Jesús socorriendo a la descendencia de Abraham

Lunes, 24 Agosto, 2009 - Ciudad el Sol México - 1 hora, 30 minutos


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Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Lunes, 24 de agosto de 2009
Ciudad El Sol, México

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. También un saludo muy especial al doctor Miguel Bermúdez Marín y también a su esposa Ruth; y al doctor Salomón Cunha y su esposa, la doctora Kélita Machado de Cunha, y a todos los ministros presentes y los que están también en otras naciones.
Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.
Para esta ocasión leemos en Hebreos, capítulo 2, versos 9 al 18, y nos dice el apóstol San Pablo:
“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,
diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre,
En medio de la congregación te alabaré.
Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“JESÚS SOCORRIENDO A LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM.”
No socorrió a los Ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
Y ahora, esta descendencia de Abraham vean ustedes, la encontramos a través de toda la Escritura de Adán hacia acá, de la cual Cristo nos habla acerca del Pacto que fue establecido en el monte Sinaí, en donde y de lo cual dos mandamientos principales hacen toda la ley, en estos dos mandamientos se resume toda la ley: “Amarás a Dios, al Señor tu Dios, sobre todas las cosas, con toda tu alma, tu espíritu, tus fuerzas, tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.” El que guarda estos mandamientos, cumple estos mandamientos, cumple toda la ley.
Y ahora, en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, nos habla de un nuevo Pacto que Dios va hacer con la casa de Israel y con la casa de Judá; cuando nos dice: “La casa de Israel y la casa de Judá,” se refiere a los dos reinos en que fue dividido el Reino de David en los días de su nieto Roboam hijo de Salomón, a causa de que Salomón cuando ya estaba avanzado en edad, inclinó su corazón, dejó que su corazón fuera inclinado por sus esposas, inclinado a la idolatría, y hay una sentencia muy grande para toda persona que adora ídolos, que sirve a dioses ajenos diferentes, dioses que son los dioses paganos que tenían aquellos moradores de Palestina, a los cuales por causa de sus pecados Dios sacó de esa Tierra y dio ese territorio al pueblo hebreo, el cual fue libertado por Dios a través del profeta Moisés, y los trajo a ese territorio llamado la tierra prometida.
Y ahora, encontramos que ahí tenemos la descendencia de Abraham a través de la línea de Isaac, Jacob y los patriarcas hijos de Jacob.
Ahora, luego de esta división del Reino en donde solamente a la descendencia de Abraham, a la realeza, a los que serían reyes en el territorio de Judá, de ese reino llamado el reino de Judá que corresponde al Sur de la tierra de Israel, vean, le quedó a ese reino la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, y los sacerdotes que servían allá en el templo; y a Jeroboam, uno que fue siervo del rey Salomón, Dios le entregó diez tribus, y esas diez tribus que corresponden al reino del Norte se llama la casa de Jacob o la casa de Israel.
Y ahora, ese rey llamado Jeroboam, es un descendiente del patriarca José, hijo de Jacob, por la línea de Efraín, y Efraín fue el primero que Jacob bendijo cuando fue a echar la bendición de Dios sobre sus hijos; bendiciendo a los hijos de José, Jacob estaba bendiciendo a José, y la tribu de José tiene una doble bendición, consta de dos tribus: de la tribu de Efraín y de la tribu de Manasés.
Por eso cuando se habla de Efraín o de Manasés, se está hablando de la tribu de José, y vean, José fue príncipe en Egipto, y el cual tipifica a Cristo, aborrecido por sus hermanos como también Cristo fue aborrecido por sus hermanos, su pueblo, vendido por cierta cantidad de piezas de plata fue José, como luego también fue Cristo, el cual fue vendido por Judas Iscariote.
Luego José también fue preso y Cristo al morir lo encontramos, se lo habían llevado preso, lo juzgaron, luego lo condenaron a muerte, y fue ejecutada Su muerte por medio del imperio romano, fueron los romanos los que crucificaron a Cristo a petición de aquellos líderes que incitaron al pueblo a pedir la crucifixión de Cristo, y eso es historia, lo cual no se puede negar, como el holocausto es historia que no se puede negar, y como muchas otras cosas que están en la historia no se pueden negar, algunas son muy dolorosas, pero así sucedió.
Ahora, Cristo está reflejado, representado en José, porque en todos los profetas de Dios se estaba reflejando Cristo, y también en todos los sacrificios que se hacían en el Antiguo Testamento desde el sacrificio que fue efectuado para darle vestiduras de pieles a Adán y Eva que estaban desnudos.
Y ahora, Cristo reflejado en José, lo encontramos a José luego de salir de la cárcel, lo encontramos siendo colocado en el reino del faraón como segundo en ese reino, y el faraón dice que por palabra de José se gobernaría toda su casa, todo su reino; colocó en su mano, la mano de José, dedo de José su anillo con el cual sellaba los documentos y un collar también con lo cual fue vestido y sus ropas reales, y colocado como segundo en el imperio o reino del faraón, y colocado sobre el segundo caballo del imperio, el primero era el del rey y el segundo el de José, y nada se hacía en Egipto sino por orden de José.
Y Cristo cuando murió y resucitó, que es salir de la cárcel, subió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, y luego Cristo dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra,” y nada se hace en el Cielo, nada se hace en el Reino de Dios, sino por mandato de Cristo, Dios lo ha colocado a Su diestra.
Y ahora, encontramos que Cristo es el Sumo Sacerdote del Templo celestial y también el Rey.
Ahora, Él ha estado como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su Sangre por unos dos mil años; desde el día de Su crucifixión y resurrección y ascensión al Cielo ha estado como Sumo Sacerdote.
Él algún día terminará Su Obra de Intercesión y se convertirá en el León de la Tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores y reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa: a los muertos en Cristo los resucitará en cuerpos eternos, glorificados como el de Jesucristo, y a los que estén vivos creyentes en Él nacidos de nuevo, los transformará y entonces todos los creyentes en Cristo seremos jóvenes, eternos, inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos que no se ponen viejos ni mueren, cuerpos glorificados y por consiguiente cuerpos inter dimensionales, pueden pasar de una dimensión a otra, trae ya el equipo de transportación en él.
Como Cristo, recuerdan, caminaba sobre la aguas, también lo encontramos ya resucitado, lo encontramos entrando donde estaban los discípulos con las puertas cerradas y Él entrando donde ellos y comiendo con ellos; y luego desaparecía de en medio de ellos. Es que el cuerpo glorificado y eterno y joven para siempre, es interdimensional y puede pasar de una dimensión a otra.
Ahora, Cristo es nuestro hermano mayor, por eso cuando Él habla en la parábola del juicio de las naciones, Él dice a los que entrarán al Reino del Mesías, y ya esos que van a entrar a los cuales juzga cuando Él se siente en el Trono de Su gloria, o sea, cuando se siente en el Trono de David y establezca Su Reino, a los que va a juzgar será a las personas que estarán viviendo en esos días en la Tierra en cuerpos mortales, y a las naciones que estarán en la Tierra.
Los creyentes en Cristo ya glorificados no van a ser juzgados, ya fueron y estuvieron en el juicio para los galardones en la repartición de galardones, porque el creyente en Cristo no es juzgado porque todo el juicio que iba a ser efectuado sobre la persona, ya fue sobre Jesucristo.
Por eso Él tomó nuestros pecados, se hizo pecado por nosotros y murió por nosotros llevando nuestros pecados allá en la Cruz del Calvario, y es como una deuda que usted tenga en el banco; si otro lo paga, ¿cuánto debe usted? No debe nada, aunque usted no fue el que la pagó, pero alguien la pagó por usted, por lo tanto nada debe usted.
Y Cristo saldó nuestra deuda, Él pagó en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, por lo tanto ya todo el juicio que tenía que venir sobre nosotros, vino sobre Jesucristo nuestro Salvador, y así Él socorrió ¿a quién? A la descendencia de Abraham.
San Pablo dice que todos los creyentes en Cristo son hijos de Abraham. Vamos a verlo aquí en Gálatas, capítulo 3 y capítulo 4; capítulo 3, verso 26 al 28, dice:
“Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (y luego sigue diciendo el verso 19).
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”
Linaje de Abraham, yo soy linaje de Abraham, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, por esa causa es que Cristo dijo: “Yo no he venido, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Y cuando envió a Sus discípulos, los envió a las ovejas perdidas de la casa de Israel, vamos a verlo aquí en el capítulo 10 de San Mateo, verso 6, dice:
“Sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
Cuando dice: “A la casa de Israel,” se refiere al reino del Norte compuesto por las diez tribus que le fueron dadas a Jeroboam, descendiente de Efraín y por consiguiente descendiente de José, y la Bendición de la Primogenitura ¿quién la tiene? La tiene cada creyente en Cristo.
Y ahora, en el tiempo de Jacob, de José, de Manasés y de Efraín pasó la Bendición de la Primogenitura a José a través de los hijos de José. Cuando Jacob bendijo a Efraín y a Manasés estaba echando la Bendición de la Primogenitura, porque la Bendición de la Primogenitura es la primera bendición que se da a los que han de recibir esa bendición de Dios.
Recuerden que Abraham, Isaac, Jacob, ellos antes de morir tenían que pasar la bendición que ellos tenían, la tenían que pasar a el sucesor correspondiente; y cuando se habla de esta bendición allá en Génesis, capítulo 48, verso 14 en adelante, dice:
“Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede.”
O sea, que él sabía lo que estaba haciendo, lo mismo que pasó con la Bendición de la Primogenitura que Isaac quería colocar sobre Esaú, hubo ahí algo que esa bendición cuando Isaac la habló, sobre quién la habló fue sobre Jacob. La esposa de Isaac y madre de Esaú y de Jacob, amaba mucho a Jacob, era el consentido de su madre y encontramos que Isaac amaba mucho a Esaú, era el primogénito, había nacido primero, y luego después, unos minutos después había nacido Jacob, pero luchando Jacob por la Bendición de la Primogenitura ya desde el vientre de su madre, y eso se reflejaría a través de la historia de la descendencia de Isaac, o sea, de la descendencia de Abraham.
Por eso los problemas del Medio Oriente, ya todo eso fue reflejado, tanto en la descendencia de Abraham por Ismael y por Isaac, y luego de la descendencia de Isaac por Esaú y por Jacob.
Ahora, José cuando viene para que su padre: Jacob, bendiga a sus hijos, a los hijos de José, pues trae a sus hijos, uno a cada lado y coloca su hijo mayor a su derecha, pero al ponerlos delante de Jacob, eso corresponde a la izquierda.
Ahora, Jacob dice que cruza sus manos adrede y coloca la mano derecha que es la primera que tiene que colocar, porque ahí viene la bendición más grande, la bendición de la diestra de Dios reflejada en la diestra de Jacob, dice:
“Entonces Israel (o sea, Jacob) extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.”
Una cosa es ser primogénito acá físicamente, y otra cosa es ser primogénito delante de Dios, y primogénito delante de Dios es el primero en que quien Dios pensó, y encontramos que cuando estaba embarazada la madre de Jacob y Esaú, estaban allá luchando y nació luego, dice la Escritura que nació primero Esaú, y después nació Jacob; pero ya cuando había ido a consultar a Dios por la lucha que estaba en su vientre... las madres que han tenido niños que brincan mucho en su vientre saben lo que es eso, pues no pueden algunas veces ni dormir casi por los brincos que tienen algunos niñitos que ya brincan mucho desde que están en el vientre, y algunas madres se preocupan: “Si así es en el vientre, ¿cómo será cuando nazca?”
Pero vean ustedes, en esta ocasión hubo algo sucediendo, y miren lo que Dios dice ya desde antes de nacer, capítulo 25 del Génesis, versos 19 en adelante dice:
“Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,
y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.
Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.
Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;
y le respondió Jehová:
Dos naciones hay en tu seno,
Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas (dos naciones y dos pueblos están representados allí en esos dos niñitos que están en el vientre, porque los descendientes de ellos después formarían esas dos naciones)
El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,
Y el mayor servirá al menor.”
Y también hay otra Escritura que nos dice: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí,” y eso desde antes de ellos nacer.
Ahora, encontramos aquí que ya la Bendición de la Primogenitura, ya Jacob la había logrado, tuvo unos cuantos pasos: comprársela a su hermano por comida, o sea, fue el mejor dueño de restaurante, el mejor comerciante, y luego logró que su padre le echara la Bendición de la Primogenitura por comida también, llevándole comida; y luego cuando regresaba de Padan-aram con sus hijos, su familia, sus esposas, sus niños y su ganado, pero con miedo, venía rico pero asustado porque su hermano Esaú lo estaba esperando, el cual había dicho que cuando su padre muriera lo iba a matar, pero su padre no había muerto todavía, pero la cosa es que cuando Jacob viene con todo su rebaño y su familia, recibe la noticia que su hermano Esaú venía con 400 hombres armados.
Y cualquiera se asusta, él dividió su familia y su ganado en grupos, puso a las siervas primero, también a Lea después, y dejó a *Raquel para lo último con su hijo José, y el otro hijo que de seguro venía, pero venía en el vientre de *Raquel que era Benjamín, porque decía Jacob: “Si viene Esaú con su gente armadas y mata a los primeros, me queda todavía la amada, la más protegida.
Así que, pero se fue Jacob a orar solo esa noche a Dios y se encontró con Dios cara a cara al encontrarse con el Ángel de Dios que es el Ángel del Pacto; es el mismo Dios en Su cuerpo angelical. Por eso dice que vio a Dios cara a cara y fue librada su alma.
Es nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical en el cual estaba Dios, ese es el Ángel del Pacto en donde está el Nombre de Dios, por eso Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58).
Ahora, continuemos aquí con este momento en que Jacob está echando la bendición sobre los hijos de José. Recuerden que eran judíos y también eran gentiles, eran judíos y eran egipcios por parte de padre: judíos, y por parte de madre: egipcios.
Recuerden que la esposa de José tipifica la Iglesia, y los hijos de José: Efraín y Manasés, Efraín tipifica la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la que recibe la bendición primero, y luego Manasés a los judíos.
“Entonces Israel extendió su mano derecha , y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.
Y bendijo a José...”
Ahora vean, está colocando las manos sobre los hijos de José, y dice: “Y bendijo a José,” está bendiciendo a José a través de sus hijos:
“Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,
el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.
Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto...”
Le causó disgusto porque José quería la primera bendición sobre su hijo mayor, y ahí muestra también que era el consentido de José, y sigue diciendo:
“...y asió (o sea, tomó) la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.
Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza (o sea, sobre *Manasés).
Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.”
El pueblo que formará, un pueblo grande, que formará Manasés, el cual tipifica, Manasés representa, tipifica los judíos, un pueblo grande, importante, pero la bendición para Efraín es que formará multitud de naciones; y será Efraín, será más grande que Manasés, la descendencia, el pueblo, muchos pueblos.
Y ahora, todo eso está ligado a las tribus perdidas de la casa de Israel, por las cuales Cristo dice que ha venido por las ovejas perdidas de la casa de Israel, las ovejas representan personas. Sigue diciendo:
“Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.”
Cuando es colocado una persona así, antes que la otra, pues el que es colocado primero es el que lleva la bendición más grande, viene a tener la Bendición de la Primogenitura, después cuando bendice directamente a José, antes de morir, también la bendición para José es la más importante, y cuando Moisés bendice a las tribus, la bendición más importante cae sobre José y por consiguiente cae sobre los hijos de José.
La tribu de José consta de dos tribus: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés, porque la Bendición de la Primogenitura siempre es una bendición doble, es una doble porción.
Ahora, veamos aquí lo que nos dice Primera de Crónicas, capítulo 5, verso 1 al 2:
“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito.”
Vean, la Bendición de la Primogenitura, los derechos de la primogenitura pasaron a los hijos de José, por esa causa cuando Jacob bendice a sus hijos, bendice primero a Efraín y a Manasés, por consiguiente está bendiciendo a José, y la Bendición de la Primogenitura pasa a Efraín y Manasés, y por consiguiente a la tribu de José.
Y la Bendición de la Primogenitura es la bendición más importante de todas las bendiciones que son dadas por estos hombres de Dios:
“Bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José).”
¿Ven? De José fue el derecho de primogenitura, ¿y qué tiene que ver todo esto con nosotros? Que nosotros estamos colocados en la Bendición de la Primogenitura. Por eso es que las ovejas perdidas de la casa de Israel por las cuales dice Cristo que ha venido, y a las cuales Él envió a sus discípulos, diciendo que fueran a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Y cuando Él habla en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, en donde tipifica las personas en ovejas, Él dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” ¿Qué se perdió? Pues las tribus del reino del Norte.
Y ahora, esto es aplicándolo a la descendencia de Abraham, eso fue en San Lucas, capítulo 19, verso 10, y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, dice:
“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (dice).
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?”
Van por los montes, por todos los lugares buscándola, como cuando se nos desaparece un hijo, ¿qué hacemos? Vamos como locos buscando ese hijo que se ha perdido; y ya ustedes pueden imaginarse el sufrimiento que lleva el padre o la madre buscando a ese hijo, y algunas veces los padres no saben cuánto aman a sus hijos hasta que tienen un problema de esa clase, y también los hijos no saben cuánto aman a sus padres hasta que tienen un problema parecido a ese o parten sus padres, o sea, terminan sus días aquí en la Tierra, se sienten como que parte del corazón le ha sido arrancado a las personas, a los hijos, yo lo digo por experiencia.
Y ahora, encontramos en todo esto del diario vivir nuestro, reflejando todo esto a las ovejas del Padre que se han perdido y cómo Dios en su corazón se ha sentido, y cómo Cristo buscando a esas ovejas ha estado en esa situación, pero cuando halla la oveja o las ovejas, dice que de gozo, la trae y de gozo la muestra a todos en la casa, y hay gozo y alegría, y dice que cuando un pecador se arrepiente hay gozo ¿dónde? En el Cielo, ese es el gozo de que la oveja perdida fue hallada.
Eso es lo que sucede cuando una persona recibe a Cristo como Salvador; en el capítulo mismo 18, el verso 14, que es el final de ese pasaje, de esa parábola, dice:
“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños (o sea, uno o una de estas ovejas).”
Y ahora, Cristo, nuestro hermano mayor vino con una misión divina: vino a buscarnos, vino de otro mundo, de otra dimensión, pero Él también ha estado en la Tierra todo el tiempo, es el Ángel del Pacto, ha estado por muchos años en medio del pueblo hebreo a través de toda la Dispensación de la Ley: estuvo con Abraham, con Isaac, con Jacob, con los patriarcas, y así por el estilo, y luego se hizo carne, o sea, se cubrió de carne, creó en el vientre de María un cuerpo de carne el cual fue creciendo en el vientre de maría, nació en Belén de Judea y allí habitó Dios con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Cristo, por eso Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”
¿Cómo era Cristo? Era el Ángel del Pacto, no antes de Abraham en su cuerpo físico, sino en Su cuerpo angelical y ese Ángel del Pacto es el Espíritu Santo. Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo parecido a nuestro cuerpo pero de otro mundo, de otra dimensión.
Y ahora, Cristo, el Ángel del Pacto, se vistió de carne humana, el Verbo que era con Dios y era Dios se hizo carne como dice San Juan, capítulo 1, verso 14, “y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad,” y al hacerse carne era nada menos que Emanuel, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14, Emanuel, lo cual significa: “Dios con nosotros,” Dios con nosotros dentro de un cuerpo carne llamado Jesús.
Por eso Jesús podía decir: “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” estaba viendo el cuerpo en donde estaba al Padre celestial, por eso decía: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.”
Por lo tanto, podemos comprender ese misterio de Dios el Padre y de Cristo, Dios el Padre, Dios Creador de los Cielos y de la Tierra estaba morando en ese velo de carne llamado Jesús, y estaba obrando a través de Él.
El velo de carne decía: “Yo no hago nada de mí mismo, es el Padre que mora en mí el que hace las obras,” o sea, que Jesús no hizo milagros, y eso, decir que Jesús no hizo milagros sería un poco difícil para comprender para muchas personas, pero cuando se explica en esta forma que Jesús lo explicó, cuando dijo: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mi, Él hace las obras.” Por lo tanto, las obras que se veían siendo realizadas por Jesús, no era el velo de carne llamado Jesús, era Dios el Padre por medio de Su Espíritu, o sea, Su cuerpo angelical obrando todas esas cosas a través del velo de carne.
Es lo mismo que con Moisés, la Escritura dice todas las maravillas que hizo Moisés, pero cuando examinamos bien la Escritura, descubrimos que Moisés no hizo milagros, fue Dios el que hizo todos esos milagros el cual estaba en Moisés velado, o sea, estaba dentro de Moisés y hablando a través del profeta Moisés.
La palabra de un hombre no puede hacer milagros, la palabra de un hombre no puede hacer aquellas cosas que vimos que hizo Moisés, fue Dios a través de Moisés hablando y las cosas sucediendo, así fue a través de Jesús también, así fue a través de San Pedro, San Pablo y todos los mensajeros que Dios ha enviado, por eso la gloria pertenece ¿a quién? A Dios. Dios es el importante. Aun el mismo Cristo dijo: “Mi Padre mayor es que yo,” el grande es Dios, el importante es Dios, y Cristo honró al Padre, a Dios.
Y ahora, continuando aquí, todos los hijos de Abraham que son de la fe de Cristo, porque todos los que son de la fe de Cristo... “y vosotros sois de Cristo:”
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”
Por lo tanto, como simiente o descendencia o linaje de Abraham, somos herederos de toda la herencia de Dios l cual para heredarla tiene un orden divino, dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante el orden correspondiente para toda la descendencia de Abraham heredar esas promesas. Capítulo 8, verso 14 en adelante, dice:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Abba significa Padre).”
Y ahora, todas estas personas creyente en Cristo han entrado al nuevo Pacto y llaman a Dios Padre, Padre mio, y eso estaba profetizado, y que el mismo Cristo nos enseñó a llamar a Dios Padre, enseñándonos en el Padre nuestro que cuando oremos digamos: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino, hágase tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra o aquí en la Tierra.”
¿Ven? Cristo mismo nos enseñó a orar a Dios, y orar en el nuevo Pacto que Cristo ha establecido para la casa de Israel, para la descendencia de Abraham al cual Cristo ha socorrido o Dios ha socorrido por medio de Cristo. Sigue diciendo:
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Y ahora, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, o sea, que recibimos nuestra herencia al ser coherederos con Cristo; a todo lo que Cristo es heredero, también nosotros somos coherederos con Él, Él está glorificado, nosotros vamos a ser glorificados, Él es Rey y nosotros somos Reyes con Él, pues Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes.
Es por medio de Cristo que recibimos la herencia divina, recibimos la inmortalidad y todos los galardones correspondientes por las labores que hagamos en el Reino de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Obra de Dios, por cuando somos descendientes de Abraham por medio de Cristo, Cristo ha producido el nuevo nacimiento en todos los creyentes en Él, y por cuanto Él físicamente, Su cuerpo físico es descendiente de Abraham, todos los creyentes en Cristo, vean, ustedes, por cuanto Cristo es el que produce el nuevo nacimiento y también el que ha estado buscando las ovejas del Padre, las ovejas de la casa perdida, las ovejas de la casa de Israel, ovejas perdidas que están a través de la Escritura (en Ezequiel, capítulo 37, versos 15 al 29), vean, Él es el que vendría a buscar esa descendencia de Abraham, que aunque se ha mezclado con los gentiles, Dios la conoce.
Por eso es que para este tiempo final lo sepan o no lo sepan, habrá un porciento muy alto que tendrán sangre hebrea, y el porciento puede ser tan alto, que puede llegar al 90% o no se sabe si más.
Pero no vamos a estar luchando por reclamar que tenemos sangre hebrea, más bien Cristo por la obra que Él ha hecho, dice San Pablo que todos los que son de Cristo, los creyentes en Cristo, son hijos de Abraham, descendientes de Abraham, vamos a ver cómo lo dice aquí ya que en la forma que él lo diga es muy importante. Dice:
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois...”
Y si San Pablo ahí lo dice, aquí en Gálatas, capítulo 3, verso 29, no vamos a discutir con San Pablo, pues Cristo también dice que Él vino por las ovejas perdidas de la casa de Israel. Así que, Cristo vino para socorrer la descendencia de Abraham, dice el apóstol Pablo, y a eso no le podemos quitar ni añadir. Podemos dar más luz a través de la Escritura del porqué somos linaje de Abraham. Dice.
“Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.”
Y ahora, en Primera de Pedro vean lo que dice este apóstol tan grande, tan importante de Cristo, en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 24 al 25, dice, hablando de Cristo dice:
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”
¿Ven? “Erais como ovejas descarriadas,” ¿ven las parábolas de Cristo? Si de 99 ovejas que tiene, se le descarría una de ellas, no deja las 99 seguras y va tras la que se descarrió, y ahora, Pedro dice que nosotros éramos como ovejas descarriadas, y Cristo dijo también que Él no vino sino a las ovejas perdidas, o sea, descarriadas de la casa de Israel, San Juan, capítulo 10, verso 11 al 30; San Juan, capítulo 21, verso 16; y San Mateo, capítulo 10, verso 6; y San Mateo, capítulo 15, verso 24, ahí ustedes encuentran bastantes detalles y si quieren algunas otras Escrituras, esa de San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14; y pueden buscar otras Escrituras que habla de las ovejas del Padre que le fueron dadas a Cristo, y en Ezequiel también habla del pueblo de Dios comparándolos con ovejas y comparando esos dos reinos con ovejas.
Y ahora, podemos ver que Él vino para socorrer estas ovejas perdidas de la casa de Israel, o sea, del reino del Norte, pero también encontramos que miles o millones de personas que quizás no tengan sangre hebrea, han estado entrando también al Cristianismo, así como entraron al Éxodo muchas personas que no eran hebreas, y eran quizás esclavos, sirvientes o personas que también tenían buenas posiciones también, pero cuando vieron el momento de salir de Egipto con el pueblo hebreo, Egipto ya estaba en la ruina luego de las diez plagas.
Si con dos plagas que han estado azotando la tierra, y con una digamos, Norteamérica y Europa y el mundo entero, una plaga, la plaga económica, el problema económico que hay, con esa miren cómo compañías automovilísticas y otro tipo de compañías se han ido a la quiebra, vean, con un problema económico y también con problemas como el de la influenza que ha azotado México y otras naciones, vean, el turismo también ha sufrido mucho.
¿Cómo sería con diez plagas que vinieron? Que la última llegó hasta el trono del faraón al morir el hijo primogénito del faraón, y cada hijo primogénito de loe egipcios también murieron. O sea, que con esa se selló la ruina de Egipto; y quién quería estar en un país en ruina, pues si siempre que las personas quieren irse a otro país, es que tienen su sueño fundado en la prosperidad, el bienestar que van a tener en otro país, porque en donde están, pues no pueden tener todo lo que desean tener, por quizás la situación económica y todas estas cosas, y en otro país, pues la situación es mejor, y si logran llegar a ese país en una forma, y algunos dicen: “En una forma o en otra, yo quiero llegar allí.”
Ahora, la esperanza de los que se unieron a Israel para salir estaba en llegar a la tierra prometida que y de la cual Moisés le había hablado en su mensaje, basado en lo que Dios le había prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob.
Y ahora, todos queremos también estar en la tierra prometida del glorioso Reino milenial, todos queremos estar en la gloriosa tierra prometida del glorioso Reino del Señor Jesucristo, que será un Reino mundial, y ahí va haber prosperidad, va a tener justicia social, la paz también, porque Él, el Mesías es el Príncipe de Paz y por consiguiente vamos a tener la felicidad de la raza humana en ese Reino del Mesías.
Por eso el Mesías es el deseado de todas las naciones, toda nación quisiera tener a Jesucristo como el Rey o el presidente de su nación, pero es el Rey de los Cielos y de la Tierra, está más alto que ser un rey o un presidente de algunas de las naciones de la Tierra, pero Él es el heredero al Reino de David y Trono de David que va a ser restaurado en medio del pueblo hebreo.
Y ese Reino va a gobernar no solamente al pueblo hebreo sino a todas las naciones, por eso lo encuentra en Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 al 19, y nosotros viendo que esa es una promesa para ser cumplida en el Reino del Mesías, pues decimos de todo corazón: “Yo quiero estar en ese Reino del Mesías.”
Vean, aquí está, dice capítulo 11, verso 15 al 19 del Apocalipsis:
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos (ahí está la Escritura, la profecía).
Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios.”
¿Quiénes son esos veinticuatro ancianos que están sentados en sus tronos? Son los doce hijos de Jacob, los doce patriarcas y los doce apóstoles del Señor, ahí no está incluido Judas Iscariote, porque él perdió esa bendición y le fue dada a otro apóstol.
Ahora vean cómo va a ser en el Reino del Mesías, y vean cómo está todo allá en el Reino celestial. Cristo dijo a Sus discípulos allá en el capítulo 19, versos 26 al 28 de San Mateo y capítulo 22 de San Lucas, versos 28 al 30: “Y vosotros que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos y juzgaréis a las doce tribus de Israel.” Eso nos muestra un Reino teocrático.
Y ahora, hemos estado viendo la bendición tan grande que Dios tiene para Sus hijos, para toda la descendencia de Abraham, para todos los hijos e hijas de Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador, el cual tomó nuestros pecados, murió en la Cruz del Calvario y fue sepultado y resucitó y está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, está como Sumo Sacerdote en el Templo celestial haciendo intercesión con Su propia Sangre por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador, y por los creyentes en Cristo que cuando fallan ante Dios, confiesan a Cristo toda falta, error o pecado, Cristo los perdona y con Su Sangre los limpia, y así mantiene limpio de todo pecado con Su Sangre a todos los creyentes en Él. O sea, que Él nos mantiene limpios ante Dios, Dios nos mira a través de la Sangre de Cristo.
Por lo tanto, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo que intercede por nosotros ante Dios, por eso dice la Escritura que si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo, y tenemos el mejor abogado que hay y que conoce las leyes del Cielo, las leyes de la corte celestial del poder jurídico allá, del poder judicial, por lo tanto, no hay otro abogado como Cristo, ¿y en el Cielo a quién otro usted conoce que lo pueda defender ante Dios? Yo solamente conozco a uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo. Por lo tanto, ese es mi abogado ante el Padre, nunca ha perdido ni un caso, no perderá el mío ni el suyo tampoco.
¿Y cómo puedo acercarme a Él para que Él sea mi abogado ante el Padre? Pues recibiéndolo como su único y suficiente Salvador. Al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en el alma de la persona, la persona cree en Cristo y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Y todos queremos ser salvos, todos queremos obtener la Vida eterna, para lo cual recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye,” San Juan, capítulo 8, verso 47 al 48, y también Él dijo en el capítulo 10 de San Juan, verso 27 al 30:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna.”
Es Vida eterna lo que Cristo nos da cuando lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador al escuchar Su Voz que es Su Evangelio, el Evangelio de Cristo. Por lo tanto, si hay alguna persona que no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.
Y ya yo le recibí como mi Salvador y estoy feliz con Cristo en Su Reino, y con el seguro más grande que una persona puede tener, el seguro de la Vida eterna que Cristo me ha dado, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.
Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Su Nombre.
Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, y la Vida eterna se recibe antes de la persona terminar sus días en la Tierra, antes de la persona morir, está llamado ya a tener la Vida eterna para poder ir al Cielo, al Paraíso con Cristo.
El ser humano al nacer en la Tierra viene con la angustia existencia, porque no sabe de dónde ha venido, no sabe porqué está aquí en la Tierra y no sabe a dónde va cuando muera físicamente, y cuando se nos acerca la edad de partir de la Tierra, nos preocupamos, y normalmente la persona parte de los 70 a 80 años, dice la Escritura que esa es la edad normal en que la persona parte, pero hay algunos que pasan de100 años, es una bendición que Dios les ha dado para que le sirvan; y si no han recibido a Cristo, para que lo reciban como Salvador.
La persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo es una oveja del Señor, su nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, recuerden que Él dijo a Sus discípulos en una ocasión que estaban muy contentos porque habían ido a predicar conforme al mandato de Cristo y a sanar enfermos, y cuando regresan vienen y le dicen a Cristo muy felices: “Señor, hasta los espíritus se nos sujetan en tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en los Cielos.”
Eso es lo más grande: que nuestro nombre esté escrito en el Cielo y eso es lo que nos llena de regocijo, por lo cual escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en nuestra alma, creemos en Cristo y lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador, y Él nos da Vida eterna.
Es para recibir la Vida eterna que recibimos a Cristo como único y suficiente Salvador. No hay otra persona que nos pueda dar la Vida eterna. Dice en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13:
“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo (o sea, a Cristo porque lo recibió), tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
No tiene la Vida eterna, lo que tiene es vida temporera que se le va a terminar en algún momento, y si se le termina y no ha recibido la Vida eterna al recibir a Cristo, porque no ha recibido a Cristo, se quedó sin Vida eterna, por lo tanto, no tiene esperanza de vivir eternamente con Cristo en Su Reino.
La única esperanza de obtener la Vida eterna es mientras estamos aquí en la Tierra, y es recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, aun el orar a Dios dice Cristo que es en Su Nombre, el Nombre del Señor Jesucristo, Él dice que todo lo que pidamos al Padre en Su Nombre, Él lo hará, y también Él dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”
Usted no puede ni siquiera ir a Dios en oración para pedir algo a Dios o adorar a Dios, a menos que sea en el Nombre del Señor Jesucristo. “Nadie viene el Padre, sino por mí,” o sea, que no puede una persona llegar a Dios ya sea para orar o para adorarlo o lo que sea, o para recibir la Vida eterna, a menos que sea a través de Cristo, Él lo dijo: “Y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otra verdad, no hay otra Vida eterna, no hay otro camino: un solo camino, Cristo nuestro Salvador.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y los que están en otros países también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues todos queremos vivir eternamente.
Algunas personas dicen: “Yo quiero vivir eternamente, me cueste lo que me cueste,” pues no es necesario, ya lo que iba a costar nuestra salvación, ya la pagó Jesucristo en la Cruz del Calvario, Él sí podía decir: “Yo voy a salvar todas estas ovejas del Padre, me cueste lo que me cueste,” y le costó Su vida en la Cruz del Calvario.
Gracias a Cristo por ese gesto de amor tan grande. El gesto mayor de Dios hacia el ser humano es que envió a Jesucristo al mundo para morir como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y el gesto mayor de Cristo hacia nosotros fue dar Su vida por nosotros en la Cruz del Calvario, porque nos amó desde antes de la fundación del mundo, nos amó estando en la Tierra y nos continuó amando con todo su corazón, y nosotros estamos muy, pero que muy agradecidos a Cristo por Su Sacrificio por nosotros en la Cruz del Calvario.
Y ahora, nosotros hemos aceptado Su Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados y por consiguiente aceptamos nuestra salvación por medio de Cristo nuestro Salvador. Ya Él ganó para nosotros la salvación en la Cruz del Calvario, y ahora nosotros la recibimos, la aceptamos, la creemos.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En los demás países también pueden estar puestos en pie para orar por las personas que han recibido a Cristo como nuestro Salvador.
Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión para recibir a Cristo como Salvador, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.
Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador, Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.
Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén y amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ Y yo creí al escuchar el Evangelio de Cristo siendo predicado, y lo he recibido como mi Salvador.” Y la pregunta de lo profundo de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, Juan no lo quería bautizar, pero Jesús le dijo: “No conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y vino el Espíritu Santo y reposó sobre Jesús.
Si Cristo para cumplir toda justicia tenía que ser bautizado por Juan el Bautista, ¿cuánto más nosotros para cumplir toda justicia tenemos que ser bautizados? Aun los apóstoles de Jesucristo fueron bautizados por Juan el Bautista, y cuando Cristo predicaba, todos los que creían eran bautizados por los apóstoles, y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, los que creyeron que eran como tres mil personas, le preguntan a Pedro: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro les dice:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos.”
Y así sigue diciendo todo lo relacionado a esa promesa y a los que recibirán a Cristo como Salvador, y fueron bautizados como tres mil personas que creyeron.
Y ahora, el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo cumplido, obedecido por todos los que han recibido a Cristo como Salvador y todos los ministros han bautizado a las personas que han creído en Cristo.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, conociendo el significado del bautismo en agua del cual San Pedro también dice en Primera de Pedro, capítulo 3, verso 21 en adelante:
“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,
quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”
Ángeles y autoridades celestiales y potestades celestiales, todo está sujeto a Él, y el mundo entero, todo el Universo está sujeto a Cristo nuestro Salvador, porque todo poder le ha sido dado a Cristo al sentarse en el Trono celestial.
Recuerden que en una nación el poder lo tiene el que está sentado en la silla presidencial, y si es en un país que tiene la monarquía, el poder lo tiene el que está sentado en el trono de la realeza, en el trono de ese reino está el poder, y el que esté sentado ahí como rey, es el que tiene el poder sobre la nación.
Así que, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo con ustedes en esta ocasión al ministro para que así les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Dejo con ustedes al pastor, reverendo Jorge Hernández Martínez y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Que Dios les bendiga y continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
“JESÚS SOCORRIENDO A LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM.”