Por eso en la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la paz, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de Dios, se proclama el nuevo Pacto para entrar en unión con Dios, una unión espiritual, un casamiento espiritual.
Por eso es que se habla también de la Iglesia como la Esposa del Cordero; y el Cordero, que es Cristo, es el Esposo; se habla también de las bodas del Cordero, ¿con quién? Con Su Esposa, con Su Iglesia, bajo un nuevo Pacto, pues si hay unas bodas es porque hay un nuevo Pacto que va a ser establecido.
Y toda persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha entrado al nuevo Pacto, ha sido limpiado con la Sangre de Cristo, ha sido justificado, y Cristo por Su Espíritu lo ha santificado y delante de Dios esos son los santos del Altísimo, los santificados que están en el camino de la santidad.
Tan simple como eso es el camino de la santidad por el cual Dios dice: “Andad por él,” o sea, por él y en él, y Cristo dijo que Él es el camino, y la verdad. No hay otro camino, no hay otra verdad, y Él también dice: “Y la vida.” No hay otra vida, la Vida eterna es Cristo, porque Él tiene la exclusividad de la Vida eterna para impartirla a todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador, y colocarlos en el camino de la santidad, en el camino de la Vida eterna, en el camino de Dios, en unión con Dios en ese matrimonio espiritual bajo el nuevo Pacto matrimonial entre Dios y el ser humano.
Y ahora, Dios por medio de Cristo, el Mesías, es el Esposo; y la Iglesia del Señor Jesucristo es la Iglesia Novia, la Esposa del Cordero bajo un nuevo Pacto.
Hemos visto este misterio de esta unión de Su Iglesia con Cristo, el Esposo, bajo un nuevo Pacto, cubierta con la Sangre del nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador.
Por eso es que dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, que somos hijos de Dios. Veamos lo que nos dice Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, dice:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Y ahora, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, así como la esposa es coheredera con el esposo. Por eso los hijos son de ambos; y así por el estilo usted encontrará a la esposa siendo coheredera con el esposo; y así es también la Iglesia del Señor Jesucristo con todos los creyentes en Cristo: son los hijos e hijas de Dios bajo un nuevo Pacto y por consiguiente son herederos de Dios y coherederos con Cristo, porque Dios por medio de Cristo es el Esposo de la Iglesia, y la Iglesia es la Esposa de Dios a través de Cristo bajo un nuevo Pacto.
¿Y quiénes son los miembros que forman la Iglesia del Señor Jesucristo bajo un nuevo Pacto? Cada uno de los creyentes en Cristo, ustedes y yo que están aquí presentes y los que están en otras naciones también; todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo forman la Iglesia del Señor Jesucristo a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Están en el nuevo camino, en una nueva dispensación, están en un nuevo Pacto, están en el camino nuevo que Dios abrió por medio de Cristo, conforme a Hebreos. Vean, aquí en Hebreos lo encontramos, este nuevo camino que fue abierto. En el capítulo 10 de Hebreos, versos 19 al 25, dice:
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios.”
¿Y la casa de Dios cuál es? La Iglesia del Señor Jesucristo, los hijos e hijas de Dios. Vamos a ver en Hebreos, capítulo 3, versos 5 al 6, dice:
“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”
Y ahora, podemos ver el porqué dice San Pablo que hemos sido colocados por Cristo en lugares celestiales con Cristo Jesús; y también nos dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21.
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”
Y ahora, nuestra ciudadanía está en los Cielos, todos los que han entrado el nuevo Pacto, este Pacto divino, celestial, pertenecen al pueblo de Dios, son hijos e hijas de Dios, son miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el nuevo Pacto que Dios prometió que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Están unidos en matrimonio espiritual con Cristo nuestro Salvador, y por eso es que San Pablo nos dice que somos miembros de Su Cuerpo y de Su Carne, el Cuerpo Místico de Cristo que es Su Iglesia, y han venido a ser uno, así como cuando el ministro casa a unos novios, la novia y el novio, vienen a ser una sola carne; y así Cristo y Su Iglesia vienen a ser una sola carne, y por medio de la Iglesia Cristo se manifiesta y en medio de ella lleva a cabo toda la obra divina correspondiente al tiempo en que se está manifestando en medio de Su Iglesia, en donde se reproduce en hijos e hijas de Dios, y nacen de etapa en etapa, de edad en edad hijos e hijas de Dios, ¿dónde? En y a través de la presencia de Cristo en Su Iglesia.
Así como el trigo nace en las plantas de trigo por medio del grano de trigo que fue sembrado en tierra, y de él nació la planta de trigo y la vida del grano de trigo está en la planta de trigo, ¿para qué? Para reproducirse en muchos granos de trigo, que tipifica el grano de trigo, a Cristo, y la Iglesia está tipificada en la planta de trigo, y los granos de trigo ¿quiénes son? ¿A quiénes representa? Me representa a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.
Así que, bajo el nuevo Pacto la Iglesia del Señor Jesucristo está en pie delante del Señor como la Iglesia Novia del Señor, para de etapa en etapa, de edad en edad reproducirse Cristo en hijos e hijas de Dios.
Por lo tanto, en el camino de la santidad fue dicho: “Andad en él o por él,” en el camino de Dios en una nueva dispensación, bajo un nuevo Pacto, caminamos en Cristo y por Cristo, sirviendo a Dios con todo nuestro corazón.
Que las bendiciones de Dios, sean sobre todos los que están caminando en el camino de la santidad, en el camino de Dios que es Cristo, por medio de quien hemos sido justificados y santificados, y seremos transformados y seremos a Su imagen y a Su semejanza.
¿Y quiénes son las personas que van a ser transformadas para ser llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero? Yo soy una de esas personas, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, porque estamos caminando en el nuevo camino, en el camino de la santidad, en el camino de la Vida eterna que es Cristo, bajo el nuevo Pacto que Dios prometió que establecería con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Si hay alguna persona que todavía no ha entrado al camino que es Cristo, al camino en donde la persona se une con Dios en un nuevo Pacto, en una unión espiritual con Dios, recibiendo a Cristo como Salvador, para que Cristo lo reciba, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, y quede unido, casado con Cristo, y venga a ser uno de los miembros de la Iglesia Novia de Cristo, si todavía no ha recibido a Cristo, puede recibirlo en estos momentos y estaremos orando por usted.
Y ustedes que están en otras naciones en estos momentos escuchando, pueden también recibir a Cristo si todavía no lo han recibido, para que queden unidos con Cristo bajo un nuevo Pacto en esta unión matrimonial, espiritual entre la persona y Cristo. Por medio de Cristo es que somos unidos a Dios y por consiguiente a la Vida eterna, y somos hechos una sola carne con Cristo.
Cristo tiene mucho pueblo que llamaría y colocaría bajo el nuevo Pacto y dentro del camino nuevo, bajo este nuevo Pacto matrimonial de unión con Dios. Por eso es que la Escritura nos dice que el hombre representa a Cristo y la mujer representa la Iglesia del Señor Jesucristo, y el matrimonio representa la unión de la Iglesia con Cristo.
Es una bendición muy grande, la bendición más grande recibir a Cristo como Salvador para entrar al nuevo Pacto que Dios prometió que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Cristo dijo que Su Sangre es la Sangre del nuevo Pacto, Él vino para establecer el nuevo Pacto divino, para la unión del ser humano con Dios en ese Pacto matrimonial entre Dios y el ser humano.
Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad y en todas las ciudades de la República Mexicana, en toda la nación de la República Mexicana y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final para que estén unidos en el nuevo Pacto de unión entre Dios y el ser humano, un Pacto matrimonial divino entre Dios y el ser humano por medio de Cristo nuestro Salvador.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Los niños de diez años en adelante pueden también venir a los Pies de Cristo, y los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Dios tiene lugar para los niños también y para todos ustedes jóvenes y adultos, porque los nombres de ustedes están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, y por eso ustedes han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo en donde hemos visto cuál es el camino de santidad, el camino de la Vida eterna, que es Cristo nuestro Salvador.
En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también; y si pueden indicarnos cuándo ya están listos, lo pueden hacer para ya orar por todas las personas que han estado viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Si falta alguno por venir a los Pies de Cristo, recuerde que esto significa Vida eterna para los que reciben a Cristo como Salvador, recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna,” estas ovejas son personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, de las cuales Cristo también dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18).
Esas son las ovejas del padre que Cristo dijo que el Padre le dio a Él para que las busque y les dé Vida eterna, por eso Él dijo en San Lucas, capítulo 19, verso 10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Y en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, dice:
“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
No es la voluntad de Dios que nos perdamos, la voluntad de Dios es que seamos salvos, y para eso fue que vino Cristo, el Hijo del Hombre. Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino para buscarme a mí y para salvarme a mí, ¿y para quién más? Para buscarle a usted y salvarlo a usted.
Por eso es que en nuestra alma está el deseo de vivir eternamente: porque hay un Programa Divino que está sellado en nuestra alma para Vida eterna, y en el momento que nos toca vivir en esta Tierra, escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo, o sea, ese programa abierto al público que fue abierto por San Pedro el Día de Pentecostés, el cual tenía las llaves del Reino de los Cielos, y abrió la puerta del Reino del Cielos dando a conocer a Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, al morir en la Cruz del Calvario.
Y así se abrió la puerta del Reino de los Cielos, y han estado entrando millones de seres humanos, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
Cristo dijo que Sus ovejas escucharían Su Voz, por lo tanto, lo que usted está haciendo es lo que Cristo dijo: que escucharía la Voz de Cristo, que es Su Evangelio, y vendría a Él, lo seguiría y Él le daría Vida eterna; así hizo conmigo y así ha estado haciendo con millones de seres humanos, y hoy en esta ocasión lo está haciendo con cada uno de ustedes también.
Ya vamos a orar por todas las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; vamos a estar con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, nuestros ojos cerrados y repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo a Dios:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo que Tú eres el Mesías Príncipe que has venido como Cordero de Dios en Tu primera Venida para quitar el pecado del mundo; creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.
Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas en alto a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les han recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Ustedes me dirán: “Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo recibí como mi salvador. Por lo tanto, quiero ser bautizado en agua en Su Nombre. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.
Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo.
El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista cuando Él entró a las aguas del bautismo en la ocasión en que Juan estaba bautizando muchas personas en el Jordán, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Deja, nos conviene cumplir toda justicia.” Si Cristo necesitó ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia divina, cuánto más nosotros.
Aun los discípulos del Señor Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista, y cuando Cristo predicaba, los que creían en Cristo eran bautizados en agua por los apóstoles. Luego el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Lo cual les indicó San Pedro cuando predicó ungido por el Espíritu Santo ese hermoso mensaje del Día de Pentecostés; o sea, que era el Espíritu Santo hablando a través de San Pedro.
Vean, dice capítulo 2, verso 37 en adelante del libro de los Hechos:
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Así que, los que recibieron su palabra (así que los que recibieron Su Palabra ¿qué hicieron? Fueron bautizados)... así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Como tres mil personas, creyeron, fueron bautizadas y fueron añadidas a las Iglesia del Señor Jesucristo, y el número de los creyentes en Cristo se multiplicó de un grupo pequeño que recibieron el Espíritu Santo, ciento veinte personas creyentes en Cristo; luego se multiplicó y ya eran ciento veinte personas más como tres mil personas, y siguió creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo a medida que San Pedro predicaba y los demás apóstoles predicaban el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación como es llamado, y continuaban entrando al Reino de Dios, al camino de la santidad, al camino en donde las personas son limpias de todo pecado y quedan justificadas ante Dios y son santificadas por el Espíritu Santo, al recibir el Espíritu Santo.
Y así, el nuevo camino, el camino de la santidad se ha estado llenando de millones de creyentes en Cristo, que han estado entrando al nuevo Pacto y han estado uniéndose con Dios en ese matrimonio espiritual, en donde Cristo es el Esposo o Novio, y la Iglesia, los creyentes en Cristo son la Esposa o la Novia del Señor Jesucristo bajo un nuevo Pacto, para multiplicarse, reproducirse Cristo en y a través de Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios.
Cada vez que personas reciben a Cristo como Salvador, y reciben el Espíritu de Cristo luego de ser bautizados en agua en Su Nombre, ¿qué sucede? Nace un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios, y así como en una familia real en cada ocasión que nacía un hijo o una hija, tenían una fiesta, así es en el Cielo; por eso dice el mismo Cristo que cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo, y también en este pasaje, dice que cuando es hallada la oveja perdida, se regocija más por aquella que fue... que se había descarriado y fue hallada, que por las noventa y nueve que no se habían descarriado. O sea, que en el Cielo hay gozo en todo momento que una persona o muchas personas reciben a Cristo como Salvador, porque Cristo, el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar esas ovejas, lo que se había perdido, o sea, que vino a buscar y salvar ¿a quiénes? A todos nosotros; y en el Cielo hay gozo en estos momentos.
Vamos a comprender más claramente lo que es el bautismo: luego que la persona recibe a Cristo como Salvador y muere al mundo, porque el que recibe a Cristo como Salvador está muriendo al mundo, luego el ministro lo sumerge en las aguas bautismales y tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando, se está levantando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, el bautismo en agua y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Tan sencillo como esto es el bautismo en agua (es tipológico).
Entendiendo que el agua no quita nuestros pecados, sino la Sangre de Cristo, podemos ser bautizados en agua, puesto que es un mandamiento de Cristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
Van unos dos mil años que se ha estado bautizando en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, a todos los que han recibido a Cristo como Salvador; y todavía se continúa bautizando a toda persona que recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador, hasta que entre al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último que está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que formaría la Iglesia del Señor y que con él se completará la Iglesia del Señor.
Así que, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo, y viviremos con Cristo por toda la eternidad, porque esa es la promesa de Cristo nuestro Salvador, Él lo ha prometido y Él lo va a cumplir.
Así que, adelante, pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Dejo al reverendo Josué Villaseñor Hernández, para que les indique cómo hacer y a dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Los que están en otras naciones y han recibido a Cristo en estos momentos como vuestro Salvador, también pueden ser bautizados, para lo cual también dejo al ministro correspondiente en cada nación.
Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.
“EL CAMINO DE SANTIDAD: ANDAD POR ÉL.”
