Jesucristo, la puerta abierta para entrar a la eternidad
Domingo, 30 Agosto, 2009 - Torreón, Coahuila México - 1 hora, 12 minutos
Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Un saludo muy especial para todos los que están allá en Puerto Rico, en La Carpa, y para todos los que están en los diferentes países.
Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 10, verso 1 al 9, y nos dice:
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.
Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.
A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.
Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.”
Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“JESUCRISTO, LA PUERTA ABIERTA PARA ENTRAR A LA ETERNIDAD.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.
Toda persona desea entrar a la eternidad, desea vivir eternamente; ese es el deseo del alma de todo ser humano. La vida aquí en la Tierra es muy corta, por causa de que el ser humano en el tiempo de Adán y Eva, pecaron contra Dios al violar Su Palabra, Su mandato.
Dios había colocado en el Huerto del Edén, el árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal, y le dijo al ser humano que no comiera del árbol de la ciencia del bien y el mal, porque el día que comiera, ese día moriría. El ser humano podía vivir eternamente, Adán y Eva podían vivir eternamente, si no comían del árbol de la ciencia del bien y del mal.
Ellos todavía no estaban glorificados, no estaban adoptados, y por esa causa estaban en una etapa de prueba; así como todos los seres humanos pasan por una etapa de prueba, en este planeta Tierra, en donde el ser humano tiene la oportunidad de comer del árbol de la Vida y vivir eternamente en el Reino de Dios. El árbol de la Vida en el Huerto del Edén y por toda la eternidad, tiene un nombre.
Algunas personas han estado buscando el nombre del árbol de la Vida y también del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero el nombre del árbol de la Vida, es Señor Jesucristo; el nombre del árbol de la Vida es el Nombre de Dios, en Cristo el Ángel del Pacto. El árbol de la vida allá en el Huerto del Edén, era el Ángel del Pacto, del cual la Escritura nos dice en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante de la siguiente manera, y vamos a leerlo para tener el cuadro claro de lo que es el árbol de la Vida:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”
¿Dónde estaba la Vida? En el Verbo que era con Dios y era Dios. Ese Verbo que era con Dios y era Dios, la Palabra, es el Ángel del Pacto, en quien dice Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23, que Dios ha colocado en Él Su Nombre.
Vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro del Árbol de la Vida, capítulo 23 del Éxodo... aquí nos dice capítulo 23, verso 20 al 23 del Éxodo:
“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”
¿Dónde Dios dice que está Su Nombre? El Nombre de Dios, está en el Ángel del Pacto, que es el Verbo que era con Dios y era Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical; y cuando el Verbo se hizo carne, dijo Él en San Juan, capítulo 5, verso 43: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” Él tenía el Nombre de Dios en Él, y por consiguiente en Él está también la Vida eterna. Por eso Él podía decir: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.”
Y ahora, estamos viendo quién es la Vida en la lectura de San Juan que hemos estado viendo; dice que en Él, en el Verbo estaba la Vida. También en Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 al 13, dice: “El que tiene al Hijo...” Vamos a leerlo, aquí hay una revelación muy grande acerca de Cristo. Primera de Juan, capítulo 5 dice de la siguiente manera:
“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso,
porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”
¿Dónde está la Vida eterna? Dios la tiene en Su Hijo, dice:
“El que tiene al Hijo, tiene la vida...”
Ahora vean, Dios nos ha dado Vida eterna, ¿cómo Él nos da la Vida eterna? Dice:
“...y esta vida está en su Hijo.”
Por lo tanto, para recibir la Vida eterna que Dios nos ha dado, venimos a Cristo en donde está la Vida eterna, y Él cual dijo también: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).
Y ahora, siendo que en Él está la Vida, y Él es la Vida eterna, Él es el árbol de la Vida eterna; no era un árbol literal, tampoco el árbol de la ciencia del bien y el mal, tampoco era un árbol literal ese árbol allí. Recuerden que árboles significan o representan personas; y por consiguiente, allí en el Huerto del Edén, el árbol de la ciencia del bien y del mal, era el maligno, Satanás el diablo, que estaba encarnado en la serpiente.
Y ahora, y en Cristo, vean ustedes, cuando llega a la Tierra, Dios está encarnado en Cristo para darle Vida eterna al ser humano, que perdió la Vida eterna allá en el Huerto del Edén. Para comer del árbol de la Vida tenía que hacerse carne el Árbol de la Vida.
Y ahora, encontramos que toda persona desea vivir eternamente; porque en lo profundo del ser humano, en su alma, sabe que hay una Vida eterna y el alma de cada persona clama por esa clase de Vida.
Y ahora, viendo que Cristo, el Ángel del Pacto, es el Árbol de la Vida, toda persona que desea vivir eternamente, tiene la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. Estábamos leyendo en Primera de Juan, donde San Juan dice:
“El que tiene al Hijo, tiene la vida (Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 en adelante)...”
“El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna), el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”
El que no ha recibido a Cristo como Salvador, no tiene la Vida eterna, lo único que tiene es una vida temporera que se le va a terminar en algún momento, y no sabe cuándo se le va a acabar. Mientras estamos con vida temporera aquí en la Tierra, tenemos la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo, y así asegurar nuestro futuro eterno en la Vida eterna con Cristo nuestro Salvador.
Y ahora, continuamos leyendo:
“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”
La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna, esa es la bendición más grande que un ser humano puede recibir: la Vida eterna.
Y ahora, hemos visto cómo hemos obtenido la Vida eterna, porque hemos entrado por una puerta que ha sido abierta para entrar a la eternidad, y por consiguiente entrar a la Vida eterna.
Recuerden que Cristo dijo que Él es la puerta de las ovejas. Y Él dice: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.” O sea, que la salvación del ser humano es por medio de Cristo entrando por esa puerta que sería abierta. Luego del ministerio de Cristo fue abierta esa puerta, el Día de Pentecostés. Por lo cual en San Mateo, capítulo 16, cuando Cristo pregunta a Sus discípulos algo con relación a lo que ellos creían a cerca de Él (de Jesús), vean cómo todo esto aconteció. Capítulo 16, versos 13 en adelante, dice:
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.”
Esa era la opinión pública, la opinión del pueblo, y la opinión estaba divida (aunque era verdad) si Él era un Profeta. Pero, ¿cuál de los profetas? Porque también Moisés dijo: “Profeta como yo os levantará el Señor nuestro Dios; a él oiréis.” Y esa promesa se cumple parcialmente en cada profeta que Dios enviaría, pero plenamente se cumple en el Mesías; el Mesías es el que cumple plenamente esa promesa.
Por eso a Juan el Bautista le preguntaron: “¿Eres tú el profeta?” Él dijo: “No.”
“¿Eres tú Elías? Porque estaban esperando el Elías que restauraría todas las cosas, el cual vendrá en el tiempo final. Y Él dice: “No.” Y le preguntan: “Entonces, ¿tú quién eres?” Y Juan usa un pasaje bíblico que tiene la promesa en Malaquías, capítulo 3, donde dice:
“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...” (Malaquías, capítulo 3, verso 1).
Y Juan el Bautista estaba cumpliendo esa promesa, pues vino delante del Señor, preparándole el camino, preparando al pueblo, preparando un pueblo para que estuviera bien apercibido para recibir al Mesías que vendría después de él, del cual Juan dijo: “Después de mí viene un varón del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado.” Y dice: “Él es mayor que yo.” Y también dice: “Y Él es primero que yo.” Y nació después de Juan. Y también él dice: “Yo les bautizó con agua, pero para el arrepentimiento, pero Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.” O sea, que viene diciendo las cosas que el Mesías, el que vendrá después de él, va a llevar a cabo.
Y así podemos ver que muchos habían confundido a Juan como el Mesías y por eso le preguntan: “¿Eres tú el Cristo? ¿Eres tú el profeta?” O sea, el profeta del cual Moisés había hablado en el capitulo 16, versos 15 al 19, el cual sería el Mesías, el Mesías en Su primera Venida y el Mesías en Su segunda Venida.
Y ahora, Cristo pregunta directamente a ellos, diciéndoles:
“Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”
¿Quién dicen que es Jesucristo? ¿Qué es Jesús? ¿Qué es el Hijo del Hombre?
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos;
y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”
Y ahora, la bienaventuranza que tiene Pedro es que tenía la revelación de quién era Jesús, tener la revelación de Jesucristo es ser bienaventurada la persona.
Y ahora, a Pedro le son dadas las llaves del Reino de los Cielos y allá en el Día de Pentecostés, abrió la puerta del Reino de los Cielos, porque las llaves son para abrir una cerradura de una puerta, de un lugar, y detrás de esa puerta hay algo muy importante.
Y ahora, el Día de Pentecostés abre la puerta, y leímos en San Juan, capítulo 10, verso 1 al 9, que la puerta es Cristo. Abre la puerta, abre el misterio de Cristo, con la llave de la revelación divina, ungido con el Espíritu Santo, predicando el Evangelio de Cristo, trayendo esa revelación de Cristo, de quién es Cristo Jesús; y porqué murió en la Cruz del Calvario, y como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidas a la Iglesia como tres mil personas. Eso está en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 31 al 47.
Y así era como Dios añadía a Su Iglesia los que han de ser salvos, porque la puerta del Reino de los Cielos, fue abierta el Día de Pentecostés y han estado entrando millones de seres humanos desde el Día de Pentecostés hacía acá, han estado entrando al Reino de Dios, al Reino de los Cielos; han estado entrando por cuando han estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo y ha estado naciendo la fe de Cristo en sus almas, y han estado dando testimonio de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador. Han nacido del agua al escuchar el Evangelio de Cristo y creer, y han nacido del Espíritu al recibir el Espíritu Santo en sus corazones. Esa fue la forma en que dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 en adelante, y principalmente en el verso 5, dice:
“Respondió Jesús (esto fue, le respondió a Nicodemo): De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.”
El que desea vivir eternamente, el que desea entrar al Reino de Dios necesita nacer de nuevo, nacer del agua que es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu que es recibir el Espíritu Santo, y así la persona obtiene el nuevo nacimiento, nace de Dios, nace en el Cielo, nace en el Reino de Cristo; y por consiguiente tiene Vida eterna; porque la Vida en el Reino de Cristo es eterna, así como la vida en este reino terrenal es temporera, lo cual fue la herencia que nos dejó Adán luego de pecar. Nos dejó una vida temporera, pero que es buena; pero la mejor es la eterna.
El primer Adán nos dejó esta vida temporera, y el segundo Adán nos ha dejado la Vida eterna, y el segundo Adán es Cristo.
Por tanto, al nacer en esta Tierra nacemos como descendientes de Adán y por esa causa nacemos en y a la vida temporera en esta Tierra; pero con la oportunidad de nacer a la Vida eterna al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en nuestra alma, creer en Él y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre arrepentidos de nuestros pecados, y luego Cristo bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento, y así nacemos a la Vida eterna.
Ahora vean, el que no nació a la vida terrenal, no vivió y no vive en esta vida terrenal, y el que no nace a la Vida eterna, no vivirá eternamente. Tan sencillo como eso.
Y ahora, los que hemos nacido a esta vida terrenal, somos ciudadanos terrenales y somos ciudadanos de algún país; y los que hemos nacido a la Vida eterna somos ciudadanos celestiales y nuestra ciudadanía está en los Cielos, somos ciudadanos de la Jerusalén celestial; y por consiguiente tenemos Vida eterna porque la vida en la Jerusalén celestial, es eterna.
El nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo. Por eso San Pablo dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará nuestros cuerpos, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” O sea, que Él tiene el poder para transformar nuestros cuerpos y hacerlo glorificado como Su cuerpo glorificado.
Por lo tanto, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo tienen Vida eterna y son ciudadanos celestiales, son ciudadanos de la Jerusalén celestial, donde está nuestro amado Señor Jesucristo, donde está el segundo Adán; por medio de Su Iglesia de etapa en etapa Él ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios; y esos son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, los hijos e hijas de Dios por lo cual son Reyes y Sacerdotes: “Porque Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios, Reyes y Sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra con Cristo.” (Eso está en Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6; Apocalipsis, capítulo 5, versos 8 al 11; y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6).
Y ahora, nuestra esperanza está en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, porque hemos entrado por la puerta a la Vida eterna, y la puerta es la puerta del Reino de los Cielos, la puerta para entrar a la Vida eterna, entrar al Cielo, entrar a formar parte de los ciudadanos de la Jerusalén celestial, la ciudad de nuestro Dios.
Y vean, todo gira alrededor de la primera Venida de Cristo, Él es la puerta para entrar a la Vida eterna, a la eternidad, Él es la puerta para entrar y obtener la redención en la esfera espiritual y obtener la Vida eterna nuestra alma y recibir el Espíritu de Dios, recibir un cuerpo angelical; y luego así como en el arca estaba una puerta al lado por donde entraban Noé y su familia y entraron también los animales para la preservación de la vida, para salvación.
Esa puerta tipifica a Cristo, la primera Venida de Cristo, pero también tenía una ventana en la parte alta, esa puerta o ventana también representa a Cristo, la puerta al lado representa a Cristo en Su primera Venida como Cordero de Dios, la puerta por la cual se entra para la preservación de la vida, para obtener la Vida eterna y para entrar por consiguiente al Reino de Dios; y la puerta o ventana en la parte de arriba representa la segunda Venida de Cristo.
Vean, por esa ventana o puerta era que Noé miraba para ver el momento en que podía salir del arca, para salir a un nuevo mundo que él con su familia comenzaría.
Ahora, esa puerta tipifica también la puerta abierta en el Cielo de Apocalipsis, capítulo 4, la cual representa a Cristo.
Y ahora, la puerta para entrar al Reino de Dios que está en la esfera espiritual es Cristo en Su primera Venida, creyendo en Cristo en Su primera Venida y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario y siendo bautizados en agua en Su Nombre y recibiendo Su Espíritu, entramos a la Vida eterna; y por consiguiente entramos al Reino del Señor Jesucristo que está en la esfera espiritual. Luego para entrar a la esfera física, obtener la redención física que será la transformación de nuestros cuerpos y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, está Cristo, la puerta que se abre en el tiempo final: la segunda Venida de Cristo.
Esa puerta se abrirá para todos los que van ha ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, para así entrar físicamente con cuerpos físicos pero glorificados al Reino de Dios; y por consiguiente a la eternidad físicamente, entrar al Reino del Señor, el cual luego en la Tierra lo va a establecer y vamos a estar con Él en ese Reino físico; porque entraremos por la puerta, que es Cristo, la puerta en Su segunda Venida.
Cristo en Su segunda Venida es la puerta para entrar al Reino de Dios físicamente, para obtener la transformación de nuestro cuerpo y entrar con Él a la Cena de las Bodas del Cordero y luego regresar a la Tierra para el establecimiento del Reino del Mesías. La puerta literalmente o físicamente, la puerta para entrar al Reino del Mesías literalmente es la segunda Venida de Cristo; ahí tenemos la puerta para entrar a la eternidad física, a la Vida eterna física en un cuerpo físico y glorificado que Él ha prometido para todos los creyentes en Él.
Ese es el misterio contenido en el séptimo Sello que no fue abierto en el Cielo... o que fue abierto en el Cielo, pero que no fue dado a conocer el contenido de ese séptimo Sello. Ese misterio del séptimo Sello es la segunda Venida de Cristo como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; y por cuanto viene como Rey de reyes y Señor de señores, viene como el Hijo de David, viene con la llave de David, la llave del Reino de los Cielos que tenía que ser entregada a un hombre para ser abierta esa puerta, la puerta que es Cristo en Su primera Venida como Cordero la recibió Pedro y abrió ese misterio el Día de Pentecostés.
Pero ahora, para el tiempo final o Día Postrero, vean lo que Cristo dice, es Cristo el Espíritu Santo hablando en Apocalipsis, capítulo 3, verso 7:
“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.”
Esa es la llave para abrir el misterio de Cristo como Hijo de David, y eso será abierto bajo la predicación del Evangelio del Reino. Así como fue abierta la puerta el Día de Pentecostés, fue abierto el misterio de la primera Venida de Cristo para entrar al Reino de Dios, al Reino de los Cielos en la esfera espiritual; en y con la predicación del Evangelio de Cristo se abre ese misterio con esa revelación que Pedro tenía de Cristo abrió el Reino de los Cielos, abrió la puerta de Cristo, el misterio de la primera Venida de Cristo; y con la predicación del Evangelio del Reino se abre el misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de reclamo: habrá un hombre que recibirá la llave de David, la revelación del misterio de Cristo como Hijo de David, como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de reclamo.
Por lo tanto, así como hubo un hombre que recibió la llave del Reino de los Cielos, habrá un hombre que recibirá la llave de David, la revelación del misterio de Cristo como el Hijo de David, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Segunda Venida; y con esa revelación siendo dada a todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, obtendrán la fe para ser transformados físicamente y entrar físicamente al Reino de Dios, que será entrar a esa dimensión de los cuerpos glorificados que son cuerpos interdimensionales; pueden aparecer en esta dimensión terrenal como apareció Cristo y desaparecer, pasar a otras u otra dimensiones.
Esa misma clase de cuerpo que tiene Jesucristo, la voy a tener yo, ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo de todas las edades del pasado, van a tener esa clase de cuerpo glorificado que Cristo tiene. Esa clase de cuerpo glorificado lo van a tener todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo de edades pasadas que ha partido físicamente, pero regresarán en la resurrección en cuerpos glorificados; y nosotros los que vivimos seremos transformados y seremos iguales a Cristo en Su Cuerpo glorificado, porque se habrá abierto la puerta del Reino de Dios, del Reino de David. Se habrá abierto la puerta porque la llave de David habrá sido usada y habrá abierto el misterio de la Venida del Señor como Hijo de David, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.
Todos los que van de ser transformados en el Día Postrero entrarán por esa puerta de la segunda Venida de Cristo como el Hijo de David, como Rey de reyes y Señor de señores, como la estrella resplandeciente de la mañana, y como el Sol de justicia naciendo. Toda esa revelación divina de la segunda Venida de Cristo la tendrán los que van a ser transformados, tendrán la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Pero primero todos tienen que tener la revelación de la primera Venida de Cristo y ser creyentes en Cristo y ser bautizados en agua en su Nombre y recibir Su Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento.
Por lo tanto, la revelación de la segunda Venida de Cristo será para los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, para obtener la redención física que será nuestra transformación, la transformación de nuestro cuerpo.
Por lo tanto, “JESUCRISTO, LA PUERTA ABIERTA PARA ENTRAR A LA ETERNIDAD,” es nada menos que Cristo en Su primera Venida para entrar a la eternidad en el Reino en la esfera espiritual, y Cristo en Su segunda Venida para entrar a eternidad física en el Reino físico del Señor Jesucristo.
Si hay alguna persona que todavía no ha entrado al Reino de Cristo en la esfera espiritual, y por consiguiente no ha obtenido todavía la Vida eterna, puede entrar recibiéndole como único y suficiente Salvador; para lo cual pueden pasar al frente y estaremos orando por usted. Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino y así entren al Reino eterno de Dios.
Vamos a dar unos minutos en lo que vienen a los Pies de Cristo todas aquellas personas que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en su alma y ahora tiene la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo.
En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.
Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los Cielos.” Los niños tienen la oportunidad y privilegio, y derecho de venir a Cristo nuestro Salvador. Cristo dice: “Porque de los tales es el Reino de los Cielos.”
También dice para los jóvenes y los adultos, y los ancianos: “Sino fuereis como uno de estos niños no entraréis al Reino de los Cielos (o al Reino de Dios).” ¿Y cómo podemos ser como un niño? Pues naciendo de nuevo; se nace como un niño y luego se va creciendo a medida que vamos recibiendo alimento espiritual de la Palabra de Dios. Así es como venimos a ser como niños, naciendo en el Reino de Cristo y luego siendo alimentados con la Palabra de Dios.
En todas las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. En la parábola en la cual un padre de familia hizo boda para su hijo, y mandó a buscar a los convidados, los cuales no vinieron; y luego mandó a su siervo a ir por las plazas y los caminos para buscar a cojos y ciegos, a toda clase de personas, buenos y malos, para llenar su casa, porque la cena ya estaba preparada, todo estaba preparado.
El siervo regresa y le dice a su Señor: “Se ha hecho como ordenaste, y todavía hay lugar.” Ha sido hecho como Dios ordenó durante las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde se ha estado llenando el Redil del Señor, se ha estado llenando la Iglesia del Señor Jesucristo, la casa de Dios de personas, de personas que han escuchado el Evangelio de Cristo y lo han recibido como su único y suficiente Salvador.
Pero todavía hay lugar en la casa de Dios. Recuerden que la casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual; y por consiguiente tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo. Durante el Cristianismo se ha estado viviendo en el tiempo del Lugar Santo y se ha llenado todo el Lugar Santo de ese Templo espiritual; pero todavía hay lugar, ¿dónde? En el Lugar Santísimo que corresponde a la Etapa de la Edad de la Piedra Angular, ahí hay lugar para todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, para obtener la Salvación y Vida eterna, y ser preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.
Todavía pueden continuar viniendo los que faltan por venir. Hay algunas veces personas tímidas, que les da timidez que los vean venir a Cristo, pero es el privilegio más grande que una persona puede tener: venir a los Pies de Cristo; y que lo vean venir a Cristo es el orgullo más grande que puede tener una persona, que otras personas lo vean viniendo a los Pies de Cristo, para recibir la Vida eterna. Es para recibir la Vida eterna que venimos a los Pies de Cristo.
Recuerden que Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Para eso es que se predica el Evangelio y escuchamos el Evangelio de Cristo, para venir a los Pies de Cristo, para recibir a Cristo y que Él nos de la Vida eterna.
No hay otra persona que nos pueda dar la Vida eterna solamente hay UNO y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Él es el árbol de la Vida eterna, Él es el camino de la Vida eterna y a la Vida eterna, y Él es la puerta a la Vida eterna y Él es la Vida eterna. Él es el camino, la verdad y la Vida, y nadie puede llegar a Dios, al Padre, si no es por medio de Él.
Por lo tanto, es un privilegio grande venir a los Pies de Cristo y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.
En los demás países cuando ya estén listos que nos avisen, ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí, y también por los que están en otras naciones, los cuales serán incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos segundos; para lo cual vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. En las demás naciones también puestos en pie y todos con nuestras manos levantadas al Cielo; en los demás países también y nuestros ojos cerrados; y los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos; reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.
Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados; porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo he recibido como mi único y suficiente Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Porque Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Por cuanto ustedes han creído de todo corazón en Cristo y lo han recibido como Salvador, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.
El Señor Jesucristo fue adonde Juan el Bautista cuando él estaba bautizando en el Jordán, entró a las aguas Jesús para que Juan lo bautizara, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” No lo quería bautizar. Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó.
Si Jesús tuvo necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, cuánto más yo; y cuánto más, ¿quién más? Cada uno de ustedes también. Aun los discípulos de Jesucristo fueron bautizados por Juan, por Juan el Bautista. Y cuando Cristo predicaba los discípulos de Jesucristo bautizaban a las personas que creían, y aun más: cuando San Pedro el Día de Pentecostés predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidas aquel día como tres mil personas a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y así ha sido a través de estos dos mil años de la Dispensación de la Gracia que han transcurrido, y así será hasta que entre hasta el último escogido de Dios al Cuerpo Místico de Cristo, hasta que entre hasta la última persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
Por lo tanto, siendo un mandamiento de Cristo el bautismo en agua, todos los que han recibido a Cristo han sido bautizados. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando, levantándose a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Mostrando Pedro el bautismo en agua, dice en Primera de Pedro, capítulo 3, versos 21 en adelante:
“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,
quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”
O sea, que todos los Arcángeles y sus huestes celestiales de ángeles, los querubines y serafines, todas esas huestes celestiales están sujetas a Cristo. Por lo tanto, si Cristo les ordena ir a cierto lugar, y hacer ciertas cosas, ellos van.
Por lo tanto, Cristo sentado a la diestra de Dios en el Cielo tiene toda autoridad en el Cielo y en la Tierra. Eso fue lo que dijo en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20. “Toda autoridad me es dada en el Cielo y en la Tierra.” Y entonces Él les ordena a ir a todas las naciones. “Id y haced discípulos a todas las naciones.” Y comienza a decirles cómo deben hacer, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
¿Y cuál es el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? SEÑOR JESUCRISTO. Por eso luego bautizaban en el Nombre del Señor Jesucristo. Recuerden que Cristo dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.”
Y ahora, encontramos que también Cristo dice en ese mismo pasaje. “Y he aquí yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Él está con Su Iglesia, ha estado, está y estará con Su Iglesia en Espíritu Santo todo el tiempo; pero Su cuerpo glorificado está en el Trono de Dios, en el Cielo, en la Jerusalén celestial.
Y ahora, bien pueden ser bautizados sabiendo que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Que Dios les continúe bendiciendo a todos y continúen pasando una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador... todavía no es de tarde, continúen pasando un día feliz lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.
Dejo con ustedes aquí al ministro para que les indique hacia dónde dirigirse cada uno de ustedes para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.
Dios les continúe bendiciendo a todos.
“JESUCRISTO LA PUERTA ABIERTA PARA ENTRAR A LA ETERNIDAD.”
