Atendiendo a tiempo el llamado final de Dios
Miércoles, 26 Agosto, 2009 - Vicente, Guerrero. Durango México - 1 hora, 25 minutos
Rev. William Soto Santiago Ph.D.
Jueves, 27 de agosto de 2009
Vicente, Guerrero, Durango, México
Muy buenas tardes, amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio para mí estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Para lo cual leemos en el Evangelio según San Juan, capítulo 5, versos 19 en adelante, palabras de Jesús que dicen:
“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“ATENDIENDO EL LLAMADO FINAL DE DIOS.”
Cristo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, dice:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Esta predicación del Evangelio de Cristo ha estado en medio de la raza humana desde los días de los apóstoles, del Día de Pentecostés en adelante; lo cual es la predicación del Evangelio de la Gracia, del Evangelio de Cristo, del Evangelio de nuestra salvación, en donde se presenta a todo ser humano la muerte de Cristo como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; por lo cual se da a conocer las palabras de Cristo de San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, lo que habló en la última cena allá con Sus discípulos. Dice:
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”
En este pasaje Cristo nos habla del nuevo Pacto y nos dice que la Sangre del nuevo Pacto es Su Sangre que Él va a derramar por muchas personas para la remisión de los pecados.
Ahora, este nuevo Pacto es aquel del cual el profeta Jeremías en el capítulo 31 nos habla diciendo de la siguiente manera:
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”
En esta Escritura nos habla de un nuevo Pacto, un nuevo Pacto para la casa de Israel y para la casa de Judá. De ese nuevo Pacto es que el apóstol San Pablo, también nos habla en su carta a los Hebreos, capítulo 8, y nos dice de la siguiente manera; y vamos a leer, capítulo 8, versos 6 en adelante, dice:
“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.
Porque reprendiéndolos dice:
He aquí vienen días, dice el Señor,
En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;
No como el pacto que hice con sus padres
El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;
Porque ellos no permanecieron en mi pacto.”
Y ahora, San Pablo nos habla también del nuevo Pacto, el cual ha sido establecido por Jesucristo nuestro Salvador. Y en el verso 13, dice, de este mismo capítulo 8 de Hebreos:
“Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”
Por lo tanto, el antiguo Pacto ha sido dado por viejo y ahora tenemos un nuevo Pacto en el cual toda persona entra al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; por esa causa es que cuando llegó el tiempo para llevarse a cabo, establecerse el nuevo Pacto, Dios envió a Jesucristo, Su Hijo el cual es el Ángel del Pacto para así establecer el nuevo Pacto, colocar la Sangre del nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador; para así reconciliar consigo mismo al ser humano por medio de Jesucristo nuestro Salvador.
Y ahora, toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador entra al nuevo Pacto, entra al Reino de Dios, nace en el Reino de Dios; y por consiguiente nace a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; por esa causa es que Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” Es Vida eterna lo que Cristo nos da cuando nosotros lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador; y así es como la persona obtiene la Vida eterna, así es como la persona obtiene una resurrección espiritual, y pasa de muerte a Vida. Eso es lo que dice Cristo en San Juan, capítulo 5, versos 24, cuando nos dice de la siguiente manera:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
Cuando Dios colocó al ser humano en la Tierra, a Adán, y luego le dio una compañera (Eva) y los colocó en el Huerto del Edén, ellos tenían Vida eterna; pero cuando no mantuvieron la Palabra de Dios en sus corazones obedeciéndola, entonces entró la muerte; por eso Dios le había dicho a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comiera, ese día moriría.
Ahora, allí también estaba el árbol de la Vida; si comía del árbol de la Vida en el tiempo correspondiente, viviría eternamente.
Y ahora, cuando Adán y Eva pecan en el Huerto del Edén, mueren a la Vida eterna y solamente les quedó vida temporera que a Adán le duró novecientos treinta años, y a Eva no sabemos cuánto tiempo le duró la vida temporera.
Por lo tanto, de ahí en adelante la raza humana murió a la Vida eterna, pues en Adán y Eva estaba representada la raza humana; y por consiguiente toda persona que nace en la Tierra, nace a la vida temporera, por lo cual nacemos, pasamos una temporada en estos cuerpos mortales y luego terminan nuestros días en la Tierra.
Estamos viviendo en medio de una raza que lo que tiene es vida temporera; porque perdió la Vida eterna cuando Adán y Eva pecaron.
Pero ahora el segundo Adán, que es Cristo, viene para producir una resurrección a la Vida eterna, a todas aquellas personas que escucharán la Voz de Cristo, la Voz del Hijo de Dios; y estando en esta vida terrenal en medio de la raza humana que está muerta a la Vida eterna, vean, dice que todos los muertos oirán la Voz del Hijo de Dios, o sea, escucharán la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Voz del Jesucristo, el Hijo de Dios, por medio de Su Espíritu Santo a través de los ministros, de los predicadores que han sido enviados para predicar el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de salvación y Vida eterna; y todos los que escuchan Su Voz, resucitan a la Vida eterna y aseguran así su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el Programa Divino. Por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy Vida eterna.”
Cristo es el segundo Adán, el cual tiene Vida eterna para impartirla a todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador. Vean las palabras tan hermosas que nos dice Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, lo cual nos da la esperanza de la Vida eterna. Dice:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”
¿Y qué es todo aquello que el Padre le dio? Él dijo que las ovejas del Padre le fueron dadas a Él. Él dice: “Nadie las arrebatará de mi mano, mi Padre que me las dio es mayor que todos.” Esas son las cosas que el Padre le ha dado a Cristo para que les de Vida eterna.
Y ahora, dice:
“... sino que lo resucite en el día postrero.”
Esta es una promesa divina dada por Cristo a todos los creyentes en Él, si la persona luego muere en el tiempo que le corresponde, tiene la promesa; y por consiguiente tiene la esperanza de ser resucitado en el Día Postrero en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador. Sigue diciendo Cristo.
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
La voluntad de Dios es que tengamos Vida eterna, para lo cual Dios envió a Jesucristo para efectuar el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para con Su Sangre limpiarnos de todo pecado; para que así recibamos la Vida eterna de parte de Dios, por medio de Jesucristo nuestro Salvador.
Por eso es que en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, nos dice que Dios nos ha dado Vida eterna y esta Vida está en Su Hijo, o sea, en Jesucristo. Dice: “El que tiene al Hijo, tiene la Vida.” O sea, tiene la Vida eterna todo aquel que tiene a Cristo en su corazón; porque le recibió como su único y suficiente Salvador. Y también dice: “El que no tiene al Hijo no tiene la Vida.” O sea, no tiene Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va terminar en algún momento y ni siquiera sabe cuándo se le va a terminar la vida terrenal.
El tiempo que vivimos en esta Tierra es para que busquemos la Vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por lo tanto, es una oportunidad muy importante que Dios le ha dado a todo ser humano al enviarlo a vivir en este planeta Tierra.
Cristo mismo dice en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28. “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”
Por lo tanto, no le vale de nada a una persona vivir en esta tierra y convertirse en una persona multimillonaria y perder su alma por no haber recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador, se conformó la persona con la vida terrenal que es limitada, tiene una cantidad de años para vivir en la Tierra, y luego termina la vida física en el cuerpo físico hasta que en el día para el juicio final serán resucitados todos los que no eran creyentes para ir ante el Trono blanco y ser juzgados según sus obras; y el que no fue hallado en escrito en el Libro de la Vida fue echado en el lago de fuego que es la segunda muerte.
Por lo tanto, los seres humanos tienen que comprender que han sido colocados en este planeta Tierra con un propósito divino y para un propósito divino, ese propósito divino para el cual estamos en la Tierra es para que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibamos como nuestro único y suficiente Salvador y así aseguremos nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.
Dice en Primera de Pedro, capítulo 1, versos 2.
“Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo.”
Hemos llegado a este planeta Tierra para obedecer el Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en nuestra alma, creer en Cristo, recibirlo como nuestro Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo y obtener la Vida eterna. Por lo tanto, hemos venido a la Tierra para ser rociados con la Sangre de Cristo y ser limpiados de todo pecado. Y vean lo que sucede con estas personas que son rociadas con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado. Dice en Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6:
“Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.”
Ahora, vean lo que Jesucristo ha hecho con todos aquellos que lo han recibido como su único y suficiente Salvador; los ha limpiado con Su Sangre preciosa de todo pecado y los ha hecho para nuestro Dios, Reyes y Sacerdotes. También en el capítulo 5 del Apocalipsis nos dice de la siguiente manera, y vamos a leerlo también para comprender lo que Cristo ha hecho por nosotros. Capítulo 5, versos 9 en adelante (estos son todos los creyentes en Cristo en el Cielo):
“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”
Vamos a reinar con Cristo sobre este planeta Tierra en el Reino del Mesías, que es el Reino de Cristo, al cual Él es heredero. El Ángel Gabriel le dice a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, que ella va a concebir, va a tener un hijo, un niño, va a dar a luz un niño, y le dice que le ponga por nombre Jesús, y dice que será Hijo del Altísimo, Hijo de Dios y Dios le dará el Trono de David, Su Padre, y reinará sobre la casa de Israel para siempre, o sea, que el Reino de David y Trono de David corresponde como herencia a Cristo nuestro Salvador. Ese Trono de David, es el Trono terrenal del Reino de Dios en la Tierra y el Reino de David es el Reino terrenal de Dios.
Y ahora, en ese Reino, vean cómo van a estar todos los creyentes en Cristo. Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6, dice:
“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.
Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”
Ese es el Reino del Mesías dónde hemos de estar como Reyes y Sacerdotes; y por consiguiente como los miembros de Su gabinete en ese glorioso Reino del Mesías.
Ahora, se ha estado predicando el Evangelio de Cristo por unos dos mil años desde el Día de Pentecostés hacia acá. Juan el Bautista y Jesús predicaron el Evangelio del Reino de Dios, pero los apóstoles comenzando desde el Día de Pentecostés con San Pedro predicaron el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación; porque la dispensación de la Gracia es el Día de salvación para toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador. Por eso el apóstol Pablo dice en Segunda de Corintios, capítulo 6, verso 2:
“Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”
El tiempo aceptable delante de Dios para la persona tener el perdón de sus pecados, ser limpios de todo pecado y ser reconciliados con Dios es el día de la dispensación de la Gracia, en donde todo ser humano escucha la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma y recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador y obtiene la Salvación y Vida eterna porque lo ha recibido en el tiempo aceptable delante del Señor en el día del salvación, que es la Dispensación de la Gracia donde se abrió la puerta de la Dispensación de la Gracia, la puerta del Reino de Dios, que es Cristo nuestro Salvador, el cual dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.” San Juan, capítulo 10, verso 9; y también en San Mateo, capítulo 7, versos 3 en adelante, nos habla de la puerta angosta y del camino angosto, que es la puerta por la cual se entra a la Vida eterna, y el camino angosto, el camino que nos lleva a la Vida eterna. Todo eso es Cristo nuestro Salvador.
Ahora, para este tiempo final en el cual vivimos todavía se predica el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, el cual es para salvación y Vida eterna para todos aquellos que creen y reciben a Cristo como su único y suficiente Salvador.
Y ahora, Cristo nos dice que “será predicado el Evangelio del Reino a todas las naciones para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” (San Mateo, capítulo 24, versos 13 al 14).
La señal del fin del tiempo es cuando se escuche la predicación del Evangelio del Reino, el Evangelio que predicaba Juan el Bautista y predicaba Jesús, el cual se detuvo luego que Cristo fue rechazado, juzgado, condenado y crucificado.
Luego de estos dos mil años que han transcurrido desde la dispensación de la Gracia, en donde todavía se predica el Evangelio de la Gracia, comenzará a predicarse también el Evangelio del Reino, o sea, se entrelazará el Evangelio del Reino con la Dispensación de la Gracia, como se entrelazó la predicación del Evangelio de la Gracia con la Dispensación de la Ley.
Por lo tanto, para este tiempo final surgirá la predicación del Evangelio del Reino nuevamente anunciando todo lo relacionado a la restauración del Reino de Dios en la Tierra, de la cual le preguntaron los discípulos de Jesucristo a Cristo antes de subir al Cielo, en el libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 9. Y le dicen: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?”
La restauración del Reino del cual ellos le preguntan, es la restauración del Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra en medio del pueblo hebreo. Y la restauración del Trono de David es la restauración del Trono de Dios en la Tierra; de eso es que nos habla Primera de Crónicas, capítulo 28, versos 4, en adelante; y también Primera de Crónicas, capítulo 29, versos 21 en adelante, donde nos dice que Salomón se sentó en el Trono de Dios sobre el Reino de Dios sobre Israel; o sea, que nos muestra que el Trono de Dios terrenal es el Trono de David y el Reino de Dios terrenal es el Reino de David.
Ese Trono de David es el Trono de Cristo, el Trono del Mesías, del cual el Ángel Gabriel le habló a la virgen María que Dios le daría el Trono de David a ese niño que nacería, le daría el Trono de David Su Padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre.
Y ahora, de ese Trono es que Cristo habla en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, cuando dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono.” Así como Cristo venció, resucitó victorioso, subió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios con el Padre; así mismo Cristo va a hacer con el vencedor cuando llegue el tiempo del establecimiento del Reino de Dios en la Tierra. Dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono (o sea, en el Trono de David), así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su Trono;” o sea, se ha sentado en el Trono celestial. En esa misma forma hará Cristo con el vencedor en el Día Postrero.
Y ahora, podemos ver este misterio del Reino de Dios viniendo a la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David, en donde el Mesías Príncipe se sentará sobre el Trono de David, y con Él, el vencedor, que estará a la diestra del Señor; por eso es tan importante atender el llamado final de Dios.
Y ahora, el llamado final de Dios encontramos que es la predicación del Evangelio del Reino siendo proclamado en este tiempo final. “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” Hay muchas personas que han escuchado a muchos predicadores diciendo: “Estamos en el tiempo del fin.” Pero no han podido mostrar la señal del tiempo del fin, que será la predicación del Evangelio del Reino siendo predicado por testimonio para todas las naciones; para testimonio de todas las naciones, y luego vendrá el fin.
Si va a ser predicado el Evangelio del Reino a todas las naciones por testimonio, tiene que venir un mensajero con el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno. Y ese mensajero lo encontramos en Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7, donde dice:
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
Si ese Ángel mensajero (recuerden que Ángel significa mensajero) es un hombre que vendrá predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino. Y dice:
“...para predicarlo a los moradores de la tierra.”
O sea, para predicarlo a todos los moradores del planeta Tierra, y si va a predicar a todos los moradores del planeta Tierra, tiene que ser un predicador; y viene con el Evangelio eterno; por lo tanto tiene que tener el mensaje final de Dios, que es el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino. Dice:
“...para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.”
O sea, que ese mensajero viene con un mensaje para todas las naciones, para todas las lenguas, para todos los pueblos, para todos los seres humanos. Ahora, ¿ven el contenido de este mensaje?
“...diciendo a gran voz...”
O sea, que viene con un mensaje de gran Voz, de gran Voz de Trompeta, el mensaje de gran Voz de Trompeta que nos habla San Pablo, en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17. Y también Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, donde nos dice que todos vamos a ser transformados y que será a la final Trompeta. “Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles (o sea, en cuerpos eternos), y nosotros los que vivimos seremos transformados.”
Y así es como heredaremos la Vida eterna física, la inmortalidad; y así seremos inmortales para toda la eternidad, con cuerpos jóvenes, eternos, incorruptibles, glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Esa es la clase de cuerpo que yo necesito, porque ya el que tengo ya le quedan pocos años de vida; físicamente el que tengo le quedan menos de cien años de vida.
Así que podemos ver que yo necesito el nuevo cuerpo. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también; porque a medida que pasan los años el cuerpo físico tiene un año menos de vida. Pero mirando las cosas desde el punto de vista de las palabras de Cristo, cada ocasión que nos pasa un año, estamos un año más cerca del nuevo cuerpo, del cuerpo eterno y glorificado. Por lo tanto, estoy muy cerca del nuevo cuerpo, del cuerpo eterno y glorificado y joven para toda la eternidad.
Ahora, el mensaje final, el llamamiento final de Dios es por medio de un mensaje, el mensaje final de Dios, que es el Evangelio del Reino, el Evangelio, el mensaje correspondiente a la Dispensación del Reino, a la séptima dispensación. Ese es el mensaje que también hemos de tener en el glorioso Reino milenial del Señor.
Por lo tanto, con el mensaje final de Dios, el Evangelio del Reino son llamados y juntados todos los escogidos de Dios para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Pero con el Evangelio de la Gracia siendo predicado, recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador; porque nace la fe de Cristo en nuestra alma y lo recibimos como nuestro Salvador, dando testimonio público de nuestra fe en Cristo; y con el Evangelio del Reino somos preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Este es el tiempo en donde se estará predicando el Evangelio de la Gracia y también el Evangelio del Reino a la misma vez; y habrá también un entendimiento claro de lo que es el Evangelio de la Gracia y lo que es el Evangelio del Reino.
El Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo y Su Obra de redención llevada a cabo en la Cruz del Calvario; y el Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo que está prometida para recibir la fe para ser transformados y raptados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Este es el tiempo más grande, más glorioso para los creyentes en Cristo; es la etapa o edad de oro para la Iglesia del Señor Jesucristo. El tiempo en donde con el llamado final recibimos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
De este mensaje o llamado final de Dios nos habla el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, y nos dice de la siguiente manera, y vamos a leer esas hermosas palabras de Cristo nuestro Salvador.
“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”
Enviará Sus Ángeles, ¿con qué? Con gran Voz de Trompeta, eso es con el mensaje de la gran Voz de Trompeta, del Evangelio del Reino en donde para los judíos será el llamado de ciento cuarenta y cuatro mil judíos, que aparecen en Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 al 11, en donde aparece un Ángel con el sello del Dios vivo, o sea, un mensajero que viene con el Espíritu Santo, que es el sello del Dios vivo.
San Pablo dijo en Efesios, capítulo 4, verso 30. “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” O sea, que el Sello del Dios vivo, es el Espíritu Santo con el cual hemos sido sellados y con el cual viene este mensajero de Apocalipsis, capítulo 7, y dice la Escritura que viene para sellar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, ciento cuarenta y cuatro mil hebreos que son doce mil de cada tribu. Eso es lo que estará pasando en este tiempo final en el Programa Divino.
Vean, dice capítulo 7, versos 2 en adelante:
“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,
diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.”
Ese Ángel viene con el llamamiento final de Dios, viene con el mensaje final de Dios, que es el Evangelio del Reino para predicarlo en esta Tierra, predicarle a los judíos y ser llamados un grupo de doce mil hebreos de cada tribu; y como son doce tribus, doce mil por doce son ciento cuarenta y cuatro mil. Por eso luego en Apocalipsis, capítulo 14, los encontramos en el monte de Sión. Dice, capítulo 14, verso 1 en adelante del Apocalipsis. Dice:
“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”
Ahí está ya el grupo de ciento cuarenta y cuatro mil, con el Mesías y con el Nombre del Padre y el Nombre del Mesías escrito en su frente, o sea, con el conocimiento del Nombre de Dios el Padre y Nombre del Mesías; lo tienen ya en su conocimiento.
Y ahora, podemos ver el impacto que hará el llamado final de Dios en medio del pueblo hebreo; pero también en medio de la Iglesia le dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Con el llamado final de Dios será completada la Iglesia del Señor Jesucristo, porque en el llamado final de Dios, encontramos que se estará predicando el Evangelio de la Gracia y también el Evangelio del Reino.
Es a través de la manifestación del Espíritu de Cristo en un hombre que aparecerá en este tiempo final, que tendrá las dos conciencias juntas, que será un profeta dispensacional, un mensajero con un mensaje para predicarlo a todos los moradores de la Tierra.
Por lo tanto, está incluida la Iglesia del Señor Jesucristo, está incluido el Cristianismo, está incluido el Judaísmo, está incluido el Islam y todos los grupos religiosos, y todas las personas. Es un mensaje para todos los moradores de la Tierra, es el mensaje de la gran Voz de Trompeta, el mensaje del Evangelio del Reino juntamente con el mensaje del Evangelio de la Gracia siendo predicado por un hombre que está representado en Juan el apóstol, el cual recibirá del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, en Apocalipsis, capítulo 10, con el librito abierto en Su mano, ese librito que estaba cerrado, sellado con siete Sellos en el Cielo, en la diestra de Dios el Padre, en Apocalipsis, capítulo 5; y que Cristo el Cordero, Cristo, el León de la Tribu de Judá, lo tomó, lo abrió en el Cielo, y luego lo trae a la Tierra para entregarlo a un hombre y lo va a entregar, ¿para qué? Para que se lo coma.
Será la primera ocasión en que ese librito es entregado a un hombre que se lo come, y luego le es dicho: “Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.” O sea, que ese mensajero representado en Juan el apóstol tendrá el ministerio profético del Día Postrero, tendrá el mensaje profético para todos los pueblos, naciones y lenguas; y por consiguiente ése será un profeta dispensacional, el profeta de la Dispensación del Reino que aparece en diferentes lugares de la Escritura y que viene a ser el siervo fiel y prudente que en el tiempo de la Venida del Señor, el Señor lo hallará alimentando a los hijos de Dios, en la casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y lo pondrá sobre todos Sus bienes; como el Padre colocó a Jesucristo sobre todos sus bienes al sentarlo con Él en Su Trono. Así lo sentará con Él en Su Trono terrenal, Cristo, y así será el administrador en el Reino de Cristo.
Y ahora, estamos nosotros viviendo en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá.
Los días postreros comenzaron en el tiempo de Jesucristo nuestro Salvador. “Un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4. Cuando se nos habla del Día Postrero en donde Cristo va a resucitar a todos los creyentes en Él que murieron físicamente, y a los vivos los va a transformar, se refiere al Día Postrero milenial delante de Dios, que es el tercer milenio de Cristo hacia acá, el último de los tres milenios postreros.
Por lo tanto, viendo que ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, hemos entrado por consiguiente al Día Postrero; y por consiguiente estamos esperando la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de todos los creyentes en Cristo que están viviendo en este planeta Tierra y han nacido de nuevo, los cuales en este tiempo final van a escuchar el llamamiento final de Dios.
Estarán escuchando la predicación del Evangelio del Reino, la predicación del Evangelio eterno que estará trayéndonos Cristo por medio de Su Espíritu Santo a través del instrumento que Él tendrá en este tiempo final. Es el mismo Ángel del Señor Jesucristo de Apocalipsis, capítulo 1, versos 1 al 3, del cual dice la Escritura de la siguiente manera, y vamos a leerlo. Dice:
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan...”
La revelación de Jesucristo es enviada a Juan por medio del Ángel del Señor Jesucristo. Dice:
“...que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, nos dice Cristo:
“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”
Para mostrar las cosas que deben suceder pronto, ¿a quién dice la Escritura que Dios ha enviado? Al Ángel del Señor Jesucristo. Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, el mismo Cristo hablando, dice:
“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias...”
Cristo envía a Su Ángel para dar testimonio de estas cosas en las Iglesias. Por lo tanto, es enviado para dar testimonio al Cristianismo de estas cosas que deben suceder. Sigue diciendo:
“...Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”
Cristo es la estrella resplandeciente de la mañana. Y en Apocalipsis, capítulo 2, verso 28, dice que Él le va a dar al vencedor la estrella de la mañana, o sea, que el vencedor va a tener a Cristo en él, manifestándose y hablándole al Cristianismo, al Judaísmo y a todas las naciones, y a todas las religiones; y ese mensajero es el Ángel que viene con el sello del Dios vivo, viene con el Espíritu Santo.
La estrella de la mañana es el Espíritu Santo, Cristo en Su Cuerpo angelical, Cristo en Espíritu Santo es la estrella resplandeciente de la mañana.
Por lo tanto, cuando estemos viendo a ese mensajero predicando el Evangelio del Reino, estaremos viendo a Cristo en Espíritu Santo en ese mensajero; estaremos viendo la estrella de la mañana resplandeciendo y dándonos luz, la luz del Sol, la luz de Cristo. Esa estrella reflejando la luz de Cristo.
Así estaremos nosotros viendo la estrella que Israel va a ver por el Este, cuando vea al Ángel con el sello del Dios vivo llamando y juntando ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu con el mensaje final de Dios, el llamado final de Dios, la gran Voz de Trompeta, el Evangelio del Reino. Tan simple como esto es toda esta cantidad de profecías que nos hablan del Día Postrero, del Ángel mensajero con el Evangelio eterno para predicarlo por testimonio a todas las naciones y para llamar con gran Voz de Trompeta: ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, y para darle la fe de transformación y rapto a los creyentes en Cristo.
Todo es sencillo en el Programa Divino para que todos tengan la misma oportunidad. El que estudió y el que no estudió tienen la misma oportunidad; y estará escuchando la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino en una forma sencilla que hasta los niños entenderán.
Por lo tanto, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero estarán atentos, atendiendo el llamado final de Dios, atendiendo el mensaje del Evangelio del Reino siendo predicado, atendiendo el mensaje del Evangelio eterno siendo predicado por el Ángel mensajero enviado para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, comenzando con los creyentes en Cristo, con el Cristianismo y luego con todas las naciones.
“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Es el llamado final de Dios, llamando y juntando a todos los escogidos de Dios en este tiempo final. Es el llamado del buen Pastor, Cristo en Espíritu Santo, llamando a Sus últimas ovejas y colocándolas en Su Redil, que es Su Iglesia.
¿Y quiénes son las ovejas? Somos todos nosotros creyentes en Cristo que lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.
¿Y quién es el buen Pastor? Jesucristo nuestro Salvador; Él es nuestro Pastor y nosotros somos ovejas de Su Redil y podemos decir: “Jehová, el Señor, es mi Pastor.” Cristo es nuestro Pastor. Si oyes hoy Su Voz, la Voz de Cristo, recuerda: tú eres una oveja del Señor que estaría escuchando la Voz del Señor, y la fe de Cristo nacería en tu alma, creerías en Cristo y darías testimonio de tu fe en Cristo recibiéndolo como tu único y suficiente Salvador.
Para lo cual en este tiempo final hemos sido enviados para vivir en este planeta Tierra, ese es el propósito por el cual yo estoy en este planeta Tierra. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Ya yo escuché Su Voz y lo recibí como mi Salvador, Él me salvó y me colocó en Su Redil. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.
Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre. Y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así tenga asegurada la Vida eterna en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador.
Por lo tanto, pueden pasar al frente los que han escuchado la Voz de Cristo, el llamado final y ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma. Ahora pueden pasar al frente para dar testimonio público de vuestra fe en Cristo, recibiéndole como vuestro único y suficiente Salvador. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” [San Juan 10:27-30]. “Si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón,” eres una oveja del Señor y tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.
Recuerden que el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, usted es una oveja del Señor, usted quiere vivir eternamente con Cristo en Su Reino; porque usted tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida. Lo más importante para el ser humano es la vida y si la vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna. El que tiene a Cristo tiene la Vida eterna, el que no tiene a Cristo no tiene la Vida eterna. Todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.
Ninguna persona puede llegar a Dios a menos que no sea a través de Cristo, ninguna persona puede ser reconciliada con Dios a menos que no sea a través de Cristo. Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).
Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Él vino para morir por mí en la Cruz del Calvario y no solamente por mí, ¿por quién más? Por cada uno de ustedes también, para vivir eternamente la labor, la obra grande que se tenía que hacer para que podamos vivir eternamente, no la podíamos hacer nosotros, vino Cristo desde el Cielo para hacer esa obra de redención, muriendo en la Cruz del Calvario por cada uno de nosotros.
Y ahora, la parte más sencilla nos toca a nosotros: creer en Su Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, recibirlo como nuestro Salvador y ser bautizados en agua en Su Nombre y Él bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento; o sea, que la parte más sencilla nos ha tocado a nosotros, creer en Cristo y recibirlo como nuestro Salvador.
Por lo tanto, está al alcance de toda persona grande o pequeña, rica o pobre, y no importa de qué nacionalidad sea, tiene la misma oportunidad de obtener la Vida eterna, ser reconciliados con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador, y eso es mientras estamos aquí en la Tierra. Si la persona muere sin haber aprovechado esa oportunidad ya no tendrá oportunidad adonde fue, después que su cuerpo físico murió.
Recuerden que cuando la persona físicamente muere no terminó su vida ahí, lo que terminó fue la vida de su cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en alma y espíritu en otra dimensión. El espíritu es un cuerpo de otra dimensión y el que no tiene a Cristo como Salvador no sabe adonde va, pero no va al Paraíso.
El que tiene a Cristo sabe dónde va cuando su cuerpo físico muera, va al Paraíso adonde están los apóstoles, donde están todos los creyentes en Cristo de otras edades y algunos de nuestro tiempo que también han partido.
Por lo tanto, es importante tener a Cristo en nuestro corazón recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador. Recuerden que Él es el camino a la Vida eterna, Él es el camino al Padre, Él es el camino a nuestra felicidad eterna; y todos queremos vivir eternamente.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede venir; y los que están en otras naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en usted.
Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir, puede venir. Algunas veces hay personas tímidas que les da timidez o vergüenza que lo vean pasar al frente para recibir a Cristo. Pero Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores. Él está sentado en el Trono de Dios como Rey, Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra.
¿Cómo le va a dar vergüenza que lo vean recibir a Cristo al Rey de los Cielos y de la Tierra? Pues Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Más al que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.”
Así que miren, si nos avergonzamos de Cristo y lo negamos delante de los hombres, Él nos negará delante de nuestro Padre celestial. Así que lo que usted haga va a contar delante de Dios y ya Cristo lo dijo.
Ahora, viendo lo que las Escrituras nos dicen, veamos San Marcos, capítulo 8, versos 36 al 38, que dice:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”
Y ahora vean, el que se avergüence de Cristo y Su Palabra en esta Tierra, Cristo se avergonzará de la persona cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles. Así que si Cristo se avergüenza de una persona, esa persona no vivirá eternamente con Cristo en Su Reino, pero el que lo confiesa públicamente como su único y suficiente Salvador, Cristo lo confesará delante del Padre celestial como un creyente en Cristo que le ha recibido como su único y suficiente Salvador y Cristo con Su Sangre lo ha limpiado de todo pecado. Así que nos conviene públicamente confesarlo como nuestro único y suficiente Salvador.
Vamos ya a orar ya por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, nuestros ojos cerrados, todos los que están presentes, los que están en otras naciones los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio único de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego cuando yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” “¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestros corazones, por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El mismo Cristo fue adonde Juan estaba bautizando allá en el Jordán para que Juan lo bautizara, Juan no quería bautizarlo, le decía a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí para que yo te bautice.” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan bautizó a Jesús y vino el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús y reposó sobre Jesús, permaneció sobre Jesús.
Si a Cristo le convenía ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más a mí, ¿y cuánto más a quién más? A cada uno de ustedes también.
El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, los apóstoles fueron bautizados por Juan el Bautista. Cuando Cristo predicaba los que creían eran bautizados por los apóstoles y el Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo.
El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.
El apóstol Pablo hablando del bautismo en agua dice que el bautismo en agua... dice:
“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne (¿ve? No quita las inmundicias de la carne y no quita el pecado, no quita nada), sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,
quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.” [Primera de Pedro 3:21].
O sea, que todo está sujeto a Cristo, todas las huestes celestiales, todos los Arcángeles con todas esas huestes celestiales y esos reinos celestiales, están sujetos a Cristo; porque en un Reino todo está sujeto al que está sentado en el Trono; y Cristo está sentado en el Trono con el Padre, por eso toda autoridad le ha sido dada en el Cielo y en la Tierra. Él es la autoridad máxima en el Cielo y en Él está Dios el Padre.
Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda a eternidad con Cristo en Su Reino.
Que Dios les bendiga y les guarde y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo al pastor, al ministro Marco Antonio Rocha, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
También los que están en otras naciones que han recibido a Cristo como Salvador, pueden ser bautizados. Y que Cristo también en ustedes les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad con Cristo en Su Reino.
Que Dios les bendiga y les guarde a todos.
En cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma que hará el ministro aquí presente.
“ATENDIENDO A TIEMPO EL LLAMADO FINAL DE DIOS.”
