La Venida del Hijo del hombre y las señales del fin del tiempo
Miércoles, 19 Agosto, 2009 - Toluca, Edo. de México México - 1 hora, 29 minutos
Rev. William Soto Santiago Ph.D.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Toluca, Estado de México, México
Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Para lo cual leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 3; y San Mateo, capítulo 16, versos 1 al 4, y dice de la siguiente manera (San mateo capítulo 24, del 1 al 3):
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.
Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte,
diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”
Y ahora, pasamos al capítulo 16 de San Mateo, versos 1 al *4:
“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.
Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.
Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!
La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LAS SEÑALES DEL FIN DEL TIEMPO.”
La promesa del Hijo del Hombre para el Día Postrero está en el Evangelio de San Mateo, de San Marcos, de San Lucas y también de San Juan. La Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final o Día Postrero es el evento más grande que la historia registrará después de la primera Venida de Cristo, que fue el evento grande para aquel entonces. De la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero depende la Iglesia del Señor Jesucristo, la resurrección de los muertos en Cristo, la transformación de los vivos en Cristo y el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.
Por lo tanto, todo depende de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, en el cual Cristo dijo que resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente; y para la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás hubo señales en el cielo y sobre todo una de la cual dieron testimonio aquellos sabios o magos que llegaron a Jerusalén buscando al Mesías, al Rey de los judíos que había nacido; porque Su estrella ellos que vivían en el Este, o sea, en el Oriente, por el territorio de Babilonia y Ur de los Caldeos, ellos desde allí, desde allá, habían mirado hacia Jerusalén y hacia el territorio de Israel y habían visto esa estrella en el cielo, por eso llegaron a Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido, porque Su estrella hemos visto en el Oriente.”
Siempre que Dios va a hacer algo en la Tierra, primero lo muestra en el cielo, para eso son las señales en el cielo de parte de Dios, para que las personas sepan lo que va a suceder en la Tierra; por eso preguntan Sus discípulos a Cristo: “Señor, ¿cuándo serán estas cosas? (O sea, la destrucción de Jerusalén y del templo.) ¿Y qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo?” O sea, que los discípulos del Señor Jesucristo estaban muy interesados en saber, conocer qué señal se manifestaría y que indicaría el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre.
Le preguntan: “¿Cuándo serán estas cosas, la destrucción de Jerusalén y del templo?” Y la señal era: “Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos, ha llegado el tiempo de destrucción.”
Y para la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Señor y del fin del siglo, Él dio señales, dio a conocer que serían manifestadas señales en el cielo y en la Tierra, y angustia en las gentes, confundidas a causa del temor y de las cosas que sobrevendrán en la Tierra a causa del bramido del mar y de las olas. Por lo tanto, esa señal en el cielo y en la Tierra estarían dando testimonio del tiempo en que el Mesías, el Hijo del Hombre aparecería; o sea, que primero serían vistas estas señales, y luego dice:
“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.” [San Lucas 21:27].
Y en San Mateo... y aquí también dice:
“Cuando estas cosas comiencen a suceder (o sea, desde el comienzo), erguíos y levantad vuestra cabeza...”
O sea, levantar nuestras cabezas a las cosas de Dios, y a entender y ver que esas son las señales que Cristo dijo que serían mostradas, y luego verán al Hijo del Hombre viniendo con poder y gloria en el Reino de Su Padre. Y dice:
“Cuando estas cosas comiencen a suceder (o sea, esas señales comiencen a ser vistas), levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”
La redención para los creyentes en Cristo que estén vivos será la transformación de sus cuerpos; porque eso es la redención del cuerpo conforme a las Palabras de San Pablo en Hebreos y en Romanos (Romanos, capítulo 8, versos 14 al 23).
Y ahora, esa es la promesa para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos a la final Trompeta, esa final Trompeta, la Trompeta del Evangelio del Reino que estará siendo sonada, siendo predicado por el mensajero, Ángel mensajero de Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7, del cual dice el Espíritu Santo a Juan el apóstol, dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”
Cuando este Ángel... recuerden que ángel significa: mensajero y si es un Ángel mensajero con el Evangelio eterno, que es el Evangelio del Reino para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, es un hombre, es un profeta que va a estar predicando a los moradores de la Tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, o sea, que su mensaje será para todas las naciones, para toda la humanidad; y en ese mensaje estará el mandato divino de adorar a Dios, servirle, darle honra al Creador de los Cielos y de la Tierra.
Y en ese mensaje del Evangelio eterno que estará predicando este mensajero, estará siendo dado a conocer el juicio divino que vendrá durante el tiempo de la gran tribulación, que durará tres años y medio, con el cual se completará la semana número Setenta de la profecía dada por el Ángel Gabriel al profeta Daniel, en el libro del profeta Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27.
Este Ángel mensajero predicando el Evangelio eterno dará cumplimiento a las Palabras de Cristo en San Mateo, capítulo 24, versos 13 al 14, que dice:
“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”
Aquí tenemos una señal muy grande que estará siendo manifestada en la Tierra, la aparición de ese mensajero predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino por testimonio o para testimonio a todas las naciones; o sea, que en la Tierra también habrá una señal muy grande y la señal más grande de Dios para la raza humana siempre ha sido un profeta. Por cuanto estará profetizando para muchos pueblos, naciones y lenguas es un profeta dispensacional que corresponde a la dispensación del Reino, que es la séptima dispensación.
Por lo tanto, esa será la señal más grande en la Tierra para la raza humana, así como para el mundo antidiluviano la señal más grande de que había llegado el tiempo para el juicio divino caer sobre la raza humana, era la presencia de un hombre llamado Noé, el cual era un profeta dispensacional, con el último mensaje para aquella generación antediluviana; y así está prometido para este tiempo en el cual nos ha tocado vivir.
Y ahora, la señales en el Cielo dan testimonio de las cosas que Dios hará en la Tierra, señales en el sol, la luna y las estrellas las cuales hemos estado viendo por muchos años; y hemos visto que en diferentes ocasiones el sol se ha oscurecido en estos eclipses solares y esas son señales en el cielo y señales también en la luna y en las estrellas. La misma señal que fue vista dos mil años atrás, cuando Cristo nació, la cual los sabios o magos dijeron que era una estrella, dice: “Porque Su estrella hemos visto en el Oriente,”era una alineación planetaria de dos planetas importantes, los cuales al ponerse en línea formaron una estrella muy grande.
Dicen los estudiosos de los astros que esa alineación de esos planetas que estuvieron en línea cuando Jesús nació, ocurre en la Tierra o en el Cielo cada cierta cantidad de años; y es ese un evento muy grande que fue anunciado por el profeta Miqueas, en el capítulo 5.
Se ponen en línea, o sea, en una conjunción Júpiter y Saturno; y ese evento ocurrió en los días que nació Jesús y ocurre siempre cada novecientos setenta y tres años, ocurre esa conjunción de Júpiter y Saturno, y la última vez que ocurrió fue en el año 1940: la misma señal que apareció cuando Jesucristo nació. Así que, esa señal en el 1940 fue muy importante para la raza humana. Y no vamos a explicar mucho acerca de esa conjunción de Júpiter y Saturno.
Y ahora, ¿qué estaría señalando, qué estaría indicando? Allá indicó nacimiento y Venida del Mesías en medio de Su pueblo Israel. La segunda Venida, la está esperando la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cristianismo está esperando la Venida del Señor en este tiempo final.
Por lo tanto, es tiempo de levantar nuestras cabezas al cielo para ver, para comprender estas señales que en el cielo Cristo dijo que serían manifestadas; y continuarán apareciendo más señales en el cielo. Muy pronto va a parecer una señal, y es uno de los planetas que está cerca del sol, más cerca del sol que el planeta Tierra va a ser visto como una luna gigante, como una luna llena, y entonces van a verse dos lunas. Pero una es la luna satélite del planeta Tierra y la otra será ese planeta.
En alguna ocasión les daré la fecha (no sé si se las di en alguna ocasión), les daré la fecha exacta para que estén atentos a esa señal que va a aparecer en el Cielo que estará indicando algo muy importante del Programa Divino.
Recuerden que la luna siempre representa la Iglesia, tanto la Iglesia del Antiguo Testamento, que es el pueblo hebreo, como la Iglesia del Nuevo Testamento, que es la Iglesia del Señor Jesucristo bajo un nuevo Pacto; y el sol representa a Cristo, al Mesías. “A los que temen mi Nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.” (Malaquías, capítulo 4, verso 2). Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo.” Y la luz del mundo literalmente es el sol, y Cristo está tipificado en el sol; por eso Él es el Sol de justicia, la luz del mundo conforme a San Juan, capítulo 8, versos 12.
Y ahora, luego de estas señales en el cielo, ¿que tienen que estar esperando para ver los seres humanos en la Tierra? La Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. “Y enviará Sus ángeles con gran voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos.” Sus ángeles son los dos Olivos, de Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, los dos Olivos y las dos ramas de Olivo, y conforme al Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14; y por consiguiente por cuanto es para llamar y juntar los escogidos con gran Voz de Trompeta, o sea, con el mensaje del Evangelio del Reino, el mensaje del Evangelio eterno que predica ese profeta mensajero dispensacional que aparece en Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7.
Si va a predicar el Evangelio eterno a todos los moradores de la Tierra, tiene que ser un hombre ungido con el Espíritu de Dios; y eso aparece en Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 al 17, el cual viene con el Sello del Dios vivo para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Ese es el mensajero con el Evangelio eterno para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, y tendrá éxito en el llamado de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; pues en Apocalipsis, capítulo 14, versos 1, en adelante, ya aparecen los ciento cuarenta y cuatro mil con el Cordero sobre el monte de Sión.
Ese Ángel mensajero, ese profeta mensajero que viene para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil, para hacer eso tiene que ser un hombre, un profeta. Y viene con el Sello de Dios vivo, y el Sello de Dios vivo es el Espíritu Santo del cual Cristo por medio de Su Espíritu a través de San Pablo nos dice en Efesios, capítulo 4, verso 30.
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
El día de la redención, es el día en que Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y a los que estén vivos creyentes en Cristo, nacidos de nuevo, los transformará. Ese día de la redención, de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos corresponde al séptimo milenio de Adán hacia acá, del cual Cristo dijo que todo aquel que en Él cree... vamos a leerlo, San Juan, capítulo 6, versos 39 al 49.
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”
¿Para cuándo Cristo dice que va a resucitar a todos los creyentes en Él? En el Día Postrero:
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
Eso para el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, en donde Cristo establecerá Su glorioso Reino milenial; en donde restaurará el Reino de Dios al pueblo hebreo, y por consiguiente a la raza humana.
La restauración del Reino de Dios en la Tierra de la cual o del cual Cristo dijo a Sus discípulos en la oración que enseñó a Sus discípulos, que se le llama el “Padre nuestro,” Cristo dijo que orando todos pidamos la Venida del Reino de Dios. “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad, como en el Cielo, también en la Tierra.” Y así se estará haciendo la voluntad de Dios en la Tierra en el Reino de Dios, que será restaurado en el planeta Tierra, y que será el Reino del Mesías.
Es en ese Reino donde Israel, todo el Medio Oriente y todas las naciones servirán a Dios, conocerán todas las Leyes divinas; y un Hombre, el Mesías Príncipe, gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y traerá la justicia, justicia social para todos los seres humanos; traerá la paz y como meta, y por consiguiente, la felicidad para los seres humanos.
Por eso es que el Mesías Príncipe es el deseado de todas las naciones, todas las naciones desean que venga ese hombre que gobernará sobre el planeta Tierra a todas las naciones; es la esperanza de todas las naciones como de todo ser humano. No hay otra esperanza para las naciones, solamente la Venida del Mesías para establecer Su Reino en la Tierra.
Y ahora, las señales en el Cielo han estado siendo vistas desde hace muchos años; y la señal entre las naciones de una nación y demás naciones, es la señal de la higuera que representa a Israel, y Él dice que cuando veamos esa señal, dice: “También les dijo una parábola: ‘Mirad la higuera y todos los árboles (la higuera es Israel y los demás árboles son las demás naciones), cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está cerca.”
Hemos visto a Israel despertar, hemos visto a Israel establecerse como una nación libre y soberana; y otras naciones también han hecho lo mismo.
Ahora, ¿qué significa el verano está cerca? Si Cristo estuviese aquí, estuviera aquí, le preguntaríamos a Él; pero no se preocupe, ya Él contestó nuestra pregunta:
“Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”
Y ya la señal de la higuera la hemos visto, y de otras naciones; y de todos los árboles, otras naciones convirtiéndose en naciones libres y soberanas.
Y ahora, ya sabemos que está cerca el Reino de Dios para ser establecido en este planeta Tierra.
Ahora, tenemos que comprender que la Venida del Señor tiene dos partes muy importantes, Su primera se cumplió dos mil años atrás como Cordero de Dios; Su Segunda es como el León de la Tribu de Judá para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.
Y ahora, está la Venida del Señor a Su Iglesia que va a transformar para llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, lo cual será como ladrón en la noche, o sea, que solamente la Iglesia del Señor Jesucristo, los que van a ser transformados van ha verlo cumpliendo Su Venida a Su Iglesia como ladrón en la noche, van a comprender ese misterio y está la Venida del Señor, del Hijo del Hombre, del León de la Tribu de Judá, del Rey de reyes y Señor de señores para sentarse sobre el Trono de David, reunir delante de Él a todas las naciones, juzgarlas y darle la bienvenida a las que Él juzgará y saldrán dignas de entrar al Reino del Mesías; y a las otras dice que serán echadas en el fuego que fue preparado para el diablo y los ángeles (eso está en San Mateo, capítulo 25, versos 40 en adelante), dice:
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
Entonces...” Estos son los que entrarán al Reino del Mesías, pero de los otros dice:
“Entonces dirá también a los de la izquierda (o sea, a los que están representados en los cabritos): Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”
¿Ven? Y durante ese tiempo serán quemadas con fuego atómico y volcánico; y eso es lo que nos habla Cristo de la cizaña que será atada en manojos y será echada en el horno de fuego, capítulo 13 de San Mateo, versos 30 al 43; y también en Malaquías, ya dijo Dios lo que va a hacer con los malos que son los que están representados en la cizaña; dice en el capítulo 4, de Malaquías, verso 1 en adelante:
“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”
Eso es lo que va a hacer con esas naciones que están representadas en los cabritos, pero con los que están representados en la ovejas, miren:
“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
Para los que temen el Nombre del Señor, nacerá el Sol de justicia, que es la Venida del Señor como Rey de reyes y Señor de señores. Y durante el milenio caminarán sobre la ceniza de todos los que fueron quemados durante la gran tribulación, en ese tiempo o día ardiente como un horno que viene para la raza humana. Luego sigue diciendo:
“Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.
He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”
Antes que venga el tiempo de la gran tribulación, antes que comience la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27, antes de eso dice Dios:
“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”
Antes que venga la gran tribulación, y antes del comienzo del Día del Señor, que es el séptimo milenio, que es el Día Postrero de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, Elías estará sobre la Tierra, este Elías que está prometido aquí, el cual y del cual Cristo dijo cuando Sus discípulos le preguntan en San Mateo, capítulo 17, versos 10 al 13. “¿No dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero y restaure todas las cosas?” Cristo les contesta: “La verdad Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas; más os digo que ya Elías vino y no le conocieron e hicieron de Él todo lo que quisieron.”
El Elías que tenía que venir en aquel tiempo preparándole el camino al Señor, conforme a Malaquías, capítulo 3, fue Juan el Bautista. El Elías último que vendrá antes que comience la gran tribulación son dos: el que precursa la segunda Venida del Señor, que es el séptimo ángel mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil, que fue el reverendo William Branham; si lo quiere conocer ese fue el Elías en su cuarta manifestación.
El Elías en su primera manifestación, ese ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo, fue Elías Tisbita. La segunda vez que el Espíritu Santo opera el ministerio de Elías en un hombre fue a través de Eliseo, en el cual Dios colocó la doble porción del Espíritu ministerial que estaba en Elías.
Y luego, la tercera ocasión en que el Espíritu de Dios opera el ministerio de Elías en un hombre, fue en Juan el Bautista. Y la cuarta ocasión fue el reverendo William Branham, en Norteamérica, en medio del Cristianismo. Y la quinta ocasión será cuando el Espíritu Santo esté operando también en el ministerio de Moisés, o sea, un profeta como Moisés que será enviado; y Moisés fue un profeta dispensacional, fue el dador de la Ley al pueblo hebreo.
Por lo tanto, en la quinta manifestación del ministerio de Elías vendrá con Moisés en la manifestación del Espíritu Santo operando el ministerio de Moisés en otro hombre, en un hombre, en un profeta como Moisés. Y ahora, sigue diciendo:
“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”
O sea, antes de la gran tribulación, del juicio divino caer sobre la raza humana donde Dios hiere a la Tierra con maldición, antes de eso tiene que aparecer ese profeta que será la manifestación del ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo por quinta ocasión en un hombre de esta Tierra; por eso el pueblo hebreo está esperando a Elías, un profeta como el profeta Elías que vendrá proclamando la paz imperecedera, ellos lo reconocerán y Él sabrá como le tiene que predicar al pueblo hebreo.
Su mensaje y la predicación, la proclama de la paz imperecedera está dentro del Evangelio del Reino, dentro del Evangelio eterno que estará predicando ese mensajero que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, a toda nación, a todo pueblo, a toda lengua; ese mensajero es Elías en Su quinta manifestación, y viene con Moisés, que será el ministerio de Moisés operado por el Espíritu Santo también.
Por lo tanto, habrá un profeta como Moisés, un profeta dispensacional; así como Moisés dio su mensaje para la dispensación de la Ley, ese profeta mensajero dará su mensaje para la dispensación del Reino.
Será también como en los días de Noé, donde hubo un profeta dispensacional, y como en los días de Abraham y Lot. Como en los días de Lot que hubo un profeta dispensacional, el cual fue Abraham, el profeta de la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa.
Es Cristo el que dijo que la Venida del Hijo del Hombre, la manifestación del Hijo del Hombre, el Día del Hijo del Hombre será como en los días de Noé y como en los días de Lot; y tiene que cumplir toda el Programa Divino, ser paralelo a lo que fue allá aquel tiempo.
Y eso será la señal más grande para la raza humana: un profeta como Moisés y como el profeta Elías en medio de la raza humana, trayendo Su mensaje en el cual estará la misericordia de Dios para los que creerán, y el llamado para adorar a Dios, al Creador de los Cielos y de la Tierra, y la proclama o declaración del juicio divino que ha de venir sobre la raza humana; o sea, que estará predicando las Copas que contienen las plagas, y estará predicando las Trompetas; todo eso estará incluido en el mensaje de ese profeta mensajero.
Ahora, algunas veces hay personas que piensan que cuando Cristo dijo que “los profetas hasta Juan profetizaron,” creen que no habrá más profetas en el planeta Tierra. Pero fueron los profetas del Antiguo Testamento, fueron los profetas de la Dispensación de la Ley que profetizaron hasta Juan el Bautista; pero Jesús es un profeta mayor y vino después de Juan; y Juan decía: “El que viene después de mí, es mayor que yo.”
Así que, vean ustedes cómo nos muestra la Escritura que después de Juan el Bautista hubo más profetas. Para la Dispensación de la Gracia también encontramos que el mismo Cristo promete enviar profetas a Su Iglesia; y también San Pablo nos dice en Efesios, capítulo 4, verso 11:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”
Cristo constituyó en Su Iglesia pastores, pero también maestros, pero también evangelistas, y también profetas, y también apóstoles. En los días de los apóstoles de San Pedro y de San Pablo, dice la Escritura en el libro de los Hechos que hubo profetas en medio de la Iglesia. Y en Corintios, Primera de Corintios, capítulo 12, verso 28, también el apóstol Pablo nos dice:
“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas (¿dónde los puso Dios? En la Iglesia), lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.”
Eso dice San Pablo al escribirles a los Corintios. Todo esto fue prometido por Cristo. San Mateo, capítulo 23, versos 34, ahí veamos lo que Cristo ha dicho, dice:
“Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas.”
Es Cristo el que dijo que enviaría profetas, sabios y escribas. Así que la línea profética continuó en la Dispensación de la Gracia, en la Iglesia del Señor Jesucristo, con quien Dios ha estado tratando bajo el nuevo Pacto que Él prometió en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36.
Y ahora, podemos ver el porqué está prometido en Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, el ministerio de los dos Olivos, de los dos Candeleros, de los dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios; es el ministerio profético de Elías por quinta ocasión y el ministerio profético de Moisés para este tiempo final, en un hombre como Moisés, pues la promesa fue: “Profeta como yo os levantará el Señor vuestro Dios, a Él oiréis.” A ese va a escuchar Israel en el Día Postrero, y va a escuchar también a Elías en su quinta manifestación.” Dice del profeta que Dios levantará de en medio del pueblo, dice Moisés (eso está en el capítulo 18, versos 15 al 19)... dice: “Profeta como...” Vamos a leerlo como se lo dijo Dios al profeta Moisés, capítulo 18, versos 18, de Deuteronomio:
“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (o sea, un profeta como Moisés; por lo tanto tiene que ser un profeta dispensacional; y el único profeta dispensacional que para el Día Postrero está prometido, es para la Dispensación del Reino); y pondré mis palabras en su boca...”
Siempre Dios coloca Su Palabra en la boca de un profeta; “porque no hará nada el Señor sin que antes revele Sus secretos, ¿a quién? A Sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7). Y a Moisés le dijo que Él pondría Su Palabra en su boca, en la boca de Moisés, y por eso trajo el mensaje de Dios; y por eso Moisés era Dios para Aarón.
“...y él les hablará todo lo que yo le mandare.”
¿Qué le va a mandar a hablar? El mensaje del Evangelio del Reino para el Día Postrero, el hombre o profeta como Moisés que Él enviará en el Día Postrero.
“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta (dice Dios aquí en este pasaje).”
Por lo tanto, habrá un hombre como Moisés un profeta dispensacional, con un mensaje dispensacional, con el mensaje del Evangelio del Reino, con el mensaje del Evangelio eterno, para predicarlo a los moradores de la Tierra, a toda nación, pueblo y lengua. Siempre un mensaje dispensacional cubre la raza humana para todo el tiempo que dure esa dispensación, o sea, que ese mensaje será el mensaje que tendrá el Reino milenial, será el mensaje que tendrá la humanidad en el Reino del Mesías. Tan simple como eso.
Por eso es tan importante las señales del fin del tiempo para estar alertas a la Venida del Hijo del Hombre.
Vean, también Cristo en la parábola del trigo y de la cizaña, dijo que la cizaña son los hijos del malo, del enemigo llamado el diablo; y que el trigo son los Hijos del Reino, y que el que sembró la cizaña es el diablo, y el que sembró el trigo es el Hijo del Hombre, Cristo.
Y los obreros quieren arrancar la cizaña, le piden permiso al Señor de la siembra, y Él le dice: “No, porque arrancando la cizaña pueden arrancar también el trigo, dejen todo hasta el tiempo de la siega (o sea, hasta el tiempo de la cosecha); y en el tiempo de la siega yo les diré los segadores que recojan el trigo en el alfolí y la cizaña la aten en manojos para ser echada al fuego y quemada.”
Ustedes lo buscan allá en sus Biblias para que lo lean en el orden en que está escrito.
Y dice que los segadores, ¿son quiénes? Los ángeles, y dice que el campo es el mundo y que la siega, la cosecha, es el fin del siglo.
Por lo tanto, en el tiempo de la siega, de la cosecha, en el tiempo del fin del siglo van a estar los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías; para llevar a cabo la labor correspondiente en ese tiempo.
También en la parábola de la red que es echada al mar y luego que se llena la sacan a la orilla, recogen lo bueno en cestas y lo malo echan fuera. Dice: “Así será en el fin del siglo, saldrán los ángeles y...” Vamos a ver cómo lo dice para que lo tengan claro, porque no se puede estar esperando ver otra cosa, sino lo que Cristo dijo que estará sucediendo. Dice:
“Así será al fin del siglo...” eso está en el capítulo 13, versos 47 al 50; y del verso 49 al 50, dice [San Mateo]:
“Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,
y los echarán en el horno de fuego (¿a quiénes? A los malos); allí será el lloro y el crujir de dientes.”
Y ahora, podemos ver todo lo que va a suceder: los buenos son apartados en el Reino del Señor, van a ser transformados los creyentes en Cristo nacidos de nuevo; pero los malos va Dios a echarlos en el horno de fuego, en el lago de fuego, del cual habla tanto en diferentes parábolas; aún en la parábola de las diez vírgenes habla también del horno de fuego, donde será el lloro y el crujir de dientes, lo cual será la gran tribulación que durará tres años y medio, donde estará desatado el fuego atómico y el fuego volcánico; y el planeta Tierra aumentará su temperatura a tal grado que habrá naciones, ciudades y aun naciones que serán quemadas; y eso será el cumplimiento de lo que Cristo dijo que echará (a los que están representados) las naciones que están representadas en los cabritos, los echará en el fuego que está preparado para el diablo y sus ángeles; y no podrán entrar al Reino del Mesías.
Así que, podemos ver que todo eso está señalado para suceder.
Y ahora, Él dice: “Velad y orad que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán y estar en Pie delante del Hijo del Hombre.” La Venida del Hijo del Hombre a Su Iglesia, Cristo viniendo a Su Iglesia, será como ladrón en la noche, será un secreto que solamente la Iglesia del Señor Jesucristo que va a ser transformada y llevada con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, lo conocerá y lo recibirá.
Eso es lo que nos muestra la parábola de las diez vírgenes, nos muestra que las cinco vírgenes prudentes tenían aceite en sus lámparas, el Espíritu Santo, por consiguiente habían nacido de nuevo; y las otras cinco vírgenes no tenían aceite en sus lámparas, no tenían el Espíritu Santo; por lo tanto, no habían nacido de nuevo; y fueron a comprar aceite, y mientras ellas iban a comprar aceite, vino el Esposo; y las que estaban preparadas, las vírgenes prudentes, entraron con Él a las Bodas; las vírgenes insensatas no vieron ni recibieron a Cristo en Su Venida; era un misterio, vino como ladrón en la noche: el mundo está en oscuridad, está de noche en tinieblas.
Y ahora, encontramos que ése es un secreto muy grande.
Ahora, luego de la gran tribulación, la Iglesia del Señor Jesucristo con Cristo, que durante el tiempo de la gran tribulación estarán en el Cielo, en la casa del Padre celestial, en la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero, la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo, luego de eso Cristo vendrá con Su Iglesia a la Tierra, como Rey de reyes y Señor de señores, para establecer el Reino de Dios en la Tierra; y esa será Su Venida que aparece también en Apocalipsis, capítulo 19, viniendo con ese gran ejército de huestes celestiales, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, para Reinar sobre la Tierra.
Por lo tanto, tenemos la Venida de Cristo a Su Iglesia como ladrón en la noche, lo cual será en secreto, como fue la Venida del Señor, del Esposo a las vírgenes prudentes, y se cerró la puerta luego, y las vírgenes insensatas ni pudieron ver al Esposo; ya estaba cerrada la puerta y el Esposo y la Esposa, el Esposo y las vírgenes prudentes estaban dentro, y fuera estaban las vírgenes insensatas; solamente supieron que vino el Esposo, pero no supieron cómo fue; tocaron la puerta y ya era demasiado de tarde.
Así que, una parte del Cristianismo entrará con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero y otra parte se quedará para pasar por la gran tribulación. Tan simple como eso.
Y ahora, tenemos que estar atentos a las señales del tiempo del fin o del fin del tiempo que nos está indicando que nuestra redención, la transformación de nuestro cuerpo está cerca; y que el verano está cerca, o sea, está cerca el Reino de Dios que será establecido en la Tierra, está cerca la venida del Reino de Dios y Su establecimiento en la Tierra.
Por lo cual la Venida del Hijo del Hombre será una realidad, primeramente para la Iglesia del Señor Jesucristo, pero eso será un misterio, un secreto, que solamente lo va a comprender el grupo de la Iglesia que va a ser transformado y llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, llamado ese grupo las vírgenes prudentes.
Luego, en la Venida del Hijo del Hombre, después de la gran tribulación, ya va a ser un evento que será visto a nivel mundial, y que el mundo entero va a saber que el Mesías está sobre la Tierra para restaurar el Reino de Dios en la Tierra, para restaurar el Reino de David; o sea, que son dos eventos que están separados por tres años y medio.
Así como el evento de la Venida del Señor como Cordero a la Venida del Señor como León, está separado, esos dos eventos están separados por dos mil años aproximadamente, pero es la misma Venida de Señor, es la misma Venida del Rey de reyes y Señor de señores que dos mil años atrás vino como Cordero de Dios: fue rechazado como Rey cuando entró a Jerusalén montado sobre aquel burrito, sobre aquel pollino hijo de asna de animal de carga.
Así que... y allí se detuvo, de ahí en adelante para Israel la predicación del Evangelio del Reino; y Él hablaba con Sus discípulos acerca del Evangelio del Reino, pero ya allí para el pueblo hebreo como nación, para Israel como nación se detuvo la predicación del Evangelio del Reino, porque fue rechazado el Rey.
Pero todo eso tenía que ocurrir, para que pudiera efectuarse el Sacrificio de Expiación por y para todo ser humano; o sea, que fue una bendición todo eso que sucedió; y la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario ha sido la bendición más grande que haya venido para la raza humana; y así todos tienen el Sacrificio de Expiación por sus pecados, para lo cual reciben a Cristo como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre arrepentidos de sus pecados, Cristo los perdona y los recibe y los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento y así nacen en el Reino de Cristo, entran al Reino de Dios: eso es nacer del Agua y del Espíritu, nacer del Evangelio de Cristo y nacer del Espíritu Santo.
Así que, viendo que las señales del fin del tiempo han estado siendo vistas y que la señal del Hijo del Hombre en el cielo y la señal del Hijo del Hombre en la Tierra ha estado siendo vista, estamos llamados a levantar nuestras cabezas al Cielo, a las cosas de Dios, al Programa de Dios para nuestro tiempo, para estar preparados para nuestra redención, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación; para lo cual toda persona que va a ser transformado tiene que primeramente haber recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. y haber sido bautizado en agua en Su Nombre y haber recibido el Espíritu de Cristo.
Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, y nació la fe de Cristo en mi alma, y lo he recibido como mi Salvador, y fui bautizado en agua en Su Nombre y Él me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento; y ahora estoy en el Reino de Cristo, he recibido la salvación y Vida eterna gratuitamente, por Gracia, o sea, sin dinero, sin pagar por mi salvación; porque Él pagó el precio de mi salvación, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también.
Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así entre al Reino de Dios.
Los niños de diez años en adelante también pueden pasar acá al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como Salvador.
Y los que están en otras naciones en estos momentos, también pueden venir a los Pies de Cristo si no lo han hecho para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre. Y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Por lo tanto, pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están en otras naciones y los que están aquí presentes.
Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad y los está llamando para darles la salvación y Vida eterna, por lo cual es la oportunidad más gloriosa para usted, que todavía no había recibido a Cristo, pues es la oportunidad de recibirlo como Salvador, para que Cristo le reciba en Su Reino.
De todas las decisiones importantes que cada persona hace en su vida, hay una que es la mayor, ¿cuál es? Recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Esa es la decisión más grande que un ser humano puede hacer en su vida, porque esa es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, esa es la decisión gloriosa que toda persona que vivirá eternamente habrá hecho en su vida, en algún momento de su vida. Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Más el que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33). Tan simple como eso.
Si le negamos delante de los seres humanos, si le negamos como nuestro Salvador, Él nos negará delante del Padre celestial. Por lo tanto, usted no tendrá un Salvador delante de Dios, porque lo negó delante de la gente; pero si le confesó delante de la gente como su único y suficiente Salvador, Cristo lo confiesa delante del Padre celestial y confiesa que Él es su único y suficiente Salvador de esa persona. Y eso es lo que todos queremos: que Dios sepa y reconozca que hemos recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Tenemos el único y verdadero Salvador: a Jesucristo nuestro Salvador, por lo cual viviremos eternamente en Su Reino.
Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente, para lo cual vienen para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; porque al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en su alma; porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo; y con el corazón se cree para justicia; porque con el corazón es que la persona cree a Cristo a través del conocimiento que ha obtenido por medio del Evangelio de Cristo. “Con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para Salvación,” para lo cual se le da la oportunidad a todas las personas que confiesen públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador recibiéndolo de todo corazón.
Todavía estamos listos para recibir a todos los que faltan por venir a los Pies de Cristo, y los que están en otras naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.
Vamos a estar puestos en pie para orar por todas las personas que en esta ocasión han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.
Los que están en otras naciones, los que están presentes, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón; creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo.
Sálvame, Señor, me rindo a Ti en alma espíritu y cuerpo. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y creyeron en Él y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Pues Él dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16: 15 al 16].
Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo recibí como mi Salvador, y ahora quiero ser bautizado en Su Nombre, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar? Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón; por cuanto ustedes han creído en Cristo bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
El Señor Jesucristo fue bautizado por Juan, Juan no lo quería bautizar y Cristo le dice: “Conviene que cumplamos toda justicia.” Y si a Él le convenía ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más a mí. ¿Y cuanto más a quién más? Cuántos más a ustedes también.
El bautismo en agua es un mandamiento del Señor que ha estado siendo obedecido por los apóstoles y también por todos los predicadores y por todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, durante estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá; y todavía siguen siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador, el cual dice el apóstol San *Pedro, hablando del bautismo en agua... dice Primera de Pedro, capítulo 3, versos 21 en adelante, dice:
“El bautismo que corresponde a esto (o sea, en el bautismo en agua en el diluvio está tipificado el bautismo en agua)...
El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,
quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”
O sea, que todo en el Cielo está sujeto a Él, los Árcángeles con todas las huestes celestiales, todos esos reinos celestiales están sujetos a Cristo, Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra.
Por lo tanto, el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo siendo un mandato del Señor y que en el Día de Pentecostés cuando preguntaron aquellas personas que escucharon a San Pedro predicar y creyeron, vean lo que le preguntan a San Pedro. Capítulo 2, verso 37 en adelante, dice [Hechos]:
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
Como tres mil personas creyeron, fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo.
Por lo tanto, la pregunta de lo profundo del corazón de aquellas personas como de ustedes: “¿Qué haremos? Luego de creer en Cristo, ¿qué haremos?” Bautícese cada uno en el Nombre del Señor Jesucristo. Y luego Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá en usted el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LAS SEÑALES DEL FIN DEL TIEMPO.”
Dejo al ministro correspondiente aquí para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Y que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Dejo al ministro aquí para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Continúen pasando todos un noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
“LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE Y LAS SEÑALES DEL FIN DEL TIEMPO.”
