El tiempo de salvación y Vida eterna
Domingo, 16 Agosto, 2009 - Tizayuca, Hidalgo México - 1 hora, 30 minutos
Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Domingo, 16 de agosto de 2009
Tizayuca, Hidalgo, México
Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Aprecio y agradezco mucho todo lo que están haciendo por el proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también por lo que están haciendo por AMISRAEL. Que Dios les bendiga por todo lo que están haciendo, les prospere espiritualmente y materialmente, y le quede acumulado en el Reino de los Cielos todo lo que están haciendo.
Para esta ocasión, leemos en Segunda de Corintios, capítulo 6, versos 1 al 2, donde San Pablo, dice:
“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“EL TIEMPO DE SALVACIÓN Y VIDA ETERNA.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
A través de la Biblia, a través de la Escritura, desde el Génesis nos habla de un tiempo de salvación y Vida eterna. A través de los sacrificios de animalitos que eran hechos desde el tiempo de Adán hasta el tiempo de Jesús, encontramos el tipo y figura de un Sacrificio perfecto que sería llevado a cabo por el Mesías Príncipe en Su Venida para tomar el pecado del ser humano y morir así pagando el precio de la redención.
Todo ese tipo y figura del Antiguo Testamento, todos esos sacrificios tenían un valor muy grande por causa que eran el tipo y figura de Cristo y Su Sacrificio para la redención del ser humano. El cordero pascual que fue sacrificado allá en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos hebreos, vean ustedes, es un tipo perfecto de Cristo como el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, por lo cual Juan al verlo dijo, al ver a Cristo dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” pues estaba prometido que el pecado sería quitado.
En Daniel, capítulo 9 nos habla de esto que sucedería cuando el Arcángel o Ángel Gabriel le habla a Daniel y le dice que hay setenta semanas determinadas para Su pueblo, veamos lo que nos dice capítulo 9, verso 20 en adelante del libro del profeta Daniel, dice Daniel:
“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios;
aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.
Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.
Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.”
Ahora, vean que el verso 24, dice:
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad...”
Aquí tenemos la promesa divina que sería terminada la prevaricación, que le sería puesto fin al pecado y que sería expiada la iniquidad, por lo cual se tiene que efectuar un Sacrificio por el pecado para expiar la iniquidad, y eso solamente lo podía hacer un hombre que para hacerlo tenía que tomar el pecado del ser humano, de la raza humana.
Ahora, ¿cuándo será esto? Dice:
“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas...”
O sea, sesenta y nueve semanas hasta el Mesías Príncipe. Por lo tanto, desde que salió la Palabra para la restauración de Jerusalén hasta que apareciera el Mesías Príncipe en Su ministerio, transcurrirían sesenta y nueve semanas de años, que son cuatrocientos ochenta y tres años, y a los cuatrocientos ochenta y tres años aparecería el Mesías para comenzar Su ministerio en la semana número setenta. Y sigue diciendo... veamos:
“... habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí.”
O sea, que el mesías tenía que morir, ¿para qué? Vean lo que nos dice Isaías en este pasaje mesiánico, pasaje que el Mesías cumpliría, el cual está representado en un Cordero, aquí en el capítulo 53 de Isaías, verso 10, dice:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”
Aquí podemos ver que el Mesías Príncipe representado, tipificado en un cordero, viniendo como un Cordero tomaría las iniquidades del pueblo, de los seres humanos, y por consiguiente se haría mortal y moriría llevando a cabo, poniendo Su vida en Expiación por el pecado, y llevando a cabo por consiguiente la Expiación, la cual estaba tipificada en el día de la Expiación del día diez del mes séptimo de cada año, conforme a Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29, donde el macho cabrío era sacrificado y por los pecados del pueblo y la sangre era llevada al lugar santísimo por el sumo sacerdote.
Todas esas cosas que vemos ahí, son tipo y figura de lo que sucedería cuando el Mesías Príncipe viniera a la Tierra y pusiera Su vida en Expiación por el pecado, y todas estas cosas, vean, se llevarían a cabo conforme al Programa Divino, y todo esto estaría contando en el Templo celestial de Dios.
Para lo cual luego el mismo Mesías, Cristo, subiría al Cielo y como Sumo Sacerdote se presentaría allí con Su Sangre en el Templo celestial, en el Lugar Santísimo, y allí estaría como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, intercediendo por cada persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales a medida que vendrían a la Tierra en cuerpos humanos, mortales, temporales, recibirían a Cristo al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, lo recibirían como Salvador al nacer la fe de Cristo en su alma, serían bautizados en agua en Su Nombre, Cristo los recibiría en Su Reino, los perdonaría, los limpiaría con Su Sangre de todo pecado, y los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en esas personas el nuevo nacimiento; así nacerían en el Reino de Dios, el cual está en la esfera espiritual.
Cristo dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, cuando Nicodemo quiso saber acerca del Reino de Dios, Cristo le dice:
“De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al reino de Dios.”
Toda persona desea entrar al Reino de Dios, por lo cual cree en Dios; y toda persona para entrar al Reino de Dios tiene que nacer de nuevo, ese es el requisito para todo ser humano. Así como el requisito para entrar y vivir en este reino terrenal, es nacer. El que no nace, no puede vivir aquí en la Tierra, así hay que nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios y vivir en el Reino eterno de Dios.
Nacer del Agua es nacer de la predicación del Evangelio de Cristo, nacer del Evangelio; y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo al recibir el Espíritu Santo, y así la persona ha obtenido el nuevo nacimiento y por consiguiente ha entrado al Reino de Dios, ha nacido en el Reino de Dios, ¿en qué tiempo? En el tiempo llamado por San Pablo, el día de salvación.
No es un día literal de 24 horas, es un día dispensacional, el día de la Dispensación de la Gracia todo ser humano tiene la oportunidad y el derecho de obtener la salvación y Vida eterna, ¿cómo? Naciendo del Agua y del Espíritu al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en su alma y creer en Cristo, recibirlo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, así la persona ha nacido en el Reino eterno de Dios y por consiguiente tiene Vida eterna.
Aunque todavía su cuerpo físico no tiene vida eterna porque es mortal, corruptible y temporero, porque lo recibió de sus padres y sus padres lo único que tenían era vida temporera, lo cual es una herencia que hemos recibido de Adán, porque Adán tenía Vida eterna (y Eva), pero todavía no estaban adoptado en el Reino de Dios, y Dios le dijo que no comiera del árbol de ciencia del bien y del mal, porque el día que comiera, ese día moriría. O sea, que les advirtió el peligro en que estaban frente al árbol de ciencia del bien y del mal. Dios había puesto delante del ser humano la vida y la muerte, el Árbol de la Vida y el árbol de la muerte, y le dijo Dios a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal.
Dios le dio al ser humano libre albedrío, el único en la Tierra que tiene libre albedrío es el ser humano, los animales no tienen libre albedrío, el ser humano lo tiene porque Dios se lo otorgó a causa de que el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios.
El ser humano es alma, espíritu y cuerpo, porque Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por lo tanto, el ser humano es trino porque Dios es trino. Cristo hablando del Padre, dijo: “El Padre es mayor que yo;” en el ser humano lo mayor es el alma, eso es lo que es el ser humano: alma viviente.
El espíritu del ser humano es un cuerpo de otra dimensión, y el cuerpo físico, pues es un cuerpo temporero de esta dimensión terrenal, pero el alma viene de Dios y es lo que en realidad es el ser humano.
Y ahora, el ser humano necesita regresar a la Vida eterna y por consiguiente al Reino de Dios, para lo cual Dios ha hecho un programa. Vimos que Adán perdió la Vida eterna porque pecó al comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y murió a la Vida eterna el mismo día que pecó, pero le quedó vida temporera que es lo que le ha transmitido a sus descendientes: vida temporera.
Pero ahora en el Programa Divino para la restauración del ser humano a la Vida eterna y al Reino eterno de Dios, Dios envió a este planeta Tierra al segundo Adán, que es el Señor Jesucristo, del cual la Biblia da testimonio que es el segundo Adán, el cual va a restaurar al ser humano al Reino de Dios y por consiguiente a la Vida eterna. Por eso Cristo en San Lucas, capítulo 19, verso 10 dice.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Vino a buscar y salvar las ovejas del Padre, el ser humano estando perdido, por consiguiente estaba fuera del Reino de Dios, sin Vida eterna. Por eso Cristo hablando en San Juan, capítulo 5, nos dice de la siguiente manera. Capítulo 5, versos 19 en adelante, dice:
“De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.”
Ahora, están los muertos físicamente que van a resucitar en el Día Postrero, en la primera resurrección. Estarán incluidos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, los cuales resucitarán en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, cuerpos inmortales, cuerpos jóvenes como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo, porque el cuerpo glorificado no se pone viejo, y también es interdimensional. Por eso Cristo podía aparecer y desaparecer en medio de Sus discípulos, luego de resucitado, y también pudo subir al Cielo sin necesidad de un avión o de un cohete.
Y ahora, todos los muertos en Cristo son los creyentes en Cristo, los cuales forman la Iglesia del Señor Jesucristo, van a resucitar al final Trompeta, o sea, al tiempo en que se esté proclamando el mensaje final que es el mensaje de la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, del cual Cristo dijo: “Y será predicado este Evangelio del Reino por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Eso está en San Mateo, capítulo 24, verso 14, y en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, aparece un mensajero, un Ángel Mensajero. Recuerden que Ángel significa: “mensajero,” dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
Si va a predicarlo a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y a todos los moradores de la Tierra, tiene que ser un mensajero, un hombre predicando el Evangelio eterno, o sea, predicando el Evangelio del Reino de Dios.
“Diciendo a gran voz (vean su mensaje): Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado...”
Y ahora, anuncia que adoren a Dios, por lo tanto, tiene un conocimiento y enseñanza clara de cómo adorar a Dios y de cómo las personas están llamadas a adorar a Dios, y luego dice: “Porque la hora de su juicio ha llegado.” Anuncia el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana, el cual caerá en el lapso de tiempo llamado la gran tribulación que durará tres años y medio y que completará la semana setenta de la profecía de Daniel, de esas setenta semanas proféticas, y sigue diciendo:
“...y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”
O sea, que viene hablando de Dios y del servicio a Dios, de la adoración a Dios, viene enseñándole a los moradores de la Tierra, a los pueblos, naciones y lenguas, todo el programa de Dios para este tiempo final, el programa religioso, o sea, espiritual y también los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana, y cómo escapar de ellos.
Ese es el que estará en la Tierra en este tiempo final proclamando el mensaje de la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino, del Evangelio eterno, un mensaje dispensacional, ese es el mensaje para la Dispensación del Reino que está prometido que será proclamado en este tiempo final; y eso es la gran Voz de Trompeta, la Trompeta del año del jubileo de Levítico, capítulo 25, verso 8 al 13, representado allí el mensaje del Evangelio del Reino para este tiempo final.
Así como el mensaje del Evangelio de la Gracia es también la gran Voz de Trompeta o trompeta del año del jubileo en y para la esfera espiritual del Reino de Dios, en la Dispensación de la Gracia y para la parte física que ha de venir, para darle la fe a las personas para ser transformadas y llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, está la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino.
Así como la gran Voz de Trompeta del Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, para que así las personas sepan lo que Cristo realizó allá, crean, lo reciban como Salvador y obtengan la salvación y Vida eterna y entren al Reino de Dios en la esfera espiritual, y obtengan esa transformación interior, espiritual.
Luego para la transformación física del cuerpo, para obtener el cuerpo eterno y glorificado, la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino estará sonando en este tiempo final, estará siendo revelado el misterio de la segunda Venida de Cristo como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, y eso le dará la fe, la revelación a todos los hijos e hijas de Dios para recibir la transformación física que está prometida para todos los creyentes en Cristo, y los muertos van a ser resucitados en cuerpos glorificados, a la final Trompeta.
Vean, aquí en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, dice San Pablo:
“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados (es una promesa divina para todos los creyentes en Cristo)... Dice:
“... en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta (aquí está la final trompeta mencionada por el apóstol Pablo); porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”
En el tiempo de la final Trompeta que es el Evangelio del Reino siendo predicado, ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes, glorificados como el de Jesucristo, y ocurrirá también la transformación de nuestros cuerpos de los que estemos vivos, cuando ocurra la resurrección.
Esas personas estarán escuchando esa Trompeta final, o sea, el Evangelio del Reino que estará siendo predicado por ese mensajero que tiene el Evangelio eterno aquí en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, ese es el que estará predicando el Evangelio del Reino por testimonio a todas las naciones, ¿y luego qué pasará? Luego vendrá el fin. O sea, que la señal más grande del fin, el fin para el reino de los gentiles, el fin de este mundo agitado para que venga un nuevo mundo para los que sirven a Dios, el fin para todas las cosas tiene una señal que le antecede, y es la predicación del Evangelio del Reino por testimonio a todos los gentiles, y ese Evangelio del Reino lo trae ese ángel que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a todos los moradores de la Tierra.
Por lo tanto, en esa persona estará Cristo, el Ángel del Pacto, para hablar por medio de él el Evangelio del Reino. El mismo Espíritu Santo que estuvo en Jesús predicando el Evangelio del Reino, estará en otro hombre predicando el Evangelio del Reino, pues después que Cristo terminó Su ministerio, después que Él murió, el Evangelio de la Gracia comenzó a ser predicado en el Día de Pentecostés, y ese es el Evangelio, las buenas nuevas que han estado siendo proclamadas desde el Día de Pentecostés hasta nuestro tiempo.
Pero tiene que volverse a predicar el Evangelio del Reino que predicaba Juan el Bautista y predicaba Jesús. Cristo dijo también que orando pidamos la Venida del Reino de Dios, para que “se haga la voluntad de Dios como en el Cielo, también en la Tierra,” y eso está en San Mateo, capítulo 6, verso 10.
Y ahora, el Reino viniendo y siendo establecido en la Tierra, será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David, porque el Reino de David es el Reino terrenal de Dios, y el Trono de David es el Trono terrenal de Dios. Eso lo puede conseguir en Primera de Crónicas. Vamos a verificarlo para que lo tengan claro en sus Biblias, Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 5 en adelante, esto fue cuando el rey David le otorgó su trono a su hijo Salomón estando el rey David vivo, que fue lo mejor que hizo, porque si moría el rey David, sus hijos se iban a pelear por el Trono y se iban a matar.
Ya aun antes de morir, ya estaban peleando por el Trono y quería arrebatarle el Trono al rey David. Absalón fue uno, que quiso hasta matar a su padre por arrebatarle el Trono, y luego otro de los hijos del rey David con un general y un grupo de militares y una parte del pueblo, estaba por un lugar para proclamarse rey, y que fuera coronado.
Pero David otorgó el Trono y el reino a su hijo Salomón, y cuando están en ese acto, dice aquí el capítulo 28, verso 5 en adelante... vamos a ver, verso 4 en adelante de Primera de Crónicas, capítulo 28:
“Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.
Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”
El Trono del Reino de Dios sobre Israel ¿cuál es? El Trono de David; el Reino de Dios en la Tierra ¿cuál es? El Reino de David. En el capítulo 29 de este mismo libro de Primera de Crónicas, verso 22 en adelante, dice:
“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez (vean, por segunda vez van a investir al rey Salomón como príncipe, como rey) la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.
Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”
¿En qué trono se sentó el rey Salomón? Dice aquí: “Y se sentó Salomón por rey en el Trono de Jehová en lugar de David su padre.” El Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David en el cual luego se sentó Salomón. Ese es el Trono del cual le habló el Ángel o Arcángel Gabriel a la virgen María en el capítulo 1 de San Lucas, versos 31 en adelante, y le dice a la virgen María:
“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;
y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”
El Mesías Príncipe es el heredero al Trono de David que es el Trono de Dios en la Tierra para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, que es llamado el Reino de David, el cual será restaurado al pueblo hebreo. Y ese Reino extenderá su dominio sobre todas las naciones del planeta Tierra, y traerá la justicia, la paz y la felicidad a Israel y a todas las naciones, y ahí es donde las espadas y demás armas de guerras serán convertidas en azadones y en arados para trabajar la tierra y para que haya abundancia de alimento y de prosperidad en la Tierra.
Ahora, hemos visto este misterio del Reino de Dios y el Trono de Dios en la Tierra, por esa causa es que cuando Cristo ya había resucitado (hubo resucitado) y está con Sus discípulos antes de ascender al Cielo, le preguntan: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?” Para aquel tiempo no era la restauración del Reino, porque tenía que transcurrir la Dispensación de la Gracia hasta luego llegar la Dispensación del Reino donde el Reino de Dios va a ser restaurado en este planeta Tierra, en medio del pueblo hebreo, para lo cual el Mesías Príncipe se revelará, se manifestará para tomar Su Trono y establecer Su Reino, restaurar el Reino de David.
Y eso será en el tiempo de y para la restauración de todas las cosas que corresponde al Día Postrero, en donde Dios va a restaurar a todos los creyentes en Cristo, los va a restaurar a la vida, pero será a la Vida eterna física, con cuerpos eternos, va a restaurar el Reino de Dios en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David, y así por el estilo va a restaurar todas las cosas.
Y por consiguiente el Reino del Mesías será la restauración del Edén para el pueblo que vivirá en esa era mesiánica. Así que, hay grandes bendiciones para la familia humana en el Día Postrero, en el séptimo milenio de Adán hacia acá, aunque antes habrá una etapa de juicio sobre el planeta Tierra, en donde el Mesías Príncipe juzgará a todas las naciones y también traerá la sentencia para los que estarán viviendo durante el tiempo de la gran tribulación.
Pero para los que temen a Dios, dice: “a los que temen a Dios, nacerá el sol de justicia,” o sea, vendrá el Señor; Cristo es el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación, salud, traerá bajo el ministerio de sus alas, el ministerio de los dos Olivos, bendición para la Iglesia del Señor Jesucristo y bendición para el pueblo hebreo.
En la Venida del Señor como ladrón en la noche para Su Iglesia, por consiguiente Su Iglesia es la que se dará cuenta de la Venida del Señor y lo recibirá; así fue mostrado en la parábola de las diez vírgenes, pues las vírgenes prudentes las que lo vieron, lo recibieron y entraron con Él a las bodas, y luego se cerró la puerta.
Ahora, todas estas parábolas y profecías correspondientes a este tiempo final se estarán cumpliendo, y los entendidos entenderán. Millones de seres humanos no comprenderán, como tampoco comprendieron en el tiempo de Noé, y Cristo dijo que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé, que no entendieron, y vino el diluvio y se los llevó a todos, a todos los que no entendieron. Pero Noé que entendió, entró en el arca que había construido, y se salvó él y su familia; ocho personas solamente se salvaron.
El mundo antediluviano estaba viviendo en el tiempo del fin para ellos, y la señal más grande de que estaban en el tiempo del fin era la presencia de un hombre llamado Noé, un profeta dispensacional, el cual tenía la comisión de un proyecto divino: construir una gran arca, un arca en la cual se salvarían él y su familia y una cantidad de aves, animales, reptiles y así por el estilo; todos los que entraran al arca, se salvarían.
Parecía una locura, pues no llovía en aquel tiempo y Noé está anunciando un diluvio, está anunciando agua, una lluvia. Pero cuando Dios dice que va hacer algo, Él es el Creador, Él sabe lo que va hacer, y tiene cómo hacerlo, tiene el poder para llevarlo a cabo.
Ahora, para el tiempo final en el cual nosotros vivimos, el diluvio va a ser de fuego, y ya, pues sabemos que hay fuego atómico, y también Sodoma y Gomorra fueron destruidas por fuego y azufre. Los Ángeles Gabriel y Miguel llegaron a Sodoma y Gomorra, le dijeron a Lot: “Hemos venido para destruir esta ciudad.” O sea, que los Ángeles del poder de Dios, Gabriel y Miguel, vean cuando son enviados algunas veces es para hablarle bendición como a la virgen María y también al sacerdote Zacarías, pero también son enviados para hablar el juicio divino y ejecutar el juicio divino con las huestes celestiales que ellos tienen para llevar a cabo todo mandato divino.
Y ahora, la señal allá en el tiempo de Lot, era un profeta llamado Abraham que estaba allí y que con él estaban los Arcángeles Gabriel y Miguel y Dios en forma de hombres, comiendo, almorzando con Abraham; y luego se fueron a Sodoma Gabriel y Miguel, esos dos Ángeles, y estuvieron cenando con Lot en su casa.
Así que, como fue en los días de Noé y como fue en los días de Lot, así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará, en que el Hijo del Hombre vendrá, en que el Hijo del Hombre se manifestará; como fue en aquel tiempo, así será en este tiempo final.
La humanidad está viviendo como en los días de Noé y está viviendo como en los días de Lot, y la señal de que la humanidad habrá llegado a su final, será que aparecerá un hombre, un mensajero con el Evangelio eterno para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, “y será predicado este Evangelio del Reino por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”
Esa será la señal del fin para la humanidad, del fin del reino de los gentiles, del fin de los reinos humanos para la introducción también del Reino de Dios en la Tierra.
Así que cuando ustedes escuchen a un hombre predicando el Evangelio del Reino y teniendo también conocimiento del Evangelio de la Gracia y sabiendo, conociendo, sabiendo separar lo que es el Evangelio de la Gracia y el Evangelio del Reino, y mostrando lo que es el Evangelio del Reino, la restauración del Reino de Dios que será la restauración del Reino de David y el Trono de Dios, que es el Trono de David, y todas estas cosas, y comenzando una relación con el pueblo hebreo, con los rabinos y con todas estas personas, abran los ojos, porque van a estar viendo la señal del fin del siglo, la señal del fin del tiempo, la señal del fin del mundo que será como siempre ha sido la aparición de un profeta dispensacional con un mensaje dispensacional en donde estará hablando bendiciones para los que temen a Dios, y estará hablando los juicios divinos o maldiciones que vendrán sobre los que no sirven a Dios.
Tan simple como eso, y estará llevando a cabo la introducción del Reino de Dios en la Tierra, estará con Su mensaje realizando esa introducción del Reino y de Dios y por consiguiente está llevando a cabo la introducción del milenio, porque es en ese Reino milenial, en ese séptimo milenio que el Reino del Mesías será establecido, y eso es para el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá, llamado el Día Postrero, en donde Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él y a los vivos los transformará.
Ahora, en términos espirituales cuando las personas escuchan la predicación del Evangelio de la Gracia o del Reino, millones de seres humanos son muertos, y otros son vivos. ¿Cómo les puedo explicar esto más claro? Recuerden que Cristo dijo: “Viene la hora, y ahora es cuando los muertos escucharán la Voz del Hijo de Dios y resucitarán, se levantarán.”
Recuerden que cuando Adán y Eva pecaron, murieron, murieron a la Vida eterna, y de ahí en adelante la raza humana es una raza muerta, muerta a la Vida eterna, sin Vida eterna, aunque viva pero a una vida temporera.
Y cuando las personas escuchan y reciben el Evangelio de Cristo, están escuchando la Voz de Cristo, porque el Evangelio de Cristo es la Voz de Cristo que llamaría y juntaría Sus ovejas en Su redil, Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” Esa es una resurrección a la Vida eterna. Eso está en San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30; y en el capítulo 10, verso 14 en adelante nos dice:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”
Estas ovejas son todas las personas que escucharían el Evangelio de Cristo, lo recibirían como Salvador y serían bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en ellos el nuevo nacimiento, nacerían a la Vida eterna.
Esas personas estaban muertas a la Vida eterna y han nacido a la Vida eterna, una resurrección espiritual, han nacido, han pasado como dijo Cristo aquí, vean, Él lo dijo en el capítulo 5, verso 24 [San Juan]:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
La vida terrenal que obtenemos a través de nuestros padres, es temporera, por lo tanto, la persona no ha nacido a la Vida eterna, está muerto a la Vida eterna; vivo a la vida terrenal que es temporera, pero muerto a la vida que es más importante: la Vida eterna; pero obtiene una resurrección, se levanta a la Vida eterna cuando recibe a Cristo como único y suficiente Salvador, así obtiene la salvación y Vida eterna.
Recuerden como nos habla la Escritura del hijo pródigo, el padre de familia, dijo: “Éste mi hijo, estaba muerto y ha sido hallado,” o sea, traído a la vida de nuevo, a la vida del hogar, a la vida de la casa familiar.
Y así es con todos los hijos e hijas de Dios que llegan a esta Tierra y se encuentran muertos a la Vida eterna, no nacen con Vida eterna ni nacen a la Vida eterna sino a una vida temporera; pero el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar lo que se había perdido, o sea, vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, para restaurarnos al Reino de Dios y por consiguiente a la casa de nuestro Padre celestial donde la vida es eterna.
Ya toda persona que ha recibido a Cristo como Salvador, tiene Vida eterna, y no perecerá jamás, y en el Día Postrero obtendrá la Vida eterna física al recibir un cuerpo eterno y glorificado, y los muertos en Cristo, pues están seguros, no hay ningún problema con ellos, pues Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
El creyente en Cristo ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, si muere, pues Cristo lo va a resucitar, y lo va a resucitar en un cuerpo eterno y glorificado y joven para toda la eternidad; por lo tanto, lo único que perdió el creyente en Cristo que muere físicamente, lo único que perdió es su cuerpo físico, pero es mortal, es temporero, pero va a recibir la corona de la Vida eterna al recibir ¿qué? El cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, el cual yo necesito y lo estoy esperando, porque el que tengo, ya está muy cerca de terminar su tiempo aquí en la Tierra.
Por lo tanto, si alguien necesita el nuevo cuerpo, soy yo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, porque ustedes jóvenes, aunque están jóvenes ahora, después de 50 años más, ya van a tener algunas canas y algunas arrugas; y otra cosa, nadie sabe en qué año va a terminar su vida en la Tierra, porque unos mueren siendo bebés, otros siendo niñitos ya más grande, otros siendo jovencitos, otros siendo ya adultos de 20 a 35 años, otros después de los 40, otros después de los 70, y hay algunos que llegan a los 100 años.
Pero miren, la vida por más años que viva la persona, en estos cuerpos mortales la vida es muy corta comparada con la eternidad, y todos tenemos la oportunidad y el derecho a obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador, es una oportunidad única que el ser humano tiene y no la puede perder.
Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte, ha colocado el Árbol de la Vida delante del ser humano, que es Cristo, el cual le otorga Vida eterna a todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador. No hay otro Salvador, hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo, Él es el único que nos asegura la Vida eterna.
Por lo tanto, todo ser humano necesita a Jesucristo como único y suficiente Salvador, todo ser humano necesita a Cristo como el Sacrificio de Expiación por sus pecados, porque no hay otro sacrificio aceptado por Dios en el Templo celestial, solamente hay un Sacrificio aceptable, aceptado, y es el de Cristo en la Cruz del Calvario.
Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y todavía estamos en el tiempo de y para salvación y Vida eterna, porque todavía la Dispensación de la Gracia no ha concluido, porque todavía quedan algunas personas que sus nombres están en el Cielo escritos, y son ovejas del Señor que tienen que ser llamadas por medio del Evangelio de Cristo y traídas al redil del Señor, al redil de Cristo el Buen pastor.
Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz, recuerda que estamos en el tiempo de salvación y Vida eterna, este es el tiempo aceptable delante del Señor, en donde Dios acepta a toda persona porque Dios aceptó el Sacrificio de Cristo como la Expiación por nuestros pecados, y todos los que vienen a Dios con el Sacrificio de Expiación por sus pecados, el Sacrificio de Cristo, habiendo creído en Cristo, son aceptados por Dios en Su Reino.
Este es el tiempo aceptable delante de Dios, este es el tiempo, el día de salvación, de salvación y Vida eterna. Por lo tanto, si usted todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, este es el día de salvación y Vida eterna; todavía no ha terminado, por lo cual todavía usted tiene oportunidad de obtener salvación y Vida eterna recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Yo ya lo recibí y obtuve la salvación y Vida eterna, y he asegurado mi futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador y por consiguiente no ha asegurado su futuro eterno, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su reino y le dé la salvación y Vida eterna, y así sepa que cuando terminen sus días aquí en la Tierra, irá al Paraíso; si ocurre la resurrección de la muertos en Cristo y usted está aquí todavía, será transformado.
Por lo tanto, estará usted seguro en el Reino de Cristo con Vida eterna. Lo más importante es la Vida eterna. No hay otra cosa más importante para el ser humano, bien dijo Jesús:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).
Lo más importante es la Vida eterna para así nuestra alma que es lo que somos nosotros, vivir eternamente con Cristo en Su Reino.
¿De qué le vale al hombre si ganara todo el mundo y pierde su alma? De nada le ha servido ser rico en esta Tierra, vivir en esta Tierra, porque si pierde su alma, lo pierde todo, porque eso es lo que es la persona: alma viviente.
Hoy es el día de salvación. Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para darte salvación y Vida eterna, para salvar tu alma.
En la vida hacemos muchas decisiones, y hacemos grandes decisiones que determinan lo que será nuestro futuro terrenal, pero de todas las decisiones grandes que el ser humano puede hacer en la Tierra, solamente hay una que lo coloca en la Vida eterna, y es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, no hay otra decisión en la vida que usted pueda hacer que lo coloque en la Vida eterna, solamente recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.
¿Y por qué le corresponde al ser humano esa decisión? Porque Dios le ha dado al ser humano libre albedrío, porque el ser humano fue hecho, fue creado a imagen y semejanza de Dios, y Dios tiene libre albedrío, y por consiguiente le otorgó el libre albedrío también a la raza humana, al ser humano.
Todos deseamos vivir eternamente, y vivir en paz para ser felices con nuestra familia, y eso es lo que Dios tiene en el Reino del Mesías para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.
Todavía continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo, en las demás naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo, donde ustedes se encuentren y pueden pasar al frente en las demás naciones también, en los auditorios, Iglesias y demás lugares donde se encuentren para que Cristo les reciba en Su Reino.
Dios tiene mucho pueblo aquí en Tizayuca, Hidalgo, República Mexicana, y en toda la República Mexicana y los está llamando en este tiempo final, y están entrando al Reino de Cristo muchos mexicanos no solamente de los que están aquí presentes sino en toda la República Mexicana que están conectados con esta transmisión vía satélite y también internet.
Y también en todas las naciones están viniendo a los Pies de Cristo en toda la América Latina y también en Norteamérica, en África y demás naciones están viniendo también a los Pies de Cristo en estos momentos, por lo tanto, están entrando al Reino de Cristo miles de personas en este día, porque han visto que este es el día, el tiempo de salvación y Vida eterna para toda persona que escuche el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador.
Tiempo de salvación, y ustedes lo están aprovechando bien, recibiendo la Vida eterna al recibir a Cristo nuestro Salvador, recibiendo la salvación de vuestra alma, que es lo que en realidad somos nosotros: alma viviente.
Todavía vienen más personas de camino que como ustedes quieren vivir eternamente. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, vamos a pedirle a los que están en las cámaras, que nos indiquen cuando estén listos en Villahermosa y en el D.F. y en las demás ciudades de la República Mexicana y también en los demás países cuando ya estén listos para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Algunas veces hay personas tímidas, que les da timidez pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, pero recuerden, Cristo dijo:
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”
Nadie quiere que Cristo lo niegue delante del Padre celestial, todos queremos que Cristo nos confiese delante de Dios como personas que hemos recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que faltan por venir a los Pies de Cristo que todavía no lo han hecho, pueden venir para que así queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.
“TIEMPO DE SALVACIÓN Y VIDA ETERNA.”
Todavía estamos en ese tiempo que comenzó desde el Día de Pentecostés hacia acá, salvación que ganó Cristo para el ser humano en la Cruz del Calvario. Todavía veo que vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente aprovechando que estamos en el tiempo de salvación y Vida eterna para recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.
Los niños también de diez años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar para los niños también, Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración.
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).
Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo he recibido como mi único y suficiente Salvador, y ahora quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo ordenó que fuera bautizado en agua en Su Nombre.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo, y la pregunta sería: “¿Cuándo me pueden bautizar?”
Por cuanto ustedes han creído en Cristo como único y suficiente Salvador, bien pueden ser bautizados en agua en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual el mismo Cristo lo cumplió, pues cuando Juan estaba bautizando, Juan el Bautista, Cristo fue, entró a las aguas, y Juan le dice: “Pero yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y no lo quería bautizar, Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.
También los discípulos del Señor Jesucristo fueron bautizados por Juan en diferentes ocasiones, o sea, cada uno en el momento o día correspondiente; y luego cuando Cristo predicaba, los apóstoles bautizaban a los que creían en Cristo; y luego desde el Día de Pentecostés en adelante en donde Pedro predicó y como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como Pedro les dice aquí en el libro de los Hechos, capítulo 2, verso 37 en adelante, cuando Predicó, dice:
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Y ustedes que están en otras naciones que han recibido a Cristo en estos momentos, también pueden ser bautizados y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Continúen pasando todos un día feliz, llenos de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo en estos momentos al ministro correspondiente aquí, y en cada nación al ministro correspondiente para que haga en la misma forma: muestre hacia dónde dirigirse a las personas para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Continúen pasando todos una tarde feliz, y nos veremos en el Reino de Cristo por toda la eternidad.
“EL DÍA DE SALVACIÓN Y VIDA ETERNA.”
