Cuidando nuestras vestiduras de boda delante del Hijo del hombre

Viernes, 28 Agosto, 2009 - Torreón, Coahuila México - 1 hora, 57 minutos


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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.
Para lo cual leemos una parábola muy importante que estuvo hablando Jesús en San Mateo, capítulo 22, versos 1 al 14, para así estudiar esta parábola y ver lo que significa para nosotros, para nuestras vidas y nuestra familia. Capítulo 22, versos 1 al 14, de San Mateo, dice:
“Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;
y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.
Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
En esta parábola Cristo está dando una profecía en parábolas. Recuerden que en una ocasión le preguntan Sus discípulos en el capítulo 13 de San Mateo, versos 11 en adelante, vamos a ver lo que aquí nos dice... capítulo 13, verso 9 en adelante, cuando Él estuvo hablando del sembrador. Vean, aquí dice:
“El que tiene oídos para oír, oiga.
Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”
Y ahora vean, al hablar por parábolas no pueden comprender que está diciendo, pero vean, aquí nos muestra que la Venida del Señor dos mil años atrás fue para Israel la invitación para ir a la Cena de Boda, donde Dios había preparado todo, y allí está el Esposo, el Mesías, para la unión del Mesías con el pueblo. Pero, ¿qué sucedió? Los que habían sido convidados, el pueblo hebreo, no dice: “Los que fueron convidados no eran dignos.” Eso lo dice Cristo y se está refiriendo al pueblo hebreo. Dice que a unos los tomaron y los persiguieron, vamos a ver lo que dice, dice:
“Volvió a enviar otros siervos...”
Recuerden el tema es: “CUIDANDO NUESTRAS VESTIDURAS DE BODA DELANTE DEL HIJO DEL HOMBRE.”
“Volvió a enviar otros siervos...”
Vean, y dice que [verso 2]:
“El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo (el hijo, es el Mesías);
y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.”
En los profetas que envió, Sus siervos, vean ustedes, no los atendieron, no quisieron ir.
“Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas (recuerden que las bodas es la unión de las personas que se aman).
Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron (o sea, la muerte de los profetas era por manos de los hebreos, de reyes y de otros líderes de diferentes esferas de la sociedad, vean, está cumpliendo esta parábola).
oírlo el rey se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.”
Y eso sucedió en el año setenta de la era Cristiana, fue quemada la ciudad de Jerusalén y murieron miles de personas allí en Jerusalén, cuando el general romano Tito entró a Jerusalén y destruyó la ciudad, y sobre el muro crucificó miles de hebreos; y eso es algo triste, pero es historia. Recuerden que ellos entendían en algunas ocasiones que Él estaba hablando de ellos en las parábolas:
“Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos...”
Y por eso en el Reino de Dios, el Reino de los Cielos que estaría en la esfera espiritual, estaría el trigo y la cizaña, buenos y malos; y es como también en la parábola de la red que fue echada la red del Evangelio, y recogió buenos y malos, recogió buenos peces (o peces buenos) y luego también recogió ahí mismo otras cosas que no eran buenas, lo bueno lo echaron en cestas y lo malo lo tiraron fuera de la red; y eso que tiraron, echaron fuera, dice que así era el fin del siglo: enviará a Sus Ángeles, vean, para esa labor enviará Sus Ángeles: recogerán lo bueno en cestas y lo malo echarán fuera, y allí para lo malo, los malos allí será el lloro y el crujir de dientes, lo cual será en la gran tribulación.
Y ahora, el rey ordenó a que fueran por los caminos, fueran por todos los lugares “a la salida de los caminos para llamar a cuantos halléis;” por eso se predica el Evangelio conforme a lo que Cristo dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio (¿a quiénes?), a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.
Unos van a creer y otros no van a creer, el que es de Dios, oye la Voz de Dios; el que no es de Dios, no escucha la Voz de Dios. Eso lo dijo Cristo. Eso está en el capítulo 8, versos 47 y 48, de San Juan, y en el capítulo 10, versos 26 en adelante. Aquellos judíos que no creían en Cristo y querían que Él les hablara más, les dijo... vamos a leerlo para que ustedes tengan el cuadro claro. Capítulo 10, versos 22 en adelante, dice:
“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,
y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;
pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.”
Ya se los había dicho antes. Eso lo había dicho también en el capítulo 8 que les cité. Veamos capítulo 8, versos 45 en adelante, dice:
“Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.”
Y eso es duro, pero era la verdad y la verdad aunque sea dura sigue siendo la verdad, aunque personas importantes digan que es mentira, continúa siendo la verdad; y la verdad no se puede adornar y muchas veces la verdad es dura.
Y ahora, Cristo acá en el capítulo 10, continúa diciendo en el verso 27:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre uno somos.”
Y ahora, estas son las ovejas que el Padre le dio, esas son las personas de las cuales Cristo dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Estas ovejas del Padre, estas almas de Dios que son los escogidos de Dios, de lo cual también en San Mateo, capítulo 18, versos 11 en adelante, dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido.” Vamos a leerlo, capítulo 18, para que vean cómo tipifica esas personas con ovejas:
“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve (capítulo 18, versos 11 en adelante)... ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?”
Vean, es Cristo en los que Él envía para llamar y buscar esas personas que van a ser convidadas a la Cena de las Bodas del Cordero, que van a ser convidadas a esa fiesta de Boda, la recepción, en donde dice en Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 al 10, que son “bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.”
Aquí estaremos pasando de un lugar a otro para tener el cuadro claro. Dice:
“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.
Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.
Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”
Por lo tanto, son bienaventuradas esas personas.
Y ahora, Él envió a ir por todo el mundo para predicar el Evangelio, y el creyere y fuera bautizado, será salvo. Esas son las ovejas que el Padre le dio a Cristo para buscarlas y estarían en el mundo entero; y esos son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.
“Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”
Y ahora, encontramos que cuando Cristo fue rechazado allá en Jerusalén (fue en Su entrada triunfal), y luego más adelante fue crucificado... la semana número setenta que ya iba por la mitad, y son semanas de años; las setenta semanas son cuatrocientos noventas años; y Cristo comenzó Su ministerio cuando la setenta semanas iban por cuatrocientos ochenta y tres años, o sea, que ya habían terminado sesenta y nueve semanas y estaba comenzando la semana número setenta, cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, o sea, que ya las setenta semanas iban por cuatrocientos ochenta y tres años, cuando Cristo comenzó Su ministerio a los... cerca de treinta años, veintinueve y algo de años.
Y cuando fue rechazado en Su entrada triunfal como Rey a Jerusalén, vean ustedes, allí se detuvo la semana setenta, o sea, ya estaba en la mitad de la semana, ya llevaba tres años y medio de ministerio. Por lo tanto, ya estaba en el año cuatrocientos ochenta y seis, y seis meses, de las setenta semanas.
Cuando fue crucificado, ahí se detuvo esa semana, y luego desde el Día de Pentecostés en adelante comenzó la Dispensación de la Gracia; y de ahí en adelante Dios ha estado tratando bajo un nuevo Pacto con Su Iglesia, en la cual han estado entrando millones de personas de entre los cuales un 50%, quizás más, han sido judíos o descendientes de hebreos; porque judío es de la tribu de Judá o del reino de Judá, que es de la tribu de Judá y de la tribu de Benjamín, reino del Sur (esa es la casa de Judá). Pero está también la casa de Israel que corresponde a la diez tribus del Norte que le fueron dadas a Jeroboam, descendiente de Efraín y por consiguiente descendientes de José.
Y ahora, en Jeremías, capítulo 31, nos habla de que Dios va a hacer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, o sea, con el reino del Norte y con el reino del Sur. El reino de Efraín es el reino de Israel, reino del Norte o casa de Israel. Por eso Cristo en el capítulo 10 y en el capítulo 15 de San Mateo dice que Él no ha venido sino para y/a las ovejas perdidas de la casa de Israel, o sea, está hablando para el reino del Norte, para las diez tribus; y también Él dice a Sus discípulos que vayan a predicar a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Usted puede ver que la mayor parte de los discípulos del Señor Jesucristo eran del reino del Norte. Vean, ¿y dónde se crió? Se crió en Nazaret, que corresponde al reino del Norte aunque nació en Belén de Judea, que corresponde al reino del Sur, pero después fue dirigido José para ir de nuevo a Nazaret.
Y vean, los discípulos que Él llamó, casi todos eran del reino del Norte, de allá de Galilea, que rodeaba ese territorio al mar de Galilea, muchos pescadores y agricultores. De los pocos que eran del área del Sur, ¿saben quién era uno? No sé si uno solo o más de uno, Judas Iscariote.
Y ahora, vean ustedes, el ministerio de Cristo se movió el setenta y cinco por ciento más en el reino del Norte, o sea, en el territorio correspondiente a las diez tribus, y luego ordena a Sus discípulos a ir por todo el mundo, ¿por qué? Porque las tribus del reino del Norte fueron esparcidas por el mundo a causa de que su primer rey Jeroboam, un decendiente de José a través de Efraín, de la línea de Efraín le construyó dos becerros de oro para que ellos no fueran allá al templo de Jerusalén a adorar, para que no se volvieran al rey Roboam, rey del reino del Sur; y para eso les hizo dos becerros de oro y les instituyó la religión pagana que ellos habían visto en Egipto y en otras naciones.
Por eso recuerden: el becerro de oro que Aarón construyó a petición de muchos líderes del pueblo hebreo mientras Moisés estaba recibiendo las Tablas de la Ley; vean, el mismo significado, el mismo becerro de oro, pero con otro oro que fue usado; pero era la misma religión pagana del becerro de oro, la religión pagana de Ninot o el becerro con cuernos, que eso viene de Babilonia del tiempo de Nimrod, y fue pasando por diferentes naciones llegó a Egipto también; y esa religión del becerro de oro que lo ponían caliente, con fuego y colocaban los niños en él para presentarlos a ese ídolo.
Y por eso es que dice la Escritura que sacrificaban a los demonios, y aun del pueblo hebreo dice que mientras iban por el desierto, muchos de ellos llevaban la estrella de su dios y sacrificaban a los demonios también.
Vean, porque muchos de ellos traían esas raíces de la religión pagana que estaba en Egipto, y además de eso con el pueblo hebreo salió un grupo de personas que eran algunos esclavos, y otros tenían otras posiciones que eran gentiles, no eran hebreos.
Y ahora, podemos ir viendo las cosas que iban pasando y porqué luego cuando se divide el Reino de David en dos reinos, y le quedan dos tribus a la descendencia real a la descendencia de David, para los nietos de David y bisnietos, vean, le quedan solamente dos tribus, la tribu de Judá y la tribu de Benjamín; y eso es lo que llama también Ezequiel, en el capítulo 35, que Dios le dice: “Escribirás palo de Judá; y también escribirás en otro palo: palo de José en la mano de Efraín.” Porque a un decendiente de Efraín le fueron dadas las diez tribus.
Y ahora, vean cómo se extendió la religión pagana en medio de las diez tribus del reino del Norte, por lo cual lo que Dios había dicho que toda persona o tribu que tuviera un ídolo en su cuerpo, cargara algún ídolo; toda persona o tribu, su nombre sería raído de debajo del Cielo. Como tribu, vean, desaparecieron, sus nombres desaparecieron de en medio del pueblo hebreo, como tribu desaparecieron, por ello le llaman: “Las tribus perdidas de la casa de Israel, las tribus del Norte.” Pero Cristo dice que Él vino por las ovejas de perdidas de la casa de Israel.
Y ahora, podemos ver cómo han estado entrando millones de descendientes de las tribus, los cuales han estado viviendo entre los gentiles, porque fueron desarraigados, desterrados de su tierra, donde tenían su herencia por causa de esos ídolos que fueron hechos sobre por el rey, uno fue colocado en Samaria y en Dan. Samaria era la capital del reino. Y por eso los nombres de esas dos tribus no aparecen ahí en Apocalipsis, capítulo 7, y son insertados en lugar de ellos, José y Leví.
Ahora, cuando Israel hizo esto, miren lo que sucedió ante la presencia de Dios, capítulo 3 de Jeremías... recuerden que si Dios va a hacer un nuevo Pacto, entonces el Pacto anterior, dice: “Porque ellos invalidaron mi Pacto.” Por lo tanto, el Pacto anterior ya no tendrá efecto. Veamos aquí lo que pasó, capítulo 3 de Jeremías, versos 6 en adelante, dice:
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? (o sea, la rebelde Israel es el reino del Norte con las diez tribus). Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica (recuerden que fornicación espiritual, al adorar ídolos en esos lugares altos).
Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí (eso es lo que dice Dios); pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá (así que la rebelde Judá, la reina del Sur también, las dos son rebeldes).
Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio (carta de divorcio. No puede haber un nuevo Pacto. Recuerden que el Pacto que fue dado en el monte Sinaí, es un Pacto de unión de Dios y Su pueblo, un Pacto matrimonial entre Dios y Su pueblo. Vamos a verlo aquí ya dentro de un momento); pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó (así que el reino del Sur o reino de Judá no puede criticar al reino de las diez tribus, el reino de Israel; porque tanto fornicó el reino del Norte como el reino del Sur).
Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño (o sea, con los ídolos de piedra y los ídolos de madera, formando imágenes).
Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová (aparentemente retornó a Dios, pero fue aparentemente, no de corazón).
Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.”
Y ahora, fue peor lo que hizo el reino del Sur, el reino de Judá, que lo que hizo el reino del Norte con las diez tribus. Dice Dios:
“Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.
Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.
Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.
Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo.”
¿Ve? Era un Pacto, el Pacto de Dios, era un Pacto matrimonial. Ahora está el Pacto que fue dado en el monte Sinaí y también hubo un Pacto cuando Dios le entregó el reino a Jeroboam, y explica que si él es fiel y guarda los mandamientos divinos, como hizo David, Dios lo confirmará y confirmará su reino y su trono para siempre.
Ahora, dice:
“... y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sión.”
Y Sión es el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual Pablo en el capítulo 12 de Hebreos, dice: “No os habéis acercado al monte...” Al monte Sinaí, nos está hablando ahí San Pablo, se refiere al monte Sinaí. Capítulo 12 de Hebreos, versos 22 en adelante, dice:
“Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”
Y ahora, nos habla aquí de Jesús como el mediador del nuevo Pacto, y la sangre rociada que habla mejor que la de Abel, la Sangre de Cristo.
Y ahora, recuerdan que Cristo en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, en la última cena, tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y dio a Sus discípulos, y les dijo: “Comed, esto es mi cuerpo.” Y luego tomó la copa, y habiendo dado gracias, dio a Sus discípulos y dijo: “Tomad de ella todos, porque esto es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”
Vean, la Sangre del nuevo Pacto, porque vino para establecer el nuevo Pacto que Dios había prometido que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá. Y cuando nuevamente Dios le habla a Jeremías, dice: “Haré un nuevo Pacto con la casa de Israel.” Y no menciona la casa de Judá, y pasa lo mismo que pasó cuando Jacob bendijo a los hijos de José: que José colocó sus hijos delante de Jacob y Jacob colocó su mano derecha sobre Efraín y su mano izquierda sobre Manasés, y bendijo primero a Efraín, que era el menor. Y la Escritura dice: “Y bendijo primero a Manasés y dijo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés.” Y colocó a Efraín primero, que era el menor. Y aquí, eso está en el capítulo 48, del Génesis, versos 21 en adelante (al 32).
Luego, aquí en Jeremías, capítulo 31, habla primero de la casa de Israel y de la casa de Judá, y después cuando vuelve a hablar en los próximos versos, solamente menciona la casa de Israel. Y San Pablo, luego también en Hebreos, capítulo 8, dice: “Este es el Pacto que Dios dijo que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.”
Y ahora, esto es un Pacto de unión de Dios con el pueblo y del pueblo con Dios; por eso es que ahora en el Nuevo Testamento, Pablo dice: “Yo os es desposado como una virgen pura a Cristo.” ¿Ven?
Ahora, Jesucristo, el Hijo de Dios, ¿con quién se va a casar? Con Su Iglesia; y por eso en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo han entrado tantos hebreos, principalmente de la casa de Israel, o sea, del reino del Norte, que estaban esparcidos por todas las naciones gentiles; pero Él dijo que los llamaría y pondría sobre ellos, ¿qué? Pastores.
Por eso en medio del Cristianismo los ministros que han estado atendiendo esas ovejas, son llamados “pastores.” Eso lo encuentra en Jeremías, y también en Ezequiel. Ezequiel, capitulo 34, versos 21 en adelante, aparece también. Pero también Él dice que va a colocar sobre todo Su pueblo, sobre todas esas ovejas a un Pastor, a David, al amado; porque David significa: “el amado.”
Por lo tanto, esas ovejas tendrán un solo Pastor, van a ser juntadas en el tiempo final, reunidas, juntadas todas y luego juntadas o reunidas con la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, o sea, el reino del Norte unido con el reino del Sur, y eso será la restauración del Reino de David; la restauración de la casa de Israel y de la casa de Judá, para la restauración del Reino de David en la Tierra de Israel, en donde el Mesías Príncipe, el Príncipe de paz establecerá la paz; porque Él es el Príncipe de paz, el que la puede traer en Su Reino; fuera de Su Reino no habrá paz permanente de Dios para el ser humano; puede haber paz temporera, pero luego termina en guerra siempre, esos tratados de paz que han estado haciendo desde miles de años atrás.
Pero ahora Dios ha prometido que andará en medio de Su pueblo, dice:
“Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo.
Por lo cual,
Salid de en medio de ellos (o sea, de Babilonia)...”
Vean, para que entiendan aquí:
“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo.
Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré,
Y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” [Segunda de Corintios 6:16-18].
Ahora, vean el pueblo bajo el nuevo Pacto, es la Iglesia del Señor Jesucristo.
“Así que, amados...”
Nos dice el capítulo 7, verso 1:
“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”
Y ahora, encontramos que hay un nuevo Pacto, es un nuevo Pacto de unión del pueblo de Dios bajo el Programa Divino que Dios por medio del Ángel del Pacto... porque no puede hacer un nuevo Pacto, si no es a través del Ángel del Pacto. Y entonces bajo ese nuevo Pacto, Dios recibe a toda persona que vendrá a formar parte de ese pueblo redimido por medio de la Sangre de Cristo que fue derramada en Su Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario.
Dios dejó de tratar con los judíos y está tratando con la Iglesia desde el Día de Pentecostés; y está tratando bajo un nuevo Pacto. Por lo tanto, aunque el pueblo hebreo no lo sepa, esto es la realidad: Dios trata con los gentiles y entre los gentiles con individuos que formarían Su Iglesia, Su pueblo bajo un nuevo Pacto, pero con los judíos Él trata como nación.
Por eso han tratado de convertir el pueblo hebreo a Cristo y no han podido: porque Dios trata con ellos como nación; han tratado de convertir los judíos a Cristo y no han podido; y lo otro, tiene que ser bajo un mensaje que corresponda al tiempo en que Dios va a tratar con ellos y está ligado al Reino del Mesías. Por lo tanto, tiene que ser con el mensaje del Evangelio del Reino; porque el mensaje del Evangelio de la Gracia es para la Iglesia del Señor Jesucristo; y el mensaje del Evangelio del Reino es para los judíos. Tan simple como eso.
Por eso, cualquier persona que haya tratado de convertir a los judíos a Cristo no han podido, excepto que hubo y hay algunos hebreos que han recibido a Cristo como Salvador, como individuos; pero como nación eso no es posible.
Ahora, podemos ver porqué todas las cosas han sucedido en esa forma.
Ahora, la muerte de Cristo allá en Jerusalén no podemos estar hablando mal de los judíos, todo eso estaba en el Programa de Dios, Dios los cegó para que pudiera suceder ese evento, para que pudieran los judíos como nación, y los gentiles tener un Sacrificio de Expiación por los pecados de cada individuo. Por lo tanto, fue un Programa Divino, tenía que ser así.
Por lo tanto, no vamos a estar hablando en contra de los judíos, gracias a Dios porque pasó eso en medio de los judíos; y aun fue el imperio romano por medio del ejército romano que crucificó a Cristo. El mismo Cristo en la Cruz dijo: “Padre (hablando de Su pueblo), Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Ahora, el perdón no es perdón, hasta que se recibe, hasta que la persona lo acepta; no le es efectivo ese perdón hasta que no es aceptado. Cristo en la Cruz del Calvario murió por todos nosotros, Él llevó a cabo la Obra de redención, pero no se hace una realidad en la vida de la persona, hasta que recibe a Cristo como su Salvador, hasta que acepta ese Sacrificio que Él efectuó, Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; así es como funciona el Programa de Dios.
Es como si le dicen a usted: “En la oficina del presidente hay un cheque para ti de un millón de dólares.” ¿Y qué hace usted? Va enseguida a reclamarlo para que se haga efectivo para usted; pero si nunca va, aunque está para usted a nombre suyo y todo, nunca usted tendrá el millón de dólares. Tan simple como eso. Y así es la salvación, la redención, nunca la tendrá la persona hasta que acepta, hasta que recibe a Cristo como Salvador.
Y ahora, estamos viendo que esta esposa de Cristo, Su Iglesia, está bajo un nuevo Pacto matrimonial. Pablo dice: “Yo os he desposado como una esposa o una novia virgen para Cristo, o sea, nos ha desposado con Cristo. Así que, está comprometida con Cristo. En términos espirituales está casada y ha estado teniendo hijos en la esfera espiritual. Pero para la parte física, para tener físicamente hijos adoptados, hijos en cuerpos eternos, tiene que venir la segunda parte del programa de la redención, de la cual San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice:
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
El día de la redención del cuerpo, el día de la adopción, de la adopción física, de la redención física del cuerpo, en donde recibiremos el nuevo cuerpo, los que estemos vivos seremos transformados, cuando los muertos en Cristo hayan resucitado en cuerpos eternos, jóvenes y glorificados.
Y ahora, estamos viendo que todo esto es muy sencillo en el Programa Divino, y estas parábolas son muy importantes y deben ser comprendidas por todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo que están dentro del nuevo Pacto, y que son el Templo de Dios, la casa de Dios, la familia de Dios.
En Hebreos, capítulo 3, San Pablo conocedor de estos misterios divinos, y conocedor de la Biblia, dice capítulo 3, versos 5 al 6 de Hebreos:
“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”
Y ahora, esta casa, esta casa de Cristo, sobre la cual Dios ha puesto a Cristo es la Iglesia del Señor Jesucristo. Esta es la casa, o sea, la familia de Dios; porque cuando se dice casa, no es una casa de cuatro paredes, cuando se dice casa aquí, sino que se refiere a la familia de Dios, a la descendencia de Dios, de la cual Cristo es la cabeza, el Primogénito; porque Él es el Unigénito del cual hemos salido todos. Él es el segundo Adán.
Y ahora, vean en Efesios, capítulo 2, nos habla San Pablo del verso 19 en adelante:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”
O sea, miembros de la realeza, porque Dios es el Rey de los Cielos y de la Tierra, y los hijos de Dios, pues son príncipes y princesas, son la casa de Dios, la familia de Dios sobre la cual Cristo ha sido colocado como la cabeza de esa familia, como Piedra Angular de esa familia, el Primogénito. Y por lo tanto, Él dice que anunciaría a Sus hermanos el Nombre de Dios, el cual estaba, ¿a dónde? En Él. “Anunciaré a mis hermanos Tu Nombre.” Y otra vez dice la Escritura acerca de “que no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham,” Hebreos, capítulo 2, también. Las dos citas que les dí están en el capítulo 2 de Hebreos, versos 10, en adelante. Sigue diciendo:
“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;
en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Y ahora, la Iglesia es un templo santo; porque Dios mora en la Iglesia y cada persona también es templo de Dios; porque Dios mora en la persona en Espíritu Santo. Por eso cuando Cristo estaba frente al templo, en el capítulo 2 de San Juan, dice: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Pensaban que estaba hablando del templo que estaba allí frente a ellos, de piedra, y le dicen: “En cuarenta y seis años fue edificado este templo, fue construido, ¿y Tú dices que en tres días lo vas a levantar?” Pero Él no hablaba del templo de piedra, Él estaba hablando de Su Cuerpo; porque ese es templo de Dios, Dios moraba en Él; y así cada persona es un templo para Dios morar en él.
Cuando es dedicado a Dios la persona y todo su ser, Dios viene en Espíritu y mora en la persona, allí en el alma de la persona, que es el lugar santísimo de la persona; porque el ser humano es como el templo: atrio, lugar santo y lugar santísimo. Cuerpo físico: atrio; espíritu: lugar santo; y alma: lugar santísimo. Tan simple como eso.
Y ahora, bajo un nuevo Pacto, la casa de Israel entraría en unión con Dios. Hay un misterio muy grande ahí. Pero ese misterio es el misterio de Cristo y Su Iglesia; y así como Dios estaba en Cristo, Cristo está en Su Iglesia; y por eso así como Dios obró a través de Cristo, ahora Cristo bajo el nuevo Pacto ha estado obrando a través de Su Iglesia y en Su Iglesia y es Cristo en nosotros la esperanza de gloria, es Cristo en nosotros la esperanza de ser glorificados y ser a imagen y semejanza de Cristo y jóvenes para toda la eternidad, y ser Reyes y Sacerdotes en el Reino de Cristo, pero antes ir a la Cena de las Bodas del Cordero.
Ahora, en el capítulo 3, verso 3 al 5 del Apocalipsis, vean lo que nos dice:
“Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.
conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Y ahora, esto lo había dicho, también Cristo estando aquí en la Tierra en el capítulo 8 de San Marcos, versos 36 al 38; y también en San Mateo, capítulo 10. San Mateo, capítulo 10, dice, versos 32 al 33.
“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (esas son Palabras de Cristo nuestro Salvador).”
Y ahora, al que lo niegue mire lo que Cristo dice (en Marcos):
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”
Para los que se avergüenzan de Cristo y no lo reciban como Salvador, esta será la realidad que van a experimentar delante de Cristo y de los ángeles, con los cuales Él vendrá. Pero a los que no se avergüenzan de Cristo y confiesan a Cristo como su único y suficiente Salvador, la bendición es que Cristo lo confesará, los confesará delante del Padre celestial.
Y ahora, hemos visto que Cristo va a pagar a cada uno según sea sus obras, cuando venga en la gloria de su Padre, o sea, que Él recompensará a unos con la bendición y a los otros con el juicio divino.
Ahora, las vestiduras blancas o el vestido de Boda aparece también en San Lucas, esa fiesta de Boda... aparece también en San Lucas, vamos a ver lo que nos dice en San Lucas, capítulo 14, con relación a esa gran fiesta que está prometida, a la cual todos desean ir (es la misma parábola, pero con más luz acerca de todo Su Programa). Capítulo 14, versos 16 al 24, dice:
“Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.
Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.
Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.
Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.
Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.
Y dijo el siervo (luego, por supuesto, luego de que hizo todo lo que le fue dicho)...
Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.”
Se ha hecho como fue mandado de predicar el Evangelio a toda criatura. “El que creyere y fuera bautizado, será salvo.” Y esto se ha estado haciendo desde el Día de Pentecostés hacia acá, y con esas personas que han creído ha estado formándose la Iglesia del Señor Jesucristo. Pero ahora dice:
“Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar.”
¿Y qué lugar puede haber después de las siete Edades de la Iglesia, adónde puedan ser colocados los otros que van a ser llamados? El Padre de familia dijo: “Que se llene mi casa.” Por lo tanto, no puede quedar lugar sin ser ocupado.
“Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.
Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.”
Y ahora, se llega a este tiempo después de las siete edades donde aparentemente se pensaba que se llenaría la casa, pero el siervo que es el Espíritu Santo, dijo: “Todavía hay lugar.” Y recibe la orden de ir, ¿por dónde? De ir por los caminos y por los vallados; caminos y vallados literales, y caminos y vallados espirituales. Y dice: “Fuérzales a entrar.” Por lo tanto, el siervo va a saber cómo forzarlos.
El siervo, el Espíritu Santo a través de los apóstoles y diferentes mensajeros de cada edad en unión a los ministros de cada edad con el mensajero, vean los usó para llenar la casa en el Lugar Santo, la casa, la parte del Lugar Santo, que corresponde a las Edades de la Iglesia. Pero, ahora por cuanto la Iglesia, la casa de Dios, la familia de Dios, es un Templo espiritual, no puede haber un templo para Dios si no tiene el Lugar Santísimo.
Y ahora, ¿en qué parte de la casa de Dios, en qué parte del templo espiritual de Dios, de Cristo, va a colocar las personas que llamará en el tiempo final? ¿Dónde es que habrá lugar, espacio para colocar a esa gente? En el Lugar Santísimo, ese es el lugar.
Todavía hay lugar en la casa de Dios, ¿dónde? En el Lugar Santísimo que sería formado por piedras vivas, personas creyentes en Cristo en el Día Postrero.
Ese es el llamado para el tiempo final, el llamado de Dios por medio de Su siervo, el Espíritu Santo en el Día Postrero que estará en medio de Su Iglesia como siempre ha estado y tendrá Su instrumento, que estarán brazo a brazo con el Espíritu Santo; y habrá ministros que estarán brazo a brazo con el Espíritu Santo a través del mensajero de ese tiempo. Tan simple como eso; para colocar, ser colocada la gente, ¿dónde? En el lugar que el siervo, el Espíritu Santo dijo que todavía quedaba lugar en la casa de Dios, quedaba lugar en el Templo espiritual de Cristo.
“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Dice San Pablo en el capítulo 3, de Primera de Corintios, verso 16 en adelante. Vamos a verificarlo para que lo tengan en claro. Capítulo 3, versos 12 al 17. Estaba correcto, y también el mismo capítulo 3, verso 5, en adelante (5 al 11), también Pablo habla de la casa de Dios, el Templo de Jesucristo: “Y Pablo como perito arquitecto puso el fundamento (dice); y el que sobreedifica...” o sea, el mensajero que viene después de él, y los que sobreedifican en su tiempo, los ministros tienen que saber cómo sobreedifican.
Y ahora, nos encontramos en el tiempo del lugar, que dijo el siervo, el Espíritu Santo al Padre, que quedaba; y se tiene que llenar y se está llenando; y cuando entre hasta el último escogido a ese etapa del Templo espiritual de Cristo, al Lugar Santísimo, vean, miren, en el Templo el único lugar en donde recibía, digamos, permanencia algo era en el lugar santísimo, revivía, era la resurrección; la vara de Aarón fue colocada allí en el Arca del Pacto, en el lLugar santísimo, en una sola noche reverdeció, echó hojas y produjo, ¿almendras fue? Almendras, en una sola noche.
Resurrección dando con eso testimonio Dios de que el sacerdocio pertenecía a Aarón y a sus hijos; y del sacerdocio a Aarón era el principal, el sumo sacerdote; y por consiguiente él y su familia eran los que estaban a cargo del sacerdocio en la casa de Dios, y eran los que podían bregar con el arca del Pacto; y uno de ellos, el sumo sacerdote, era el único que podía entrar al lugar santísimo; era el intercesor delante de Dios llevando el sacrificio de expiación, la sangre del sacrificio al lugar santísimo.
Y en esa forma, esparciendo con su dedo siete veces sobre el propiciatorio, estaba intercediendo por el pueblo; y las cosas que él hablaba, lo cual era tipo de lo que Cristo haría en el Cielo con Su Sangre, colocándola sobre el Propiciatorio, que es el Trono de Dios. Así como el propiciatorio, que es la tapa del Arca del Pacto, era el trono, el asiento de Dios en el templo, en el lugar santísimo donde aparecía Dios en la Columna de Fuego, como le dijo Dios a Moisés y Moisés le dijo a Aarón en el capítulo 16 de Levítico, y le dijo que no podía entrar en todo tiempo, solamente una vez al año; pero Moisés podía entrar en el tiempo que él quisiera entrar, porque Moisés estaba un nivel más alto.
Dios le dijo a Moisés: “Tú serás en lugar de Dios y Aarón será el lugar de profeta para ti. Tú pondrás la Palabra en la boca de él.” O sea, lo que Aarón tenía que hablar, lo tenía que recibir de Moisés, y lo que le iba a decir Moisés a Aarón, lo tenía que recibir de Dios. ¿Ve? Ahora, en el capítulo 16, verso 1 en adelante de Levítico, dice:
“Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón (estos fueron los que se metieron al lugar santísimo con fuego extraño y murieron, fueron quemados allí), cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron (¿ve? Se acercaban dentro del lugar santísimo).
Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera (o sea, que hasta Aarón podía morir si entraba en el tiempo que no era correcto, porque tenía que entrar con la sangre de la expiación); porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.”
¿Ve? Y luego sigue diciendo cómo tenía que hacer Aarón y con qué tenía que entrar al Lugar Santísimo; porque eso era tipo y figura de lo que Cristo haría al entrar al Lugar Santísimo del Templo celestial.
Y ahora, la vestidura blanca o vestidura de Boda que no tenía uno de los que vio allí el Señor, el Padre de familia, era nada menos que lo mismo que sucedía con las vírgenes insensatas, que no tenían aceite en sus lámparas, y vino el Esposo y no estaban preparadas, y se fueron a comprar aceite. Eso le pasa a todos los que dejan para la última hora comprar las cosas que necesitan para la visita que va a llegar; después están muy apurados y entonces están pidiendo perdón: “Discúlpame que no tengo la azúcar del café, hay que tomarlo sin azúcar.” O: “No tenemos sal, se nos pasó lo de la sal.” Pero eso no es problema (malo es que le digan: “Se nos olvidó para la sopa de Miguel la gallina.” No le pueden dar el caldito solamente con un cubito de esos de pollo, de esos de sabor a pollo con sal, pues Miguel va a buscar la carne y no la va a encontrar).
Ahora, a las vírgenes insensatas se les olvidó tomar aceite en sus lámparas. Piense usted en un tiempo que anuncian que no van a tener luz eléctrica por una semana, y que se le olvide a usted comparar el aceite o el gas, o pilas para las linternas, y demás cosas que se usan además de la energía eléctrica; y que llegue la noche y todos sus hijos en la casa, y llegue la hora de comer y ustedes coman de noche, se les forma un problema, van a estar tropezando en la casa sin saber cómo caminar, porque están acostumbrados a caminar con luz, dentro de la casa.
Y ahora, a las vírgenes insensatas, recuerden que a medianoche se oyó el clamor, se necesita, ¿qué? Luz; y encendieron sus lámparas; y las de las vírgenes insensatas, vamos a ver qué nos dice aquí, capítulo 25, dice, verso 5 en adelante para no leer mucho, dice:
“Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.”
Eso es lo que ha pasado durante dos mil años, han ido durmiendo, muriendo los creyentes de diferentes edades, dice:
“...cabecearon todas y se durmieron (las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas).
Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!”
Recuerden que Él dijo: “Viene como ladrón, ¿qué? En la noche; y si no tiene luz, no tiene su lámpara encendida, no lo va a ver, va a creer que es un fantasma, que es un ladrón.
“Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.
Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.”
O sea, de seguro con el poquito de mojado que tenía la mecha, logaron prenderla y empezó a votar humo, se apagan, no habían echado aceite en la lámpara, pues no podían tener luz; y el aceite representa el Espíritu Santo, no tenían como personas pertenecientes al grupo de las vírgenes insensatas, no tenían aceite en sus vidas, no tenían al Espíritu Santo, porque el nuevo nacimiento es del Agua y del Espíritu; por medio del Evangelio de Cristo, el Espíritu Santo la persona nace en el Reino de Dios. Esas son las vírgenes prudentes, las insensatas creyentes en Cristo *profesantes, pero que no tienen el Espíritu Santo.
Por lo tanto, sus lámparas cuando las encienden en el tiempo en que el anuncio sale: “¡He aquí viene el Esposo!” Comienzan a apagarse. Pero las vírgenes prudentes, vean lo que pasó con ellas:
“Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.
Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.”
Es la misma puerta de San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27, que dice: “Cuando el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, entonces comenzaréis a decir, a tocar la puerta y decir: ‘Señor, ábrenos.’ Él respondiendo os dirá: ‘No sé de dónde sois.”
“Pero, mientras ellas iban a comprar aceite, mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! (Pero no dice que consiguieron aceite).
Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”
¿Ven? Se refiere a la Venida del Hijo del Hombre; y cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la Tierra? Pregunta Cristo en San Lucas, capítulo 18, versos 8. Dice que será la Venida del Hijo del Hombre como en los días de Noé y como en los días de Lot (San Lucas, capítulo 17). Y también Él dice que oremos que seamos tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán, o sea, todos esos juicios de la gran tribulación y estar en pie delante del Hijo del Hombre (San Lucas, capítulo 21, versos 34 al 36).
También nos dice en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, que aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el Cielo y entonces lamentarán todas las tribus de la Tierra, y verán al Hijo del Hombre que vendrá en una nube o en las nubes con poder y gloria. Y dice: “Y enviará Sus ángeles con gran Voz de Trompeta y juntarán a todos Sus escogidos desde un extremo del Cielo hasta el otro.” En otras versiones dice también o en otros de los Evangelios dice: “Desde un extremo de la Tierra hasta el extremo del Cielo; y así por el estilo, pero eso es lo mismo, significa lo mismo; porque si está mirando la tierra dice “desde un extremo de la Tierra hasta el otro extremo de la Tierra,” hasta el otro extremo; o si está mirando hacia el Cielo dice “desde un extremo del Cielo hasta el otro extremo del Cielo.”
Y ahora, la Venida del Hijo del Hombre es el misterio del cual Cristo dijo que ni los ángeles sabían, y dijo que nadie sabía, y dijo: “Ni aun el Hijo sabe.” Pero ya vea después de resucitado sí sabía.
Y ahora, Él dice que será como relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente, así será la Venida del Hijo del Hombre. Vean, y como en los días de Noé, como en los días de Lot, será el día en que el Hijo del Hombre se mostrará, se manifestará, se revelará.
¿Y dónde dice que será la manifestación del Hijo del Hombre? Como relámpago que sale del Oriente y se muestra, se revela, se manifiesta, ¿dónde? En el Occidente. ¿Dónde lo tenemos que vigilar? En el Occidente, que es el Continente Americano. El Este corresponde al Medio Oriente.
Y ahora, todo esto está ligado a Templo espiritual de Cristo, representado en el templo físico que construyó el rey Salomón, y el tabernáculo que construyó Moisés.
¿Hacia dónde estaba el Lugar Santísimo? Hacia el Occidente, hacia el Oeste. Si lo busca, lo encontrará en el diagrama y en las Escrituras; y si en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, el lugar santísimo estaba en el Occidente, que es el Oeste, ¿dónde tendrá que estar ser construido y estar el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo? En el Occidente también, que corresponde al Continente Americano. Y ya la parte, ya la última edad de la Iglesia fue en el Continente Americano, donde se cumplió esa parte del Templo que corresponde al Lugar Santo, la última parte.
Y luego, la parte del Lugar Santísimo corresponde también al Occidente, al Continente Americano, a la parte Latinoamericana, incluyendo al Caribe; y de ahí se extiende a otras naciones para ser llamados los que tengan que ser colocados como piedras vivas en esa parte del Templo espiritual de Cristo.
Recuerden que en Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10, nos habla que somos piedras vivas, para ser un Templo Santo en el Señor, para la construcción de ese templo. Así que como piedras vivas, así como Cristo es la Piedra Angular viva, también los creyentes en Cristo son piedras vivas.
Recuerden que Cristo dijo y Juan el Bautista dijo que “Dios puede levantar hijos a Abraham, aun de estas piedras.” Y esas piedras vivas son los creyentes en Cristo, es un Templo hecho de piedras vivas; porque es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo nacidos de nuevo; los cuales han recibido la vestidura de Boda, que es el bautismo del Espíritu Santo, lo cual es el cuerpo angelical correspondiente a cada creyente en Cristo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.
El Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, es un hombre de otra dimensión. Cada creyente en Cristo tiene su ángel, el ángel del Señor que acampa alrededor de los que le temen y los defiende.
¿Recuerdan cuando Pedro estuvo preso y lo libertó el Señor, y lo sacó a la calle, abrió las puertas de la cárcel y lo sacó a la calle? Y Pedro que pensaba que era una visión, cuando se da cuenta que está en medio de la calle, se da cuenta que es una realidad, y se fue adonde estaban orando por él y toca la puerta y una joven llamada Rode sale a abrir la puerta, va a abrir la puerta y cuando escucha que es Pedro, de gozo no abrió la puerta; y regresa a los que están en la casa y les dice: “Es Pedro el que está tocando a la puerta.” Dicen: “Rode, estás loca es su ángel.”
Ellos tenían conocimiento de que cada creyente en Cristo tiene su cuerpo angelical, y a lo mejor pensaron: “Es el ángel de Pedro, quizás está durmiendo y salió del cuerpo y nos viene a visitar; o quizás murió.” Y cuando la persona muere, sigue viviendo en su cuerpo angelical. Por lo tanto, ellos una de las dos cosas pensaron o las dos a la vez, pero Rode seguía insistiendo: “No, es Pedro.” Van, abren la puerta, y era Pedro.
Ahora, esa clase de cuerpo angelical tienen todos los creyentes en Cristo, esa es la primera parte de la vestidura de Boda. Así, por ejemplo: ustedes me ven que tengo camisa y chaqueta, ¿ven? Una debajo de la otra y aun más, tengo debajo lo que le llaman camiseta, ustedes no la ven.
La vestidura de Boda espiritual nadie la ve, a menos que aparezca como aparecía en algunas ocasiones a algunas personas y como aparecía el Ángel del Pacto, que es la vestidura angelical o espiritual de Dios, la imagen del Dios viviente; y la imagen nuestra es el cuerpo angelical. Pero tenemos que tener la vestidura física, que será el cuerpo físico glorificado, porque sin ese cuerpo físico glorificado nadie puede ir a la cena de las Bodas del Cordero, nadie puede ir en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia.
Cristo también con Su Cuerpo glorificado, subió al Padre y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios. Así es para todos los creyentes en Cristo, para eso es que dice Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, donde dice:
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”
¿Cómo lo va a hacer? Con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Él tiene el poder para hacerlo y Él lo prometió, Él dijo allá en San Juan, capítulo 11, a Marta le dice, le dijo Jesús:
“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (capítulo 11, versos 24 de San Juan).
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”
Y ahora, en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice Cristo:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (y lo que le dio el Padre a Él son las ovejas del Padre que escucharían la Voz de Cristo).
Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
El Día Postrero, tercer milenio de Cristo hacia acá o séptimo milenio de Adán hacia acá.
Y ahora, hemos visto para qué tiempo será la resurrección, pero no sabemos el año, pero sí sabemos el milenio; y podremos saber hasta el siglo, tiene que ser en el primer siglo del séptimo milenio. No va a ser en el último siglo, en el último siglo será la segunda resurrección para el juicio final; pero la primera resurrección es para Vida eterna y esa es para los creyentes en Cristo antes de la gran tribulación; y al final de la gran tribulación, la resurrección para los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que van a ser los siervos que le sirvan a Cristo y a Su Iglesia; porque Cristo es el Rey y la Iglesia es la Reina.
Cristo es el segundo Adán y Su Iglesia es la segunda Eva, y van a estar en el milenio como estaban Adán y Eva en el Huerto del Edén. Eso es regresando al Huerto del Edén para la luna de miel, en donde vivirán mil años, lo cual mostrará que ya el problema de la muerte fue quitado para los creyentes en Cristo.
Y entonces ya sabrán... después de mil años, ya habrán vivido más de un día delante del Señor. Adán y Eva no completaron mil años, no completaron un día delante de Dios. Cristo y Su Iglesia en Su Reino va a completar un día delante de Dios, va a completar mil años reinando Cristo y Su Iglesia sobre todas las naciones.
Y ahora, hemos visto la vestidura de Boda, el bautismo del Espíritu Santo, esa es la parte espiritual y el cuerpo físico, glorificado, la parte física.
Cuando tengamos el cuerpo físico glorificado, que es la segunda parte de la vestidura de Boda, estaremos listos para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Los que no tengan el Espíritu Santo, la primera parte de la adopción, de la redención de la vestidura de Boda, tampoco van a obtener la segunda parte, que es el cuerpo glorificado.
Y por lo tanto, serán echados en el tiempo de la gran tribulación, donde será el lloro y el crujir de dientes.
Tenemos que cuidar nuestras vestiduras de Boda, tenemos que cuidar nuestras vidas, nuestra vida espiritual, para que no se dañe con las cosas del mundo, no se manche con el pecado.
Cuando la persona creyente en Cristo falle en algo a Dios, lo confiesa a Cristo y Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado; porque si alguno ha pecado, pues Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, Su Hijo. O sea, que el cristiano, porque falla en alguna ocasión, no se puede quedar sin caminar hacia adelante en el Programa Divino, hay solución para su problema.
Tenemos un Abogado que no ha perdido ni un caso; por lo tanto, no va a perder el suyo o el mío. Él no solamente nos limpió de todo pecado cuando le recibimos como Salvador, sino que nos mantiene limpios de todo pecado en esa forma. Eso fue tipificado en el lavatorio de pies, lo cual nos muestra que Él nos mantiene limpios, limpios delante de Dios.
Por lo tanto, tenga ánimo, vamos a llegar a la meta de la glorificación, a la meta del cuerpo físico glorificado que será la adopción o redención del cuerpo prometida para todos los creyentes en Cristo.
En Romanos, capítulo 8, versos 14 al 29, Pablo habla de la adopción de los hijos e hijas de Dios, y dice que es la adopción, la redención del cuerpo, donde obtendremos esa segunda parte de la vestidura de Boda, y estaremos listo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo, a la Casa de nuestro Padre celestial; porque no hay otra forma de ir a la Casa de nuestro Padre, no puede ir al aeropuerto y decir: “Yo quiero ir un boleto para ir a la Casa de Dios.”
¿Qué le van a decir? “Usted está loco, no tenemos todavía esa franquicia para volar hacia la Casa de Dios. Pero Cristo la tiene. Cristo la tiene, y la cosa es que San Pablo dice que la tiene. ¿Cómo que Pablo dice que la tiene? Claro que sí. Vamos a ver si la conseguimos por aquí donde está esa franquicia que solamente la tiene uno. Si es la franquicia, no la tiene nadie más. Vamos a ver si el capítulo 2 nos habla algo de esto. Capítulo 2 de su carta a los Hebreos, dice San Pablo, verso 9 en adelante:
“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.”
Vean: “...que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria.” Vean, tiene la franquicia, Él es el que llevará a la gloria, a la glorificación a los hijos de Dios, y llevará a la Casa de nuestro Padre celestial ya glorificados a todos los hijos e hijas de Dios.
Por eso es que Él viene para llevar a todos los creyentes en Él nacidos de nuevo a la Cena de las Bodas del Cordero. Seremos arrebatados con Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.
Por lo tanto, cuidemos nuestra vestiduras de Boda delante del Hijo del Hombre, y estemos preparados para ese gran evento de nuestra transformación, cuando Cristo resucite a los muertos creyentes en Él; y cuando los veamos, porque van a estar con nosotros. Y ya han dicho que cuando vengan a la Tierra tomarán cuerpos y estarán nuevamente en la Tierra y entonces comerán.
Por lo tanto, les prepararemos de todo lo que tengamos: arroz, frijoles, aguacate, chile también.
Así que en el cuerpo glorificado se puede comer. Si Cristo cuando resucitó glorificado no creían que era Él, no estaba como ellos lo vieron en la Cruz del Calvario. Y estaba joven, ni lo conocían, creían que era un espíritu, y Él les dice: “¿Tienen ustedes algo de comer?” Le dan un pedazo de pez o de pescado, y le dan un panal de miel, y entonces comió delante de ellos. ¿Ven? Se puede comer.
Así que está correcto lo que ellos le dijeron al séptimo ángel mensajero: “Cuando regresemos a la Tierra contigo...” dice que vendrán con él. Cada grupo de cada edad viene con su mensajero correspondiente a cada edad; y todos vienen con Cristo; y entonces tomarán cuerpos, recibirán el cuerpo eterno, glorificado; y cuando nosotros los veamos, seremos transformados. Tan simple como eso será ese evento glorioso; por lo cual cuidando nuestras vestiduras de Boda, delante del Hijo del Hombre, estaremos preparados para ese gran evento.
Y los que todavía no han recibido a Cristo y escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, recuerden que sus nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida; por lo cual la Voz de Cristo por medio del Evangelio les está llamando directamente a su alma, a su corazón.
Y si oyes hoy Su voz, no endurezcas tu corazón, tú eres una oveja del Señor y Él te está llamando, y Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Es para darte Vida eterna que Él te está llamando en este tiempo final, porque tú eres una oveja del Señor, aunque no lo sabías; pero Él sí lo sabía, y Él es el que lo tiene que saber para dártelo a conocer y llamarte para colocarte como una oveja en Su redil, en Su rebaño, en Su Iglesia.
Él es el buen Pastor que dio Su vida por mí y por ti, que dio Su vida por Sus ovejas. Y Su redil es Su Iglesia, y Sus ovejas ¿quiénes son? Todos nosotros. Esas son las ovejas que estaban perdidas y Él las ha estado buscando en el mundo entero.
Si oyes hoy Su voz, no endurezcas tu corazón, ya yo lo recibí como mi Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como su Salvador, puede pasar al frente y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.
Recuerde que el nombre suyo está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, por eso es que usted ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo en estos momentos; y ustedes que están en otras naciones, pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino.
Cristo está completando Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes en este tiempo final. Cristo está completando Su Templo espiritual, Cristo está completando Su Familia, la Familia de Dios. Cristo tiene mucho pueblo en esta ciudad y los está llamando en este tiempo final, y en toda la república mexicana Él tiene mucho pueblo, muchos hijos, y los está llamando en este tiempo final; y también en todas las naciones. Toda la América Latina, incluyendo El Caribe, Él tiene mucho pueblo y los está llamando en este tiempo final.
Recuerden, también tiene mucho pueblo en otras naciones.
Y ahora, lo importante es saber que nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida, por lo cual hemos estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo. Dios por medio de Su Espíritu le guió para estar escuchando hoy la predicación del Evangelio de Cristo.
Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están aquí presentes y los que están en otras naciones que todavía no habían recibido a Cristo como su Salvador.
Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo.
Algunas veces hay personas tímidas que les da timidez de pasar al frente, porque piensan que los demás van a estar viéndolo, y sienten timidez o vergüenza. Pero recuerden lo que Cristo dijo: “El que se avergonzare de mí y de mis palabras, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre.” Si nos avergonzamos de Cristo, Él se va avergonzar de nosotros.
Y Él es el Rey de reyes y Señor de señores, es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, está en el Trono de Dios en el Cielo sentado, a la diestra de Dios, y todo poder le ha sido dado en el Cielo y en la Tierra. Por lo tanto, cuando recibimos a Cristo recibimos a la persona más importante que Dios tiene en los Cielos y en la Tierra. No hay otro más importante que Cristo, y Él es nuestro hermano mayor que vino para salvarnos y darnos la Vida eterna.
Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que Cristo dijo:
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
Ya vamos a orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo, si falta alguno por venir puede venir, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. Vamos a levantar nuestras manos al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones; y nuestros ojos cerrados, y los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, aquí o en otra o en las demás naciones, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón; creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Me rindo a Ti, me entrego a Ti, en alma, espíritu y cuerpo, y doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.
Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor. Acepto tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, como el Sacrificio de Expiación por mis pecados. Sálvame, Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en vuestras almas, y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo.
Y ahora me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere (y he creído en Él) y fuere bautizado, será salvo.’ Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible.” Me dirán ustedes, y me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
Pregunto al ministro si hay agua, hay bautisterios, así que no tienen problemas; hay ropas bautismales también, hay también ropas bautismales y ministros que les bautizarán. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando Juan bautizaba en el Jordán, Jesús vino a Juan entró a las aguas para ser bautizado y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” No lo conocía... o lo reconoció, y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y si a Cristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado por Juan, cuánto más a mí, y cuánto más ¿a quién más? A cada uno de ustedes también, nos conviene cumplir toda justicia.
Por lo tanto, nos conviene ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo como dijo Pedro en el Día de Pentecostés: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo; porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para cuantos están lejos.” Para todos es la promesa del Espíritu Santo luego de que la persona ha sido bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Por lo tanto, el bautismo en agua es un mandamiento del Señor que ha estado siendo obedecido desde los tiempos de los apóstoles hacia acá. Y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, tipológicamente está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. O sea, no es una resurrección física, es una resurrección espiritual en otra dimensión, está así entrando al Reino de Dios.
Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo: “El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo.
Y ahora, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo, la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Comprendiendo el significado del bautismo en agua, pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para y compartiendo con ustedes estos momentos tan agradables escuchando la Palabra del Señor.
Dejo en estos momentos al ministro, pastor Armando Cueto, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como hacían los apóstoles y como ha estado haciendo la Iglesia a través de su historia.
Enseguida que predicaban los apóstoles y la gente creían, eran bautizados, porque la meta es que luego de ser bautizados, Dios los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en las personas el nuevo nacimiento, y así entren al Reino de Dios; así es como se entra al Reino de Dios, por eso ellos el mismo que creían, los bautizaban, porque la meta es que entren al Reino de Dios lo más pronto posible.
Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados, para lo cual dejo al ministro de cada nación y de cada lugar, que está a través del satélite Amazonas o de internet en estos momentos.
“CUIDANDO NUESTRAS VESTIDURAS DE BODA DELANTE DEL HIJO DEL HOMBRE.”