Jesús escapando de las manos de los judíos

Sábado, 15 Agosto, 2009 - Chilpancingo, Guerrero México - 1 hora, 14 minutos


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Rev. William Soto Santiago Ph.D.
Sábado,15 de agosto de 2009
Chilpancingo, Guerrero, México

Muy buenastardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Para lo cual leemos en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 39, que dice:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre uno somos.
Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?
Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada),
¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?
Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
Procuraron otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Nuestro es: “JESÚS ESCAPANDO DE LAS MANOS DE LOS JUDÍOS.”
La vida de Jesús, desde que nació, fue de persecuciones; y vean ustedes, cuando nació, ya el rey Herodes lo estaba persiguiendo porque supo que había nacido Jesús, el Hijo de Dios, y mandó a matar a todos los niños de dos años en adelante que habían nacido y que vivían en Belén de Judea. Pero Dios envió a Su ángel que le dijo a José: “Levántate, toma al niño y a su madre y vete a Egipto, o sea, vete a los gentiles, a la tierra de Egipto, que es tierra de los gentiles, hasta que te haga saber que regreses, hasta que yo te diga.” Dice el ángel.
Allá vivió cierta cantidad de tiempo, fue cuando Jesús fue con José y María a Egipto, tenía como dos años de edad; y ahora cuando muere el rey Herodes que había mandado a matar a todos los niños de dos años en adelante...
Aquí llueve de verdad, y parece que está lloviendo con un poco de granizo, cómo será para el tiempo en que caiga el granizo que está en el libro del Apocalipsis y en el libro de Isaías, y demás libros que nos hablan de granizo, como sucedió en Egipto, cuando Moisés fue a libertar al pueblo hebreo; vean que el ministerio de Moisés está ligado al granizo para el tiempo de Moisés allá y para el tiempo en que un profeta como Moisés va a ser levantado en el tiempo final como uno de los dos Olivos. Bueno, y ahí vamos a dejarlo.
Y ahora, Jesús fue a Egipto en donde vivió una cantidad de tiempo, no sabemos cuántos meses o años; y luego cuando murió el rey Herodes, el ángel le apareció nuevamente a José y le dice: “Ahora regresa a tu tierra.” O sea, la tierra de Israel; porque ya los que buscaban al niño para matarlo ya murieron. Herodes murió de una enfermedad mala; porque el Ángel de Dios lo hirió y murió comido de gusanos. Y luego llega Jesús ya no a Belén de Judea, sino a Nazaret; y allá se crió como un buen judío, guardador de la Ley de Moisés; y tuvo como oficio la carpintería, incluyendo todas las demás cosas que tienen que ver con estos trabajos; pudo también trabajar en la herrería, en asuntos de herrería, pues José tenía su negocio allá en Nazaret.
Y ahora, encontramos que Dios lo ocultó de los ojos de los que querían Su muerte y lo llevó luego allá a Nazaret y allí se crió muy bien como un joven guardador de la Ley, iba los sábados al templo; y por lo que dice en el capítulo 4 de San Lucas donde dice que conforme a Su costumbre se levantó a leer allá en la sinagoga de Nazaret, o sea, ¿conforme a qué? A Su costumbre, o sea, que era algo que Él hacía allí en Nazaret en Su vida cotidiana; así que tenía que saber leer muy bien, de seguro ayudaba al rabino que allí estaba; y por lo tanto también conocía muy bien las Escrituras.
En esa ocasión leyó la Escritura de Isaías, capítulo 61, verso 1, donde hablaba del Mesías representado allí, retratado allí en esa Escritura, o sea, hablaba de un hombre ungido con el Espíritu del Señor.
Isaías en muchas ocasiones representó al Mesías, porque estaba también ungido con el Espíritu del Señor; y luego también dijo las cosas que estaría haciendo ese hombre ungido con el Espíritu del Señor, proclamando libertad a los cautivos, a los presos libertad, abriendo los ojos a los ciegos, sanando a los enfermos, proclamando libertad a los que estaban en la cárcel, y así por el estilo; porque las cosas que el Mesías hará ya están profetizadas, por eso en esta Escritura que leímos al principio, dice: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean.” Porque Él tiene que estar haciendo las obras que Dios dijo que llevaría a cabo; y Dios las llevaría a cabo a través del Mesías, las correspondientes al tiempo de la Venida del Mesías.
Por lo tanto, Dios a través del Mesías estaría haciendo un sinnúmero de cosas que ya han sido profetizadas.
Pero, vean ustedes cuando Cristo se identifica con el Mesías, el Enviado, el Mensajero, el Profeta como Moisés, entonces lo critican y lo quieren apedrear y Él tiene que irse de entre ellos, y en otra ocasión... o a otro lugar para seguir predicando y cumplir el ministerio que llevaría a cabo en medio del pueblo hebreo durante un lapso de tiempo de tres años y medio; o sea, que aun cuando ya está grande y comienza Su ministerio, todavía están buscándolo para matarlo; porque el final del ministerio del Mesías en carne humana terminaría siendo crucificado.
Pero antes del momento en que tenía que ser crucificado, en que tenía que morir, no lo podían matar; de alguna forma Él se iba de entre ellos y no lo podían tomar para matarlo porque Su hora todavía no había llegado para morir, porque Él tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, por Su pueblo y por todos los seres humanos, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, más tenga Vida eterna.
En una ocasión, también cuando Juan estuvo preso, Jesús se fue a otro lugar, allá a Galilea, a la tierra de Neftalí, de Zabulón, que estaba cerca de Nazaret, y allí estuvo predicando en esa tierra de Zabulón y de Neftalí, llamada tierra o lugar de los gentiles; porque un rey asirio en una ocasión conquistó ese territorio, sacó los hebreos que estaban allí y se los llevó para la tierra gentil y colocó allí gentiles, y por eso vino a ser llamada: “Tierra o lugar de los gentiles.”
Y ahora, encontramos que Jesús siempre fue perseguido para ser matado, pero no podía morir hasta que llegara el momento en donde moriría como el Sacrificio se Expiación por nuestros pecados.
Y ahora, encontramos que el propósito de la Venida de Cristo a la tierra fue morir como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, en la mitad de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27. Cuando murió, ahí se detuvo la semana número setenta, los primeros tres años y medio, y faltan tres años y medio en los cuales Dios va a tratar con el pueblo hebreo; y esos son los años en donde la gran tribulación se cumplirá, los juicios divinos caerán sobre el reino de los gentiles y será quitado el reino de los gentiles y el Mesías Príncipe recibirá el Reino, recibirá por heredad el Reino de David, al cual Él es heredero, y se sentará sobre el Trono de David y reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, por eso el pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías, los musulmanes también y los cristianos están esperando la Venida del Mesías también.
Para los cristianos, será la segunda Venida del Señor y también para los musulmanes; para los judíos pues será la primera; porque la primera no la captaron, no se dieron cuenta que el hombre o joven llamado Jesús, era el Mesías prometido, pero tenía que ser así para que pudiera efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados allá en Jerusalén; porque “la salvación,” dijo Cristo a la mujer samaritana, “viene de los judíos,” la salvación para el alma del ser humano y la salvación para las naciones viene de los judíos. La Salvación para Israel viene de los judíos, para todo ser humano viene de los judíos, como le dijo Cristo a la mujer samaritana en San Juan, capítulo 4.
Y ahora, luego que Cristo murió, resucitó y subió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios y está como Sumo Sacerdote, haciendo Intercesión con Su Sangre por todos los que lo reciben como Salvador, Cristo el Espíritu Santo; luego se movió de entre los judíos donde comenzó la Iglesia del Señor, luego se movió a la segunda Etapa o la primera Etapa entre los gentiles y el Evangelio pasó a los gentiles y Cristo el Espíritu Santo ha estado en medio de los gentiles, en medio de Su Iglesia; porque Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
Por lo tanto, desde el tiempo en que comenzó a obrar de entre los gentiles, cuando el Evangelio pasó a los gentiles, allá en la casa de Cornelio por medio del apóstol Pedro y entre los gentiles allá por medio del apóstol Pablo, vean, se ha estado moviendo entre los gentiles Cristo en Espíritu Santo, o sea, el Ángel del Pacto que le apareció a Moisés y libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés, que es nada menos que el Ángel del Pacto, o sea, Cristo en Su cuerpo angelical en el cual está Dios y ahora tiene Su cuerpo físico glorificado, pero el Espíritu ha estado en medio de Su Iglesia. Su cuerpo físico glorificado está en el Trono del Padre, en el Cielo, y allí está como Sumo Sacerdote, haciendo Intercesión con Su propia Sangre, por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador; y si alguno ha pecado abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo, Su Hijo, ese es nuestro abogado, ese es mi abogado ante Dios. ¿Y de quién más? De cada uno de ustedes también; y no ha perdido ni un caso; por lo tanto el nuestro tampoco lo va a perder.
Él por Su Espíritu nos justifica, con Su Sangre nos limpia de todo pecado y quedamos justificados ante Dios, o sea, como si nunca en la vida hubiésemos pecado, o sea, que muestra al Padre que no tenemos culpa. El diablo es el acusador dice el Apocalipsis, capítulo 12, “El acusador de nuestros hermanos ante Dios.” Pero todas las acusaciones Cristo las rebate mostrando que no hay pecado en nosotros porque la Sangre de Cristo nos limpió de todo pecado, por eso es que le hemos vencido por medio de la Sangre de Cristo y de Su Palabra, de Su Evangelio.
Y ahora, Cristo ha estado en medio de los gentiles llamando y buscando Sus ovejas para salvarlas, dándoles Vida eterna. Y así, vean ustedes cómo Cristo ha pasado a los gentiles, pero también se mueve en medio de los hebreos, en medio de los creyentes miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo donde comenzó el Cristianismo; porque allá también hay creyentes en Cristo.
Y ahora, así como Cristo estuvo en Zabulón, en Neftalí, tierra o Galilea de los gentiles, ha estado entre los gentiles que viene a ser la Galilea de los gentiles, o sea, en medio del Cristianismo entre los gentiles por estos dos mil años en donde ha tenido diferentes etapas o edades (siete etapas). Y luego se encuentra en la Etapa de la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la iglesia del Señor y todavía se encuentra en tierra gentil, hay un territorio para cada edad donde nace cada edad y donde se desarrolla todo el Programa Divino, y en donde se entrelaza una edad con otra edad.
El entrelace para nuestro tiempo, vean ustedes corresponde al continente americano, donde tenemos Norteamérica, donde se cumplió la séptima edad de la Iglesia entre los gentiles y luego se entrelaza con la Edad de la Piedra Angular en y con el territorio Latinoamericano, incluyendo al Caribe que se conecta con la séptima edad, la Edad de la Piedra Angular, (se conecta con la séptima edad), o sea, se entrelaza y de ahí pasa el Espíritu de Cristo de la séptima edad a la Edad de la Piedra Angular y pasa también la manifestación de Cristo en medio de Su Iglesia y nace el mensaje del Evangelio del Reino que se entrelaza con el mensaje de la Gracia, el mensaje del Evangelio de la Gracia. Todo eso ocurre en este tiempo en el cual nosotros vivimos y después pasará al pueblo hebreo el mensaje del Evangelio del Reino.
El mensaje del Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo, el mensaje del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo; vean porqué el pueblo hebreo no ha recibido a Cristo y no lo recibió dos mil años atrás; porque ellos recibirán a Cristo, el Ángel del Pacto, el Mesías en Su segunda Venida como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y el único mensaje que contiene la revelación divina de la segunda Venida de Cristo, es el mensaje del Evangelio del Reino, ese es el mensaje que recibirá el pueblo hebreo; y por consiguiente recibirá al Mesías en Su Venida en este tiempo final, lo verán en medio de la Iglesia y dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.” En palabras más claras: “¿Qué hace con los cristianos? Ese es nuestro mensajero.”
Recuerden que el Ángel del Pacto, el Mesías, Cristo, es el mensajero a Israel, ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo, es el Mesías, Cristo en Su cuerpo angelical. Y en el Día Postrero, en la manifestación del Hijo del Hombre, Él se revelará a Su pueblo, a Su Iglesia primero y después al pueblo hebreo; y los judíos dirán: “Éste es el que hemos estado esperando por miles de años, éste es el que nos dijo Moisés: Profeta como yo os levantará el Señor nuestro Dios, a Él oiréis.”
Por eso, cuando Juan el Bautista predicaba el preguntaban: “¿Eres tú el profeta?” Sabían ellos que Juan era profeta. “Pero, eres tú el Profeta.” O sea, el Profeta del cual Moisés habló: “Profeta como yo os levantará el Señor, nuestro Dios a Él oiréis.” Pero Juan dice: “No, no soy.” Pero era profeta, y le preguntan: “¿Eres tú Elías?” Y él dice: “No.” Y era Elías, era el Elías que precursaría la Venida del Mesías, pero no era Elías literalmente, le preguntan: “¿Eres tú Elías?” Él dice: “No.” Podía decirles: “No, yo soy Juan.” Pero cuando Cristo identifica el ministerio que estaba en Juan, dice: “Si, Juan vino predicando y bautizando y él es aquel Elías que había de venir e hicieron de él todo lo que quisieron.” Eso está en San Mateo, capítulo 17, versos 10 al 13, cuando le preguntan: “Señor, ¿por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” Cristo les dice: “A la verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas, pero ya Elías a la verdad vino e hicieron de él todo lo que quisieron.”
Ahora, les habla de un Elías que ya vino y de un Elías que va a venir para restaurar todas las cosas; y por supuesto corresponde al tiempo de la restauración de todas las cosas que será después de las siete etapas o edades de la Iglesia; y por consiguiente corresponde a la Edad de la Piedra Angular; y será la quinta manifestación de Elías, y vendrá acompañado de Moisés, de un profeta como Moisés el cual fue prometido.
Por lo tanto, cuando el pueblo hebreo espera a Moisés, espera a un hombre del tiempo en que se cumpla esa profecía con el ministerio o un ministerio como el de Moisés; por lo tanto un profeta dispensacional; y para ellos ese será al que ellos tienen orden de escuchar. Y ahí no les vamos a explicar mucho; porque si seguimos explicando mucho van a conocer totalmente todo el programa y conviene no darlo a conocer completamente.
También están esperando un hombre que vendrá proclamando la paz imperecedera, o sea, la paz permanente; y por consiguiente tiene que venir predicando el Reino de Dios que comenzó a predicar Juan el Bautista y continuó predicándolo Jesús, y cuando fue rechazado y luego crucificado se detuvo la predicación del Evangelio del Reino, a la mitad de la semana número setenta; los tres años y medio del ministerio de Cristo, Él predicaba el Evangelio del Reino, pero quedan tres años y medio para la predicación del Evangelio del Reino para los judíos, que corresponden al tiempo de la apretura de Jacob o el tiempo de la gran tribulación.
Para ese tiempo la Iglesia del Señor compuesta por creyentes en Cristo nacidos de nuevo, estarán transformados y estarán en las Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, disfrutando de esa gran fiesta, la fiesta más importante, más gloriosa que se haya llevada a cabo en el Cielo.
Por lo tanto, no pasarán por ese tiempo de apretura de la gran tribulación los miembros de la Iglesia de Jesucristo nacidos de nuevo; porque ella es la Iglesia Novia del Señor que tiene que ir a las Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.
Ahora, Jesucristo ha estado escondido de los ojos de los sabios y entendidos, tanto en el tiempo allá en que estuvo en Su ministerio, conforme al capítulo 11 de San Mateo, donde dice Cristo regocijado de lo que Dios estaba haciendo. Miren, Él no protestó de que no se daban cuenta de que Él era el Mesías, o sea, de que los sabios y entendidos, los líderes principales no se daban cuenta que era el Mesías, Él Se regocijó que las personas sencillas que en conocimiento teológico, eran niños; se regocijó que esas personas sí estaban reconociéndolo, estaban comprendiendo que Él era el Mesías, esto está en el capítulo 11, de San Mateo, versos 25 al 27, donde dice:
“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
Sí, Padre, porque así te agradó.”
Le agradó a Dios hacerlo así y Cristo estuvo muy contento, muy feliz y agradecido al Padre de que lo había hecho en esa forma:
“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”
Por lo tanto, conocer al Dios, el Padre y al Hijo viene por revelación de Jesucristo al ser humano, la revelación de Cristo el Espíritu Santo al ser humano, o sea, la revelación del Espíritu Santo al ser humano, para que conozca quién es Dios el Padre y quién es Jesucristo, el Hijo de Dios, el misterio de Dios el Padre, de Cristo en donde están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento conforme a las palabras de San Pablo, en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3, también en San Mateo, capítulo 13, Cristo hablando desde el verso 9, en adelante, dice:
“El que tiene oídos para oír, oiga.
Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”
Vean, a unos le es dado, les es concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a otros no les es concedido. Por lo tanto, unos entenderán y otros no entenderán: “Los entendidos entenderán.” A esos es que les es concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos.
“Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis.
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyen pesadamente,
Y han cerrado sus ojos;
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y con el corazón entiendan,
Y se conviertan,
Y yo los sane (o sea, los salve).
Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”
Y ahora, la persona que puede ver en aquellos días la Venida del Mesías cumplida en Jesús, era una persona bienaventurada; porque estaban viendo lo que los santos, lo que los profetas y los justos desearon ver y no lo vieron; porque no vivieron en el momento del cumplimiento de esa profecía. Pero ahora, personas sencillas, pescadores y agricultores como Pedro y Juan, Santiago, y como Natanael y otros, vean, estaban viendo lo que desearon ver los profetas y los justos y era algo sencillo, pero era algo grande delante de Dios; porque la Venida del Mesías es lo más grande que Dios envía a la Tierra y siempre tiene que ser un Profeta, el Mesías tiene que ser un Profeta para hacerse carne en Él la Palabra, el Espíritu Santo y Dios cumplir por medio de Él todo lo que Él ha prometido con relación a la Venida del Mesías.
Son bienaventurados los que vieron la primera Venida de Cristo, la primera Venida del Mesías dos mil años atrás, por eso Pedro y los demás apóstoles como Juan, podían hablar de este gran evento y decir cosas maravillosas como las que están registradas en la Escritura; y vamos a leer alguna aquí, para que podamos comprender lo grande que ellos estuvieron viendo. Dice (...ya lo vamos a tener), Segunda de Pedro, capítulo 1, versos 16, en adelante, donde dice:
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.
Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.”
Y ahora vean, aun Pedro, Jacobo y Juan escucharon esa Voz divina identificando quién era Jesús. También hay otros lugares en la Escritura donde nos habla, por ejemplo San Juan, Juan... Primera de Juan, capítulo 1, versos 1 al 2, diciendo:
“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida
(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);
lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.”
Y ahora, aquí Juan escribe acerca de Jesucristo, el Verbo de la Vida y por lo cual en San Juan dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” Y también dice: “Por Él fueron hechas, o sea, creadas todas las cosas y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” O sea, que toda la creación la llevó a cabo Dios por medio del Verbo, o sea, por medio del Ángel del Pacto, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical, o sea, por medio del Espíritu Santo.
Y ahora, podemos ver lo que es la Venida del Señor, la Venida del Verbo, del Ángel del Pacto hecho carne en medio de Su pueblo, eso fue lo que estuvo prometido, lo que estaba prometido en Malaquías, capítulo 3, verso 1, cuando dice:
“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (todos sabemos que ese mensajero fue Juan el Bautista preparándole el camino al Señor en Su Venida; pero miren aquí quién vendría después de Él); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
¿Quién vendría? El Señor, o sea, el Padre, Dios, vendría el Señor y el Ángel del Pacto, ¿dónde? A Su templo, Su templo humano el velo de carne llamado Jesús; y allí estuvo Dios el Padre y el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto; por eso Cristo decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Eran las obras del Padre por medio de Jesucristo, y también Él decía: “El Espíritu está sobre mí.” En Él estaba la plenitud de divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ese es el misterio de Dios, del Padre y de Cristo, que Dios en Espíritu Santo en cuerpo angelical entró al cuerpo de carne, y ese fue el velo de carne de Dios llamado Jesús, esa fue la semejanza física de Dios y ese cuerpo está glorificado.
Y ahora, podemos ver este misterio de Dios el Padre, y de Cristo, y podemos ver que en el tiempo de Su manifestación en carne humana, Emanuel, Dios con nosotros, lo buscaban para matarlo pero Él se escapaba de en medio de ellos.
Fueron muchas las ocasiones en que trataron de matarlo pero Él no podía morir, hasta que llegara el día en que tendría que llevarse a cabo la Expiación por el pecado del ser humano, y eso se cumplió en la víspera de la Pascua cuando Cristo fue crucificado para que todo ser humano tenga la Expiación por el pecado, por sus pecados, y pueda acercase a Dios por medio de ese Sacrificio de Expiación y ser reconciliados con Dios, obtener el perdón de sus pecados, ser limpios de todo pecado por la Sangre de Cristo, ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir el Espíritu de Cristo y obtener así el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Dios; y por consiguiente entrar al Reino de Dios con Vida eterna.
Y comienza así en el individuo a manifestarse la redención de la persona en la esfera espiritual primero, y después vendrá la redención física que será la transformación de los vivos en Cristo, para tener el cuerpo eterno glorificado, igual al de Jesucristo y la resurrección de los muertos en Cristo para tener un cuerpo eterno y glorificado los que ya partieron, los cuales volverán a vivir, pero vivir para siempre en un cuerpo eterno y joven para toda la eternidad.
Valió la pena la Venida de Cristo dos mil años atrás, Él quedaría satisfecho conforme a Isaías, capítulo 53, que es un pasaje Mesiánico que nos habla del Mesías como una oveja o Cordero para poner Su Vida en Expiación por el pecado. Del verso 10 en adelante, dice:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”
Y ahora, por el conocimiento de Cristo serían justificadas muchas personas, quedarían sin pecados delante de Dios porque la Sangre de Cristo los limpiaría de todo pecado a todas esas personas que conocerían a Cristo y lo recibirían como su único y suficiente Salvador; y Cristo quedaría satisfecho de la aflicción de Su alma, todos Sus sufrimientos fueron por esas personas que lo recibirían como único y suficiente Salvador y quedaría satisfecho con el fruto de esa aflicción, porque nacerían en el Reino de Dios millones de seres humanos en y a la Vida eterna para vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Y así es como la familia de Dios sería manifestada en el Reino de Dios con Vida eterna, esos son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo nacidos de nuevo.
Por lo tanto, Él estará satisfecho del fruto de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario y estaremos con Él por toda la eternidad, pues Él dijo: “Padre, yo quiero que donde yo estoy, ellos también estén.” Así que, vamos a estar con Él; Él lo pidió y pidió conforme al Programa Divino, Él sabía lo que estaba pidiendo, Él sabía que así era el Programa Divino, pero ahora lo vemos lleno de amor pidiendo que donde Él esté también estemos nosotros.
Así que, vamos a estar con Él en la Cena de las Bodas del Cordero, vamos a estar con Él; luego en el glorioso Reino milenial y luego en el juicio final, pero no para ser juzgados sino para juzgar con Cristo como miembros de la Corte Suprema o de la Corte de Cristo, donde Él es el juez Superior, Supremo.
La Escritura dice que “los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles.” (Capítulo 6, de Primera de Corintios, versos 1 al 3). Y también dice el apóstol Pedro en libro de los Hechos, y San Pablo también que Dios juzgará al mundo por un hombre, por Jesucristo, al cual Dios ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.
Así que, podemos ver las bendiciones tan grandes que Dios tiene para los creyentes en Cristo, y también podemos ver lo terrible que va a ser para todas las personas que no lo han recibido como su Salvador en el tiempo que les ha tocado vivir en este planeta Tierra. Para los creyentes en Cristo hay bendiciones en el Reino de Cristo, el Reino del Mesías y Vida eterna. Por eso Cristo ordenó a Sus discípulos diciendo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16,
versos 15 al 16). Y en San Juan, capítulo 3, verso 16, dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Es Vida eterna lo que reciben los creyentes en Cristo, es Vida eterna lo que tienen los creyentes en Cristo. Por lo tanto, cuando se nos acaba esta vida terrenal no tendremos problemas, ya tenemos Vida eterna en nuestra alma y en nuestro Espíritu y nos falta solamente recibir la Vida eterna física que será al recibir el cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado cuando seamos transformados y entonces seremos jóvenes para toda la eternidad con Vida eterna iguales a Jesucristo nuestro Salvador, con cuerpos iguales al que Él tiene; Él está tan joven como cuando subió al Cielo. Así voy a ser yo también. ¿Y quién más? Pues cada uno de ustedes también; porque no es solamente para mí sino para todos ustedes, para todos los creyentes en Cristo.
Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino y así tenga asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Solamente hay una persona que puede asegurar nuestro futuro eterno y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.
Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco y me siguen y yo les doy Vida eterna.” Él es el único que pudo darle Vida eterna al ser humano; porque Él es el único que murió por nosotros como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; y por consiguiente Él tiene la exclusividad de la Vida eterna, “Dios nos ha dado Vida eterna y esta Vida está en Su Hijo, o sea, en Jesucristo.”
El que tiene al Hijo; porque lo ha recibido como Salvador tiene la Vida, o sea, la Vida eterna, el que no tiene al Hijo, a Jesucristo porque no lo ha recibido como Salvador, pues no tiene la Vida, de eso es que nos habla Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13. Y la buena noticia para los creyentes en Cristo es la que dice Juan que tenemos Vida eterna. Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo todos los que no lo habían hecho y nació la fe de Cristo en su alma mientras escuchaban la predicación del Evangelio de Cristo; para que así aseguren con Cristo su futuro eterno y puedan saber que vivirán eternamente en el Reino de Dios.
El ser humano nace con angustia existencial, la angustia existencial porque no saben de dónde han venido, no sabe porqué está aquí en la Tierra y no sabe hacia adónde va cuando muera, y eso no saber adónde va en alma y espíritu cuando muera es terrible; porque si aquí estando en estos cuerpos físicos las cosas algunas veces se ponen difíciles. ¿Cómo será estando sin el cuerpo físico, en otra dimensión que las personas no conocen?
Así que, es importante tener a Cristo en nuestra alma como nuestro único y suficiente Salvador. Él es el único camino al Cielo, el único camino al Padre, y Él es la única puerta al Padre, Él es la única puerta en la casa de Dios, Él es la única puerta por la cual el ser humano entra y obtiene la Vida eterna, pues Cristo dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo.” (San Juan., capítulo 10, verso 9). Y también San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 15, nos habla del camino angosto que lleva a la Vida, o sea, a la Vida eterna; y la puerta angosta.
Cristo es el camino angosto y Cristo es la puerta angosta. Y en San Juan, capítulo 14, verso 6, Cristo dice, para que todos podamos comprender que no es como algunas personas piensan que todos los caminos llevan a Dios, Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” O sea, que solamente hay un camino que lleva a Dios, al Padre. “Y nadie viene al Padre sino por mí.” Dice Cristo.
No busque otro camino solamente hay uno y ese es el único camino seguro; los demás caminos son imaginarios, inventados, y usted no debe estar en un invento humano, usted debe estar en un Programa Divino en donde es mostrado el camino que lleva a Dios, el cual es Cristo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).
Por lo tanto, toda persona que ha recibido a Cristo como Salvador y ha nacido de nuevo va al Cielo, entra al Cielo, entra al Reino de Dios el cual está en la esfera espiritual y después cuando tengamos el cuerpo físico glorificado entraremos físicamente al Reino de Dios y estaremos también, luego en el Reino milenial, del Mesías estaremos con Él en Su Reino; porque lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador. Cristo dice: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene Vida eterna y no vendrá a condenación más a pasado de muerte a vida.”
¿Y cómo es que pasa de muerte a Vida, si la persona está viva para poderlo recibir y escuchar la Voz de Cristo? También Él dijo: “Todos los muertos... He aquí la hora viene, y ahora es, cuando todos los muertos escucharán la voz del Hijo de Dios; y resucitarán, se levantarán.”
Cuando Adán y Eva pecaron en el Huerto del Edén, recuerden que Dios le había dicho a Adán que no comiere del árbol del ciencia del bien y del mal; porque el día que lo hiciera, moriría. Pero vean, pecaron comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal y continuaron viviendo, Adán vivió novecientos treinta años, no se cumplió entonces aparentemente lo que Dios dijo que le pasaría a Adán, que moriría el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal.
Lo primero es que Adán y Eva tenían Vida eterna y al pecar murieron a la Vida eterna y solamente les quedó vida temporera que se le acabó a Adán a los novecientos treinta años, ese es uno de los puntos de vista; y el otro es que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. Después que pecó Adán y Eva, el día que pecaron, ese milenio en que pecaron murieron, no pudieron completar mil años que es un día delante del Señor, es otra aplicación correcta. Y el más que vivió fue Matusalén novecientos sesenta y nueve años, no completó mil años.
En el Reino del Mesías cuando estemos con Él completaremos mil años como señal de que seremos inmortales para toda la eternidad. Ese Reino Milenial es un día delante del Señor, el Día Postrero delante del Señor, del cual Cristo dijo para los creyentes en Él, que Él los resucitará en el Día Postrero. (San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40).
Por lo tanto, el creyente en Cristo no tiene preocupación si va a morir físicamente sabe que va al Paraíso y luego va a ser resucitado en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio que ya comenzó pero no sabemos en que año del séptimo milenio será la resurrección de los muertos en Cristo.
Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir y están aquí presentes o están en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet escuchando esta conferencia, la predicación del Evangelio de Cristo.
Y Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también; y pues Él dijo: “Dejad venir a los niños a mí y no se lo impidáis, porque de los tales del Reino de los Cielos.”
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si falta alguno por pasar al frente, puede venir a los Pies de Cristo, puede hacerlo en estos momentos.
El nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, pues Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen y yo les doy Vida eterna.” Así que usted ha estado escuchando el Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida; esa es la causa por la cual Dios lo guió para que estuviera escuchando la predicación del Evangelio de Cristo. Con nuestras manos levantas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre, como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.
Sálvame Señor, creo en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, y creo en la Salvación que Tú ganaste para mí en la Cruz del Calvario y Te acepto y acepto la Salvación que Tú ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso. Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo así lo ordenó para todos aquellos que creyeran en Él.”
Aun cuando Juan el Bautista estuvo en el Jordán bautizando a todas las personas que venían a él para ser bautizados, llegó también Jesús, y cuando Juan lo ve no lo quiere bautizar y le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no lo quería bautizar. Y Jesús le dice: “Deja, conviene que cumplamos toda justicia.” Y entonces no discutió más y bautizó a Jesús y vio al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús.
Y así moró en Jesús el Espíritu Santo en toda Su plenitud, y tuvo de ahí en adelante el tiempo de los primeros tres años y medio de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27. Si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia. ¿Cuánto más yo? ¿Y cuánto más, quién más? Cada uno de ustedes también, aun los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista y los que escucharon la predicación de San Pedro el Día de Pentecostés, también fueron bautizados por los apóstoles en el Nombre del Señor Jesucristo; y aun antes cuando Cristo predicaba, los que creían eran bautizados por los apóstoles y así ha sido siempre y así es en el día de hoy, así continua.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y Cristo le bautice con Espíritu Santo y fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo y cuando el ministro los sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado y cuando lo levanta de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en su Reino eterno. Tan sencillo es todo ese programa del bautismo en agua.
Por lo tanto, conociendo el simbolismo del bautismo en agua bien pueden ser bautizados. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, que es tan importante para todo ser humano; porque esa es la meta que nazca de nuevo, que nazca en el Reino de Dios cada persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, nazca como un hijo o hija de Dios con y a la Vida eterna.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio del Evangelio de Cristo nuestro Salvador.
Dejo al ministro Jacobo, pastor Jacobo con ustedes para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor Jesucristo, del Mesías.
Dios les bendiga y les guarde y continúen pasando todos una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
“JESÚS ESCAPANDO DE LAS MANOS DE LOS JUDÍOS.”