Los días de la voz del séptimo Ángel consumando los misterios de Dios

Lunes, 17 Agosto, 2009 - Ecatepec México - 1 hora, 33 minutos


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Lunes, 17 de agosto de 2009
Ecatepec, Ciudad México, México

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.
Para esta ocasión, les expreso mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al importante proyecto de La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico; y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL. Ya ustedes vieron los trabajos que AMISRAEL está llevando a cabo; lo vieron en este documental de la Conferencia Internacional “JERUSALÉN 2009,” del mes de junio pasado.
Para esta ocasión leemos en el libro del Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 al 11, donde nos dice:
“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.
Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.
Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,
y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,
sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”
Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
Nuestro tema es: “LOS DÍAS DE LA VOZ DEL SÉPTIMO ÁNGEL CONSUMANDO LOS MISTERIOS DE DIOS.”
A través de esta Escritura que hemos leído vimos un Ángel Fuerte que desciende del Cielo con un Librito abierto en Su mano, por lo cual tenemos que ver a través de la Escritura dónde Él obtuvo ese Librito, ¿dónde lo tomó y cuándo abrió ese Libro que Él trae en Su diestra? En el mismo libro del Apocalipsis, capítulo 5, está la respuesta a esa pregunta. Dice en Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante...
Allá en el Cielo está viéndose esto, Juan lo está viendo, o sea, que es un evento que está ocurriendo en el Cielo, lo cual Juan lo está viendo en visión, algo que en el futuro ocurriría en el Cielo, no en los días de Juan el apóstol, sino que está teniendo una visión, subió al Cielo en espíritu, en cuerpo angelical; y le fue mostrada esta visión, o sea, de antemano vio lo que estará sucediendo o lo que estaría sucediendo en el futuro, luego que las siete etapas o edades de la Iglesia concluyeran y luego por consiguiente también, luego que haya sido llamado, y juntado hasta el último escogido de Dios escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, haya sido llamado y juntado por Cristo en la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente haya sido redimido hasta el último escogido de Dios, por el cual Cristo como Sumo Sacerdote en el Cielo habrá hecho la Intercesión, porque Cristo está en el Cielo como Sumo Sacerdote en Su Cuerpo angelical, con Su propia Sangre haciendo Intercesión por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador, que son los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, las ovejas que el Padre le dio que escucharían Su Voz, la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo en la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Voz del buen Pastor; y seguirían a Cristo y Cristo les daría, ¿qué? Vida eterna.
Ahora, Cristo no puede salir del Trono del Padre, del Trono de Intercesión, allá en el Lugar Santísimo del Templo celestial hasta que entre a formar parte de Su Iglesia hasta la última persona escrita en el Libro de la Vida del Cordero. Eso es lo que lo ha tenido en el Cielo, en el Lugar Santísimo en el Trono del Padre, en donde Él se sentó y lo convirtió en un Trono de Intercesión, porque allí está la Sangre de Cristo allí; por consiguiente está la Sangre que nos limpia de todo pecado, allí está Cristo, el cual llevó a cabo la obra de Redención en la Cruz del Calvario, para quitar el pecado del ser humano.
Y ahora, podemos ver que Él es el Sacrificio de Expiación por el pecado; y la Sangre de esa Expiación, así como el sumo sacerdote cuando efectuaba la expiación, sacrificando al macho cabrío el día diez del mes séptimo, lo cual efectuaba en el atrio, y recogían la sangre de ese macho cabrío en una vasija y se dirigía al lugar santísimo y esparcía con su dedo sobre el propiciatorio, que es la tapa del arca del pacto; y sobre el propiciatorio a cada lado del propiciatorio está un querubín: uno a un lado y el otro al otro lado, dos querubines en total, en el tabernáculo que construyó Moisés; y en el que construyó Salomón en adición están dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro, gigantes querubines con sus alas extendidas cubriendo el arca del pacto; y por consiguiente también los dos querubines de oro que están sobre el propiciatorio.
El sumo sacerdote al entrar al lugar santísimo una vez al año y hacer esa labor, esparcir sobre el propiciatorio siete veces con su dedo la sangre de esa expiación, luego que terminaba sus labores, vean, también esparcía sobre cierto lugar: el altar del incienso; y cuando él concluía sus labores de ese día diez, del mes séptimo, salía. Recuerden que entraba unas cuántas veces a ese lugar el día diez, otro día no podía hacerlo; y con la sangre de la expiación del macho cabrío entraba al lugar santísimo una sola vez.
Cuando terminaba sus labores ese día ya tarde, ya estaba bastante cansado, pues durante todo el día estaba trabajando y la noche anterior a ese día de expiación; o sea, la noche pertenece a ese día, porque conforme a la Escritura, para los judíos el día comienza en la tarde anterior cuando cae el sol, por lo tanto la noche del día diez es primero y luego el día con la luz del sol es después.
Bueno, ese día diez era el más difícil para el sumo sacerdote y para todos los sacerdotes, y todo el pueblo; porque si el sumo sacerdote cometía un error al efectuar sus labores sacerdotales, Dios no aceptaba el sacrificio, no aceptaba la sangre de ese sacrificio y ni él ni el pueblo quedaban reconciliados con Dios, el juicio divino vendría sobre el sumo sacerdote y sobre todo el pueblo; porque los pecados no quedaban perdonados ni cubiertos con la sangre de la expiación.
Por eso en la noche antes de comenzar el día, la parte clara del día de la expiación, estaban con el sumo sacerdote y los jueces, y los líderes importantes que eran ordenados para estar con él, recordándole todas las cosas y la importancia para que no fallara en lo que iba él a llevar a cabo; y no lo dejaban dormir; era el único día que no dejaban dormir al sumo sacerdote.
Es que Cristo, encontramos que no ha dormido, tampoco durante el día lo dejaban dormir al sumo sacerdote trabajando todo el día; y así ha estado Cristo en el Cielo con Sus ojos atentos a las oraciones de todos aquellos que creen en Él; y haciendo intercesión no solamente por aquellos que lo reciben como su Salvador en ese momento en que Él hace intercesión por ellos, sino todo el tiempo que fallan en algo y le piden perdón a Cristo, Cristo intercede por ellos y los limpia de todo pecado con Su Sangre, o sea, no solamente nos limpió de todo pecado sino que nos mantiene limpios de todo pecado en cada ocasión que confesamos a Él nuestras faltas, errores y pecados, y Él nos perdona y nos limpia con Su Sangre de todo pecado. Tan simple como eso. Porque ningún escogido, ninguna persona que haya sido salva o salvada, se podrá perder. Cristo dice... Vamos a leer en San Juan, cómo Él dice acerca de esas personas. Capítulo 10, versos 27 en adelante, dice:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna.”
¿Para qué recibimos a Cristo como Salvador? Para que Él nos dé Vida eterna, porque no hay otra forma de obtener la Vida eterna, no hay otra forma de ser reconciliados con Dios, no hay otra forma de llegar a Dios, no hay otra forma del ser humano acercarse a Dios.
“... y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (ahí lo tienen)... no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. ni nadie las arrebatará de mi mano.”
Podrán tener muchos problemas en sus vidas, y podrá el diablo tratar de arrebatar esas ovejas de la mano del Señor, pero no se perderá ni una de esas ovejas, Cristo se las quita al diablo y vuelven al Redil del Señor, son reconciliadas con el Señor.
El tiempo que estén apartadas esas ovejas del Señor van a estar recibiendo bastantes problemas, golpes, sufrimientos innecesarios, por haberse apartado del Redil del Señor, como hizo el hijo pródigo que se apartó de la casa de su padre y luego lo que tuvo fue muchísimos problemas, y luego ni tenía para comer; deseaba comer de las algarrobas que los cerdos estaban comiendo. Así le pasa a un hijo de Dios que se aparta del Señor, después se queda sin comida espiritual.
Así que, el retorno de los hijos de Dios a la Casa del Padre celestial, causa gozo en el Cielo. Por eso dice que “cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo.” Eso lo mostró, eso lo dijo Cristo y lo mostró en la parábola de San Mateo, capítulo 18, versos 11 en adelante, la cual va unida también a San Lucas, capítulo 19, versos 10, dice:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
O sea, que vino a buscarme a mí, a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también, o sea, que no vino solamente por mí, sino por cada uno de ustedes que me escuchan en esta ocasión, y por los que me escucharán en otras ocasiones, y por los que escucharán el Evangelio en diferentes ocasiones. Aquí Cristo repite lo mismo omitiendo una parte, pero agregando más información, dando una parábola, dice:
“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (y se refiere ¿a quién? A las ovejas del Padre).
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.”
¿Ve? Se regocija, hay gozo y regocijo en el Señor, el Hijo del Hombre que viene a buscar y salvar lo que se había perdido, y cuando encuentra esa oveja la lleva para el Redil y los compañeros y todos en la casa se regocijan; porque la oveja que se había perdido ha sido hallada y colocada en su lugar. El lugar de las ovejas del Señor que le dio el Padre a Cristo es la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo que es el Redil de las ovejas, y que es el Cuerpo Místico de Cristo. Y ahora, dice:
“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
No es la voluntad que se pierda una de estas ovejas, no es la voluntad que se pierda uno de estos hijos e hijas de Dios, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
¿Recuerdan cuando Cristo envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio? Les dice que vayan predicando y sanando a los enfermos, echando también fuera demonios, y así por el estilo. Ellos fueron enviados de dos en dos, e hicieron como el Señor les dijo y tuvieron éxito, y cuando regresan muy contentos, muy felices, y le dicen a Jesús: “Señor, hasta los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.”
Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.” Eso es lo grande, eso es lo que causa gozo, felicidad y seguridad a las ovejas del Señor: que sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.
Bien dijo Jesús que el buen Pastor llamaría las ovejas por su nombre, y Cristo dice: “Yo soy el buen Pastor, y el buen Pastor su vida da por las ovejas.” Y dice:
“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,
así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” [San Juan 10:14].
¿Por qué y por quién Cristo murió en la Cruz del Calvario, Cristo el buen Pastor? Por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes, por las ovejas del Padre que le han sido entregadas a Cristo para redimirlas, para buscarlas y salvarlas.
“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”
Esas ovejas estarían entre los gentiles; y por eso envió a Sus discípulos luego a predicar el Evangelio a toda criatura y en todas las naciones: “Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Ahora, ¿quiénes van a creer? Las ovejas del Señor: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna.” Y a los que no creían, ¿qué les dijo? Vean en el capítulo 10, verso 22 al 26, dice:
“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,
y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.”
¿Quiénes no creerían? Las personas que no están representadas en la ovejas del Señor, y Cristo dice: “No creen, porque no son de mis ovejas.” O sea, que no son de esas ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna. Y ahora, continuamos aquí, dice:
“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”
O sea, que Él vino a la Tierra ya con una misión divina, un mandato divino: poner Su Vida en Expiación, por esas ovejas, por esas personas, esas almas de Dios que de etapa en etapa del Cristianismo aparecerían en la Tierra en cuerpos humanos, mortales, corruptibles para tener la oportunidad de oír la Voz de Cristo por medio del Espíritu Santo, en la predicación del Evangelio de Cristo y creer, y recibirlo como único y suficiente Salvador, para recibir de parte de Cristo la Vida eterna. Tan simple como eso.
Y ahora vean, dice, capítulo 10, versos 1 en adelante:
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.
Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.”
Porque el nombre de toda oveja está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.
Así que, Él sabe para qué tiempo nosotros apareceríamos en esta Tierra, y escucharíamos Su Voz, que es el Evangelio siendo predicado por los que estarían ungidos por el Espíritu Santo de etapa en etapa en el Cuerpo Místico de Cristo, o sea, en medio del Cristianismo.
Ahora, al final de la Dispensación de la Gracia, al final cuando se haya completado el Redil del Señor, o sea, la Iglesia del Señor cuando haya entrado hasta el último escogido, hasta la última oveja al Redil del Señor, ¿qué va a pasar? Habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo, Él es nuestro abogado, el Sumo Sacerdote es el que intercede por los hijos e hijas de Dios en el Cielo, es el Intercesor, el Sumo Sacerdote. Él es el que aboga, el Abogado. Por eso la Escritura dice: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo (o sea, Su Hijo Jesucristo, el Hijo de Dios),” el cual está como Abogado allá, como Sumo Sacerdote.
El Sumo Sacerdote es el que aboga por los escogidos, defiende la causa de los escogidos, los perdona, y con Su Sangre los limpia de todo pecado y muestra ante Dios que son inocentes; por eso le han vencido por la Sangre del Cordero de Cristo, y por la Palabra de Dios, porque han recibido la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, la Palabra, el Evangelio de nuestra salvación.
Ahora, cuando termine ese ciclo divino de la Dispensación de la Gracia y haya entrado hasta la última oveja al Redil del Señor, Cristo habrá terminado Su labor de Intercesión en el Cielo, en donde está como Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo, saldrá del Lugar Santísimo y ya no habrá Sangre sobre el Lugar Santísimo.
Y ahora vean cómo y en qué momento es que esto ocurre, capítulo 5 del Apocalipsis, dice:
“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.”
El que está sentado en el Trono de Su Padre tiene en Su diestra un Librito sellado, un libro sellado con siete Sellos, el cual está escrito por dentro y por fuera; ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, el Libro de la Vida del Cordero, en donde están escritos los nombres de todos los que han de ser redimidos a través de las diferentes etapas del Cristianismo.
Es el Título de Propiedad que tuvo Adán y lo perdió y regresó a la diestra de Dios, que es el dueño original, es el Título de Propiedad de la Vida eterna; por eso fue sacado Adán y Eva del Huerto del Edén para que no comieran del Árbol de la Vida y vivieran eternamente como pecadores, porque el pecador no tiene derecho a vivir eternamente, a menos que sea redimido; para lo cual se llevó a cabo la obra de Redención en la Cruz del Calvario. Recuerden que nuestros cuerpos son mortales y corruptibles, y lo mortal, lo *corruptible no hereda la eternidad, no hereda la incorrupción.
Solamente es por un tiempo el cuerpo físico que recibimos en la Tierra, pero Él dará a los creyentes en Él un cuerpo eterno y glorificado como el que Él tiene, en el cual Él está tan joven como cuando subió al Cielo, así será para todas las ovejas del Señor que en el Día Postrero serán resucitados si murieron, y si están vivos serán transformados.
Ahora, sigue diciendo:
“Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.”
Ni siquiera mirarlo, no solamente leerlo, sino ni siquiera mirar ese Libro; porque es el Libro de la Vida. El Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todos los que serían redimidos, es el Libro de la Vida eterna; y si ese Libro en el tiempo en que tiene que ser tomado de la diestra de Dios y abierto en el Cielo, no se hace así, no hay alguien que lo pueda tomar y abrir en el Cielo, entonces toda la creación volverá a como era antes de la creación, o sea, que desaparecerá toda la creación. Por eso es que Juan lloraba mucho:
“Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.”
Y aquí nos dice:
“... ni de leerlo, ni de mirarlo.
Y uno de los ancianos me dijo: No llores.”
Esas son palabras de aliento cuando una persona está triste y está llorando que alguien le coloque la mano en el hombro, los hombros y le diga dulcemente: “No llores.” Ahora vean, le va a dar una buena noticia, algo que va a quitar la tristeza, el sufrimiento y le va a causar regocijo.
“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”
Y esa es una noticia que produce alegría, y miren, Juan estaba muy triste llorando, dice:
“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”
Y ahora, cuando el anciano le dice: “He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha vencido para abrir el libro y desatar sus sellos.” El anciano le dice que es un León, y cuando Juan mira ve un Cordero; es que el Cordero de Dios es Jesucristo, el cual ha estado por unos dos mil años en el Cielo en el Trono de Intercesión, intercediendo por todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, y colócandolos en Su Redil, que es Su Iglesia.
Cuando Juan el Bautista vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Así que Juan conocía, Juan el apóstol, conocía a Jesús con el simbolismo del Cordero.
Recuerden que el anciano le está hablando a Juan usando los símbolos que representan al Mesías, a Cristo, y cuando lo ve, vira y ve al León, lo que ve es un Cordero. Literalmente vio a Jesucristo; porque Él es el Cordero de Dios y también Él es el León de la Tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores.
Por lo tanto, ahora lo ve no como Cordero sino como León, lo ve en esa transición en donde está cambiando de Cordero a León. Ya el anciano lo presenta como León, pero Juan solamente lo conocía como Cordero. “Y miré...” Ahora recuerden que un León o un Cordero no puede tomar el Libro de la mano del que está sentado en el Trono, es un hombre, es Cristo. Sigue diciendo, vamos a leer el verso 6 completo:
“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.”
Y en las oraciones de los santos por el regreso a la Tierra, por la redención física que es la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de nosotros los que vivimos, que oramos por nuestra redención física, por nuestra transformación; porque necesitamos ese nuevo cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad, para poder vivir físicamente en esta Tierra. Sigue diciendo:
“...y cantaban un nuevo cántico, diciendo (o sea, que es un momento de regocijo, de gozo en el Cielo)...
y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”
Vean todo lo que ellos sabían, son los que han sido redimidos por Cristo, son los que estaban allá en el Paraíso, ya habían partido y ahora llega el momento para la resurrección de los muertos en Cristo en la obra que Cristo como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores llevará a cabo, la Obra de Reclamo para así traer la inmortalidad física a todos los creyentes en Él, y a los vivos los transformará.
“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones (porque millones de millones han creído en Cristo),
que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.”
Vean todas las cosas que le serán otorgadas a Cristo cuando tome ese Título de Propiedad, aunque Él las tiene, pero en la Tierra, vean, al hacer el reclamo, todos los reinos de este mundo van a ser dados a Cristo, o sea, que el Mesías, establecerá Su Reino en la Tierra, la Capital será Jerusalén y el Distrito Federal todo el territorio de Israel y puede ser hasta todo el Medio Oriente, y todas las naciones que se unirán a ese Reino o que Cristo les dará el privilegio de colocarlas en Su Reino, disfrutarán de la justicia, la paz y la felicidad.
Él reinará sobre el planeta Tierra completo, porque el Hijo del Hombre es heredero al planeta Tierra completo, y el Hijo de David es heredero al Trono y Reino de David; y el Hijo de Dios es heredero a los Cielos y a la Tierra, y el Hijo de Abraham es heredero a la realeza. Así que, tan simple. Vean, todos estos privilegios pertenecen al Mesías Príncipe. Sigue diciendo:
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”
Y ahora vean, lo que estará sucediendo en el Cielo cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo: ya de ahí en adelante no habrá más oportunidad de las personas ser limpias de todo pecado; porque ya Cristo no estará en el Cielo como Sumo Sacerdote, ya habrá tomado el Título de Propiedad y estará haciendo la Obra de Reclamo. Todo eso corresponde a este tiempo final, y luego que abra en el Cielo este Libro que está sellado con siete Sellos, quitando cada uno de esos Sellos... Recuerden, es digamos un rollo, porque en ese tiempo pasado del tiempo de Juan el Apóstol, los libros eran pergaminos que están enrollados; y aún si usted va a una sinagoga verá en ciertos momentos y días especiales que sacan de cierto lugar un rollo que está preparado con unas partes donde se agarra, unas partes de madera o de metal, y eso es la Toráh, la Sagrada Escritura.
Y en el tiempo de Juan el apóstol, en la visión le fue mostrado ese Libro en esa forma de rollo, y tenía ese Libro siete rollos y cada uno de ellos estaba sellado, tenía un Sello y el Cordero abre el Sello, o sea, quita el Sello y queda abierto el Libro para ver lo que hay ahí escrito. Todo eso sucederá en este tiempo final; luego, eso lo encontrará en el capítulo 6, del Apocalipsis, siendo abierto ese Libro sellado con siete Sellos, y luego en el capítulo 8, abre el séptimo Sello.
Pero cuando es abierto el séptimo Sello, recuerden que bajo cada Sello cuando es abierto dentro del Libro está escrito en símbolos lo que sucedería, pero cuando es abierto el séptimo Sello hubo silencio en el Cielo como por media hora; no se dio a conocer lo que contenía el séptimo Sello; y bajo el tiempo de ser abierto ese séptimo Sello muchas cosas estarán pasando, o sea, que ese séptimo Sello contiene todo lo que estará pasando en el Día Postrero, porque el séptimo Sello contiene el misterio de la Venida del Señor en el Día Postrero, en el tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo.
Y para ese tiempo, vean ustedes, encontramos que desciende el Ángel Fuerte envuelto en una nube. ¿Y quién es ese Ángel Fuerte? Es Cristo, Cristo el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo descendiendo a la Tierra, con un Librito abierto en Su mano y clamando luego que coloca Su Pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la Tierra, lo cual significa sobre pueblos, naciones y lenguas, representados en el mar.
Recuerden también que cuando Cristo estaba en la Tierra predicando dijo: “Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres.” O sea, que los que han de creer o lo seres humanos, están tipificados en peces y están en el mundo, están en el mar los peces; y el mar, las aguas, representan pueblos, naciones y lenguas.
Y los pescadores allí son los apóstoles y todos los que predicarían el Evangelio de Cristo, los diferentes mensajeros con todos los colaboradores, con todos los ministros que estarían brazo a brazo trabajando en esa pesca.
Y en el tiempo final, o sea, en el fin del siglo, la red será sacada, y los peces buenos, lo bueno será echado en cestas, no sectas religiosas sino canastas, y los peces que representan personas, escogidos, los miembros de la Iglesia, los peces serán echados en cestas o canastas (los peces buenos), y lo malo lo echarán fuera; serán echados fuera y allí será el lloro y el crujir de dientes para los que no son buenos.
Eso nos habla de la gran tribulación, donde van a ser echados los malos: “Porque he aquí viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” [Malaquías 4:1].
Van a ser quemados, tanto con una tercera guerra mundial atómica, como con fuego volcánico y lava volcánica y cenizas volcánicas que caerá sobre la Tierra, y toda otra cosa que produzca fuego.
El tiempo de la gran tribulación que durará tres años y medio y corresponde a la apretura de Jacob, y a la segunda parte de la semana número setenta de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27, falta por ser cumplida. La primera parte de esa semana número setenta ya fue cumplida bajo el ministerio de Cristo que duró tres años y medio; es una semana de año.
Por lo tanto, son siete años y ya tres años y medio fueron cumplidos por Cristo en Su primera Venida, y los otros tres años y medio corresponden a este tiempo final en donde la gran tribulación durará tres años y medio; y gracias a Dios que no ha comenzado ese ciclo divino todavía. Antes que comience los creyentes en Cristo serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Es que Dios, el Juez Justo no destruirá al justo con los injustos; para los justos dice: “Mas a vosotros los que teméis mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá salvación.” (Eso está en Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 2).
Y ahora, este Ángel Fuerte que desciende del Cielo es Cristo, Cristo el Ángel del Pacto, el Mensajero a Israel, pero viene por Su Iglesia, Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo en cuerpo angelical, en Espíritu, estará en medio de Su Iglesia para darle la fe para ser transformada y raptada, para lo cual ese Título de Propiedad que nadie a través de la historia de la creación, nadie se lo ha comido, ni el mismo Jesucristo cuando lo tomó de la diestra de Dios, tampoco se lo comió.
Y ahora, lo trae a la Tierra y se lo entrega a un hombre que se lo coma, y le dice: “En tu boca será dulce como la miel, pero en tu vientre será amargo.” Y le fue entregado ese Libro, el cual Él mismo pidió, porque escuchó una Voz del Cielo que le dijo: “Vé al Ángel que tiene el Librito abierto en Su mano y pídele el Libro.” Él no sabía para qué le iba a pedir el Libro, pero obedeció.
La Voz de Dios le ordena que vaya y le pida el Librito a ese Ángel, a Cristo, al Espíritu Santo; y Cristo en Espíritu Santo se lo entrega y le dice: “Toma, cómelo.” Como pasó con Ezequiel, capítulo 2 y capítulo 3, que le fue entregado un rollo, un Libro escrito para que se lo comiera y después le fue dicho: “Y ahora, vé y profetiza a la casa de Israel conforme a como está escrito en ese Libro.” En palabras más claras para nosotros, ustedes lean Ezequiel, capítulo 2 y capítulo 3, y ahí lo encontrarán.
Y ahora, en la misma forma le es dado este Librito abierto a un hombre que en el Día Postrero va a estar en la Tierra, y que está siendo representado en Juan el apóstol; porque Juan el apóstol representa a ese hombre que estará en la Tierra y también representa a toda la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, estará en la Iglesia del Señor Jesucristo, ese hombre que va a recibir ese Librito, y será un profeta, un profeta dispensacional.
Vamos a ver a través de la lectura que es un profeta, dice capítulo 10, versos 8, dice:
“La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.
Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.
Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.
Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”
Vean, es un profeta, le es ordenado profetizar, y va a profetizar de acuerdo al contenido escrito en ese Libro. Y luego, vamos a ver cómo estará profetizando. En el capítulo 11, que es la continuación a este pasaje del capítulo 10, dice:
“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.
Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.”
Que son tres años y medio, o sea, será el tiempo para la gran tribulación que son cuarenta y dos meses, tres años y medio. Así que va a haber un problema grave allá en Jerusalén.
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio (¿y quiénes son estos dos testigos? Vamos a ver).
Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”
Estos son los que aparecen en Zacarías, capítulo 4, a esos se está refiriendo aquí cuando dicen que son los dos olivos, los dos candeleros de oro. Los dos candeleros son los dos Testigos y los dos Candeleros que están en pie delante del Dios de la Tierra. Zacarías, capítulo 4, nos habla de ellos cuando nos dice de la siguiente manera. Vamos a leer, capítulo 4, versos 11 al 14, nada más, el resto que antecede del capítulo 4, verso 1 al 10, los pueden leer ustedes en sus hogares, pues Zacarías vio un candelero o candelabro con siete lámparas y a cada lado de candelabro o candelero vio un árbol de olivo, por consiguiente uno a cada lado, dos árboles de olivo uno a cada lado, y una rama de olivo que vertía aceite como oro sobre el lugar, el vaso del candelabro que alimentaba a las lámparas de ese candelabro.
Ahora, capítulo 4, versos 11 al 14, dice (de Zacarías).
“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?
Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?
Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.
Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.”
Por eso en Apocalipsis, encontramos que se refiere a esta Escritura de Zacarías, y esto es lo que está en el Cielo, en el Cielo los dos Ungidos son el Arcángel Miguel y el Arcángel Gabriel. En la Tierra serán los ministerios de los dos grandes profetas Moisés y Elías. En los días del profeta Zacarías los dos ungidos de aquel tiempo eran el príncipe Zorobabel un descendiente del rey David y el sumo sacerdote Josué.
Ahí podemos ver la parte religiosa en el sumo sacerdote y la parte política en el príncipe Zorobabel; porque esto será lo que en la Tierra, en la Venida de este Ángel Fuerte que desciende del Cielo, que es Cristo, estará siendo manifestado; porque el Mesías es tanto Sumo Sacerdote como también Rey de reyes y Señor de señores.
Y ahora, para el tiempo final esto será lo que cumplirá la profecía dada por Cristo cuando dijo: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su padre con Sus Ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28). Y también les dijo: “Hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de Su Padre, con Sus Ángeles.” Vamos a leerlo para que lo tengan claro aquí:
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte (o sea, que no van a morir), hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”
¿Y cómo Él dijo que viene el Hijo del Hombre en Su Reino? En el verso 27, dice:
“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
Y luego en el capítulo 17, toma a Pedro, Jacobo y Juan y sube con ellos a un monte alto y se transfiguró delante de ellos y Su rostro fue resplandeciente como el Sol, dice:
“ ...y se transfiguró delante de ellos (capítulo 17), y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.
Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.”
Ahí, Cristo está mostrando a Pedro, Jacobo y Juan, el orden de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, ahí Sus Ángeles son Moisés y Elías, los dos Olivos que están prometidos para venir y aparecer, primero serán vistos esos ministerios manifestados en medio del pueblo hebreo y también en medio del Cristianismo, o sea, que Cristo, el Ángel Fuerte, estará en Espíritu Santo operando los ministerios de Moisés, de Elías, y de Jesús. Eso cumplirá la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.
Y en los días del séptimo ángel que toca la Trompeta de Apocalipsis 11, vean ustedes, capítulo 11, versos 15 en adelante, dice:
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”
¿Cuándo ocurre esto? Cuando el séptimo Ángel haya tocado la Trompeta, es cuando el séptimo Ángel toca la Trompeta y el séptimo Ángel tocando la Trompeta, ¿quién toca la Trompeta? Son los dos Olivos; toca la Trompeta para el pueblo hebreo y son llamados ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, será Cristo en Espíritu Santo en el Ángel que sube desde donde nace el sol, que viene con el Sello del Dios vivo, en Apocalipsis, capítulo 7, para llamar y juntar a ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Será una Obra de Cristo en Espíritu Santo llamando y juntando los escogidos, usando a ese mensajero, a ese Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, el cual vendrá predicando el Evangelio del Reino por testimonio a todas las naciones, conforme a *San Mateo, capítulo 24, verso 14, donde Cristo dice:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”
Y ese mensajero que predica el Evangelio por testimonio, el Evangelio del Reino, por testimonio a todas las naciones, es que el que aparece aquí en Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7, dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
Aquí tenemos al mensajero. Recuerden que ángel significa: Mensajero, y si va a predicar a todos los moradores de la Tierra, pues tiene que venir a la Tierra y predicar en medio de los seres humanos. Es un profeta mensajero en el cual estará Cristo en Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo en Él manifestado, hablando, predicando el Evangelio del Reino a todos los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo, lengua y también a todos los reyes, vendrá con un mensaje para toda la humanidad diciendo a gran voz: “Temed a Dios, y dadle gloria.” Enseña a adorar a Dios, a darle gloria a Dios, a temer a Dios. “Porque la hora de Su juicio ha llegado.”
Les estará hablando del juicio divino que ha de venir durante el tiempo de la gran tribulación, lo que ha de venir en el día ardiente como un horno, todo eso estará en el mensaje que le estará predicando, el cual es el mensaje del Evangelio del Reino, que comenzó a predicar Juan el Bautista, continuó predicándolo Jesús y ahí se detuvo, cuando Cristo fue rechazado y luego crucificado; luego Pedro comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia el Día de Pentecostés. Ese es el Evangelio que se estuvo predicando para llamar las ovejas del Señor, al Redil del Señor.
Pero luego, en el tiempo final, cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión, ese Ángel estará en la Tierra y predicará el Evangelio del Reino, y dará a conocer todos estos juicios divinos que han de venir sobre la raza humana, o sea, estará predicando las trompetas y las plagas, y sobre todo la séptima trompeta y la séptima plaga, las copas.
“Y adorad a aquel que hizo el Cielo y la Tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” Ahí podemos ver que se estará predicando el Evangelio del Reino en este tiempo final, el Evangelio eterno. Y todo eso fue tipificado también en mensajeros de la Iglesia, pero luego se cumple plenamente en el Día Postrero, en un mensajero dispensacional.
El profeta mensajero de la dispensación del Reino proclamando el Evangelio del Reino a todos los moradores de la Tierra, toda nación, pueblo y lengua. Y eso es el ministerio y proclama de los dos Olivos; eso es el ministerio y proclama del que se come el Librito abierto que le es entregado para que profetice, o sea, dé a conocer las cosas que han de venir, profetice sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes; profetice ¿qué? Las cosas que van a suceder durante el tiempo de la gran tribulación, y también las que han acontecer antes de comenzar la gran tribulación.
Así que, estará profetizando y también estará profetizando las cosas que van a estar sucediendo en la Cena de las Bodas del Cordero, estará profetizando acerca de la Venida del Señor, estará profetizando acerca de lo que será el Reino milenial del Mesías. Todas esas cosas. ¿Por qué? Porque es un profeta dispensacional, al cual le será entregado ese Librito abierto que trae el Ángel Fuerte que desciende del Cielo.
Y cuando el séptimo Ángel que suena la séptima Trompeta y la séptima Trompeta siendo sonada, eso quien tiene ese misterio es Moisés y Elías, los dos Olivos, los ministerios de ellos estarán siendo repetidos en este tiempo final por el Espíritu Santo a través del Mensajero de Dios que será enviado para ese propósito; será un profeta mensajero dispensacional para la séptima dispensación; a través de ese profeta será que Dios en Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo hará el entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia.
Y el misterio de Dios se consumará, el misterio de Dios se completará, y el misterio de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, será abierto a la Iglesia del Señor Jesucristo y después al pueblo hebreo; y así será como todo llegará a feliz cumplimiento.
“LOS DÍAS DE LA VOZ DEL SÉPTIMO ÁNGEL CONSUMANDO LOS MISTERIOS DE DIOS.”
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “LOS DÍAS DE LA VOZ DEL SÉPTIMO ÁNGEL CONSUMANDO LOS MISTERIOS DE DIOS.”
Si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía como Salvador, recuerde: muy pronto ya no habrá oportunidad para recibir a Cristo como Salvador, pero todavía la puerta de la Salvación está abierta en el Cielo; Cristo es la puerta, y dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y cuando Él habló de la puerta angosta y del camino angosto que lleva a la Vida eterna, el cual es Cristo. En San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 15, y también en San Juan, capítulo 14, verso 6, dijo:
“Yo soy el camino (Él es el camino), y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Es por medio de Cristo que nos acercamos a Dios, es por medio de Cristo que somos reconciliados con Dios y es por medio de Cristo que obtenemos la salvación y Vida eterna. El que tiene a Cristo, el Hijo de Dios, tiene la Vida eterna; si usted no tiene a Cristo no tiene la Vida eterna, solamente tiene una vida temporera que se le va a terminar y después no podrá vivir eternamente, porque no recibió la Vida eterna a través de Cristo.
Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad y los está llamando, Dios tiene mucho pueblo aquí en Ecatepec de Morelos, y los está llamando, y en toda la República Mexicana, Dios tiene mucho pueblo y los está llamando, pues sus nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida.
Por lo tanto, tienen el derecho y la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. Todos necesitamos a Cristo para obtener la Vida eterna y así ser reconciliados con Dios.
Lo más importante para la persona, para cada persona es la vida. Sin la vida usted no tiene ninguna otra cosa, solamente tiene un lugar en el cementerio o en los tipos de cementerio que hay ahora, en donde los colocan en un lugar de concreto o en una cajita pequeña (los que son incinerados).
Pero con Cristo la promesa es que tenemos el Cielo completo, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro, somos herederos de toda la herencia divina y coherederos con Cristo, sin Cristo no podemos heredar nada de Dios.
Por lo tanto, como herederos de Dios y coherederos con Cristo, somos coherederos del Reino de Dios, somos coherederos de la Vida eterna con Cristo, somos coherederos de todo aquello a lo que Cristo es heredero, de este planeta Tierra y de todo el Universo, de toda la Creación somos coherederos con Cristo; pero sin Cristo usted no tiene nada, y aunque diga que tiene algo todo lo que tiene es temporero; y aún lo que tiene pues le será quitado, como dice en algunas de las parábolas de Jesús.
Es importante asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Solamente hay un Salvador y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO; porque no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos; y si no hay otro Nombre solamente hay un Nombre y es Señor Jesucristo en español, y en otros idiomas como lo pronuncian en otros idiomas y en hebreo: Yeshua. Si no hay otro Nombre, no vamos a inventarnos otro nombre. El Nombre de Salvación es Jesús, que significa: Salvador. Y por esa causa hizo la obra de salvación, de redención en la Cruz del Calvario. Él nos salvó por medio de la obra de salvación en la Cruz del Calvario.
Y ahora, todos los que lo reciben como su Salvador obtiene el perdón de sus pecados, son limpios de todo pecado, son bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en esas personas el nuevo nacimiento; y así obtienen la Vida eterna, así es como nacen de nuevo, nacen en el Reino eterno de Dios, nacen a la Vida eterna, porque en el Reino de Dios la Vida es eterna.
Y cuando resucite a los muertos creyentes en Él, nos transformará a nosotros, si estamos vivos; pero si alguno de nosotros se va antes lo resucitará en cuerpo eterno, y así es como los creyentes en Cristo se sienten felices, seguros, porque han obtenido la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.
Ya la angustia existencial desapareció de su corazón y de su mente; porque el que no tiene a Cristo tiene la angustia existencial, pues no sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí en la Tierra y no sabe a dónde va cuando muera físicamente.
Pero el creyente en Cristo sabe que vino de Dios, vino del Cielo; de donde vino Cristo han venido todos los hijos de Dios y sabe porqué está aquí, sabe que Dios lo ha enviado aquí a la Tierra para ser redimido, para recibir la salvación y Vida eterna, y sabe a dónde va cuando termine su vida terrenal, sabe que irá al Reino de Dios físicamente, será transformado y tendrá el cuerpo eterno y vivirá eternamente con Cristo en Su Reino.
Por lo tanto, no tiene angustia existencial, sino tiene gozo, lo que tiene es gozo acá en el alma, sabe que es una oveja del Señor, un hijo o una hija de Dios.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Y los que están en otras naciones, que han venido a los Pies de Cristo, también oraremos por ustedes y en todas las naciones que están conectadas con esta transmisión, pueden estar puestos en pie también para estos momentos de oración por las personas que han recibido a Cristo como Salvador.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, y con nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Ti , creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero entrar a Tu Reino, quiero vivir Contigo eternamente.
Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque yo creí y lo recibí como mi Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestra alma.
Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y cuando él no lo quería bautizar a Jesús, Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó en el río Jordán.
Si Cristo necesitó ser bautizado, cuánto más nosotros. Aun los apóstoles también fueron bautizados por Juan el Bautista; y cuando Cristo predicaba, todos los que creían eran bautizados por los apóstoles. Y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y así en todo momento que San Pedro predicaba o algunos de los apóstoles predicaba, los que creían eran bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Recuerden a Felipe y el eunuco, el cual le dice a Felipe: “¿Qué impide que yo sea bautizado,” cuando vio un lugar con agua. Y Felipe le dice: “Nada impide, si tú crees.” Y así es para todas las personas: nada impide que usted sea bautizado.
El bautismo en agua es simbólico, cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando lo sumerge el ministro en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el bautismo en agua para una buena conciencia delante de Dios.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego a cada uno de ustedes, al ser bautizados, en donde se identificarán con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, continúen pasando todos una noche feliz.
Y dejo con ustedes al ministro aquí correspondiente, pastor Enoc Carlón Infante; y en cada nación, y en cada ciudad, y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
“LOS DÍAS DE LA VOZ DEL SÉPTIMO ÁNGEL CONSUMANDO LOS MISTERIOS DE DIOS.”